El tío Sindo

EL TÍO SINDO

Tienda de ultramarinosLa cantina del pueblo era una foto de hace más de sesenta años. Los mostradores, altos, de maderas nobles del lugar; las ventanas y puertas ancladas en pesados goznes y  las columnas de hierro  de fuste estriado y con un asomo de decoración simulando un capitel a la altura de las vigas que sujetaban los techos elevados y ahumados por los vapores de mercancías tan variadas como los vinos verdes de año, por las aceitunas, los chorizos y  jamones de la casa o las latas de escabeche que permanecían abiertas para acompañar en forma de tapa los vasos de vino de los parroquianos y veraneantes.

La foto podía ser perfecta  desde la esquina donde observaba perplejo la escena, si nos entretuviéramos en quitar de en medio el cartelón colgado de la columna que anunciaba los helados. Al fondo, se apilaban en las estanterías cacharros de barro, porrones, porcelanas y ollas en un orden que fue marcando el tiempo al irlas amontonando a la espera de salir a los fogones, las cocinas de leña  y las mesas. Y, al parecer, la espera ha sido larga para tan variopintos artículos, incluidas las sartenes y paelleras que colgaban inmóviles y cubiertas de polvo de los techos. La pared se doblaba en una esquina arrastrando con ella estanterías y cacharros hasta volver a replegarse sobre sí misma nuevamente a la derecha y terminar encontrándose con la fachada de ancho muro de piedra de la cantina.

En la tabernaY para que nada faltase en la foto, acodado sobre el alto mostrador, un paisano enjuto observaba al personal, gente forastera y veraneante, desde su singular atalaya. Era el tío Sindo, boina calada hasta las cejas apretadas sobre los pequeños ojos hundidos en la edad de los ochenta, aunque la edad de los paisanos despista bastante, y la nariz cayendo sobre una boca arrugada en una sonrisa desdentada. Sigue leyendo

¡Que viene mi marido! – Carlos Arniches

¡QUE VIENE MI MARIDO!
Carlos Arniches
Compañía Al Alba
Director: Antonio Gallardo
Auditorio de Vera (Almería)
19/09/25

Excelente velada teatral. Reseñable, en primer lugar, la muy acertada dirección y puesta en escena de Antonio Gallardo, conduciendo un elenco teatral que, sin ser profesional, consiguió alcanzar altas cotas de calidad interpretativa, destacando la mayoría de sus diecisiete participantes en sus papeles respectivos, más los niños reunidos para la representación. El éxito de público refrendó el merecido éxito de la puesta en escena, y los aplausos fueron la rúbrica de ese éxito.

Carlos Arniches (Madrid, 1868/1943). formó parte de la Generación del 98. Poco después de estallar la guerra civil de 1936 se trasladará con su familia a Buenos Aires y regresará en 1940. La dictadura franquista siempre intentó eludir la faceta más crítica y profunda del dramaturgo, presentándolo como un mero escritor de comedias.

Nuestro prolífico dramaturgo no descuidó tampoco otros géneros como la zarzuela. Esta comedia, “¡Que viene mi marido!”, que Arniches calificó de “tragedia grotesca” (género creado por él mismo), fue estrenada en Madrid el 9 de marzo de 1918, y representada en innumerables ocasiones desde entonces y siempre con gran aceptación, sobre todo en las décadas cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo XX. Pero aún a día de hoy, ésta, como muchas otras obras, son acogidas con alegría por el público. La facilidad con que pueden ser entendidas, el lenguaje desenvuelto y chulesco o castizo de muchas de ellas, su gran dominio de los recursos de la acción y el conocimiento de la técnica teatral, han hecho de sus piezas de teatro comedias ágiles y divertidas capaces de llegar a todas las gentes de todas las edades.

No se puede pensar que por el hecho de tratarse de comedias o sainetes, sean obras dramáticas hueras y vacías de contenido destinadas exclusivamente a entretener. Encierran, por el contrario, una crítica social muy seria en -por ejemplo- la caricaturización del madrileñismo de baja estofa por sus modos y uso del lenguaje, en muchas de sus comedias costumbristas. Sigue leyendo

Homo sum

HOMO SUM
(Homo sum: humani nihil a me alienum puto.
Soy hombre: nada humano me es ajeno)
Terencio

Mira y ve que no estás solo
y una alargada sombra te acompaña;
mira las otras sombras que la cruzan
y susurran sus quejas a tu paso.

Mira que el hombre se hace junto al hombre
y que sólo es persona en compañía,
sólo es en el dolor y la alegría
a medias compartidos con su nombre.

Recuerda esto, Terencio te lo advierte:
Soy hombre: nada humano me es ajeno”,
y la voz de los siglos lo recuerda
para el bien que, común, a todos sirve.

Como en otras palabras de Lucrecio,
tal vez de tanto y tanto ver el cielo
en su noche estrellada y complaciente
la belleza de tan oscuro velo
te parezca ya en nada sorprendente.

Oye, si no, en la voz de Cicerón
hablar desde su firme y fiel discurso:
Esto te digo, -dice-
no hemos venido a nacer
para nosotros sólo
. Y a Séneca advertir
locuaz y estoico:
Si para ti quieres vivir, debes saber
que debes antes
vivir
tú para el otro
.

Recoge, pues, tu sombra a tus espaldas
y en el humano abrazo solidario
aligera su pesada carga.

Ser persona, ser miembro, ser ramaje
del tronco del robusto árbol
que a la sociedad sostiene
y no perdida sombra solitaria
es ser;

amar el mundo en su esencia
natural, -os digo- libre de dar,
libre de recibir y libre
en libertad
del yugo
de la inútil y estéril compañía
de la soledad.

González Alonso

Auri sacra fames

AURI SACRA FAMES
(Quid non mortalia pectora cogis, auri sacra fames! ¡A qué no obligarás a los corazones mortales, maldita hambre de oro!.- Virgilio)

Debo hablar de nuestro tiempo. ¿Pues qué, sino? ¿Acaso
el futuro no será fruto de éste?
¿No somos, por ventura, huella del pasado
y cicatrices de sus heridas?
Debo hablaros de esas cicatrices
y las heridas heredadas, las que aún supuran
en la carne de la ambición
humana
y late en los corazones cegando los sentidos
abrazada a la vida como la asfixiante hiedra
a los muros de la casa que hunde sus raíces
en las piedras.

Mirad a los déspotas del mundo
y veréis su reflejo
en los ojos de las gentes
que llenan las urnas
con sus votos. La locura
elevada  al poder, la necedad
hecha ejemplo, la mentira
hecha verdad, el crimen convertido en acto
de justicia, el odio en sus acciones
y las bombas sobre todos los rincones de la tierra.

¿No veis, acaso, la muerte viniendo a vuestra casa?
¿Para qué os servirá todo el oro del mundo
cuando no haya nada que conseguir?
Porque vosotros seréis los siguientes
en la lista de exterminio
de los déspotas del mundo. Sabedlo. Vuestro voto
es el reflejo de un alma pervertida
y vuestro final, esclavos
de la protervia
y verdugos
de la paz, necios presos
de la idiotez insolente
y ciega
de vuestros raquíticos corazones
para acabar con el regalo de la existencia,
el desprecio de la honda capacidad del pensamiento
donde la razón sea para la vida
fuente de sabiduría
corriendo fértil con el rumor
de los ríos profundos.

González Alonso