Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2015

1.-Fuenteovejuna, de Lope de Vega
Dirección de Ángel Luis Martín
Actores y actrices no profesionales, 150 vecinos de Fuente Obejuna (Córdoba)
Plaza Mayor de Almagro, 2 de julio de 2015
El inusitado ardor y la pasión puesta en la representación de la obra de Lope de Vega se percibe como el entusiasmo por algo propio, de todo el pueblo y sus gentes que, a una, se sublevan contra los abusos del poder en la figura del Comendador. Éste fue, y no otro, el recibimiento de Almagro en la apertura de su Festival Internacional de Teatro Clásico, en una decidida declaración de intenciones sobre el contenido del festival.
La plaza de Almagro, a modo de corral de comedias gigantesco, acogió entre sus soportales y con el Ayuntamiento al fondo, la puesta en escena de Fuenteovejuna por las gentes de la misma villa cordobesa de Fuente Obejuna. Espectáculo primoroso en sus expresiones tradicionales como la danza de las cintas o las canciones populares, atrevido en el movimiento de masas de los actores, soldados, villanos, nobles y hasta un par de caballos formando parte de la representación, bello e intenso en el tratamiento dramático de muchas de sus escenas. Un estupendo resultado que el público que abarrotaba la plaza de Almagro supo agradecer.
El vestuario resaltó por la fidelidad de las reproducciones y se nota un buen estudio documental llevado a cabo por los responsables de la escenografía. Una sorpresa, no cabe duda, este grito de las gentes de Fuente Ovejuna que, todos a una, señalan que las injusticias se pagan todas, y más y con mayor rigor las que vienen de los poderosos.
En los tiempos que corren –que no parecen ser muy diferentes a los del siglo XVII de Lope de Vega- es fácil, viendo esta representación, pensar en movimientos populares como el 15M o en situaciones como las de Grecia de hoy día o la amenaza que se cierne sobre otros países del sur europeo entre los que nos encontramos. Inevitable. Por eso y mucho más, sigue siendo necesaria esta obra de Lope y es de agradecer la acogida y patrimonialización llevada a cabo por los descendientes de aquellos que fueron protagonistas de la acción de Fuenteovejuna.

2.-Otelo (Othelo) de William Shakespeare
Adaptación y dirección de Gabriel Chamé (Argentina)
Teatro Municipal de Almagro, 3 de julio de 2015
No hay miedo, ni pudor, ni exageración por deshacerse en elogios sobre lo que es este Otelo argentino de Gabriel Chamé y el trabajo del reparto formado por Matias Bassi, Julieta Carrera, Hernán Franco y Martín López. Así como suena. Se puede afirmar tener la convicción de estar ante una de las realizaciones más inteligentes y creativas llevadas a cabo sobre el teatro clásico. Shakespeare y su Otelo sólo serán un ilustre pretexto para arrancar con la comicidad y la ironía todo el trasfondo trágico de los celos y el odio, seguidos del amor, el sentido de la lealtad, la envidia o el racismo. El resultado final es que nosotros mismos, como espectadores, y como asegura certeramente Gabriel Chamé, nos encontramos enfrentados a nuestra propia tragicomedia.
El derroche de recursos interpretativos y el meticuloso y cronométrico desarrollo de la acción te dejan –literalmente- con la boca abierta. Son cien minutos trepidantes en los que no cabe ni un segundo vacío, ni por cansancio ni por despiste ni por falta de previsión. El texto de Shakespeare se va recreando para ganar en intensidad y dramatismo poniendo de relieve –como creo haber oído en alguna ocasión- que no hay nada más serio que el humor, destapando la realidad de los sentimientos, la ambición y lo que damos en llamar la condición humana. Se intercalan con naturalidad expresiones y comentarios de los actores sobre el propio desarrollo de la obra, de lo que piensan sobre la exigencia del guión y la interpretación, quejas y críticas al autor, incluso con intentos de abandonar la escena. Y algo mágico y sorprendente: el paso de la situación más hilarante y divertida a la más trágica y conmovedora se produce en décimas de segundo. O viceversa. Incluso se da el desarrollo de ambas escenas de forma simultánea. De la risa generalizada en el patio de butacas al silencio más expectante y al revés, en pocos segundos.
Admirable, muy admirable, este estreno en España protagonizado en Almagro y su Festival Internacional de Teatro Clásico. Que nadie, en su sano juicio y teniendo ocasión de verla, se la pierda.

3.-Enrique VIII y la Cisma de Inglaterra, de Calderón de la Barca
Compañía Nacional de Teatro Clásico
Teatro Hospital de San Juan de Almagro, 4 de julio de 2015
En la versión de J.G. López Antuñano y la dirección de Ignacio García, nos llega esta obra de juventud de Calderón de la Barca. Decir obra de juventud no le quita mérito a la obra, pero tampoco se
lo da. Abunda en aspectos personales y la forma de ser del rey inglés en sus relaciones amorosas en un contexto histórico poco desarrollado y en el que destaca en escena, aparte del desgobierno amoroso del monarca, las marcadas ambiciones del cardenal Volseo en su pretensión de verse nombrado Papa de Roma y de la hermosa Ana Bolena de llegar a ceñir la corona de Inglaterra. El tratamiento del personaje de Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, madre de la reina María I y primera esposa del rey, repudiada por éste para acceder a los favores de Ana Bolena, contrasta fuertemente con el del resto de los personajes en un comprensible y disculpable guiño patriótico.
Pero no se trata de exigirle a Calderón mayor rigor histórico ni a la Compañía Nacional de Teatro Clásico dirigida por Helena Pimienta que le enmiende la plana al autor barroco de La vida es sueño. No ha sido ese el trabajo ni la intención, sino el representar puntualmente, con maestría, capacidad interpretativa, buena puesta en escena, riqueza de vestuario y mucha valentía, este texto clásico raro de ver y generalmente apartado de los escenarios, del que han sabido subrayar y resaltar con acierto sus indudables valores literarios y dramáticos.

4.-Entre-meses, de Miguel de Cervantes
Teatro de La Abadía, dirección de José Luis Gómez
La cueva de Salamanca; El viejo celoso; El retablo de las maravillas
Corral de Comedias de Almagro, 5 de julio de 2015
La mayor habilidad de J.L. Gómez, fue conseguir reunir estos tres entremeses cervantinos en un sólo espectáculo, dotándole de la gracia rural y campesina con los cánonces italianos de la comedia dell’arte y sus dinámicos códigos de actuación, como explica el propio director. Un genial acierto.
La puesta en escena está imaginada alrededor de la poderosa encina en torno a la cual los habitantes del pueblo darán vida a los entremeses a modo de fiesta y divertimento. Así, se acercarán a la encina referida con sus sillas, taburetes y escabeles, tal y como se hacía todavía hace unos sesenta años en los pueblos de España por la noche con la llegada veraniega de los titiriteros; de semejante modo y acompañados de sus bailes e instrumentos, irán deshojando las escenas cervantinas en un alarde interpretativo muy elogiable.
Julio Cortázar, Miguel Cubero, Palmira Ferrer, Javier Lara, Luis Moreno, Inma Nieto, José Luis Torrijo, Elisabet Gelabert, Eduardo Aguirre y Diana Bernedo, serán los encargados de dar vida al pueblo y los entremeses.
Si la actualidad y frescura de estas estampas e historias cervantinas nos llegan a estos días de este siglo XXI merced al trabajo concienzudo e inteligente llevado a cabo por el Teatro de La Abadía, y es de agradecer, tampoco hay que ignorar el valor que tiene hacer que estos textos con más de cuatrocientos años se sirvan en la escena con el uso de recursos y efectos especiales de entonces, máquinas de truenos, de lluvia y tormentas, aldabonazos, viento, cerrojos y ventanas o puertas que se abren o cierran. Un alarde de fidelidad a los orígenes, tan eficaces, tan bien logrados, del teatro en una época en que lo digital, electrónico y los ordenadores, mesas de mezclas y otros dispositivos, lo pueden todo.
Miguel de Cervantes habría llorado de alegría aplaudiendo al comprobar cómo J.L. Gómez y el Teatro de La Abadía ponían su teatro en escena con el mejor resultado posible en el marco incomparable del Corral de Comedia de Almagro y en la noche veraniega del 5 de julio del año del Señor.
González Alonso



La pregunta anterior no pasa de retórica. Evidentemente, no requiere respuesta. Todos sabemos que los Beatles vinieron a caer en el caldo de cultivo de una Europa y un mundo inmerso en una profunda transformación de valores e ideales, lo que hizo arder la mecha de la revolución estudiantil francesa y levantó las barricadas parisinas de mayo del 68. Encarnan el inconformismo de un amplio sector juvenil y sus ansias de una libertad asentada en el deseo de romper las barreras morales burguesas, de superar el materialismo, vivir el amor libre, el pacifismo y hacer del trabajo una experiencia vital de realización personal.
constituían en himnos repetidos incansablemente en cualquier idioma. La valoración de sus letras llegaría luego. Primero tocaban el corazón y los sueños, luego se les ponían las palabras que alcanzaron la poesía en metáforas como las de John Lennon que nos describía aquellos sugerentes árboles de mandarina, cielos de mermelada o flores de celofán, hasta tocar la esencia de un surrealismo practicado con desenfado y que, a menudo, hundía su inspiración en las experiencias psicotrópicas. Luego vino la evolución, la complejidad instrumental y vocal, el viaje a la India, hasta la aparición de su álbum emblemático, Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band o El Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta. Y más tarde, pienso que demasiado pronto, su disolución como grupo en 1970.
Esto, que sólo es un homenaje a The Beatles y a la juventud que vivió su impacto, no puede ser un recordatorio de canciones o un repaso a su discografía. Cada cual que elija, escuche y recuerde. Quienes llegaron después, que prueben desde su experiencia vital, muy diferente a la de la década prodigiosa de los 60, y que disfruten. Porque, aparte de andar sus canciones grabadas en vinilo navegando en un satélite por el espacio, su música no dejará de ser la expresión de la experiencia de una parte importante de ser joven en cualquier época o lugar. Ellos fueron John Lennon, George Harrison, Paul Mc Cartney y Ringo Starr. Son los Beatles.







William Shakespeare manejó con clara inteligencia los resortes humanos, la misma condición humana y el sentido de la existencia de manera, también, reflexiva y crítica. Eso hace que sus piezas dramáticas sean para siempre y que los más de cuatrocientos largos años que nos separan del momento de ser escritas se nos antojen cercanos, como si todo hubiera ocurrido ayer mismo o esté ocurriendo al socaire de las noticias diarias que inundan la prensa, llenan la radio y aparecen en la televisión.
Puede resultar, después de la triste experiencia de la II Guerra Mundial, algo problemático el personaje del judío usurero encarnando los valores más negativos mostrados junto con su odio rencoroso y su intransigencia. Pero, al lado de este personaje siniestro, se encuentra también el de su hija, una hermosa muchacha judía que abandonará el ambiente opresivo de su casa para huir con su novio cristiano. La vida misma. Porque no es la condición de judío lo que hace detestable al personaje, sino lo abyecto de su conducta al esconder sus debilidades tras el judaísmo; de igual modo, no es la condición de ser judía lo que hace realmente bella a su joven hija, sino su naturaleza y entrega a la vida y el amor con la generosidad con que sólo la juventud puede hacerlo. Escudarse detrás de la historia de un pueblo, hacerse la víctima y pensar que todo lo malo le viene del rechazo de los demás a esa historia y creencias, es manipular las cosas de manera cobarde, rechazando la idea de juzgarse a sí mismo como persona y asumir la responsabilidad que le corresponda.



Supongo que todo lo reseñado no va a descubrir nada nuevo a nadie. Pero sigue ocurriendo. No importa que llevemos ya un buen mordisco del primer tercio de otro siglo y no estemos en Brasil. El mundo sigue danzando al ritmo del dinero y conseguirlo es el fin, lo demás sólo son medios. Así que la prostitución, la miseria, las mafias, el contrabando de bienes y personas, la esclavitud, siguen sin ser erradicadas de las entretelas de las sociedades actuales en las que sobrevivimos, nutriendo y engordando a políticos, banqueros, multinacionales y toda la ralea de gentes sin ninguna clase de escrúpulo.
Una puesta en escena meticulosa y efectista. Una obra excesivamente larga en sus ciento veinte minutos de representación sin intermedios no puede evitar la sensación de vivir momentos repetidos y pérdida de gas en algunos tramos de la obra. Pero la magnífica actuación del elenco teatral, su entrega, capacidad de interpretación y versatilidad para el canto y la danza, sacan adelante el trabajo con brillantez, sobre todo en la traca última con dos finales distintos, uno supuestamente impuesto por las presiones del productor o la censura, que acabarán siendo el mismo y único final a manos del propio autor de la comedia.