Posts Tagged ‘Pentación Espectáculos

18
May
19

Fedra

Fedra, de Eurípides

Dirección: Luis Luque
Versión: Paco Bezerra
Intérpretes y personajes: Lolita Flores es Fedra; Juan Fernández es Teseo; Críspulo Cabezas es Hipólito; Michel Tejerina es Acamante y Tina Sáinz es Enone

Teatro Serantes, 17 de mayo de 2019

Eurípides nos llega en esta ocasión de la mano y la versión de Paco Bezerra, la dirección de Luis Luque y la interpretación a cargo de Lolita Flores, Juan Fernández, Críspulo Cabezas, Michel Tejerina y Tina Sáinz.

Yendo por partes. La versión de Paco Bezerra se trata de una actualización de Fedra al lenguaje actual, rico en matices y respetuoso con la obra original; escrita en un español del siglo XXI nos permite adentrarnos con facilidad en la Grecia del siglo III a. de C. poniendo de relieve los problemas no resueltos, acaso irresolubles, a lo largo de la Historia: el amor, la pasión, el poder, el precio de la guerra e incluso la ecología. El amor reprimido de Fedra hacia su hijastro Hipólito estalla como un volcán para arrasarlo todo; Hipólito, amante de la Naturaleza, enemigo de la guerra, alejado de hombres y mujeres, vegetariano, generoso, de indefinida tendencia sexual, pacifista, honrado, será la víctima del amor reprimido de Fedra cuando ésta, en una bella metáfora, se adentra en el volcán de sus pasiones acosando a Hipólito con sus pretensiones y recibiendo el rechazo de éste en la cueva del monte del volcán en que lo visita. Luego se sucederá el drama que acabará en tragedia tras las actitudes morales y las exigencias de Estado que como reina debe a su pueblo y que le recuerda el dolorido y avergonzado Acamante, hijo de Fedra y Teseo. De nada valdrán tampoco las prevenciones e intención de resolver el conflicto de la vieja Enone, y la reacción de Teseo a su vuelta a la isla y las decisiones, juicios y sentencias del rey conducirán a la muerte de Hipólito y a la de la misma Fedra después de confesar su responsabilidad y culpa ante el mismo Teseo y el cadáver de Hipólito lo que arrastrará en la tragedia al dolor, el hundimiento moral y el trastorno del propio rey.

Lolita Flores se mete en la piel de Fedra para sufrir, enloquecer y buscar la liberación proclamando el amor inconfesable que la domina. En su interpretación se mueve con tiento y seguridad manejando los recursos y registros de un personaje complejo y propicio a la sobreactuación; lo hace, sin embargo, de forma contenida y controlada según las exigencias de una buena dirección, mesura y control ocasionalmente desbordados en la escena del acoso a su hijastro Hipólito, punto más arriesgado de la interpretación.

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02
Dic
18

La culpa.- David Mamet

La culpa.- David Mamet (cartel)La culpa.- David Mamet
Compañía TalyCual

Teatro Serantes de Santurce / Santurtzi
1 de diciembre de 2018

Intérpretes: Pepón Nieto; Magüi Mira; Ana Fernández; Miguel Hermoso
Dirección: Juan Carlos Rubio
Versión: Bernabé Rico

A principios de año me acerqué al teatro para ver otra obra del dramaturgo estadounidense David Mamet, el trabajo titulado Oleanna. Y resultó ser una experiencia intensa e interesante, como recogí en la pequeña crónica del día. La experiencia de ayer no fue menos intensa e interesante. Un teatro de texto, duro y directo, que no te suelta ni un minuto y que te involucra en el planteamiento de los problemas que expone de manera descarnada. Un teatro que te empuja a pensar, decidir, tomar partido o cambiar de opinión en cada escena. En Oleanna fue el tema del acoso y el abuso sexual; en “La culpa”, la ética y la conciencia ante el drama del asesinato y la responsabilidad de decidir sobre el asesino.

El argumento, en un lenguaje asequible y coloquial aunque trate asuntos de psiquiatría o derecho, nos presenta la figura de un médico psiquiatra que se niega a declarar a favor de un joven homosexual paciente suyo tras cometer varios crímenes a punta de pistola. La prensa y los medios de difusión zarandearán la figura de este hombre que nunca se había negado a prestar su testimonio profesional en casos anteriores. Todo, sus creencias religiosas, su actitud ante la homosexualidad, sus tendencias políticas, su profesionalidad, son puestas en tela de juicio. Los amigos lo abandonan y su mujer acabará buscando refugio en los brazos de su mejor amigo que es, además, su abogado en el juicio.

La última carta se destapa en la última escena. La negativa a declarar sólo trataba de ocultar la culpa del psiquiatra de haber dejado marchar de su consulta a aquel joven con un arma en la mano tras anunciarle que iba cometer los crímenes. La invocación a la ética profesional de no revelar los secretos del paciente a través de la terapia, ni mostrar las notas tomadas en las sesiones, sólo encerraba el miedo y el sentimiento de culpa ante lo ocurrido, culpa que desencadenará las consecuencias que provocaron la desafección de las amistades, el ensañamiento de la prensa y el alejamiento de su mujer.

La puesta en escena -dentro de su sobriedad- resulta eficaz, subraya la atmósfera emocional de los personajes y envuelve la acción en un espacio constreñido del que es imposible salir, haciéndote vivir la sensación de estar atrapado de forma irremediable en el embrollo de la situación.

¿Qué decir de los intérpretes? Sobradamente conocidos y reconocidos, los dos actores y las dos actrices supieron poner todo su saber hacer al servicio de sus personajes. Buena dirección, buena versión en español, excelente trabajo de iluminación de José Manuel Guerra y, en fin, un inmejorable trabajo de la compañía teatral TalyCual.

¡Ah, sí, una anécdota! El teatro Serantes a rebosar, como siempre que aparecen sobre las tablas las gentes del cine y la televisión. Y el comentario de una señora de edad al salir: ¡Vine algo equivocada, pensaba que era de risas! Otros espectadores salían con cara de póker y otros comentaban dudosos: ¿Qué te pareció? – Bien, bien… me gustó. Dicho con más o menos convencimiento y como esperando la explicación de por qué tenía que gustarles. Pero esto, como todo lo demás, es cosa del público que yo creo que lo que sí captó y entendió fue el magnífico trabajo desarrollado sobre la escena.

Una, en fin, buena tarde de teatro para inaugurar este diciembre de 2018.

González Alonso

21
Ene
18

Oleanna, de David Mamet

OLEANNA.- David Mamet
Pentación Espectáculos, El Cuervo y Txalo Producciones

Reparto: Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez
Dirección: Luís Luque

Teatro Barakaldo
20 de enero de 2018

Esta pieza teatral del dramaturgo estadounidense se sustenta en la realidad cotidiana de los abusos sexuales cometidos contra las mujeres desde la diferencia de poder en una relación social o laboral. En este caso se tomará el ejemplo de un profesor y su relación con una de sus alumnas.

Pero sería intrascendente, anecdótico o panfletario si la obra no profundizara en las razones que conducen a cualquier tipo de abuso en las relaciones establecidas entre jefes y empleados, personas que ejercen el poder y personas subordinadas a ese poder.

En el escenario vemos cómo la mesa del profesor, tras la cual se escuda y le confiere simbólicamente el estatus y la capacidad de ejercer su poder, se va desplazando hacia el centro del escenario para llegar finalmente al otro extremo, acabando por detentar ese poder la alumna y todo lo que representa. El poder ha cambiado de manos. Y el poder y su ejercicio siguen resultando igualmente injustos y arbitrarios. Por eso, al final de la representación, nos sentiremos incómodos y confundidos. Esperamos discernir con nitidez dónde están el bien y el mal, lo justo y lo injusto, y nos encontramos con verdades y mentiras en cada una de las dos mitades en las que se divide la vida.

El acierto del trabajo dramático de David Mamet consiste, pienso, en reflejar la base en que se sustentan las relaciones humanas; cuando estas relaciones se establecen sobre los presupuestos del poder, irremediablemente fracasan. Porque antes que del poder deberíamos hablar de la autoridad. Un profesor debe tener autoridad, basada en la calidad y la competencia que, según Aristóteles, consistiría en la capacidad de organizar, programar y decidir en beneficio de los demás; es decir, realizar acciones orientadas al bien común, lo que otorgará el derecho a exigir a los demás el buen ejercicio de sus funciones.

Del concepto de autoridad dimanará el concepto de poder. Un poder sin autoridad intelectual, social o moral, derivará en autoritarismo, arbitrariedad, imposición, abuso y violencia. El poder así ejercido atropella la dignidad porque cosifica a las personas convirtiéndolas en mercancías y las convierte en subordinados al hacer desaparecer las relaciones de igualdad. El poder que no dimana de una autoridad ganada se ejerce de manera impositiva.

Estamos, pues, ante un profesor sin autoridad que ni siquiera cree en el sistema educativo del que vive y le otorga un estatus privilegiado, que menosprecia la enseñanza y a su alumnado. A partir de ahí, todas sus acciones se dirigirán a servir a sus propios intereses y prosperar despreciando los derechos de los demás. Se siente un dios, y como cualquier dios, todopoderoso.

Pero los dioses no infunden respeto, sino miedo. Y la alumna se rebela contra ese miedo. De lo mucho que el profesor dice, en una sola cosa tenía razón. La alumna era muy inteligente. Le plantea la imposibilidad de entender las vaciedades de los conceptos vertidos en su libro de obligada lectura. La inteligencia de la alumna que el profesor menosprecia internamente, como menosprecia su propio trabajo y el valor de la institución escolar, descubrirá y pondrá en evidencia las contradicciones del docente y el uso espurio del poder que le otorga su estatus, lo lleva a los tribunales y una vez tomado ella misma el control del poder lo ejercerá de la misma forma violenta contra él. Las condiciones que pretende imponerle van más allá de perseguir la reparación del daño para regodearse en la venganza y la humillación hasta la exigencia de conductas irrelevantes al caso que se extienden a cuestiones personales. Eso sí, todo desde una actitud de víctima justiciera amparada en la presión social de la denuncia que alcanzará a culparle hasta de las intenciones, como el supuesto intento de violación derivado de la aproximación física en actitudes provocadoras. Otro error.

¿Y qué decir de la interpretación de Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez bajo la dirección de Luís Luque? Es muy fácil imaginarlo; el resultado fue tan acertado como fantástico ante un teatro abarrotado y entregado a su trabajo. Una tarde feliz, muy feliz, de teatro y algo más.

González Alonso

10
Dic
17

La cantante calva.- Eugène Ionesco

Cartel de La cantante calva
Eugène Ionesco

Teatro Arriaga (Bilbao)
9 de diciembre de 2017

Pentación Espectáculos, con:

Adriana Ozores, Joaquín Climent, Carmen Ruíz, Helena Lanza, Fernando Tejero y Javier Pereira

Dirección: Luís Luque
Versión de: Natalia Méndez

Pongamos por delante la acertada dirección y planteamiento de la pieza teatral por parte de Luís Luque; digamos que el elenco encargado de ponerla sobre el escenario, con la sobresaliente  actuación de Adriana Ozores y Joaquín Climent, cumplieron sobradamente con la difícil misión de llevar el texto y su complejo contenido al espectador; admitamos lo conveniente de la escenografía, la iluminación, la música y los efectos especiales. Todo realizado de manera impecable y extraordinaria al servicio de esta obra, paradigma del teatro del absurdo, desde la que se eleva una severa crítica del modelo de familia burguesa mediante el recurso a los diálogos vacíos y sin sentido de los protagonistas atrapados en la incapacidad de comunicar sus ideas, expresar sus sentimientos, elaborar opiniones coherentes. Cada personaje de este drama se escucha sólo a sí mismo sin entenderse siquiera a sí mismo.

Eugène Ionesco

Eugène Ionesco

Estamos ante la dolorosa muestra de la incapacidad de establecer una comunicación efectiva; una atmósfera angustiosa en la que los personajes permanecerán próximos físicamente, pero en soledad. Todo se hace incomprensible y la existencia transcurre a cuestas de actos convencionales, hueros, sin valor para el conocimiento de la persona; así puede plantearse la vida en común de un matrimonio y su hija durante muchos años  sin que se conozcan y solamente recuerden los datos anecdóticos de los lugares donde coincidieron, pero con inseguridad. Llegan juntos a una casa como dos perfectos desconocidos y solamente tras un arduo ejercicio de reconocimiento se dan cuenta de que viven juntos, aunque no se conocen de nada.

Sobre el escenario los personajen hablan, pronuncian palabras, elaboran discursos sin sentido o cuentan historias disparatadas; pero no se hablan unos a otros porque se produce la ausencia de diálogo que es sustituido por meras conversaciones inconexas. Las conversaciones llenan el tiempo; da igual qué tiempo, y llenan un espacio, aunque nadie es dueño de ese espacio. Al no existir el diálogo no existirá ninguna historia. La obra podría acabar en cualquier momento o seguir indefinidamente. De hecho, la escena final es la repetición de la escena inicial protagonizada por el matrimonio que llega de visita y que ocupará la casa.

La fragmentación del lenguaje se acentúa a medida que la pieza dramática avanza, llegando a establecer simulacros de diálogos a base de palabras sueltas e inconexas o de sílabas carentes de sentido.

Cuando en 1950 se estrenó la obra en París, Ionesco se sorprendió Escena de de las risas de los espectadores. Hoy, 67 años después, seguiría sorprendiéndose. Porque, pasado el tiempo en ese reloj que se adelanta y retrasa y mide las horas sin sentido, “La cantante calva” es una tragedia, la del fracaso del ser humano en su proyecto vital, envuelta en el celofán de la comedia. La risa ni siquiera sirve de vía de escape ante la complejidad del problema al que nos enfrenta.

En cierto modo y en este mundo virtual en el que recientemente nos hallamos inmersos, lo absurdo ha cobrado dimensiones universales alcanzando a todas las clases sociales, y no sólo a la burguesía. En el despliegue de frases, mensajes, publicaciones nobles o bastardas que corren por la red o internet, solamente se percibe la soledad del ser humano en su griterío por llamar la atención sin que nadie escuche o sea escuchado. Entre todo este vocerío, “La cantante calva” de Eugène Ionesco (rumano de nacimiento y escritor en francés) nos pone en nuestro sitio haciendo –por un instante- el silencio necesario desde el que ser conscientes de los efectos devastadores de la incomunicación, tanto en el terreno personal (trastornos psicológicos) como en el social (ascensión de populismos y nacionalismos de todo pelo). No es exagerar. A fin de cuentas el existencialismo que surgirá a partir de las dos grandes guerras mundiales desarrolladas en Europa viene a llamarnos la atención –en este caso en forma de teatro llamado del absurdo- sobre los riesgos mencionados y a expresar su denuncia y su condena.

En el mismo sentido señalado en el párrafo precedente, recordemos cómo ante la amenaza de problemas graves, psicológicos o sociales, suele aparecer la voz de “necesitamos hablar”, “esto hay que arreglarlo hablando”, “hablemos”, “cuéntame”, “es necesario dialogar”, “las cosas se arreglan dialogando”, etc. Los últimos sucesos en España ante el curso de los acontecimientos con el nacionalismo e independentismo catalán, pueden servirnos de ejemplo.

El teatro del absurdo, del que “La cantante calva” es un imprescindible referente, ahonda en la propuesta de la inutilidad del lenguaje como vehículo de expresión comunicativa, lo que imposibilita el diálogo y la reciprocidad en la emisión y recepción de mensajes conduciéndonos a la imposibilidad de conocer al otro ni conocernos a nosotros mismos. Se usa el lenguaje como una coraza desde los prejuicios y el miedo a enfrentar la existencia desnuda de artificios e imposturas, lo que nos empuja a los límites de la violencia: “¡Oh, palabras, cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre!” (E. Ionesco)

Pues eso; “La cantante calva” nos remite a la decisión de armarnos de un lenguaje para la comunicación, a usar las lenguas o idiomas no como armas ideológicas al servicio del sectarismo y el enfrentamiento, sino del entendimiento (lo cual implica aceptar al otro) y la solidaridad. Desarmemos, en fin, la anquilosada y narcisista sociedad burguesa con sus valores, prejuicios y sus derivados. Esa es la lectura, hoy, de la tremenda propuesta de Eugène Ionesco, de Samuel Beckett, Harold Pinter, Miguel Mihura, Jean Genet, Arthur Adamov, Fernando Arrabal, Virgilio Piñera o sus mentores James Joyce, Franz Kafka, Alfred Jarry, Antonin Artaud, Albert Camus… O esa es mi opinión, mientras nos ahogamos a la deriva en un océano de olas que braman y se destruyen en su propia agua.
A propósito, ¿y la cantante calva?
Sigue peinándose de la misma manera.

González Alonso

Artículo de interés: “El anti-teatro en La cantante calva” de María del Carmen Bobes Naves (Universidad de Oviedo”

Texto de  “La cantante calva” Eugène Ionesco

Escena de




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