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La Escuela de la desobediencia.- Sobre L’École des filles (Anónimo) y Ragionamenti de Pietro Aretino. Compañía Producciones Andrea D’Odorico y Teatro Portátil.

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María Adánez y Cristina Marcos

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La Escuela de la desobediencia.
Texto adaptado por Paco Bezerra sobre L’École des filles-Anónimo- y Ragionamenti, de Pietro Aretino

Producciones Andrea D’Odorico y Teatro Portátil
Director: Luis Luque

Teatro Barakaldo (Vizcaya) 18 de marzo de 2012

No hay muchas maneras mejores de pasar una buena tarde de domingo. El teatro es causa de entretenimiento, de conocimiento y sorpresa, así como mágica realidad irrepetible en cada representación que solamente podrá ser revivida en la memoria del espectador y la huella de la emoción que nos deja.

De entrada, debo reconocer en el trabajo escénico de la obra La Escuela de la desobediencia, la seriedad con que las actrices solventaron el difícil reto de llenar de magia, complicidad y poesía, todo el tiempo de la representación, del primero al último minuto. Supieron llevar su actuación con sensibilidad y arte sin dejar un resquicio, una duda, al tiempo vacío; todo fue ritmo y cadencia con el contrapunto ocasional de la música renacentista a la viola da gamba de Sofía Alegre y la voz de la soprano Rosa Miranda. Y me gustó más, si cabe, porque las actrices superaron el cliché televisivo de las series en las que obtuvieron notables éxitos, para interpretar con toda la gama de matices posible  sus personajes, libres ya de los moldes prefabricados. Fantásticas ambas, María Adánez en el papel de Fanchon, y Cristina Marcos en el de Susanne.

Pero hechos estos reconocimientos y los que corresponden a la parte del Equipo Artístico, con la dirección de Luis Luque, y al Equipo Técnico, tal vez merezca la pena detenerse un poco en comentar el porqué del interés de este texto adaptado por Pedro Bezerra.

Los antecedentes en los que se inspira esta obra se encuentran en los textos libertinos franceses del siglo XVII, entre los cuales contamos con L’École des filles ou La Philosophie des dames, atribuida a Michel Millot y por ello condenado a la horca mientras quemaban los libros “contrarios a las buenas costumbres” De otros textos, como Los ejercicios de devoción, del Abate de Voisenon, he dado cuenta aquí, en el apartado de Lucernarios, Biblioteca de bitácora.-libros para leer y releer. Pero, en su momento, y después de vista esta bien representada Escuela de la desobediencia, comentaré y os recomendaré otros escritos como La Academia de las damas, del maestro Nicolás Chorier, y Margot la remendona de Fougeret de Montbron.

María Adánez y Cristina MarcosMe pareció, en las lecturas libertinas francesas referidas, siempre reseñable la vigencia y el valor de actualidad que encierran; vigencia y actualidad confirmadas en la puesta en escena de La Escuela de la desobediencia, con un planteamiento arriesgado, austero aunque ricamente acompasado con la música y la iluminación, para dar protagonismo a un texto irónico, directo, sugerente y crítico, en las escenas que se van sucediendo cargadas de un fuerte erotismo o una tierna poesía. El trabajo de dicción de las actrices, modulando de manera exquisita la voz en cada situación, junto a una muy bien estudiada y acertada expresión corporal, hicieron que el reto fuera superado con indudable éxito. El lenguaje explícito sobre el sexo se hace al margen de eufemismos y explicaciones retóricas; no es ni obsceno, ni cutre, ni procaz, como habitualmente ocurre en tantas películas de éxito o programas televisivos de gran audiencia donde la vulgaridad y la banalidad los hacen grotescos. Sin embargo, todavía en el teatro parece que causa reparo y se ponen objeciones al desnudo y el erotismo. Hablo en general, no exactamente por esta obra, aunque sí por las reacciones que he podido presenciar en otras similares o más atrevidas.

Quería referirme, como dije, a la vigencia y actualidad de una obra que, arrancando del siglo XVII, nos trae al siglo XXI la voz de la mujer y la reivindicación de su sexualidad y la libertad para sentir, desear y amar. En este sentido, no resulta baladí la denuncia que se hace de la doble moral que niega a las mujeres lo que se admite en los hombres; la crítica a instituciones como la Iglesia, en la que sus miembros, monjas, frailes, curas y obispos, practican sin mesura, con esmero y refinamiento, lo que prohíben y persiguen desde los púlpitos, o la denuncia de una educación al servicio del control y dominio de la vida de las mujeres, negándoles la sexualidad y el placer mediante la información falseada, la reprobación moral y el miedo.

En el transcurso del desarrollo de la obra teatral, una joven sobrina es instruída por su tía sobre los diferentes aspectos de la sexualidad femenina y las distintas maneras de disfrutar con un hombre. Luego vendrá la parte práctica, arreglándoselas para que todo ocurriera en el debido secreto y ofreciendo a familiares, vecinos y conocidos, la más casta y honrada imagen que se pueda exigir e imaginar. Las apariencias esconden una conducta en la que la fuerza de la naturaleza se abre paso por encima de las normas sociales y la represión de los impulsos. La joven así instruída encuentra la felicidad de sentirse viva con su vida y con su cuerpo y, aprendida la lección, no está dispuesta a renunciar al fruto de su aprendizaje. Claro está que todo ello, como se ha dicho, ha de vivirlo guardando las apariencias y cumpliendo con las pautas marcadas para su condición social, entre las que se encuentra el matrimonio convenido por los padres. Ante el rechazo de la joven, la tía le hace ver que esto no será obstáculo para su felicidad porque puede fácilmente engañar a su marido. Pero algo más profundo planea sobre el alma de la joven, que va más allá del deseo y unido al placer, como es el amor y su libertad de elegir. Porque cuando se abre la puerta de la libertad y se experimenta el placer y la felicidad, pero las normas y las costumbres no cambian, ¿cómo hacer para seguir viviendo sin renunciar a la vida y el placer de ser feliz sin ser por ello objeto de persecución y castigo? Por ello, ante esta imposibilidad, una última solución asoma amenazadora a la mente de la joven. La tía se espanta y preocupa, pero la sobrina le sugiere que tal vez de este modo en tantas ocasiones enviudaron jóvenes casadas, arrojando, de paso, una sombra de duda sobre la temprana viudedad de su propia tía. El dilema está propuesto y la solución moral al dilema se exige de manera dramática. El final de la obra es, así, una última denuncia que nos requiere una respuesta; pero esta última respuesta será, necesariamente, también la respuesta a todas las críticas expuestas sobre la represión de la sexualidad femenina y su papel en la sociedad. Asignatura pendiente.

Julio G. Alonso
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Cristina Marcos y María Adánez

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