Crimen y castigo.- Fiódor Dostoievski

CRIMEN Y CASTIGO
Fiódor Dostoievski

Ediciones Cátedra.- 2ª edición Mil Letras; Madrid, 2009.- Edición de Isabel Vicente; cubierta de Diego Lara

La novela de F. Dostoievski, Crimen y castigo, se desenvuelve –grosso modo– en dos ámbitos, el de la miseria y el del desamor. La búsqueda permanente de la superación de la miseria y la de la emoción pura del amor constituye el eje transversal de la obra, con cuyo pretexto ofrece, amén de la pintura realista de colores vibrantes y fuertes claroscuros de la sociedad de la época, una crítica social implacable desde la encrucijada moral de los personajes. La mirada crítica sobre la sociedad del momento no está exenta de intuiciones y descubrimientos de verdades permanentes, realidades consustanciales al modelo social del que, básicamente, seguimos formando parte; así, ante la corrupción y el robo representado en la figura de un profesor de Moscú que falsificaba bonos, la justificación es la de que «todo el mundo se hace rico de una manera o de otra«(sic) en el sentido de «ganar dinero de inmediato y sin esfuerzo«(sic) porque «nos hemos acostumbrado a encontrarlo todo hecho, a avanzar  apoyándonos en los demás, a comer el pan ya masticado. Y, en cuanto las circunstancias lo han permitido, todos se han lanzado a aprovecharse«(sic) Por si lo citado anteriormente nos parece poca cosa en relación a los problemas actuales, podemos detenernos en la visión que del poder se refleja en las siguientes palabras: Y ahora sé, Sonia, que tiene poder sobre las personas quien es más fuerte por su inteligencia y su espíritu. Para la gente, el que se atreve a mucho es el que lleva la razón.  El que más cosas menosprecia se convierte en su legislador y el más atrevido es el más escuchado. Así ha ocurrido hasta ahora, y así será siempre. ¡Sólo un ciego no lo vería!(sic) Sigue leyendo

¡Deseos renovados de felicidad!

No son buenos tiempos; aunque siempre deseamos que sean mejores no son, digo, buenos tiempos. A la de Siria le siguen guerras como la de Ucrania, genocidios como el de Gaza y un plantel de dirigentes políticos inmensamente ricos, inmensamente ambiciosos e inmensamente egoístas y despiadados que alientan el belicismo, las injusticias, injerencias en los asuntos de otros países, amenazas, actos terroristas e inhumanos. Las ideologías de extrema derecha, filofascistas y neonazis, nos hacen recordar la triste historia de mediados del pasado siglo XX, la guerra de España y la II Guerra Mundial. No son buenos tiempos. Se cierran las fronteras y los emigrantes o son devueltos a sus países o son marginados y explotados laboralmente. La ley del más fuerte y el egoísmo ciego conduce al negacionismo y el atropello y persecución de las personas honestas; puede ser a través de los medios con bulos, mentiras, noticias falsas para promover juicios injustos, amenazas directas o indirectas para silenciar al discrepante, a los que quieren un mundo más justo, a los que desean un planeta habitable para las generaciones venideras.

No puedo decir que las cosas van bien cuando millones de personas sufren estas injusticias y todos estamos en el filo de la navaja, incluso los que votan a los ricos más ricos del planeta que odian y les sobran los pobres más pobres. Peor aún, que sean los pobres los que aúpen a tiranos.

Y, sin embargo, quiero desearos felicidad aunque sea recordando los peligros que nos amenazan como género humano. Quiero desear que seamos capaces de conquistar un futuro mejor. Sin engañarnos. Las cosas están mal.

Vayan los deseos acompañados de una copla al ramo leonés de navidad y un bello villancico; las letras son de quien escribe, las músicas del amigo y paisano Víctor F. Mallada, Paco para los amigos de infancia y pueblo. Salud.

González Alonso

Marcelino y su carretilla

Marcelino y su carretilla

Entre tantos como fueron en aquella década de infancia de los 50 del pasado siglo XX en La Pola de Gordón, me viene a la memoria la imagen de Marcelino y su carretilla. Era un hombre joven, con una chepa no demasiado prominente, moreno y de estatura mediana, que no gozó de muchas luces ni, en ocasiones, de demasiadas buenas intenciones cuando hacía alguna de las suyas entre la ropa tendida a la orilla del río o cualquier otra barrabasada.

Aunque no llegó a aprender a leer ni escribir, lo de ser maestro para mandar y tener a los guajes quietos debió de gustarle bastante, así que era frecuente que los niños y niñas más pequeños del pueblo pasaran por su particular escuela organizada al aire libre. Cuando conseguía reunir a media docena de rapaces, los hacía sentar en el suelo y hacer que escribieran o hicieran como que escribían en un trozo de teja, en el suelo o en una pizarra, usando para escribir un trozo de yeso. En fin, que aquella parodia duraba lo que duraba la paciencia de los improvisados alumnos hasta que salían corriendo cada uno en una dirección y Marcelino en la de todos y en la de ninguno, con lo que se daba por finalizada la clase. Sigue leyendo

William Shakespeare y compañía.- Vanessa Martínez, Gustavo Galindo y Pedro Santos

William Shakespeare y compañía
Escrita por: Vanessa Martínez; Gustavo Galindo; Pedro Santos

COMPAÑÍA TEATRO DEFONDO
Dirección: Vanessa Martínez
Intérpretes: Gustavo Galindo; Esperanza García-Maroto; Ángela Garman; Vicenç Miralles; Pedro Santos; Rocío Vidal
Teatro Barakaldo, 29 de noviembre de 2025

Los clásicos, en esta ocasión William Shakespeare, nos sirven extraordinariamente bien para diagnosticar los males arrastrados por las sociedades modernas. Será el drama de Otelo el que funcione como una radiografía a través de la que descubrir la enfermedad, tal vez incurable, de los protagonistas de la tragedia humana. Egoísmo, rencor acumulado, antipatías, odio, vanidad, acoso y abusos sexuales, violencia, dogmatismo ideológico, frustración o envidia; todo ello se desliza detrás del trabajo cotidiano, los proyectos, la colaboración, la amistad, el compromiso, la voluntad de progreso, el respeto y el reconocimiento. Cada cosa y su contraria se irá plasmando en las relaciones personales de cada intérprete de una compañía que pretende representar el Otelo de W. Shakespeare. Cuando se paran a pensar en sus personajes, defenderlos y justificarlos, esos personajes se harán dueños de sus personas y removerán las razones y sinrazones de su existencia; juzgando a los personajes de ficción acaban juzgándose a sí mismos.

Todo transcurre tras la segunda puesta en escena  de Otelo y la cena que sigue en un restaurante a la representación en la cual la trama de la obra se entrecruzará con la trama de sus propias vidas. Pretendiendo dar sentido a lo representado terminarán encontrando el sinsentido de cada escena de su vida.

La obra, de carácter circular, se abre y se cierra con la misma escena, la del asesinato de Desdémona a manos del celoso Otelo; la diferencia entre una y otra es que en la primera el crimen tiene un carácter tragicómico haciendo reír al espectador; en la segunda ocasión, la que cierra la representación, el carácter trágico no deja lugar a la risa. Por medio queda en suspenso la realidad del personaje de la operadora de luz y sonido –que antes fue actriz- alcohólica y depresiva tras una historia personal de acoso sexual sin resolver; la realidad de la joven actriz debutante viviendo también una situación de acoso por parte del actor principal, con cierta fama e influencias y muchas promesas de trabajo para la debutante; también se nos muestran las miserias y resentimientos de una pareja rota y la situación del eterno y frustrado actor de segunda fila. Sigue leyendo

El rey Lear.- William Shakespeare

El rey Lear
William Shakespeare
Teatro Serantes, Santurce.- 22 de noviembre de 2025

COMPANHÍA DO CHAPITO
Dirección: José C. García
Reparto: Carlos Pereira; Susana Nunes; Tiago Viegas

Crónica de una decadencia –la del rey Lear- y una diatriba mordaz de la ambición y la obsesión ciega por el poder, la ingratitud filial, los enfrentamientos violentos y la locura que subyace en la crítica social del texto.

¿Y cómo lo hacen? Desde luego, con un trabajo minucioso y un estudiado humor, con desenfado, naturalidad y recursos que pasan por el gesto, la expresión corporal, el mimo y lo mejor y más representativo del teatro del absurdo. No hay decorados y la austeridad de elementos sobre la escena traslada toda la carga interpretativa a la voz y el cuerpo.

En cierto modo, este ejercicio de metateatro que se cuestiona la misma representación e involucra al espectador en su desarrollo con guiños, preguntas retóricas y solicitud de aplausos, pone en solfa el texto canónico con su contenido crítico y solemnemente trágico de William Shakespeare. El resultado buscado es la denuncia de lo más esperpéntico de la condición humana y sus pasiones. Y todo ello –sin perder el respeto por la obra de Shakespeare cuyo argumento seguirán de manera fiel- hace que lo trágico aflore en cada gesto y la risa provocada en cada escena.

La adaptación de esta pieza teatral es una verdadera obra de arte, elaborada y compleja, enfrentándose a un gigante de la Literatura y una de sus obras más representativas y emblemáticas. Lo hacen estos tres intérpretes –una actriz y dos actores- con la capacidad de mostrarnos en toda su diversidad a todos los personajes, ejércitos, batallas y circunstancias del argumento en su desarrollo. Sigue leyendo

Polma y Curienno

Leyenda de Polma y Curienno (Porma y Curueño)

A los romanos no les resultó fácil la conquista de unas tierras encrespadas de riscos y montañas defendidas por las tribus astures que poblaban el actual territorio leonés. Para defender el oro de Las Médulas plantaron en estas tierras la Legio VI y luego la Legio VII que, con el paso del tiempo y durante la Edad Media, darían nombre al Reino de León.

Pero si los guerreros astures supieron mantener una guerra larga contra el imperio romano para defender sus valles y sus poblados, cuando la razón de la lucha era el amor, nada les hacía retroceder. Así ocurrió que estando Curienno, uno de los bravos guerreros de las montañas, enamorado de la bella Polma, se dio la circunstancia de que el cónsul romano Canioseco fuera a fijarse también en la joven doncella astur y, prendado de su singular hermosura, decidiera llevársela al campamento de León con la determinación de tomarla por esposa.
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El cuento de Ajú y Ajá

Ajú y Ajá
Un cuento para Miguel, mi segundo nieto

Ajú vivía en la cueva de La Loba, que se abría en la pared rocosa de la Montaña Blanca por encima del bosque.

Ajá se había construido una cabaña en el valle, a la orilla del río. Era un joven de pelo castaño y ojos oscuros que cultivaba una pequeña huerta, conseguía truchas en las frías aguas del río y extraía miel de los panales que las abejas construían en el bosque.

Ajú era un fuerte y experto cazador, alto, rubio y de ojos claros que conocía muy bien las distintas clases de hierbas del monte y sabía cómo usarlas para hacer ungüentos y bebidas saludables; también entendía el comportamiento de las águilas y halcones que anidaban en las rocas.

Ajá era igualmente diestro con el arco, y ambos, cuando les hacía falta, se adentraban en el bosque en busca de leña para el fuego o de algún animal que cazar.

Un día que salieron de caza se movían por el faedo con sigilo, escuchando con atención todos los ruidos y buscando en el suelo rastros de huellas de los animales que al amanecer bajaban a beber al río. Ajú no sabía que Ajá estaba de caza, y Ajá tampoco sabía que Ajú se encontraba en el bosque.

Después de un tiempo de andar apareció un jabalí negro y enorme que se entretenía hozando en el suelo en busca de raíces. Ajú se quedó inmóvil para no asustar al animal y con sumo cuidado colocó una flecha en su arco. Ajá, comprobando que el viento no llevaba su olor hacia el jabalí y que no había peligro de que lo descubriera, se detuvo y preparó el arco con una flecha de su carcaj. Ambos tensaron con fuerza los cordones de sus arcos y apuntaron al jabalí negro que abría agujeros en el suelo del bosque en busca de comida.

Las flechas de los arqueros  salieron silbando al rasgar el aire en busca de la presa y alcanzaron al jabalí al mismo tiempo, dejándolo muerto al instante.

Cuando  se acercaron al jabalí, Ajú y Ajá se miraron sorprendidos y, por un momento, se quedaron quietos sin saber qué hacer; pero enseguida corrieron hacia la pieza recién cazada y la agarraron, sujetándola uno por las patas delanteras y el otro por las traseras, para llevársela. Sigue leyendo

El terror de 1824.- Benito Pérez Galdós

Episodios Nacionales
El terror de 1824
Benito Pérez Galdós

Alianza Editorial, El libro de bolsillo
2019

El destino no deja de proporcionarnos situaciones paradójicas. Benito Pérez Galdós, para ofrecernos de manera novelada el episodio histórico del absolutismo de Fernando VII y el terror desatado con las persecuciones y ejecuciones de liberales y constitucionalistas, hace coincidir el personaje del viejo maestro liberal, inflamado de fe en la libertad y la democracia, con el destino de la joven muchacha, católica e hija de un absolutista ejecutado por los liberales y en cuya muerte tomó parte el viejo maestro liberal con su delación. Ahora el viejo maestro hace discursos incendiarios contra la monarquía por todo Madrid y pasa por loco, del que todos se burlan y al que los niños apedrean. Su hijo será ejecutado una vez hecho prisionero, y él acabará siendo recogido por la joven hija del absolutista, vecina suya, cuidado y querido como un padre, amor que terminará siendo mutuo tras reconocer su conducta indigna –no por la delación- sino por haberse negado a ofrecerle un vaso de agua en sus últimos momentos, culpa que confesará también al pie del patíbulo.

En la figura del viejo idealista loco no se puede dejar de apreciar la evocación cervantina de don Quijote, recuerdo reflejado en otros pasajes como en el de Riego conducido con todo el idealismo liberal que representaba en un carro de bueyes a la horca. O en los mismos discursos del viejo maestro liberal y la imagen de su mujer, ya fallecida, a modo de una Dulcinea. Pero podríamos seguir con las pinceladas cervantinas en su estilo narrativo, la ironía –incluso el sarcasmo- y la visión relativa de los hechos, la fuerte convicción ideológica de los liberales y la altura de sus miras, pero la desconfianza que se pone de manifiesto en los protagonistas de su puesta en práctica, así como sus contradicciones o la humana flaqueza ante la muerte. Se refleja la dureza, violencia y odio irracional de los absolutistas y las gentes que los apoyaban, más brutales cuanto más incultos e ignorantes, la perversa acción de la Iglesia con las prédicas de curas y frailes animando al infierno de la represión, el miedo confundido y mezclado con la amenaza que los liberales suponían para la propiedad privada y la religión, la salvación del alma… Todo ese ambiente sórdido y gris que Benito Pérez Galdós nos describe resulta mucho más grosero que cualquier imaginación. Así, podemos leer tras la descripción de la maquinaria burocrática y su oficio en la redacción de los autos: El infierno de aquella época era la más infernal que puede imaginar la humana fantasía espoleada por el terror. (Capítulo 14) Sigue leyendo

Doña Perfecta.- Benito Pérez Galdós

DOÑA PERFECTA
Benito Pérez Galdós

Después de leer “Doña Perfecta” parece hoy que España está donde Benito Pérez Galdós  la dejó. Es decir, a merced de la reacción, la mentira y las acciones más oscuras y rastreras contra los gobiernos progresistas y de izquierdas. Puede decirse que la derecha más conservadora y casposa que en 1920 campeaba lo rural ahora se ha trasladado a Madrid, principalmente, con toda su corte.

Estamos ante una magnífica novela que bien podría constituir otro “episodio nacional” del autor canario. Costumbrista, apegado al terruño secano de las cabezas hueras de los aldeanos que supuran la maldad de la ignorancia, la avaricia mal llevada, la costumbre hecha ley y el rencor en las palpitaciones de un corazón envidioso y desconfiado. El egoísmo se adueña de los paisajes y corre las lindes de las propiedades discutidas por leguleyos. Es todo un episodio triste el de la tierra del ajo. El progreso es el diablo y quieren bastarse a sí mismos con el terruño, la almidonada religión y los preceptos morales cortados a su medida y bendecidos de latinajos mal traducidos y peor interpretados.

Resulta admirable que entonces -y ahora en nuestros tiempos penosamente sorprendente- cómo viviendo en las estrecheces éticas de la religión y las costumbres, entre odio, resentimiento, juicios malintencionados contra los demás censurándolos y condenando a todo aquel reticente a avenirse a la autoridad de la iglesia y el cacique, pudieran tener la convicción de vivir en la mayor bondad del mundo y por encima del mundo.

Naturalmente que puede explicarse, y Pérez Galdós lo hace desde una prosa ágil, desenfadada y didáctica, carente de ornamentos que distraigan lo medular del tema. Concluye su novela con proverbial moderación y de manera escueta: “...es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son”. ¡Ay! Y qué pocos puntos y comas se podrían cambiar para entrar a describir los peores males de la España de hoy.

Claro es que tras la hipocresía de la bondad aparente descrita por Pérez Galdós se mueven las pasiones más bajas en los personajes de “Doña Perfecta”. Ya los mismos nombres elegidos para sus protagonistas adelantan con sarcasmo la verdadera naturaleza de sus almas. Se airean, sobre todo, la ambición y voluntad de medrar a costa de lo que sea, incluido el crimen. Tras la patética máscara de la religiosidad se tejen las insidias y acciones indignas. Son ellos, atrincherados en sus costumbres medievales, quienes deciden dónde está el bien y dónde el mal, administrando la voluntad de Dios sin que haya dios que se lo pida para premiar, excluir  castigar a quienes no piensen como ellos ni sigan sus órdenes vestidas de insinuaciones.

Los métodos de la perpetuación de la sumisión se reproducen vergonzosamente en nuestros días con apelaciones pseudopatrióticas, rechazo al extranjero -sobre todo si es pobre- y a lo extranjero que signifique progreso social, igualdad y libertades, mentiras y miedos para llenar las cabezas de las gentes sin cabeza. Y hay muchas. Sigue leyendo

El tío Sindo

EL TÍO SINDO

Tienda de ultramarinosLa cantina del pueblo era una foto de hace más de sesenta años. Los mostradores, altos, de maderas nobles del lugar; las ventanas y puertas ancladas en pesados goznes y  las columnas de hierro  de fuste estriado y con un asomo de decoración simulando un capitel a la altura de las vigas que sujetaban los techos elevados y ahumados por los vapores de mercancías tan variadas como los vinos verdes de año, por las aceitunas, los chorizos y  jamones de la casa o las latas de escabeche que permanecían abiertas para acompañar en forma de tapa los vasos de vino de los parroquianos y veraneantes.

La foto podía ser perfecta  desde la esquina donde observaba perplejo la escena, si nos entretuviéramos en quitar de en medio el cartelón colgado de la columna que anunciaba los helados. Al fondo, se apilaban en las estanterías cacharros de barro, porrones, porcelanas y ollas en un orden que fue marcando el tiempo al irlas amontonando a la espera de salir a los fogones, las cocinas de leña  y las mesas. Y, al parecer, la espera ha sido larga para tan variopintos artículos, incluidas las sartenes y paelleras que colgaban inmóviles y cubiertas de polvo de los techos. La pared se doblaba en una esquina arrastrando con ella estanterías y cacharros hasta volver a replegarse sobre sí misma nuevamente a la derecha y terminar encontrándose con la fachada de ancho muro de piedra de la cantina.

En la tabernaY para que nada faltase en la foto, acodado sobre el alto mostrador, un paisano enjuto observaba al personal, gente forastera y veraneante, desde su singular atalaya. Era el tío Sindo, boina calada hasta las cejas apretadas sobre los pequeños ojos hundidos en la edad de los ochenta, aunque la edad de los paisanos despista bastante, y la nariz cayendo sobre una boca arrugada en una sonrisa desdentada. Sigue leyendo