Lenguajes

Lenguajes

Yo me alimento y bebo de todos los lenguajes,
de la música vengo
en arpegios de aire
que remueven las brumas de la mañana helada,
soy de la sombra luz, de la voz la palabra,
esa escala de sílabas que nutre de emociones
las páginas del alma.

Del templo soy columna, cincel sobre la piedra
que la trabaja y forma, dibujos abrazados,
colores extendidos sobre la blanca tela.

Soy del paisaje sol en el ocaso,
del almendro lo amargo de la almendra,
cera que arde en cirio de oraciones
y miel en las colmenas.

Ahora, di, qué belleza
qué canto
qué emoción contenida, qué dolor
qué alegría
qué lágrimas, qué llanto
vertidos en la copa del tiempo de la vida
son tuyos,
poesía,
son míos, son de dios, son de nadie,
de todos y del mundo
en el término extenso de sus cuatro
puntos
cardinales.

González Alonso

Los días de marzo

Los días de marzo

Cuando el árbol prepara ya sus savias
y aparece despojado y desnudo
de ramas verdes
las hojas son promesa
de marzo amasando los días
desde el frío suelo, la tierra honda, el cielo
alto
los troncos resistiendo los vientos
últimos del invierno.

Una promesa de vida germina silenciosa
y os lo cuento por que estéis atentos
al milagro
por que sepáis
que hunde sus raíces en la esperanza
y respira
futuro.  Por que no olvidéis
ser árbol
de los días de marzo

González Alonso

Metapoesía

Metapoesía

Si te preguntan por qué lees poesía
y buscan la respuesta en el cajón
de las cosas de la cabeza
no encontrarán ninguna respuesta;
si te preguntas por qué ese rincón
de tu cabeza está vacío
tampoco lo sabrá tu cabeza que sabe
al fin
de tantas cosas importantes
y complejas.

Si me preguntas por qué escribo poesía
tampoco encontraré en mi cabeza una respuesta
porque mi cabeza no escribe poesía
ni piensa poesía, ni entiende los problemas
de la poesía, ni le parecen de provecho
o interesantes los temas
de  la poesía.

Porque la poesía es perder la cabeza;
llevar más lejos a la razón, a donde
no entiende,  pero sabe.

Porque la poesía es la forma de tu alma
pisando el jardín de la belleza,
entendiendo  el dolor, sintiendo
lo trágico y sublime de estar vivo,
saber de lo efímero de la existencia
y esa inclinación mesiánica
de llevar la buena nueva al mundo.

González Alonso

Los días de febrero

Cuchillo de frío gris
cortando el día
de febrero
breve
como medio invierno
como la mitad de todo
en las noches largas
y negras
y las sopas de ajo
y el ulular del viento
en los campanarios. Mes
de candelarias.

El faedo extiende los brazos
de sus ramas
al vacío helado,
los arroyos murmuran su agua
entre la escarcha
y es un eco de leyendas el bosque
de febrero
breve,
cuchillo de acero frío
y gris
y días de calendario.

González Alonso

Los días de enero

Los días de enero

Días duros, cortos, fríos,
de sabañones y el calor en la lumbre
del carbón de las cocinas. Días
de manoplas y calcetines mojados, chanclos
sobre el hielo,
espejo cristalino de resbaletas
y caídas
y moratones. Viento
helado, la nieve en ventisquera,
los Reyes Magos subiendo los balcones
y el olor a escuela y lapiceros,
-la voz alta y grave del maestro-;
en las ventanas los pájaros
volando al patio tras las migas
del recreo, juego al manro. Hoy
miro las montañas blancas
de enero,
la escarcha de las aguas de los años
susurrando
canciones y cuentos.

La muchacha que empuja el carrito
de la leche por las calles
no olvida su sonrisa
y yo la veo pasar mientras les pongo
la bufanda
a los días.

González Alonso

Este calor inapropiado

Este calor inapropiado

De dónde nace este calor inapropiado,
este clamor de amargura. Si todavía recuerdo
la vida humana en la miel
y la labor de las abejas, acaso
el tiempo más feliz, el sonido fascinante
de la música del agua, la frescura líquida
de sus notas de arroyo
y manantial.

Vuelvo la vista a dios y su destino terrible,
ser dios y no poder
con toda la tragedia y pesadumbre
del mundo. Abrumado nos contempla
desde la altura de su casa
o palacio celestial.

Los hombres se embarcaron
en la nave de los locos. Perdida
la racionalidad,
olvidado el amor;
extraviado el rumbo en la travesía del tiempo
son hoy bajel a la deriva y a merced
de todas las tormentas.
No le pidas paciencia a Job,
tampoco es culpa de la ira del ángel
ni se abrieron los infiernos a tus pies;
no es desgracia tampoco de profetas
ni los cielos arrojaron
el castigo apocalíptico
sobre la tierra.

De dónde viene este calor inapropiado,
la sequía rota de inundaciones,
el mar alzado a los acantilados,
de dónde viene el hambre, el miedo,
de dónde vienen la guerra
y las fronteras. Dónde,
al fin, se desataron los furiosos vientos
de la ceguera.

González alonso

Luna de diciembre

LUNA DE DICIEMBRE

Tal vez, pálida, llegues por entre noches
y horas frías de turrón y villancicos
a la luz de mi ventana; tal vez irrumpas
con el número de los meses
cumplido en el calendario
de tus órbitas. Y nos sonría
tu presencia
con su blancor diáfano y redondo
e inimitable. Tal vez
se muestren algunos signos, el pulso
de las guerras se detenga
un instante, se alcen plegarias
de esperanza. Pero temo
las despedidas de los días felices,
la herida sin cerrar
de los días más tristes,
el año escrito en la piel del aire
que ondea todas las banderas.

González Alonso

Luna de noviembre

 

Luna de noviembre

Luna de medio mes, media
naranja,
media noche. Y
blanca.

Te veo ascender sombra a sombra
de noviembre,
fanal de sueños
y horas de quietud, envidia
de las estrellas.

Los hombres duermen.
Los olivos retienen los aceites
de las aceitunas verdes,
verdes las ramas,
suspiros
de rumores
verdes.

Todo lo estás viendo con la luz
fría
de tu cuarto creciente. Murmura
el agua. Gime
el silencio
en el aire leve y veo
la vida
suspendida en el tiempo
de un reloj ya sin horas,
y respiro los aromas de la tierra
y vengo a ser, luna, testigo solitario
del silencio
del alma liberada. Vengo a ser

sombra
sólo sombra de tu sombra
que dibuja tu cara.

González Alonso

Luna de octubre

 

 

     Luna de octubre

No quedes con la luna
impuntual,
inconstante y caprichosa; déjala
ir
rasgando el horizonte
con su belleza roja,
el rutilante blanco de su rostro
rielando las aguas
sobre espumas de olas;

que acompañe, ángel del sueño,
las horas de tus noches.

Vencida de hermosura
sólo es abrazo de encendidas estrellas;
mírala
con su rumor cautivo de leyendas,

con su blancor redondo,
la dulce evocación del amor,
el sutil tacto de las sombras,
la luz titilante del deseo,
la eterna atracción de sus secretos
e ilusiones derramadas. Luna
al fin. Déjala
ir. Que vuele las cúpulas
del cielo. Que vuele sin trabas el albor
de las miradas,

la pasión que alumbran
luminarias
de las torres
más altas.

González Alonso