Cosas cotidianas

 

Cosas cotidianas

Hoy andaban revueltas las cosas cotidianas,
el café de la mañana estaba frío,
la luz del sol se dormía en los balcones,
no ladraron los perros en la calle
y tu amor sin humor me dio los buenos días
con la mirada ausente. ¿Qué extraño
suceso ha conmovido las horas?
¿Por qué la rutina se muestra tan maniática?

Presiento una rebeldía en las persianas bajadas
y las aguas sin corrientes de la ría
que socaba los cimientos de la vida
y la cultura; son las pequeñas grietas
húmedas del tiempo que silencioso avisa.

Revisé en el verano los paraguas
y los calcetines del invierno. Las cosas
no andan bien, las flores no paran en su sitio
y los insectos sobrevuelan los volcanes. Acaso
la noche no sea distinta
con su oscuridad de estrellas y astros orbitando

el insomnio

y los presagios.

González Alonso

Cita

Cita

Cuchillo, tenedor, cuchara;
cuchara, cuchillo, tenedor;
tenedor, cuchara, cuchillo;
vino en copa, servilleta,
vaso de agua,
camarero, tú
y yo,
huevo frito, arroz con leche,
sopa fría
con jamón; plato hondo,
plato llano, verduritas,
pan, pescado,
carne a la brasa;

y yo, mantel de hilo,
cucharilla, té,
tacita,
café helado, tú
y yo,
azucarillo y la noche,
cita, sueño, velas,
risa; en tu casa
o en la mía, hotel, llaves,
baile, música,
labio, beso, amor, caricia,
sábanas limpias,

y yo.

González Alonso

La venganza de don Mendo.- Pedro Muñoz Seca

La venganza de don Mendo
Pedro Muñoz Seca

Teatro La Bombonera
Castillo de Carboneras (Almería)
29 de julio de 2016

La oportunidad de disfrutar de esta astracanada de Muñoz Seca en el marco del castillo de Carboneras es ocasión, también, de recordar la tragedia de las guerras. El autor de La venganza de don Mendo y otras ciento treinta y cuatro obras de teatro, fue fusilado por los milicianos en Paracuellos del Jarama por sus ideas y actitud crítica ante La República. Un crimen más de los perpetrados por uno y otro bando en una guerra vergonzosa reflejo del fracaso y la incapacidad política de los gobernantes de turno, así como el secuestro de la voluntad popular por una parte del ejército para erigirse en salvadores de la patria aquellos mismos que debieron velar por la paz y la legalidad.

No se trata de hacer proclamas de condena de un hecho histórico tan doloroso, pero me gustaría resaltar aquí la anécdota repetida que dice mucho del talante irónico del inteligente dramaturgo cuando –en una de las versiones que corren por ahí- delante del pelotón de fusilamiento, dice: Podéis quitarme hacienda y riquezas, la casa, las tierras, el reloj de pulsera o las monedas que guardo en mis bolsillos; podéis quitarme, como así vais a hacer, la vida. Pero hay una cosa que no podréis, por más que lo intentéis, quitarme jamás… ¡y es el miedo que tengo!

Muñoz Seca, admirado y respetado por otros escritores y dramaturgos, como Valle Inclán, Jacinto Benavente o Azorín, se inventa un género teatral que él llama astracán o astracanada. La venganza de don Mendo es un excelente ejemplo del género. La desfiguración del lenguaje natural y la mordacidad de la crítica convierten la tragedia en comedia, o tal vez haga que nos descubra la tragedia que toda comedia encierra. Así, de manera demasiado natural, consigue que el espectador acepte el cuadro final de la obra en el que se suceden, una tras otra, las muertes violentas de los protagonistas, muy al estilo parodiado de las obras de W. Shakespeare y con la facilidad ingeniosa para el verso y el enredo de un Lope de Vega.

La crítica general que se hace de la sociedad, la impostura, la ambición, el sexo, los celos, el honor, se construye en el recreado ambiente medieval del Reino de León en tiempos del emperador leonés Alfonso VII, también rey de Castilla, que tuvo varias mujeres e hijos en otras relaciones extramatrimoniales. Harán aparición otros personajes leoneses, como el mismo Don Mendo, Don Pero de Toro, Don Nuño Manso y su hija Magdalena, o la hermosa mora Azofaida, perdidamente enamorada de Don Mendo cuando, para pasar inadvertido y tramar su venganza, se convierte en el juglar Renato. Los mismos nombres son un guiño humorístico: Pero de Toro, en su condición de cornudo; Nuño Manso, como padre de Magdalena, mujer de condición casquivana y ambiciosa, o el mismo Renato o renacido, tras escapar de la muerte en el castillo y aparecer como juglar. Con estos recursos y la amplia variedad de estrofas empleadas, chistes y retruécanos, Muñoz Seca consigue una obra llena de comicidad e interés.

Poner sobre las tablas esta Venganza de don Mendo en el castillo de Carboneras (Almería), fue responsabilidad de La Bombonera. Creo que acertaron en todo, incluso hasta en las improvisaciones cuando el viento derribó parte del decorado, y la actuación –que en este tipo de obras se presta fácilmente a la exageración- resultó comedida, desenfadada y correcta, consiguiendo arrancar risas y sonrisas del público que siguió con entusiasmo esta representación en la noche veraniega de Carboneras y en el patio de su hermoso y bien remodelado castillo. Un placer haber podido participar de esta ocasión de acercarse al teatro de Pedro Muñoz Seca de la mano de un cuadro artístico como el formado por las mujeres y hombres de La Bombonera.

González Alonso

Las Cervantas.- Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2016

Las Cervantas
Texto: Inma Chacón y José Ramón Fernández
Dirección: Fernando Soto
Basado en una idea original de Gracia Olayo a partir de sucesos de la vida de Miguel de Cervantes
Reparto: Gracia Olayo, Sole Olayo, Clara Berzosa, Irene Ruíz y Yaël Belicha

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, en su Corral de Comedias, acoge en la fecha del 15 de julio de 2016 el estreno de “Las Cervantas”. Dicho así, y en el año de la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, podría parecer algo irrelevante, un episodio más en los homenajes de celebración. Pero no. En el campo del arte dramático –en el cual se sintió tan frustrado Cervantes- esta obra viene para quedarse y ocupar un lugar en la historia del teatro. ¿Por qué? Pues porque, sencillamente, es capaz de aportar algo más que lo anecdótico de unos sucesos en la dramatización de unos episodios circunstanciales a la vida que rodeó al autor del Quijote.

El director de la puesta en escena nos desvela las causas, o parte de ellas, que han hecho posible esta creación con los valores que encierra. Nos habla de abordar un teatro que no se conforme únicamente con hacer preguntas para conseguir enfrentarnos a un teatro capaz de encontrar respuestas acerca del comportamiento del ser humano (sic). Sigue con la consideración de convertir así el teatro en “un lugar de reflexión, de cuestionamiento, de duda” en la pretensión de “intentar entender la realidad”.

Deberemos considerar cómo la realidad que abarca al ser humano en la cual se desenvuelven sus comportamientos, no es otra que la sociedad y el mundo que le ha tocado vivir y del que resultará ser protagonista. Desde este punto de vista, en la honesta búsqueda de “respuestas” también hay una clara intención implícita de “transformar” la realidad. Eso significa “compromiso” y actitud revolucionaria. Significa, como es obvio, superar el conformismo y también el miedo a la represión –violenta o sutil, según qué sociedades-, pero también la voluntad de superar el miedo a descubrir lo que el subconsciente colectivo esconde.

Las Cervantas” escarba con acierto en las heridas de “la dignidad, de la justicia, de la libertad, del derecho a ser y no parecer” para replantearse el lugar donde habita “la bondad del ser humano”. Para ello, basta con espigar algunos ejemplos de algunos personajes emblemáticos del Quijote o hacer aflorar algunas reflexiones de Cervantes espigadas en prólogos y pasajes de sus obras, tales como el Discurso de la Edad Dorada. La pastora Marcela se convierte así en un alegato de la dignidad de la mujer y la proclamación de su libertad para elegir el destino de su vida; se tocan temas como el divorcio, la propiedad, la corrupción institucional, el tráfico de influencias, el cohecho, el uso espurio de la justicia y los crímenes de Estado.

Con los precitados palos del sombrajo se construye este drama. Un noble hidalgo llamado Gaspar de Ezpeleta es asesinado a las puertas del domicilio de Miguel de Cervantes en Valladolid. Se sabe por qué lo mandaron matar y quién lo hizo, pero no interesa esclarecer los hechos y castigar al culpable o culpables del asesinato. Y, sin embargo, ante la imposibilidad de ocultar el crimen, la justicia ha de actuar y parecer ejemplar. Así que resultará más fácil buscar a los culpables o a quién echar la culpa entre los inocentes a los que presentar como indeseables sociales alejados de toda virtud y acusados de una vida licenciosa sospechosa del pecado de un pasado judío, unas ideas erasmistas y una actitud crítica ante los poderes terrenales de la Iglesia o del gobierno de la república. Del mismo modo, se puede imputar la participación en un crimen a mujeres que, además de trabajar confeccionando trajes para hombres de buena posición, aceptan regalos de algunos de esos hombres tan importantes y católicamente casados.

No se persigue el crimen, sino que para ocultarlo se despliega toda una persecución del “pecado” en una sociedad hipócrita que ampara y consiente la doble moral. No se persigue al criminal; antes bien, para ocultarlo, se actuará contra los ciudadanos pobres o con menos recursos, sospechosos, precisamente, por ser pobres y tener que recurrir a la picaresca para sobrevivir, lo que incluye entre las mujeres el entretener a algunos prohombres a cambio de algunos dineros que sin asomo de culpabilidad les entregarán. Porque la “culpa” siempre será del pobre que tienta al rico y consiente en la conducta que se censura.

Y en éstas encontramos a las cervantas: Las hermanas de Cervantes, Andrea y Magdalena; la hija natural de Miguel de Cervantes, Isabel; su sobrina Constanza de Ovando, hija de Andrea, y la propia esposa de Cervantes, Catalina de Salazar. Junto con ellas y el mismo Cervantes, sufrirán el acoso y la persecución de la justicia algunas vecinas y algún caballero de menor  importancia e influencia en la Corte.

Esa es la obra. La interpretación, magníficamente sostenida por las actrices Gracia Olayo y su hermana Sole dando vida a los personajes de las hermanas de Cervantes; Irene Ruiz, en el papel de Constanza, que lo mantuvo en escena con gran acierto, sensibilidad y manejo de registros ricos y variados; Clara Berzosa dando vida a Isabel con mucha naturalidad y en una interpretación que se fue creciendo de forma progresiva y arrolladora, y en el trabajo de hacer creíble el personaje de Catalina de Salazar, la actriz Yaël Beliche, absolutamente correcta, muy digna, mesurada y convincente.

El  paso feliz por Almagro se vio empañado por la noticia luctuosa de la muerte del dramaturgo José Monleón. La representación, por voluntad del director y el cuadro escénico, se dedicó al reconocimiento de este gran autor que llenó la escena española durante largos años interviniendo y trabajando en todos los ámbitos, desde los literarios a través de la revista Triunfo o Primer Acto, hasta los interpretativos, de dirección y promoción del teatro y los valores jóvenes. Así, “Las Cervantas” y la magia desbordada de su puesta en escena, se hizo homenaje al mencionado José Monleón en las palabras emocionadas, agradecidas y valientes del director de la obra, Fernando Soto.

A los demás, desde el patio de butacas –en este caso de las incómodas sillas, aunque muy típicas, del Corral de Comedias- nos tocó disfrutar y aplaudir el trabajo de todo el equipo de la compañía y unir nuestro sentimiento y pesar por la noticia recibida del fallecimiento de José Monleón y la solidaridad con las víctimas del terrorismo desatado en la ciudad francesa de Niza, así como el repudio de este acto violento y de sus autores. Y terminó la función.

González Alonso