Vincit malos

VINCIT MALOS
(Vincit malos pertinax bonitas.- La bondad persistente vence al mal.)
Séneca

Teneos firmes en la bondad constante,
alta la guardia y alertada el alma
pues venceréis la ambición de los malvados.

No es cuestión de fe y oración ni mansedumbre;
tampoco caridad ni ofrendas generosas
en los altares de los dioses.

¿Pues cómo, entonces, es la bondad que dices
que acaba sin fe con la maldad ni rezos
ni el suave auxilio de la compasión
o generosa ofrenda a las divinidades?

Bien os digo bondad sostenida en los brazos
de la recta justicia, la recta igualdad, que siguiendo el curso
de la razón despierta
alienta en el pecho de la humana virtud
solidaria..

Aquél es el bien que en su muda oratoria
temen los poderosos y conduce los pasos
por la espaciosa senda abierta a la conquista
de la libertad.

Aquél es el bien entregado a la paz verdadera
en nada alejada de la naturaleza de las cosas.

Y así el hombre será feliz gracias a la razón
que nada teme ni desea nada, dichoso
en su juicio recto,
pues sin salud moral nadie puede alcanzar
a ser llamado bienaventurado.

Una vez más te preguntamos, ¿qué virtud
de la condición humana
adornará la victoria sobre el mal?

Yo os diré, una vez más, que de todos los valores y virtudes
la primera misión es, sobre todas, ser hombre
y así, siéndolo, firmes en el carácter perseverar en el bien.

Veréis caer las torres, desplomarse los cielos,
hundirse en los océanos la ciega ambición de los tiranos
convertidos en nada sus imperios;
veréis cómo se vuelve el pesimismo y el miedo
contra sus obras indignas
y el poder absoluto de sus actos.

Perseverad, perseverad en la bondad
que vence la indignidad de los perversos
y alegraos, cantad alto aleluyas
y al amparo de la muda oratoria de la virtud
celebrad la felicidad en la victoria.

González Alonso

Juicio a Sócrates.- La condena de Sócrates y los poetas

JUICIO A SÓCRATES
La condena de Sócrates y los poetas

Ha resultado ser el caso que, leyendo los “Diálogos socráticos” de Platón, en la apología que ante el jurado ateniense hace el pensador griego en su defensa, vine a sentirme como uno más de aquellos ciudadanos airados que pedían la muerte del filósofo y, de igual modo, me sentí dudoso ante el sentido de mi voto en la Asamblea. Ciertamente, no iba mal encaminado el discurso de Sócrates con los argumentos esgrimidos en su legítima defensa que despertaban en mí una sincera simpatía y reconocimiento, más allá de la compasión.

Poetas-greigos-K07-87Pero, hete aquí cómo, alcanzando a demostrar la ignorancia de los que creen saber algo y no saben que no saben nada, llegó al número de los poetas, despachando sin un asomo de  titubeo las palabras que cito a continuación:

Pues, después de los políticos, me fui a los poetas, a los autores de tragedias y a los de ditirambos y a los demás, como en la idea de que allí sí que me iba a coger in flagrante a mí mismo de ser más ignorante que ellos. Recopilando pues de sus creaciones las que mejor trabajadas me parecía que les había salido, les iba preguntando a ellos qué era lo que querían decir, para de paso ir también aprendiendo de ellos alguna cosa.

 Pues sí, me da vergüenza, ciudadanos, de deciros la verdad; mas sin embargo, hay que decirla. Que es que casi cualquiera, por así decir, de todos los que se hallaban presentes podía mejor que ellos mismos explicarse acerca de los poemas de que ellos eran los autores. A su vez pues conocí también sobre los poetas al cabo de poco tiempo que eso era lo que pasaba: que no por inteligencia o sabiduría creaban los poemas que creaban, sino por una cierta manera de ser suya y poseídos de divinidad, igual que los videntes y los adivinos; porque decir, también esos dicen muchas y hermosas cosas y palabras, pero saber, no saben nada de lo que dicen. Algo como eso se me apareció que era también el trance en se encuentran los poetas, y al mismo tiempo me di cuenta de que ellos, en virtud de su poesía, se creían también en otras cosas los más inteligentes y sabios de los hombres; en las que no lo eran. Me marché pues también de allí pensando que justamente quedaba yo por encima de ellos en lo mismo en que lo estaba sobre los políticos.

SÓCRATES1Lo primero que quise pensar es que Sócrates pecaba de soberbia, o al menos de arrogancia. Pero, consultando y meditando los distintos significados de arrogancia y soberbia, me pareció oportuno retirar de su figura dichos apelativos y, aun con el dolor de entender que los poetas, del mismo modo que los políticos, filósofos y artistas en general, no escapan a la crítica socrática, me pareció –digo- más honesto y productivo considerar primero lo que yo creo saber sobre el tema. A fin de cuentas, con el orgullo legítimo de quien pretende escribir algo o hacer versos sobre algo, nada perdería en el empeño y tal vez tuviera al final un juicio más claro a la hora de decidir con mi voto el destino de Sócrates. Sigue leyendo