ELOGIO DE LA EDUCACIÓN
Mario Vargas Llosa
Editorial Taurus.- Barcelona, 2018
Cuando Vargas Llosa imagina un mundo sin literatura no puede hacerlo sino desde la visión del retroceso humano hasta las etapas más primitivas en las que la vida, centrada en la lucha por la supervivencia y la satisfacción de las necesidades físicas, parapetada en el miedo a lo desconocido y sucumbiendo al pesimismo y la perturbadora sensación de que nada ni nadie podría cambiar su inamovible realidad.
Es la literatura, según el autor de “La ciudad y los perros”, premio Nobel de Literatura en 2010, el motor de la civilización y el progreso humano, una experiencia única que nos permite reconocernos y dialogar sintiéndonos miembros de la misma especie y capaces de –en lo fundamental- dejar a un lado las diferencias que nos separan. La literatura es, sin duda, la mejor manera –sino la única- de superar ”la estupidez de los prejuicios, del racismo, de la xenofobia, de las orejeras pueblerinas del sectarismo religioso o político, o de los nacionalismos excluyentes”.
Antes de meterse en harina con las disquisiciones anteriores y otras de mayor calado, Vargas Llosa se pregunta y nos pregunta acerca de lo que se entiende por un gran libro cuando hablamos de literatura. Y no se está refiriendo al soporte material, el papel, en el que vienen envueltas las historias de las novelas, el teatro o la poesía, sino –obviamente- que se estará refiriendo a su contenido, la historia que cuenta y fabula, esa mentira creada a partir de la experiencia y la imaginación de su autor impelido por la necesidad de contarla, generadora de una realidad literaria que chocará con la otra realidad experimentada, manca y deficiente, mostrándose disconforme y rebelde para mejorarla y actuar transformándola. Se referirá, entre sus ejemplos, al Quijote y su significado como caballero empeñado en “ver gigantes donde hay molinos de viento” que, como el personaje creador de su propio mundo real, encontrará la manera de protestar contra las miserias de este mundo y de intentar cambiarlo. Sigue leyendo
Lavinia
Mi segunda felicitación la dedico a estas mujeres y hombres que hoy se metieron en la piel de unos personajes que quisieron revivir y dárnoslos a conocer, para lo cual usaron de todos sus mejores recursos.

Meditaciones
Muchas fueron las meditaciones, redactadas de forma breve y a modo de apuntes, del emperador Marco Aurelio, como hombre y como emperador, que a lo largo de su vida se ocupó en considerar y escribir. Como hombre, la mayoría de de ellas las encuentro bien orientadas, muchas útiles y otras propias de la sociedad de la época, sus creencias, costumbres y modo de vida a las que, como emperador, contribuyó a desarrollar y consolidar. Y, aunque son muchas las meditaciones, son más bien pocos los temas, pensamientos e ideas sobre las que se desenvuelven. Marco Aurelio parece repetirse una y otra vez, como un mantra, las mismas ideas fundamentales, aquellas que le servían para afrontar los desafíos del gobierno sin perder de vista su condición de hombre, y no dios, y esforzándose por buscar y encontrar el lado bueno de sus semejantes y colaboradores. Una actitud de sereno análisis de las situaciones y la búsqueda de soluciones. Diría, a la luz de estas meditaciones, que quiso ser emperador sin dejar de ser hombre, y ser hombre sin dejar de ser emperador. Para ello se sirvió de los ejemplos de la filosofía y la razón, sin que lo abandonaran la religión y la fe en las divinidades.
EL ESPANTO DE TOLEDO
Si aceptamos las convenciones de la astracanada, entregada a las más diversas situaciones disparatadas y cómicas con la única pretensión de hacer reír, nada hemos de objetar a la obra de este subgénero teatral de la comedia cultivado con eficacia por Pedro Muñoz Seca. “El espanto de Toledo” cumple sobradamente y de forma –yo diría- sobresaliente, la condición de astracanada, con sus retruécanos, juegos de palabras, nombres propios que dan lugar a equívocos –como Rosario para hombre, seguido del apellido Sarasa, aludiendo a la condición homosexual-, chistes, ripios, caricaturización esperpéntica de los modos, modas y usos de otras latitudes –como la inglesa- o hiperbolización de la agresividad machista y dominante del personaje protagonista más controvertido, con nombre usualmente de mujer y apellido de equívoca tendencia sexual que resultará ser, a la vez, acomplejado y tierno en el amor, amado y temido a partes iguales.
Al parecer el término astracán y astracanada que designa a este subgénero de la comedia, proviene de la misma ciudad rusa de Astracán, a orillas del mar Caspio, pero ignoro el porqué. En todo caso, parece que el astracán teatral vino a resolver la crisis del sainete, representado en un solo acto.
LITURGIA
Garras del paraíso.- Charles Bukowski
De este poeta, novelista, cuentista y testigo de cargo de la sociedad de su época, tampoco pueden ignorarse influencias de escritores como pudieran ser, quizás las más significativas según los expertos, de Hemingway y Dostoyevski. Y menos puede negarse la influencia que él ejerció y sigue ejerciendo en las generaciones que le siguen hasta nuestros días y que se revela en la obra de poetas jóvenes y menos jóvenes, aunque de manera –digamos- más moderada en muchos casos o tremendamente insufrible entre otros muchos de los vulgares imitadores de lo inimitable.
EL MARQUÉS DE LAS NAVAS
Con tanto ir y venir de los personajes, el espectador puede sentirse perdido en algunas ocasiones. No importa, nada impedirá seguir la alocada y juvenil trama y encontrarse en su final feliz.
LA CASA DE LOS CELOS Y SELVAS DE ARDENIA
Y ese día afortunado y feliz ha llegado. El pasado 27 de julio, en el marco del festival de teatro Olmedo Clásico, “La casa de los celos y selvas de Ardenia” cobró vida y se hizo realidad mágica y desconcertante.
Tal vez Cervantes, que no daba puntada sin hilo, tuviera la intención –como hizo con su don Quijote y las novelas de caballerías- de parodiar las obras de Lope de Vega y desarrolló toda una trama de acciones burlescas en torno al tema amoroso de los celos recurriendo a encantamientos, juegos de magia, apariciones y distintas figuras alegóricas. Para todo ello, además, recurrirá a la narración en diferentes planos que se superponen y cruzan, como el caballeresco y el pastoril, con lenguaje diferente, culto y vulgar, según cada ocasión y las diferentes escenas. Reinaldos y Roldán, en el plano caballeresco, lucharán por el amor de Angélica; y Clori en el plano pastoril- preferirá al tosco pastor, aunque rico, Rústico, antes que a Lauso, fino y culto, pero pastor pobre. En medio de este lío hará aparición el caballero leonés Bernardo del Carpio en busca del mago Merlín, que mediará en las disputas de los caballeros franceses. Un ángel hará la anunciación ante Carlomagno de la inminente invasión mora de Francia, y el rey francés, para calmar a los caballeros en sus disputas y resolver el problema de la amenaza musulmana, los mandará a la guerra con la promesa de conceder la mano de Angélica al que atestigüe mayor número de proezas en la contienda. Y así, sin final, termina la obra.