
La Academia de las damas, llamada “Sátira sotádica de Luisa Sigea” sobre los arcanos del amor y de Venus (II Parte: Historias de lascivia – Figuras y maneras)
Nicolás Chorier
Traducción al español de Joaquín López Barbadillo
Edición facsímil de la editada por Joaquín López de Barbadillo, que constaba de 50 ejemplares impresos en papel de hilo y 300 ejemplares en papel pluma
Akal editor, 1978 – Madrid
La Academia de las damas corresponde a las novelas del género erótico desarrollado en Francia a partir del siglo XVII. Todas ellas –como cito en “Las amistades peligrosas – Choderlos de Laclos” en su versión teatral- resultan ser de “una inaudita audacia reflejando con su erotismo la doble moral de clérigos, monjas y frailes, así como la de una nobleza hipócrita y pragmática en los asuntos sexuales”. Abundando en lo mismo sobre la doble vida y doble moral veremos cómo los clérigos manejan a su antojo y su conveniencia los asuntos de la fe para ponerlos al servicio de sus intereses y debilidades de la carne llenas de lascivia con prácticas sexuales que sentarán los precedentes del sadomasoquismo. En un momento determinado se afirma con rotundidad: (p. 62) De igual manera que la voluptuosidad a veces linda con el dolor, así el dolor a veces linda con la voluptuosidad. A su vez, las mujeres ricas y cultas de la nobleza guardarán la buena fama de honestas en los enredos más procaces y libertinos, cuidando la honorabilidad de los maridos de manera eficaz y estos justificando la de sus mujeres con el uso de cinturones de castidad que, como puede suponerse, son burlados de diversas maneras. Se entiende así cómo se mantienen el recato y la honestidad de cara a la calle y el mayor desenfreno en la intimidad. Sigue leyendo

LOS EJERCICIOS DE DEVOCIÓN

Pastas y rosquillas
Aurora vivía sola. Enviudó joven sin tener hijos. No tuvo hermanos y sus padres faltaron pronto de la casa. Un tío paterno tomó a renta las tierras. Ella se reservó un pequeño huerto, algunos prados y tres vacas lecheras, un gocho y las gallinas. Los sobrinos seguían trabajando sus tierras. Tía, le decían, las tierras rentan poco, ¿por qué no las vendes? La señora Aurora sonreía y callaba, se pasaba la mano por las arrugas de la frente y cerraba brevemente los ojos en lo que parecía un suspiro. Luego volvía a sus fogones y la casa se llenaba de olores a rosquillas y pastas que acababan envolviendo todo el pueblo. Los vecinos salían a las puertas de sus viviendas y aspirando el aire de la tarde y viendo humear la chimenea de la casa de la señora Aurora, comentaban: ¡Ya tenemos milagro! 
Rosi, una niña cubana en mi clase, en 2010
Para comenzar le dejé un libro de matemáticas que tenía de sobra. Luego se lo ofrecí para todo el curso y ahorrarle así a su madre el tener que gastar unos euros de más. Pero el libro ya lo tenía en la librería. Me preguntó, no obstante, si podía quedarse con el que le había dejado y había estado usando hasta hora. ¿Para qué?, le pregunté extrañado. No es para mí, me dijo, es para llevarlo a Cuba cuando vaya, y dejarlo en mi escuela de antes para que puedan usarlo mis otros compañeros. Le respondí que cuando se fuera a Cuba que me pidiera este libro, y que le daría también otros de los que disponemos para que los llevara con ella. Pero me sorprendió el sentido solidario de su petición. 
