Panen nostrum quotidianum da nobis hodie

nach-salvador-dali-panem-nostrum-lithographie-1966-1Pero no fue regalo de  los dioses,
no fue premio,
no fue acción de gracias
la conquista del pan
en el sagrario del hambre.

Pero no cantaron los ángeles
ni se alzaron oraciones,
no hubo gesto mendicante
en el corazón del hombre.

El trigo crece abundante para todos,
los molinos mueven sus pesadas ruedas,
una harina blanca
se amasa largamente en la tahona
y en los hornos se cuecen
rubias las hogazas.

Pan de bienestar, pan de justicia,
pan del trabajo
y una lucha antigua
y cotidiana.

Sí, pero
millones de bocas
se abren hambrientas cada día
mientras se mecen los trigales
pintados de amapolas; y esto
no es una frase hecha, no es un verso,
no quiere ser un poema,
ni siquiera poesía. Pan robado,
saqueada la esperanza, batalla
sin concluir,
el consuelo secuestrado, sólo muerte,
sólo la muerte a la mesa de los pobres
y el crimen de Caín
muerta la alegría.

González Alonso

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Sicut in caelo et in terra

madre e hijo

SICUT  IN CAELO ET  IN  TERRA

Abusé de tu bondad
y no me lo tuviste en cuenta.
Me acogiste pródigo en tu casa
y no lo agradecí.
Escuchaste mis quejas con paciencia
y  no pregunté por tus problemas.
Con tus palabras consolaste mi tristeza
pero no supe ver la amargura de tus penas.
Trajiste hasta mi alma la alegría
y no reconocí el sublime regalo
de  la felicidad.
Cuidaste la atención de mi salud
aunque  sufrieras resignado la enfermedad.
Velaste mis sueños en silencio,
mas  nunca me interesé por tu soñar.
Alentaste las ilusiones en mi pecho
¿pero  qué ilusiones nacían en tu alma?
Acepté, sin vergüenza, tu extremada largueza
y  no salí  de mi duro, seco y áspero egoísmo.
Ahora que no estás siento tu ausencia
y me duele el daño porque aprendí que todo
ha de ser
tanto en el cielo
como en la tierra.

González Alonso

bebe-y-papa

Fiat voluntas tua

APOCALIPSIS-ARTE-PINTURA-NEGRURA-FIN-HUMANIDAD-DESESPERACION-DIA DEL JUICIO FINAL-ARTISTA-PINTOR-ERNEST DESCALS

FIAT VOLUNTAS TUA

Ladraron los perros, se recogieron
las gallinas
y las noches fueron largas sin que el día
despegase las sombras de sus horas.

Entre la vasta confusión escuchas
entonar graves lamentos y aleluyas; hay locos
declamando discursos apocalípticos,
poemas épicos antiguos ya olvidados;
otros rezan y lloran,
confusos van y vienen sin que nadie sepa cómo
ni cuándo
ni en qué forma
acabará su existencia, perdida la confianza
de sobrevivir a estos tiempos
tormentosos.

Desnudos de esperanza se encuentran en las plazas
y las calles, y no se reconocen; alguien murmura entonces
el último lamento resignado
con piadoso pudor
en proverbiales letanías, fíat
voluntas
tua

y caiga sobre todos
el peso
de la culpa.

González Alonso

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14 años de LUCERNARIOS

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14 AÑOS DE LUCERNARIOS

Hace catorce otoños Lucernarios
nacía para el mundo en su inocencia
y aún hoy compartimos la presencia
de sus diversos lances literarios.

Tal vez no sean versos necesarios,
sesudos ni avalados por la ciencia;
mas espero, sin vana complacencia,
que aún merezcan más aniversarios.

Escribir, aventura solitaria,
insegura, tenaz y apasionante
es amor que te elige y te enamora.

No es cuerdo a una pasión extraordinaria
dar la espalda. ¡Sigamos adelante
celebrando la vida soñadora!

González Alonso

14 plumasCatorce son los versos de un soneto y 14 los años que este mes celebra esta bitácora o cuaderno de Lucernarios. No son pocos. Y han sido felices. La compañía de quienes acostumbráis a pasar por aquí, leer e incluso dejar algunas palabras, es el motor que me empuja a dejar cada nueva publicación. Gracias por estar y acompañarme en este recorrido que hoy alcanza los catorce años.

Tal vez no valga la pena insistir en lo que el mundo y sus vueltas al sol nos deja en forma de tragedias humanas como las guerras, aunque no puedo dejar de recordarlo al lado de una renovada esperanza de paz.

Un abrazo.

Adveniat regnum tuum

nubes en el cielo8

ADVENIAT  REGNUN  TUUM

Que vengan los días de paz prometidos
Que llegue la ofrecida esperanza de los salmos
Y en mirra y canela se extienda con sus dones
Por el tabernáculo del alma
Que las nubes arrastren la lluvia anunciada
Y fértiles, las tierras, sonrían con sus frutos
Así mi corazón acoja en amor los abrazos
Y mis ojos sean consuelo en las miradas
De otros ojos
Que ausentes de mandamientos
Ni dioses Ni hombres Ningún hombre
Abrigue temor ni ira, sino sana complacencia
De días y horas
Mientras las uvas maduran en racimos de septiembre
Y el vino fermenta en la fresca oscuridad
De las bodegas
Que venga la honesta ternura a la voz
De las palabras Como bálsamos de besos
En el jardín del Edén Y ya todo sea
Reino nuestro
Por los siglos de los siglos.

González Alonso

Sanctificetur nomen tuum

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SANCTIFICETUR NOMEN TUUM

Pusiste ante mis ojos con magia las palabras,
entre mis manos números y nombres
con que construir un mundo, la pregunta
y la duda en mi mente
y en mi corazón sembraste
sentimientos de bondad.

Te llamé maestro
y así te recordé siempre
con la mirada iluminada de futuro
y la voz transida de esperanza,
como el profeta que habla lentamente
al acabar el día; como el poeta que descubre
emocionado
su primer verso. Sanctificetur, sanctificetur
nomen tuum.

Al lado de mi dolor descubres mi remedio
y calmando mi ansiedad extiendes, generoso,
tus cuidados.
Multiplicada la vida, la vida, con la ayuda
de tu sabiduría, la herida de la muerte
es bálsamo en la paz de la última hora
y te llamamos médico. Sanctificetur
nomen tuum.

En tu mano se alza productiva y laboriosa
la herramienta que labra el largo surco
del pan,
que eleva a los aires los metales
en voladoras naves y en mitad de las aguas
de todos los océanos
pone a navegar los buques con sus pesadas cargas;
arrancas de los pozos el corazón del cobre
y fundes minerales en crisoles gigantes
y levantas ciudades. Trabajador, obrero,
proletario, sanctificetur,
sanctificetur
nomen tuum.

González Alonso

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Pater noster qui es in caelis

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PATER NOSTER QUI  ES IN CAELIS

Hoy miré al cielo. Con los ojos del alba
arrastraban las barcazas los cuerpos sin aliento
a la orilla del mar, almas desmadejadas
en la orfandad de la ilusión

y la esperanza.

Todo era silencio entre rumor de olas
todo muerte y silencio como único canto
de alborada, ese instante vestido de luz y sombras,
y miré al cielo
y miré detrás del cielo
y no te vi.

El sol llenó el azul de la mañana;
pasó el día
como pasa en la calma de las horas
el recuerdo más grave y más hermoso;
mientras, la radio contaba el número de muertos
en las playas.

Llegó también la noche con su cortejo de estrellas,
con sus sombras abrazadas a las sombras
de los sueños ahogados en las costas
que dibujan las aguas.

No te vi,
no te vi

y miré al cielo.

González Alonso

patera

Liturgia

reloj de pie y pénduloLITURGIA

La poesía es –no lo olvides- árbol de vida,
madera nacida de la luz y la tierra
y sus materias inorgánicas,  humedad
fértil de lluvia, y luego el viento
y las semillas esparcidas y así
se multiplica y crece
con su misterio siempre
inexplicable.

Cuando mece sus ramas, una liturgia
de cantos de aves y violines se hace palabra
y santuario
de emociones primigenias;
es entonces
cuando no entiendes,
pero sabes

y una claridad de soles vibra
entre los sueños
en la dulce agonía
que envuelve las horas de todos los relojes,
el silencio suspendido en las aguas aquietadas
y el reflejo de un íntimo pesar,

sólo la queja –al fin- recostada al cobijo
de la sombra
de lo que queda del amor.

González Alonso

En mí

Epicteto

EN MÍ

Si en mí te reconoces, toma nota
y escribe libertad, desánimo y angustia;
espiga las emociones que tu alma
experimente y padezca
al enfrentarse
a las decisiones de la vida.

Traeré lo subjetivo, lo existencial,
tal vez el eco monocorde y repetido
de Soren Kierkegaad;
de Antonin Artaud la trágica locura
surreal
de las peores escenas
del teatro de la crueldad
y un mundo onírico, áspero y absurdo
sujeto con los dientes al cordón umbilical
de la existencia humana.

Si te reconoces en mí sabrás,
como Epicteto, que eres sólo una pobre alma
cargando con un cadáver.

González Alonso

En el corazón de Estambul

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EN EL CORAZÓN DE ESTAMBUL

¡Ah! Y qué soberbio choque
tectónico de culturas, la ciudad
de las tres costas
y el eco de los navíos
antiguos
rompiendo el agua con sus quillas.

Pisé Estambul en primavera;
los maniquíes andaban por las calles
y los aromas de las especias
pintaban los colores de sus mejillas
entre la lluvia de mayo; los neones
iluminaban sus vestidos vaporosos
y abrían a la imaginación la puerta
de la fantasía;
visité
los templos
en cúpulas celestes
multiplicándose en oraciones,
los almuédanos haciendo
llamamientos quejumbrosos desde los minaretes
sin descanso, tal vez
para pedir la paz y la concordia, la caridad del amor
y expresar el sueño
de un paraíso. Han callado las campanas. Pero
qué inútil, qué imposible, qué estériles
llamadas. Los dioses no se ocupan
de los errores de los hombres y sus alocuciones. Mientras
rezan nada hacen
para enmendarlos ni remediar sus vicios. En vano
elevan sus plegarias, se postran
en vano de rodillas.

Vi más,
como columnas clásicas sumergidas en estanques
donde el agua resuena en los besos
de los capiteles, cisterna basílica para la sed
de Bizancio, antes Constantinopla,
Estambul en sus últimos días de gloria
mirándose en el espejo del Mármara, navegando
el Bósforo,
hermosamente recogida en el Cuerno de Oro
y sus tres orillas.

También anduvieron mis pasos los ásperos cementerios,
cuna y descanso de los nabateos,
como bazares de muertos y tumbas sombreadas
donde deja el ciprés sus aromas de resinas. Allí,
paciente, esperaba el anciano, cerca de las puertas,
la llegada de su hora para entrar, acompañado
de tres gatos. A fin de cuentas
hay más vida en los cementerios
que en las plazas de la ciudad,
debió de pensar algún día.

La joven se acurruca al pie de una esquina
de la Universidad, casi una niña, mientras sostiene
a su pequeño en brazos. Con la mano extendida
recibe la limosna de las liras
y en sus ojos asombrados
me regala la dádiva del corazón
con la sonrisa asomada al brocal de los labios, la única flor
verdadera ante los muros del templo
del conocimiento
que no sabe
de estas enseñanzas. Admiré
una vez
el valor del turco
que rezaba dos veces al día; una
en una iglesia
y la otra en una mezquita
para hablar con el mismo Dios, y otra vez
al turco musulmán
que inclinaba con respeto la cabeza
al paso ante las puertas del templo con una cruz;
Kavafis, mientras tanto, se esfumaba en sombras de tarde
y poesía
entre el ruidoso trajín de callejuelas
que siembran los bares y las tiendas, y en las salas
de los museos que custodian en lápidas y estatuas
la memoria de Constantino o en las vitrinas
que exhiben los tesoros del palacio de Top Kapi.

Vi más y
sentí más.

Ahora que Estambul se aleja
con sus secretos sepultados
bajo la luz plural de las aguas de sus mares
y sus siete colinas, eco de Roma, resonar
de tambores, fragor de batallas y brillo
de los sabios que tejieron con paciencia
su amplia mirada del mundo; Estambul,
puente de occidente, abrazo gigante
de oriente,
mestizaje secular
y preclaro meridiano
de la Historia.

González Alonso

Post scriptum.- Corría el verano de 1979 cuando, en un viaje en grupo por Grecia, tuve que quedarme en Alexandrópolis esperando al resto de la expedición que llegó hasta Estambul. Había perdido toda la documentación y el dinero en el cabo Sounion y en Turquía no me dejaron pasar con el visado de la Embajada Española conseguido en Atenas con vigencia para 30 días y vuelta a España. Así nació el poema «A las puertas de Estambul«. Tuvieron que pasar 44 largos años para remediar aquel contratiempo y entrar en Estambul. Nunca es tarde. Y esa es la anécdota. Éste, el poema: A LAS PUERTAS DE ESTAMBUL