Cuadro escénico:
Ana Rujas; Joan Solé; Teo Planell
Dirección: José Martet y Pedro Ayose
Cámara en directo, Alicia Aguirre
Música de Ale Acosta
Come y Calle Producciones
Teatro Barakaldo, 28 de febrero de 2026
Ana Rujas no solamente ha escrito un hermoso, poético y dramático texto sobre el alma y la conducta humana, sino que –además- lo ha interpretado bajo la dirección de José Martet y Pedro Ayose. La pieza teatral se basa, también, en la novela del mismo título escrita por la misma autora y protagonista. Quede dicho esto por delante y subrayemos, de pasada, la impecable interpretación de los actores que completan el cuadro escénico, Joan Solé y Teo Planell.
La escenografía, con la cámara en directo manejada por Alicia Aguirre, se convierte en el cuarto intérprete de este drama. La proyección sobre una gran pantalla, en la parte delantera superior del escenario, va dando cuenta de todo cuanto se desarrolla en escena y hace de la función teatral un trabajo profundo de introspección de los personajes. La enorme pantalla ofrece en blanco y negro primeros planos desde ángulos a veces invisibles para el espectador en la sala; también se intercalan frases y reflexiones, y en muchas ocasiones la reproducción grabada –no en directo- explica las escenas como una proyección de los pensamientos y sentimientos de los protagonistas o, también, permiten la visión simultánea de dos acciones en lugares diferentes. El ritmo de la interpretación y la proyección, subrayado por la música apropiada y oportuna de Ale Acosta, pareciera un bello baile o una danza que nos conduce, sin soltarnos, por los vaivenes emocionales del drama representado.
El argumento, si hubiera sido puesto en escena de manera convencional, nos presentaría la profunda crisis de una pareja acomodada; él, arquitecto de renombre y muy ocupado lejos de casa en grandes proyectos arquitectónicos; ella, sin oficio reconocido, sola e inmersa en el vacío de un mundo hecho a la medida de los intereses del marido; un vacío que acabará sintiéndolo dentro de sí, interiorizándolo como castrador y limitante. La mujer, al fin, acabará cuestionándose el sentido de su vida, la naturaleza de sus sentimientos, la necesidad de vivir sus afectos y expresar sus emociones en una búsqueda desesperada de su propia identidad. El resultado, más que previsible, se traducirá en el constante abandono y retorno de la mujer, del joven amante al marido y del marido al joven amante, en la búsqueda de ella misma y con el consiguiente terremoto emocional en las vidas de los hombres con los que mantiene relaciones. Por medio aparecerán otros sucesos vitales, como el proceso frustrado de una maternidad anunciada simbólicamente por el arcángel Gabriel y las constantes conversaciones, oraciones, reproches y quejas con el padre Dios en busca de un auxilio que no llegará para resolverse, al fin, en un desenlace trágico.
He de decir, honestamente, que me conmovió profundamente esta obra y que me pareció –en contra de alguna crítica leída- una buena pieza teatral, con el acierto del uso de las tecnologías audiovisuales al servicio de la acción dramática. La vida, en forma de película en blanco y negro contada por dentro, y la misma vida representada, con todos sus violentos contrastes, en color y sobre las tablas. Y sí, pienso que esta experiencia vanguardista es teatro, buen teatro.
González Alonso

La isla del aire.- Alejandro Palomas
Ante todo, más allá del párrafo introductorio, debo confesar lo que pienso. Y creo que si esta obra teatral no hubiera sido representada por quienes lo hicieron, ni dirigida por quien la dirigió, habría resultado aburrida o desmayada en muchos de sus tramos y poco apreciada en su conjunto. Basada en en la novela de Alejandro Palomas me pareció que el esquema dramático se resentía y apenas cuajaba la emoción en una cierta falta de ritmo en los diálogos que Nuria Espert y el resto de actrices, en mayor o menor medida, consiguen sostener gracias a sus enormes capacidades interpretativas. Destacaría, sobre todo, el trabajo de las más jóvenes actrices, Claudia Benito y Candela Serrat. El final de la representación se adentra con convicción en el teatro de verdad y lo hace con éxito, aunque no sea suficiente para justificar y salvar el resto de la obra que me pareció, aunque digna, bastante convencional.
Búho
texto y la incorporación plástica de la luz y las sombras, la música, la expresión corporal y el manejo del espacio como reflejo mental de la realidad de la amnesia. Todo ese conjunto de proyecciones, efectos especiales y acción plasmada en el escenario que nos deja oír el grito de la silenciosa voz de la mente es, sin duda, el tercer personaje de Búho. Los otros dos serán Pablo y su confusa ausencia de recuerdos y el terapeuta que tira del hilo y arroja la cuerda a la que poder agarrarse para salir a la luz.
PRINCIPIANTES.- (De qué hablamos cuando hablamos de amor).- Raymond Carver
Para entrar en contexto. La obra Principiantes es la adaptación teatral del texto narrativo “De qué hablamos cuando hablamos de amor” del estadounidense Raymond Carver, publicada en 1981. Cuatro personajes formados por dos parejas, una más joven, la otra más madura, comparten una tarde de larga conversación, discusión, confesiones, terapia, expresión de frustraciones, anhelos, convicciones, dudas, seducciones y otras aristas del amor a lo largo de la tarde y la luz cambiante que parece ser reflejo del tono emocional del ambiente que se va creando en la casa. Como elemento desinhibidor el alcohol será el disolvente de las defensas y censuras personales para desatar los sentimientos y transgredir las barreras morales y las respetables buenas formas. Es decir, a mayor cantidad de alcohol ingerido, mayor vehemencia y agresividad de las formas y dureza de los planteamientos.