Adveniat regnum tuum

nubes en el cielo8

ADVENIAT  REGNUN  TUUM

Que vengan los días de paz prometidos
Que llegue la ofrecida esperanza de los salmos
Y en mirra y canela se extienda con sus dones
Por el tabernáculo del alma
Que las nubes arrastren la lluvia anunciada
Y fértiles, las tierras, sonrían con sus frutos
Así mi corazón acoja en amor los abrazos
Y mis ojos sean consuelo en las miradas
De otros ojos
Que ausentes de mandamientos
Ni dioses Ni hombres Ningún hombre
Abrigue temor ni ira, sino sana complacencia
De días y horas
Mientras las uvas maduran en racimos de septiembre
Y el vino fermenta en la fresca oscuridad
De las bodegas
Que venga la honesta ternura a la voz
De las palabras Como bálsamos de besos
En el jardín del Edén Y ya todo sea
Reino nuestro
Por los siglos de los siglos.

González Alonso

Sanctificetur nomen tuum

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SANCTIFICETUR NOMEN TUUM

Pusiste ante mis ojos con magia las palabras,
entre mis manos números y nombres
con que construir un mundo, la pregunta
y la duda en mi mente
y en mi corazón sembraste
sentimientos de bondad.

Te llamé maestro
y así te recordé siempre
con la mirada iluminada de futuro
y la voz transida de esperanza,
como el profeta que habla lentamente
al acabar el día; como el poeta que descubre
emocionado
su primer verso. Sanctificetur, sanctificetur
nomen tuum.

Al lado de mi dolor descubres mi remedio
y calmando mi ansiedad extiendes, generoso,
tus cuidados.
Multiplicada la vida, la vida, con la ayuda
de tu sabiduría, la herida de la muerte
es bálsamo en la paz de la última hora
y te llamamos médico. Sanctificetur
nomen tuum.

En tu mano se alza productiva y laboriosa
la herramienta que labra el largo surco
del pan,
que eleva a los aires los metales
en voladoras naves y en mitad de las aguas
de todos los océanos
pone a navegar los buques con sus pesadas cargas;
arrancas de los pozos el corazón del cobre
y fundes minerales en crisoles gigantes
y levantas ciudades. Trabajador, obrero,
proletario, sanctificetur,
sanctificetur
nomen tuum.

González Alonso

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Pater noster qui es in caelis

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PATER NOSTER QUI  ES IN CAELIS

Hoy miré al cielo. Con los ojos del alba
arrastraban las barcazas los cuerpos sin aliento
a la orilla del mar, almas desmadejadas
en la orfandad de la ilusión

y la esperanza.

Todo era silencio entre rumor de olas
todo muerte y silencio como único canto
de alborada, ese instante vestido de luz y sombras,
y miré al cielo
y miré detrás del cielo
y no te vi.

El sol llenó el azul de la mañana;
pasó el día
como pasa en la calma de las horas
el recuerdo más grave y más hermoso;
mientras, la radio contaba el número de muertos
en las playas.

Llegó también la noche con su cortejo de estrellas,
con sus sombras abrazadas a las sombras
de los sueños ahogados en las costas
que dibujan las aguas.

No te vi,
no te vi

y miré al cielo.

González Alonso

patera

Liturgia

reloj de pie y pénduloLITURGIA

La poesía es –no lo olvides- árbol de vida,
madera nacida de la luz y la tierra
y sus materias inorgánicas,  humedad
fértil de lluvia, y luego el viento
y las semillas esparcidas y así
se multiplica y crece
con su misterio siempre
inexplicable.

Cuando mece sus ramas, una liturgia
de cantos de aves y violines se hace palabra
y santuario
de emociones primigenias;
es entonces
cuando no entiendes,
pero sabes

y una claridad de soles vibra
entre los sueños
en la dulce agonía
que envuelve las horas de todos los relojes,
el silencio suspendido en las aguas aquietadas
y el reflejo de un íntimo pesar,

sólo la queja –al fin- recostada al cobijo
de la sombra
de lo que queda del amor.

González Alonso

En mí

Epicteto

EN MÍ

Si en mí te reconoces, toma nota
y escribe libertad, desánimo y angustia;
espiga las emociones que tu alma
experimente y padezca
al enfrentarse
a las decisiones de la vida.

Traeré lo subjetivo, lo existencial,
tal vez el eco monocorde y repetido
de Soren Kierkegaad;
de Antonin Artaud la trágica locura
surreal
de las peores escenas
del teatro de la crueldad
y un mundo onírico, áspero y absurdo
sujeto con los dientes al cordón umbilical
de la existencia humana.

Si te reconoces en mí sabrás,
como Epicteto, que eres sólo una pobre alma
cargando con un cadáver.

González Alonso

En el corazón de Estambul

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EN EL CORAZÓN DE ESTAMBUL

¡Ah! Y qué soberbio choque
tectónico de culturas, la ciudad
de las tres costas
y el eco de los navíos
antiguos
rompiendo el agua con sus quillas.

Pisé Estambul en primavera;
los maniquíes andaban por las calles
y los aromas de las especias
pintaban los colores de sus mejillas
entre la lluvia de mayo; los neones
iluminaban sus vestidos vaporosos
y abrían a la imaginación la puerta
de la fantasía;
visité
los templos
en cúpulas celestes
multiplicándose en oraciones,
los almuédanos haciendo
llamamientos quejumbrosos desde los minaretes
sin descanso, tal vez
para pedir la paz y la concordia, la caridad del amor
y expresar el sueño
de un paraíso. Han callado las campanas. Pero
qué inútil, qué imposible, qué estériles
llamadas. Los dioses no se ocupan
de los errores de los hombres y sus alocuciones. Mientras
rezan nada hacen
para enmendarlos ni remediar sus vicios. En vano
elevan sus plegarias, se postran
en vano de rodillas.

Vi más,
como columnas clásicas sumergidas en estanques
donde el agua resuena en los besos
de los capiteles, cisterna basílica para la sed
de Bizancio, antes Constantinopla,
Estambul en sus últimos días de gloria
mirándose en el espejo del Mármara, navegando
el Bósforo,
hermosamente recogida en el Cuerno de Oro
y sus tres orillas.

También anduvieron mis pasos los ásperos cementerios,
cuna y descanso de los nabateos,
como bazares de muertos y tumbas sombreadas
donde deja el ciprés sus aromas de resinas. Allí,
paciente, esperaba el anciano, cerca de las puertas,
la llegada de su hora para entrar, acompañado
de tres gatos. A fin de cuentas
hay más vida en los cementerios
que en las plazas de la ciudad,
debió de pensar algún día.

La joven se acurruca al pie de una esquina
de la Universidad, casi una niña, mientras sostiene
a su pequeño en brazos. Con la mano extendida
recibe la limosna de las liras
y en sus ojos asombrados
me regala la dádiva del corazón
con la sonrisa asomada al brocal de los labios, la única flor
verdadera ante los muros del templo
del conocimiento
que no sabe
de estas enseñanzas. Admiré
una vez
el valor del turco
que rezaba dos veces al día; una
en una iglesia
y la otra en una mezquita
para hablar con el mismo Dios, y otra vez
al turco musulmán
que inclinaba con respeto la cabeza
al paso ante las puertas del templo con una cruz;
Kavafis, mientras tanto, se esfumaba en sombras de tarde
y poesía
entre el ruidoso trajín de callejuelas
que siembran los bares y las tiendas, y en las salas
de los museos que custodian en lápidas y estatuas
la memoria de Constantino o en las vitrinas
que exhiben los tesoros del palacio de Top Kapi.

Vi más y
sentí más.

Ahora que Estambul se aleja
con sus secretos sepultados
bajo la luz plural de las aguas de sus mares
y sus siete colinas, eco de Roma, resonar
de tambores, fragor de batallas y brillo
de los sabios que tejieron con paciencia
su amplia mirada del mundo; Estambul,
puente de occidente, abrazo gigante
de oriente,
mestizaje secular
y preclaro meridiano
de la Historia.

González Alonso

Post scriptum.- Corría el verano de 1979 cuando, en un viaje en grupo por Grecia, tuve que quedarme en Alexandrópolis esperando al resto de la expedición que llegó hasta Estambul. Había perdido toda la documentación y el dinero en el cabo Sounion y en Turquía no me dejaron pasar con el visado de la Embajada Española conseguido en Atenas con vigencia para 30 días y vuelta a España. Así nació el poema «A las puertas de Estambul«. Tuvieron que pasar 44 largos años para remediar aquel contratiempo y entrar en Estambul. Nunca es tarde. Y esa es la anécdota. Éste, el poema: A LAS PUERTAS DE ESTAMBUL

Hogueras

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Arde la barca. Un día fue esperanza
de vida y herramienta, labor del mar
y sus fondos cultivados. También desgracia
o aventura en la incierta y áspera tarea
de las redes y los peces.

Pero el solsticio trae sus exigencias
y el tributo debido a los rigurosos dioses,
esa deuda arrastrada por la carne
como pecado original,
el miedo conjurado por el fuego
que las gentes aún visten con inocentes fiestas,
alegría de la noche que acoge todas las estrellas.

Las llamas nos arrojan su calor violento,
se alzan retorcidas a un cielo oscurecido
y la barca ya es sólo silueta iluminada,
esqueleto de fuego que crepita
y se hunde
en el fondo del mar de las cenizas.

No lo saben;
se sumergen en las aguas
de un mar en calma y lavan sus pecados
deseando ser mejores y más buenos;
sus cuerpos resplandecen al amparo de la luna
como el amor de dioses complacientes
y satisfechos. Todo
se ha cumplido una vez más. Mirad
sus sombras
limpias, como alegría de almas
venidas por vez primera
al mundo, por primera vez
nacidas inocentes y vestidas
por única vez
para la vida.

González Alonso

OÍ DECIR (A MARCO AURELIO)

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OÍ DECIR
(A MARCO AURELIO)

Oí decir a un sabio, que era emperador,
con la sencillez del sabio y la autoridad
del emperador, que la naturaleza del bien
es bella y la naturaleza del mal
es fea.

Como sabio que entendía de la condición humana
llegó a comprender cómo hemos nacido
para una tarea en común y que por ello
actuar unos en contra de otros es opuesto
y ofensivo
a la esencia misma de la naturaleza,
perverso para el hombre
y en su lógica funesto
para la civilización y la cultura.

Como emperador
no pudo –sin embargo- evitar la guerra.

González Alonso

Fue bastante

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Me ofreció
todo
lo que cabe en el hueco
de la mano
de un mendigo
con el tesoro de una sonrisa y la mirada azul

y fue bastante.

Le ofrecí
arcos iris de tardes de verano
y un puñado de historias en papeles en blanco

y fue bastante.

No sé cómo ocurrió que acercamos las manos
en caricias que cubrieron desnudas nuestros cuerpos,
ni cómo, sin palabras, nos decíamos
te quiero.

Ahora la recuerdo como palomas alzando el vuelo
por entre los cabellos que se enrataban en mis dedos

y es bastante

para las tardes húmedas de sueños
y la lluvia salpicando las lágrimas en el rostro
y los relojes vacíos de horas, los calendarios
sin días

que hasta la nostalgia se ahuyentó por entre las palabras
que nunca pronunciamos
y  leerá en las historias que escribíamos en el aire
mientras el mar traía olas y besos a la orilla
de una playa de invierno,

ella,
mientras abríamos las manos como un libro extendido
donde se alborotaban todos nuestros deseos. Ahora
nos recuerdo,
me recuerdo,

la recuerdo

y su risa, torrentes de tanta vida,
alcanza en mi memoria
la juventud perdida.

González Alonso

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Madrid

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Ahora estoy en Madrid. En los cafés
se remueven
posos del 2 de mayo; en las calles
rumores de resistencia y guerra
del 36. Pero todo
está en la mirada y la memoria. La luz
se  cuela por entre la lluvia que agrisa el cielo
y todo lo humedece
y todo lo hace lágrima. Madrid
es ante mí, juventud que se abraza
y amor
por las esquinas; es kilómetro cero
de todas las esperanzas,
jazz en el Eslava, oración y arte entre muros
de monasterio, museo del mundo
El Prado, gentes venidas
de los cuatro puntos cardinales, discursos
de  parlamento
y voz ilustrada
y erudición y alto estilo
de Manuel Azaña.

¡Cómo se alargan las luces y las sombras
a  hombros de tu historia,
Madrid, a donde llegar ya es un regalo!

Ahora estoy en Madrid.

Sonó la hora
en torrente poético y don Quijote
vino, después de muerto, a sentar plaza.

González Alonso

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