Las horas de julio

 

Las horas de julio

Calienta el sol las horas
de los días azules, la siesta
es sueño
y canto de cigarra,

las estrellas
aguardan.

Los péndulos del amor miden los pulsos
de los corazones
y los besos. Hay una flor
de pétalos blancos
en la mirada.

Se detiene
el tiempo
entre los brazos
y ríe
la mañana.

¡Cuánta vida,
cuánta!

González Alonso

Caballitos azules

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Caballitos azules

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Alguien quiso, alguna vez, señalar una ruta en las aceras
y dibujó hermosos caballitos azules cabalgando las calles.
No sé de dónde vienen ni cual es el final
de su camino. Caballitos azules
a mi paso; me acompañan un trecho,
luego desaparecen,
algunos casi han sido borrados por la lluvia
y el tiempo.

Cada vez que los veo no puedo evitar el preguntarme
quién los dibujó, quién les dio esa vida inocente,
para quién los puso en las aceras, qué ruta indican,
a dónde se dirigen
con su ligero trote azul
silencioso. Y no hallo
respuestas. No entiendo el significado
de estos caballitos azules debajo de mis pies
y, sin embargo, no estoy seguro de que no estén ahí
para decirme algo. Tal vez la mano que los dibujó
no sepa tampoco para qué los puso
a correr por las aceras. O quería ayudar
a alguien o a sí mismo y no perderse
en los pasos que la cabeza no encuentra.

Caballitos azules y ligeros cruzando las calles
y las aceras. No entiendo qué significan, es verdad,
pero tal vez –al fin- no resulte ser tan importante. Tampoco
cabalmente entiendo mis poemas
y continúo escribiéndolos en papeles y en el aire
y los dejo circular por los caminos virtuales
con sus palabras y frases
y versos largos. Son mis poemas
caballitos azules
como aquellos que alguien se tomó la molestia en dibujar
en las aceras. No sé -es verdad- qué significan,
pero sé
que me gustan.

González Alonso

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Nube

Cabeza.- Estatua de Cracovia (Polonia)

Nube

Nube.
Azul.
Sobre mi cabeza, ingrávida
y atrevida
nube.
Rómpete.
Baja.
No hay ninguna razón para que estés
ahí
donde estás.

Azul
y agua.
Rómpete.
Baja.
Soy el monstruo que sostiene en sus dos patas
el destino.
En tu azul de nube suspendido
el verde de mis ojos
y la gota de tu gota
en mi lágrima
soy el loco,
el triste de la miseria en Marx
o Bakunin
y un ala rota de mi paz,
amén.
Nube.
Azul,
delgada de promesas; sueño
entre charcos.

Alarido blasfemo en mis entrañas
Rómpete.
Baja.
Porque tú,
Nube,
Azul
no eres el viento fuerte que levante mi puño.

Porque nube,
Tú,
Azul,
olvidas
el dolor del hambre en la carne del hermano.

Sobre mi cabeza,
ligera, atrevida
nube
rómpete.
Baja.

González Alonso

Las horas de junio

 

 

Las horas de junio empujan
la sombra
del reloj de sol.

Y un joven desnudo
nos señala el tiempo;
nos trae en su mano
la antorcha encendida
en fuego
y  verano.

Verano
verano.
Treinta días, junio,
y la noche más corta
con el día más largo;

treinta días de horas
creciendo cosechas;
soles
soles
y menos primavera,
menos horas, junio,
en relojes de siestas

en las tardes

que mueren por los campos,

chopos

y  riberas.

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González Alonso

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Ovillejos de don Quijote y Sancho Panza

Don Quijote y Sancho Panza
en ovillejos
¿Quién presume de su mote?
¡Don Quijote!
¿Y quién más que largo es ancho?
¡Sancho!
¿Qué destaca en su semblanza?
¡La panza!

De este modo así se alcanza
el retrato a componer,
quienes juntos han de ser
don Quijote y Sancho Panza.

¿Pues qué en sus almas había?
Poesía
¿Y qué brillaba en su genio?
Ingenio
¿Qué demanda tener cura?
la locura

De esta pareja procura
comprender bien que en su vida
siempre habrá sin quien lo impida
poesía, ingenio y locura.

¿De qué el agua es gran merced?
De la sed
¿Qué requiere gran pericia?
La justicia
¿Y qué al pecho da calor?
El amor

Se entiende, pues, su valor
a la injusticia atacando
y en su corazón llevando
sed de justicia y amor.

González Alonso

 Nota.- Poema publicado en el cuaderno ÍNsULA CERbANTARIA.- Don Quijote y Sancho Panza en ovillejos

Las horas de mayo

Relojes de margaritas,
horas de genciana y cardos,
capilotes amarillos,
minutos entre amarantos,
narcisos de blanco puro
y los nardos perfumados.

Los colores de los días
saltan en los calendarios,
alegres en carillones
y en besos de enamorados
que dejan atrás las penas
de un invierno duro y largo.

Ay, vida, cuánta alegría,
cuánto amor, cuánto trabajo
nos traes al sol que florece
entre las flores de mayo.

González Alonso

Quién canta del amor

El amor desesperado

Quién canta del amor

Dulce inquietud que anidas en mi pecho,
pasión que por mi sangre te derramas,
fuego que se consume entre sus llamas,
vana ilusión, temor presto al acecho.

¡Oh sombras que sois noches en mi lecho,
dudas puestas en bandos y proclamas,
siniestra incertidumbre; de cuanto amas
ya sólo olvido, triste error, despecho!

¿Quién canta del amor gloria y ventura?
¿Quién del amor elogia tantos bienes?
¿Quién nos muestra su cara limpia y pura?

¡Por qué, ciegos, negar esta locura,
este dolor que hace estallar tus sienes
y este vivir de amarga desventura!

Sólo la noche oscura
es del amor cobijo enamorado
para, solo, morir desesperado.

González Alonso

Sancho Panza amigo

Sancho Panza y su asno

Sancho Panza amigo

Sancho amigo pacífico y prudente
del hidalgo manchego compañero,
con vino, queso, pan y el refranero
te basta y sobra para ser valiente.

Luego, si en algo hay que mentir, se miente,
serás de Dulcinea su cartero
sin carta, pero el cura y el barbero
te juzgarán por simple e inocente.

Sólo un miedo conturba la templanza
-más grande que el estruendo de batanes-
del feliz escudero Sancho Panza,

que ha de ser más herida que la lanza
que le roben el burro en los desmanes
en esa de los presos mala andanza.

González Alonso

Nota.- El robo del burro a Sancho Panza se atribuye a Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes a los que liberó don Quijote (I – 22), aunque en dicho capítulo no se menciona y Sancho sigue montando su asno. De repente, a mitad del capítulo 25 de la misma primera parte, Sancho lamenta el hurto del burro y ha de ir a entregar la carta de don Quijote a Dulcinea montando a Rocinante.

Publicado en ÍnsuLa CerBantaria: Sancho Panza amigo

Las horas de abril

Las horas de abril

Las horas de abril

Tic-tac, tic-tac
tic –una flor
tras el cristal-
tac -viene la nube
y se va

y el tictac de abril entero
día y noche
día y noche
flores
aguas y soles
y versos.                 Abril en horas
de sueños,               tic y tac,
en tus labios de amapola
sonrisas enamoradas

y flores
en los floreros.

González Alonso

Rocinante

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Rocinante in Paradise- Rocinante en el Paraíso.- Óleo de Rafael Gallardo

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Pasicorto y flemático caballo,
flaco rocín que llaman Rocinante
de don Quijote, caballero andante,
fiel servidor como el mejor vasallo.

En tu recto vivir sombra no  hallo,
que aunque nunca te muestres desafiante
tampoco dejarás de ir adelante
y comes por igual flor, hierba o tallo.

Sólo un punto te ataca de rijoso
ante las bellas jacas galicianas
para alterar tu natural reposo.

No puedes presumir de ser muy brioso,
mas ante esas bellezas alazanas
¡a quién ha de extrañar verte amoroso!

González Alonso

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Soneto sobre el caballo de don Quijote publicado en el cuaderno ÍnsuLa CerBantaria: Rocinante