.
Si de mi vida soy apenas dueño
y las horas, altivas, con su frío
son de mi aliento duro desafío
y eres tú de mi amor sólo desdeño.
Si mis ojos se cierran ya sin sueño
y sin sueños que tengan nada mío
corre en los tuyos caudaloso río,
¿de qué me servirán amor y empeño?
De la sangre que mana de esta herida
será injusto decir que eres culpable
ni justo que el remedio a ti te pida.
De lo que así la voluntad decida
no es el amor tampoco condenable
ni responsable del dolor, la vida.
González Alonso