Luna de septiembre

 

¿Qué ves asomada al horizonte
de la noche
y el mar? ¿Quién navega
las olas en busca de las costas,
por que aguas rielan, ay, los sueños
amenazados de muerte, las ilusiones
preñadas de esperanza?
¿Ves desde la altura las sombras
del mundo y sus desgracias? ¿Tal vez
te avergüence contemplar las obras
de los hombres?
¿Cómo duele la soledad, cómo el silencio
que iluminas, cómo el miedo?
¿Qué temes desde la cima de tus cielos
como amapola roja e inflamada
de presagios? ¿Desde el brocal de las horas
qué terrible noticia escribirá la mañana
con los renglones torcidos en las páginas
de las arenas de las playas?

González Alonso

Luna de agosto

Luna de agosto

Te miras en la noche
y  te mira el día
y a tu rostro de luna
luna
asoma la sonrisa.

En los ojos zarcos
de las aguas frías
reposa la belleza que enamora
tu mirada limpia.

Tú subes
a sus cielos
con rubor de niña, piel naranja
de tacto adolescente,
blancor desnudo
de amor de novia enamorada
desvestida
de jazmines derramando sus aromas
por los jardines en sombra,
galanteo del aire,
brizna
de celos al arrullo de las olas
que besan las orillas.

La noche de agosto te corteja
y acompaña de estrellas
la luz de tus pupilas.

Cantan los grillos, los relojes
marcan las horas en las plazas
y suspiran los hados
de la buena fortuna.

González Alonso

Volar

Volar

Tienen alas los ángeles.  Volar,
alzar su levedad
envuelta en vaporosa admiración,
delicada belleza,
llena el aire y el alma de armonía.

Tienen alas los ángeles
de intangible luz, de cálida bondad
la mirada;  y una sonrisa leve
como pétalo de rosa sobre el labio.

Los hombres envidiaron a los ángeles,
el ingrávido vuelo de sus alas,
el azul poderoso de la altura;
construyeron sus alas de metales
y miraron la tierra desde el cielo.

Pero no fueron ángeles.

Olvidaron los hombres la bondad
de la mirada,  penúltima razón
de la belleza,  última del odio.

Así
la ciega ambición; así los días
entregados a la muerte.

Sobrevuelan metálicas las alas
los campos y las tierras; dejan caer las bombas
como espadas de fuego
sobre los sueños. Porque olvidaron los hombres

la sonrisa

y el labio dado al beso.

¡Qué  pesado vuelo
alzado sobre el futuro!

Los ángeles se miran confundidos.

Más lejos,
las estrellas.

González Alonso

Luna de julio

Luna de julio

Por los campos anchos de la luna de julio
qué luz extiende la pálida caricia
de tu voz, llama de urgentes
empeños, piel que rendida al beso
trae jazmines en sus tactos
de  aromas florecidos.

Ya los ojos no ven; por sus pupilas
sueñan y palpitan las pasiones,
testigos de la vida anudada a los abrazos
desnudos,
tiemblan. Mientras,
mueven molinos los gigantes brazos
de las aspas del verano y se escribe
imposible la aventura;
todo es hacedero ya y todo cabe
en el dedal del amor.

Dulcinea remueve entre sus dedos
las cuentas del rosario encantado de los sueños.

González Alonso

Carta segunda de abril

 

Carta segunda de abril

Era abril y escribía la palabra amor
con letras equivocadas; tú deshojabas margaritas
y aspirabas aromas de capilotes; moría
Cervantes, nacía la república en primavera
y los días se abrían en pétalos de horas alumbradas
de deseos. Afrodita
se rendía en nuestro abrazo.

Esta carta lleva el sello de tus besos
y un remite lejano. Puedes saber la brevedad del sueño,
lo largo del insomnio, saber que masticamos el aire y las palabras
para ahuyentar el miedo con historias
de ilusionistas
fatigados, saber
que volvemos a escribir amor
con letras equivocadas
y está cayendo la ilusión
al fondo de un pozo
sin fondo.

Todo ocurrió
en abril
en todos

y cada uno de sus días.

González Alonso

 

Luna de mayo

Llueves acuáridas en lágrimas
arrancadas al cometa, hija
de Júpiter en mayo,
luna llena.

De mi corazón arrancas
versos; de mi alma
la tristeza. Ya soy
todo tú en tu blancor
de noche
y de primavera,
todo tú
en lluvia de meteoros
girando por las esferas,
todo tú en suspenso
los sueños,
el aire en suspenso,
carrusel de poemas
en tu torno, baile
que ronda
el vuelo de los besos,
luna de mayo
mía,
luna entera.

Ya no estrecharán mis manos
tu cintura luminosa,
no cantarán las campanas
las horas de madrugada,
olvidarán las abejas
libar el néctar de mayo,
se detendrán los planetas
un segundo
mudos,
absortos,
quietos
en tu belleza.

González Alonso

Luna de marzo

Selene y Endimión

Luna de almendros
en flor,
de amor de pastores, ¡ay!
el súbito temblor en la piel
de marzo
y la bóveda celeste estremecida,
cuando duerme Endimión
y envuelve tu luz pálida su cuerpo
en estrecho lazo,
luna,
y otros hombre y otras mujeres
y otras noches
se abrazan y se aman
y conciben
y traen al mundo los frutos
carnales
de las pasiones que empujan
la turbación
selenita
de los sueños.

González Alonso

 

*Selene se enamora del pastor Endimión, de belleza irresistible, y le concede el deseo de dormir eternamente. Endimión permanecerá eternamente joven y la luna lo amará en su sueño.

El libro de los muertos

El libro de los muertos

Con  espanto y guerra, los ojos desorbitados,
galopa el caballo picassiano,
golpea la tierra
con las patas de Rocinante;
se  cuela la picaresca en Siglo de Oro
por los arlequines
de los días más azules del siglo
veinte
y Cervantes
remueve los pinceles y mezcla los colores
en la paleta de grises tenebrosos.
Una vez más, ay, Goya y la España trágica
devorándose a sí misma
mientras escribimos el libro de los muertos
y emerge la luz en sortilegios.

¡Qué largo viaje, patria, nos amenaza
en el filo de la espada de la historia
hasta el juicio de Osiris!

¡Fría es la jornada que te acompaña
al levantarse el campo
y la batalla aplaza su final y hará la cuenta terrible
de los vivos
antes de que decline el día!

Echa tierra a mis ojos,
que no alcancen mis hijos a ver tanta desgracia;
desnuda mi cuerpo, entrega a los dioses mis riquezas,
que nada estorbe la ligereza del viaje;
así, patria, se cuentan las jornadas
y las estaciones y los años a la grupa del destino
arrumbado a la cintura de tus costas,
alto en tus verticales montes,
agreste en el aire
que sobrevuelan las águilas,
extenso en las llanuras
de la esperanza.

                                   González Alonso

Luna de febrero

Luna de febrero

Rueda, luna, los cielos
del mes febrero,
esquivas las miradas,
la cara oculta
entre sus velos.

¡Ay, niña,
dónde pones los ojos,
por quién suspiras!

Rueda, luna, los cielos
fríos de invierno,
que por los cielos ruedan
todos mis celos.

¡Ay, celos, cárcel
del alma,
amor sin esperanza
de tu despecho!

Del pozo de la noche
te traigo un cesto
lleno de estrellas
y un manojo de escarcha
hecha de versos.

Al balcón de la mañana
se asoma el día.

Yo muerto soy de amores,
la luna
mira.

      González Alonso