La farsa del Siglo de Oro
Armando Jerez
Timaginas Teatro
Intérpretes: Armado Jerez; Lucía Jerez; María Rodríguez; Andreas Figueiredo Trujillo
Dirección: Armando Jerez y María Trujillo
Corral de Comedias de Almagro
26 de abril de 2025
Llegar a Almagro en primavera es un doble regalo. Los campos manchegos resplandecen de verdes y amapolas entre los trigales y a los pies de cada olivo. El espectáculo es grandioso. Almagro se entretiene con temperaturas suaves al mediodía y frescas al anochecer. El Corral de Comedias, cubierto por toldos, acoge la magia del teatro con la obra “La farsa del Siglo de Oro”, del dramaturgo y actor Armando Jerez.
Antes de entregarnos a la diversión y el goce del teatro, nos instalaremos en La Casa Grande, hotel rural ubicado en el número 10 de la céntrica calle Francisco Relimpio. Portalón clásico manchego y acceso a la recepción que da paso a un amplio patio interior con tres airosas columnas de piedra. El espacio, con gran parte del suelo original, acoge el comedor amueblado en madera, alrededor del cual se distribuyen las habitaciones en la planta superior a lo largo de un corredor y un amplio balcón a la entrada, sobre las columnas. Este patio da paso a otro segundo, con una zona de tránsito y de estar, sombreada, y una piscina cubierta.
El buen gusto del inmueble tradicional se completa con el mobiliario. Según nos contó el dueño, esta casa y la de enfrente sirvieron para el rodaje de la película “Volver”, de Pedro Almodóvar. Al parecer él mismo consiguió para el rodaje dos camiones de muebles y objetos decorativos, muchos de los cuales forman parte ahora del mobiliario del hotel. También quiso contarnos cómo adquirió la casa una vez terminada la película y cómo Pedro Almodóvar tuvo la intención de comprar la de enfrente para hacer una Escuela de Cine. Al parecer, cuando cuando el propio Almodóvar, el Delegado de Cultura del gobierno manchego, el alcalde y otras autoridades se reunieron con el dueño de la casa, éste dobló el precio inicial de la venta sin avenirse a negociarlo. Como argumento para mantenerse en pedir el doble de lo estimado, el paisano le dijo a Almodóvar: Es que tú eres muy rico, a lo que el director de cine manchego no dudó en responder: Soy muy rico, pero no gilipollas. Y ahí terminó el proyecto de la Escuela de Cine de Almagro. Hoy día, el caserón presenta un estado ruinoso, protegido con una malla por el peligro de derrumbe y hundiéndose parcialmente el tejado, por lo cual se está perdiendo gran parte de su valor histórico y cultural. El dueño no puede hacer reformas si el permiso de Patrimonio Artístico al haber sido declarado de interés cultural, y tampoco atiende a su mantenimiento. La historia, en fin, de la avaricia y tozudez pueblerina que se volvió contra el avaricioso y privó a Almagro de un reseñable y atractivo proyecto cultural, así como de los beneficios que hubiese generado para la ciudad.
Pero vamos al teatro. En la agradable tarde y noche de Almagro, sobre el tablado del Corral de Comedias, dará comienzo la representación de “La farsa del Siglo de Oro”. El cuadro de Las Meninas ocupará el centro del escenario, testigo de una época que en lo literario y artístico alcanzará una gran relevancia dentro y fuera de España. En su momento, el propio Diego de Velázquez hará acto de presencia con su gracejo sevillano para dar los últimos retoques a su obra en presencia de la Infanta Margarita, la reina Mariana de Austria y el bufón Nicolasito Pertusato. La conversación de Velázquez con la Infanta no tiene desperdicio y da pie para destapar algunos secretos de la Corte de Felipe IV. Sigue leyendo
AINHOA ARTETA EN EL AUDITORIO DE VERA (ALMERÍA)
El caso es que las intenciones solas no sirven. Tal vez la necesidad de expresar tantas cosas a la vez y todas tan duras, le hayan podido sobrepasar al autor. La pieza teatral es una amalgama de estilos y recursos al esperpento, la comedia, el musical y la fábula no exenta de humor para ofrecer una imagen de Rumanía sumida en la confusión en la dura transición hacia el estilo de vida de las democracias capitalistas desde el rígido y asfixiante mundo de las dictaduras comunistas. ¿Pero en la forma de fábula o de confuso batiburrillo?
La dirección de Ramón Barea no ha hecho sino adaptarse a las condiciones del texto. Los ya acostumbrados recursos que la tecnología facilita en forma de proyecciones, el ambiente musical y el movimiento escénico correcto hacen, junto con la buena interpretación del cuadro escénico, que la representación fluya con sus altibajos y el paso de algunas escenas reseñables.
Intérpretes: Ane Pikaza, Aitor Borobia, Loli Astoreka, Patxo Telleria, Egoitz Sánchez, Idoia Merodio
La muerte digna, la buena muerte, es de lo que trata y se representa en esta notable obra de teatro; de cómo hacerlo y la elección de hacerlo. Sin dolor. Sin otro sufrimiento que el de la despedida final que, como toda despedida, nos duele.
La representación se desenvuelve en un ambiente tenebrista que evoca los sueños y las turbulencia amorosas de los protagonistas; esto, unido a la falta de acción y el hieratismo de los intérpretes, desposeídos del dramatismo teatral coherente con lo expresado y exigido en cada escena, nos deja en manos de la parte musical cantada y la interpretada por la orquesta. Al prescindir de la parte teatral la sensación es la de presenciar una historia falsa en la que cuanto se dice no se corresponde con nada y los personajes desaparecen. Puedes cerrar los ojos y no pasa nada, pues nada aporta la dirección escénica eliminando a los personajes para dar protagonismo a la ambientación con los efectos visuales presentados.
Las locuras por el veraneo
La intención de Eduardo Vasco para esta versión de “Las locuras por el veraneo”, fue acercar la comedia a nuestro pasado más reciente ubicando su acción en el ambiente europeo de los años 20 del pasado siglo. Con una escenografía sencilla y eficaz recreará el ambiente adecuado a cada una de las escenas desarrolladas. Destaca el acierto del vestuario y es reseñable la interpretación coral de las canciones que forman parte de la obra. No estamos, sin embargo, ante un musical.
Estamos descubriendo la idea del veraneo del siglo XVIII, un lujo reservado a las clases altas, burguesía y aristocracia, con unos veranos que duraban tres meses retirados a la vida campestre en grandes mansiones rodeados de amigos e invitados, grandes fiestas y un montón de criados. La obsesión por ser quien viste mejor y más a la moda, quién celebra mejores festejos y ofrece las mejores y más abundantes comidas o quién tiene más invitados, dará pie al derroche, los enredos, y la realidad de unas deudas que no se pagan nunca. A todo ello vienen a sumarse los asuntos amorosos con su maleta cargada de celos y la esperanza equivocada de resolver los problemas económicos con una buena dote en el matrimonio.
Bernice, de Susan Glaspell

En el personaje de Margaret se debate el alto nivel de autoexigencia con el dictado del deber desde un sentido de la justicia muy estricto y sufrirá imaginando un último desapego de Bernice, su mejor amiga, tras su muerte. Cuando creía saberlo todo acerca de ella, la posibilidad de que realmente Bernice se hubiera suicidado hace tambalear sus convicciones. Pero cuando sabe que no ha sido así también es consciente de que algo se le escapa sobre la personalidad de su amiga. Y es que, a la hora de morir, Bernice le hace prometer a Abbie, su criada, que la vio nacer y la cuidó como a una hija, que le diría a su
POLAR
Pues bien, esta noche nos hemos encontrado con un matrimonio divorciado enredado en una discusión de carácter profesional, reiterativa y con rasgos cómicos, en la que al final ya no saben de qué discuten, si de ellos mismos o del proyecto de trabajo del ex marido. La cosa es que, inesperadamente, la historia termina siendo comidos por un oso polar en el jardín de la casa, en una escena muy bien llevada a cabo con una realización ingeniosa y efectista. Seguidamente, tras correr y descorrer un telón poblado por un bosque de pinos, una joven vegana acompañada de la guitarra de su novio desaparecido llega, sin un euro y en un día muy lluvioso, al bar de un cazador en un lugar de la nada para enzarzarse la una con el otro, bronco él de modales y machista de formas sin compostura. Más adelante, un biólogo ecologista perdido en la Patagonia buscando
rastros de animales exóticos será comido por una osa polar tras las presentaciones y razonamientos sobre el sentido y esencia de la naturaleza, pues el hambre es el hambre y la comida es la comida. Podía haber sido también a la inversa, comiéndose el hombre a la osa. Entre tanto, y entre escena y escena, una voz en off nos contará la carrera imparable y angustiada de una madre que había perdido a su hija pequeña a manos y boca de otro oso, se supone que también polar. Esta mujer acabará llegando al bar del cazador en el que se encuentra la vegana que, tras entrar en calor a base de orujo, se desahogará destrozando la guitarra de su novio, que sabe que ya no vendrá, colgando sus restos en la pared como un trofeo.
De todo ello, me pregunto –como espectador- qué me pareció a mí esta comedia. Trataré de ser conciso. Más que divertida, entretenida; más que teatral, metateatral y pretendidamente actual, en la que no se aprecia –si no es superficialmente- la relación entre la acción humana, y la humanidad en general, y la realidad de la naturaleza a una escala que justifique lo presentado y representado. Todo, en fin, lo entendí más como un conjunto de ocurrencias que como buen humor inteligente para hacer la pretendida denuncia del cambio climático y sus consecuencias.
El castillo de Lindabridis
Las dificultades a la hora de ver la representación se encuentran en el texto en verso con un fraseo complejo, rico e inteligente, propio del Siglo de Oro que hay que seguir con cierta rapidez, y en el uso de términos arcaicos desacostumbrados para el oído y en desuso hoy día. Pero ahí reside, precisamente, una de sus mayores virtudes, que es la de comprobar cómo nos llega intacta la belleza de unas imágenes sugeridas por un lenguaje que hoy pasarían por alocadamente surrealistas. Y esto ocurre a través de un idioma español de más de cuatrocientos años perfectamente reconocible y totalmente válido para la actualidad.
La isla del aire.- Alejandro Palomas
Ante todo, más allá del párrafo introductorio, debo confesar lo que pienso. Y creo que si esta obra teatral no hubiera sido representada por quienes lo hicieron, ni dirigida por quien la dirigió, habría resultado aburrida o desmayada en muchos de sus tramos y poco apreciada en su conjunto. Basada en en la novela de Alejandro Palomas me pareció que el esquema dramático se resentía y apenas cuajaba la emoción en una cierta falta de ritmo en los diálogos que Nuria Espert y el resto de actrices, en mayor o menor medida, consiguen sostener gracias a sus enormes capacidades interpretativas. Destacaría, sobre todo, el trabajo de las más jóvenes actrices, Claudia Benito y Candela Serrat. El final de la representación se adentra con convicción en el teatro de verdad y lo hace con éxito, aunque no sea suficiente para justificar y salvar el resto de la obra que me pareció, aunque digna, bastante convencional.