
sus pendientes,
sus piernas,
sus labios,
sus sonrisas
como un repuesto sin fin para las ocasiones. Pero yo no puedo renunciar a mi barba
y entre los pelos
largos y despeinados de mi enorme cabeza
se columpiaba el piojo sabio. Vivíamos juntos;
ella con sus anécdotas, sus pendientes
sus piernas,
sus labios,
sus sonrisas y yo con el contenido irracional
hasta el fondo de los zapatos.
González Alonso