No lo sabes todavía

NO LO SABES TODAVÍA

No lo sabes,
viniste a rescatarme de una soledad de siglos
y ahora tiemblo asustado
ante la luz y el aire
que se mueve por tus labios
libre
y abre las puertas del amor
trancadas
por un miedo antiguo,
una herida antigua,
una memoria deshojada,
la caricia apretada en el puño
de la mano
y la lágrima en el brocal
de la pupila.

No lo sabías entonces y
yo no lo sabía; en el vuelo
de tu sonrisa amanecía el mundo
y se vestían de colores los paisajes
con sólo tu mirada;
¡qué felicidad tan grave
y dulce! ¡qué aroma
de sueños cuando tocas
y endulzas con tu voz
todos mis recuerdos!

No lo sabes; yo
tampoco lo sabía, y
un jardín extendido en suave alfombra
fresca
donde corre el rumor de mis pisadas
acogió  mi cuerpo
recostado para mirar
el cielo y verte, mujer, volar leve
entre nubes
que te prestaban sus alas
blancas.

No lo sabías; yo
tampoco lo sabía
cuando llega dulce el sueño para besar mis ojos
y cierro los párpados cansados. Entonces
sé que la soledad queda a mis espaldas
y no será nunca más compañera esquiva
de los recuerdos que murmuran
al aire de un rumor de hojas en los chopos
en primavera; entonces, sí,
lo sé,
y se abre ante mí, feliz,
fértil el camino
del destino
de los abrazos.

González Alonso

TRISTÁN E ISOLDA.- RICHARD WAGNER

Tristán e Isolda
Richard Wagner

Teatro Euskalduna.- Bilbao

Eric Nielsen dirige la Orquesta Sinfónica de Bilbao
Director de escena, Allex Aguilera

Intérpretes:
Oksama Dyka es Isolda
Gwytn Hughes Jones es Tristán
Daniella Barcelona es Brangäne
Mark Mimica es König Marke
Egils Silins es Kurwenal

La ópera de R. Wagner es lo que se dice y reconoce universalmente, una gran ópera para una historia de amor, venganza, traición, pasión y soledad. Larga, insistente hasta la obsesión en los temas cantados y repetidos en magníficos solos y duetos, y un final incierto y confuso como un sueño que se debate entre la realidad y lo fantástico, mágico y fantasmal. Nos deja, al estilo shakesperiano, una buena nómina de muertos. Nada es tranquilo y apacible en esta historia.

La representación se desenvuelve en un ambiente tenebrista que evoca los sueños y las turbulencia amorosas de los protagonistas; esto, unido a la falta de acción y el hieratismo de los intérpretes, desposeídos del dramatismo teatral coherente con lo expresado y exigido en cada escena, nos deja en manos de la parte musical cantada y la interpretada por la orquesta. Al prescindir de la parte teatral la sensación es la de presenciar una historia falsa en la que cuanto se dice no se corresponde con nada y los personajes desaparecen. Puedes cerrar los ojos y no pasa nada, pues nada aporta la dirección escénica eliminando a los personajes para dar protagonismo a la ambientación con los efectos visuales presentados.

No creo que la pretensión de hacer vivir y sentir al espectador las dimensiones de este drama wagneriano de la forma y manera señaladas, ayuden a disfrutar ni más ni mejor la larga ópera de Richard Wagner. Es como escuchar un disco con hermosas proyecciones y efectos visuales de carácter simbólico. ¿Para qué ver cantar apasionados mensajes de amor, desesperación, reproches y promesas a dos enamorados sentados uno al lado del otro sin mirarse? Con la decisión tomada se ha convertido la ópera en un simple recital; o siendo menos drástico, digamos que se parece más a un recital que a una ópera con su parte teatral dramatizada, que es lo que se espera y se disfruta.

La obra transcurre entre la realidad mundana y los ensueños o la vida fantasmal de los protagonistas del drama. Nada que reprochar a los intérpretes y sus cualidades vocales, y nada que objetar a la magnífica Orquesta Sinfónica de Bilbao y su dirección. Pero, lo dicho; las pretensiones de Allex Aguilera como director de escena conducen al aburrimiento al prescindir de la acción e interpretación teatral de los personajes.

No hay nada perfecto. Se pueden intentar novedades, pues el campo del arte es ilimitado. Pero algunas veces se acierta y otras no. Y ese ha sido el caso.

González Alonso