PRINCIPIANTES.- (De qué hablamos cuando hablamos de amor).- Raymond Carver
Coproducción de Producciones OFF, Vania Producción, ¡Carallada! y Teatros del Canal
Adaptación: Juan Cavestany
Dirección: Andrés Lima
Reparto: Javier Gutiérrez, Mónica Regueiro, Daniel Pérez Prada y Vicky Luengo
Teatro Barakaldo, 19 de febrero de 2022
El tirón cinematográfico y televisivo del elenco teatral se hace notar en la sala. Lleno absoluto. Destaca, sin hacer de menos el mérito y la talla del resto, la labor interpretativa de Javier Gutiérrez. El resultado es fácil de imaginar. Nada que objetar al trabajo desarrollado sobre el escenario. Y el público, gran parte del mismo puramente ocasional, se mantuvo a un nivel discreto aunque para algunos se les hiciera extraño no poder comer su bolsa de palomitas o levantarse a la nevera en medio de una escena tensa. Algún amago de risa tonta y poco más. Al final, un justo y justificado reconocimiento en forma de aplausos y gran parte del aforo puesto en pie.
Para entrar en contexto. La obra Principiantes es la adaptación teatral del texto narrativo “De qué hablamos cuando hablamos de amor” del estadounidense Raymond Carver, publicada en 1981. Cuatro personajes formados por dos parejas, una más joven, la otra más madura, comparten una tarde de larga conversación, discusión, confesiones, terapia, expresión de frustraciones, anhelos, convicciones, dudas, seducciones y otras aristas del amor a lo largo de la tarde y la luz cambiante que parece ser reflejo del tono emocional del ambiente que se va creando en la casa. Como elemento desinhibidor el alcohol será el disolvente de las defensas y censuras personales para desatar los sentimientos y transgredir las barreras morales y las respetables buenas formas. Es decir, a mayor cantidad de alcohol ingerido, mayor vehemencia y agresividad de las formas y dureza de los planteamientos. Sigue leyendo


EN TODO, VIDA
Esta agitación del aire; columna de mercurio
en fiebre de caléndulas y la reposada blancura
del invierno. En todo
vida a la orilla del tiempo ya cumplido
agua de melancolía,
despedida o saludo,
tal vez el alma.
Julio González Alonso
Luces de bohemia
Hablar de “Luces de bohemia” y de Valle Inclán, volver a poner de relieve tanto el valor de la pieza teatral como el de su autor, insistir en lo magnífico de esta amplia pasarela de cuadros esperpénticos de la España de 1920 en el espacio de las veinticuatro horas en las que transcurre la acción, perderse en el apasionado elogio y sorpresa renovada del teatro de Valle Inclán, nos privaría de comentar y valorar el trabajo del cuadro escénico, la dirección y el montaje que nos ofrecen esta obra sobre el escenario. Y no sería justo. Porque, por muy buena y consistente que resulte ser una obra de teatro, si la interpretación de la misma no se encuentra a su altura, todo resultará ser un fiasco. Cuando una extraordinaria pieza teatral nos llega de forma convincente y nos descubre sus virtudes es que detrás hay un elenco artístico también extraordinario. Y más extraordinario cuanta mayor dificultad entrañe la puesta en escena.
Pabellón 6 de Bilbao. Los matices de los personajes principales, la interpretación del resto de actrices y actores metiéndose en diferentes papeles dándoles con acierto vida a los personajes, el funcionamiento del coro, la acertada coreografía, las luces y el sonido, todo, resultó impecablemente trabajado y puesto al servicio de la mejor interpretación de esta exigente obra.