¿POR QUÉ NO ENTIENDO EL ARTE MODERNO DE LOS MUSEOS?
04/01/2026

Durante la visita repetida, habitual, al Museo Guggenheim de Bilbao y la igualmente repetida y habitual impresión de no saber qué estar mirando, a pesar de intentar comprender, sentir, aprender o descubrir algo en las obras expuestas, me hice la pregunta: ¿por qué no entiendo las obras de los museos de arte moderno?, ¿se trata de una cuestión de sensibilidad?, ¿falta de formación? ¿de expectativas? Pero claro, si el disfrute del arte exige tantos requisitos, ¿para quién están hechas?, ¿solamente para personas cultas, especialmente sensibles, sublimes e intuitivas o –por el contrario- cabalmente racionales?; en fin, ¿arte para gente selecta, especial y especialmente afortunada, de cualidades cultivadas y de nivel económico desahogado o, directamente, rica? ¿O es arte solamente para artistas? ¿O para el artista? Porque entonces, si esto fuere así, ¿qué pinto yo aquí? Y, mirando a mi alrededor, ¿qué hacen quienes me rodean, dan vueltas, miran, observan, pasan, se detienen y parecen admirar y admirarse de cuanto se ofrece en este laberinto artístico? No puedo creer que la gente visitante que deambula por el museo en esta mañana de invierno sea tan afortunada en virtudes, formación, cultura y riquezas. ¿No habrá mucho de curiosidad, moda o signo de distinción en esta respuesta? ¿O tal vez la competición por alcanzar el trofeo del yo estuve allí, sea donde sea pero que se considere social y culturalmente relevante? A fin de cuentas, no hace tanto tiempo las representaciones de la ópera eran, más que otra cosa, un pretexto para exhibirse la alta burguesía que, en su mayor parte, ni entendían ni atendían a la representación preocupándose más por ser vistos con sus mejores trajes, joyas y galas. ¿Vendrá a ser esto de estar en un museo de arte moderno una expresión vanidosa de ostentación de las clases medias de hoy día?
Bueno, éstas y otras muchas preguntas y respuestas me daban vueltas en la cabeza mientras persistía en el intento de ser sorprendido, sacudido emocionalmente o secuestrado por la belleza de alguna obra expuesta, cuando reparé en el mismo museo, el continente de tanto intento artístico, y sus sofisticados espacios. Creí ver cómo la arquitectura no convencional del Guggenheim se erigía como monumento artístico, desafiante, de arriesgada estética, pero también funcional al ser capaz de dar cabida a las exposiciones de representaciones simbólicas que a su vez acogen, o lo pretenden, sensaciones, conceptos, juicios críticos, denuncias, dudas, altos conceptos y en muchas ocasiones también, disparates inasequibles que ni su autor sabe explicar. ¿Será cada obra de arte un museo guggenheim que encierra una belleza a la que soy incapaz de acceder? ¿Estoy tal vez dentro de la obra artística sin acertar a ver sus espacios, sus rincones, los misterios de su simbolismo? Sigue leyendo