Oigo a los que hablan

árbol con pájaros

Oigo a los que hablan hablan
y no dicen nada.
Otros miran
y nada ven.

Donde hubo una vez un árbol
engulle las sombras escarmentadas
un hueco enorme y vacío;
cuando llega a mover el murmullo
de sus hojas verdes el viento
el silencio es pesadumbre
columpiándose en el aire.

Necesito palabras para el alma,
miradas que vean, nombres que amen,
árboles llenando el espacio de la vida
a donde llegue el viento y susurre
entre las ramas,
en donde las alas del aire
muevan los sueños,
los pájaros traigan ramas en los picos
y cantos en la mañana
para inundar, felices, la primavera con sus nidos.

González Alonso

Don Juan de la calabaza

calabaza

Don Juan de la calabaza

El Don Juan y la Calabacera
se parecen en que son,
aunque lustrosos por fuera,
huecos y sin corazón
.
Pepa Agüera

No teme Don Juan la muerte
ni al amor,
sangre y beso en el acero
de la punta de su espada
y a despecho del honor.

Calabaza  calabacera
que das a los vivos risa
y a los muertos miedo y pena.
Calabaza,
risa y miedo,
calabacera.

Don Juan de la calabaza,
calavera de Don Juan;
en los ojos fuego
y noche,
rejas
de monja.
En el aire
del convento,

sólo
sombras;

calabaza desdentada, calavera
calabacera
de Don Juan
negra silueta,
sino negro,
capa negra,
desafío
acero en mano
a los pies de un panteón.

¡Que llamen al enterrador!

Los vivos ríen
de miedo;

de risa
ríen los muertos
calabaceros.

Calabaza  calabacera
que das a los vivos risa
y a los muertos miedo y pena.
Calabaza,
risa y miedo,
calabacera.

González Alonso

DALÍ

La casa vacía

La casa vacía

Salieron los libros. En cajas como almacenes de letras fueron amontonados
y las estanterías ofrecen su vientre vacío al aire,
materia de la nada, oquedades estériles en la estancia silenciosa.

Luego los cuadros. Y las paredes enmudecieron; apenas en su piel alguna herida
del tiempo y el polvo donde hablaba la lengua del color y la forma.
Los muebles se resisten en sus espacios conquistados; pero saben
de su gesto inútil, de su poco peso, la ligereza inmutable del destino.

Se vacía la casa de sus palabras aprendidas con esfuerzo
y tropiezan las miradas volando sin encontrar donde posarse. Se van
aquellos recuerdos inolvidables
cuando la luz entra por las ventanas.

El delgado hilo de las horas felices se rompe entre tus manos
y las fotografías sólo son ya imágenes desgastadas
sobre el frágil papel  de la memoria..

No sabías, es cierto, que todo esto sería así; olvidaste
lo aprendido, y los afectos ya no te poseen; huyeron
los sentimientos
para habitar las regiones desoladas del vacío,
a excepción de la tristeza que te amortaja.

Abriste la puerta de la casa vacía. No fue difícil
salir. Así es
la vida. Sin ángeles que la guardan.

González Alonso

Huye de mí, lamento

183411139-un-intento-de-detener-el-tiempo-el-tiempo-no-perdona-a-nadie-lamento-por-el-pasado-el-tiempo-se-esca

Algo de cuanto muere cada día
y es justo por injusto que así muera
ha de ser el lamento que era y no era
razón y confusión, tormento y guía.

De qué le vale al alma la porfía
del recordar constante lo que fuera
aquel tiempo feliz de primavera
cuando de la memoria desconfía.

Huye de mí, lamento del pasado
y ruina de la dicha del presente
con tu pesada carga de tristeza.

Que apartada tu suerte de mi lado
como el agua que mana de la fuente
la vida ha de brotar en su pureza.

González Alonso

La vida es más

El Chaltén2

La vida es más
Altissima quaeque flumina minimo labuntur sono
(Los ríos más profundos son los que corren con menor rumor)
Curtio

No se me achacará ambición alguna
por escribir los versos de un poema,
pues más allá del amor
la empresa más ruinosa
es la de la poesía.

No es verdad,
no mintáis,
no engañéis vuestros ojos
con la belleza cultivada de palabras
ni deis al corazón trabajo estéril
golpeando en el yunque de los sueños.

Vivir es más. Las horas de los días
pasan con su rumor como corren las aguas
de los ríos profundos
y la sabiduría se aventura
en búsquedas
de llanuras incultas.

Que así
te abrace el tiempo
con su túnica blanca
y el animoso verbo
que enciende el aba en luz,
el canto que compite con la alondra
y se debe a sí mismo y a sí mismo se entrega
con libertad infinita. Luego
podemos despreciar los altos rascacielos,
la belleza geométrica de insolentes pirámides,
la música sublime  de un concierto
de Bach
o de Vivaldi o de Haydn
o de Pachelbel

y podemos tener sexo a la hora
del desayuno
aunque el resto del día sólo pueda
amarte,
contar –como Virgilio- asomado al brocal de tu mirada
que reconozco las huellas
de un antiguo fuego.

González Alonso

Locura

árboles en la bruma

Había un hombre solo; detrás de su tristeza
miraba inmóvil a través de la ventana.

Veía sombras de luz, ángeles desnudos
por entre la lluvia y los árboles, amándose
con el placer frío del invierno.

No perturbaron
su ánimo
la claridad del día ni las tinieblas
que acostumbran a traer las noches. Allí
seguía
solo, detrás de su tristeza
y  la ventana, los ojos abiertos e inmóvil.

Los ángeles van y vienen y se abrazan
silenciosos. La humedad
es bruma que envuelve los recuerdos
de un amor frío en la piel de la memoria,
cenizas que esparcen sus miradas.

Dijeron que estaba loco. Lo encontraron solo
y detrás de la ventana, inmóvil. Pero él ya corría
por la humedad del invierno entre los árboles
abrazando su desnudez a los ángeles
y su luz.

González Alonso

Presagio

azucena

Presagio
(Poema cuántico de proporción áurea)

Se encontraba
entre el canto del gallo
y el del cisne, tocado por la gloria
de la felicidad.

Se sentía
lejos de la tristeza
del mundo y de las cosas cotidianas
que traen preocupaciones
e inquietudes,
amedrentados sueños
extendiendo las sombras de sus alas.

Primavera.
La vida sonreía.
Los jardines vestían luz y trinos,
los días largas horas.

Y de pronto
lo supo, voló un pétalo
blanco de azucena hasta la fuente
con su fresca alegría;
palpitaba
la vida en aquel vuelo
y el vigor se extendía en las alfombras
de las cálidas horas
de la tarde.

Y en medio de la calma
del pétalo en su vuelo vio el presagio
de un temblor en el aire
suspendido
que anunciaba la muerte.

González Alonso

Irremediable

galaxia-estrellas-PIXABAY

Habrá un día
que el hombre mire y diga:
hemos tenido un hogar, universo
infinito
sostenido en los brazos
y la fuerza de dioses inmortales.

Pueda ser,
quizás en vez de dioses,
que descubra las leyes de la física
y la ciencia
revele sus secretos
y entienda el hombre el curso de los astros.

O tal vez
en naves espaciales
en lo insondable encuentre al fin la vida.

Habrá un día
que el hombre mire y diga:
no tenemos hogar sobre la tierra;
ni los dioses
ni el brazo de la ciencia
podrán reconstruir los viejos muros
derruidos
con nuestras propias manos
mucho antes de que el sol la tierra abrase.

González Alonso

*El poema de proporción áurea es una propuesta creada por el amigo y poeta José Manuel Saiz, en cuyo honor escribí éste que lleva por título “Irremediable

El tiempo en el espejo

cuando_viajamos_en_el_tiempo (2)

El tiempo en el espejo

Antes de mirarme
en el espejo
vi el paso del tiempo,
el muñón de la rama herida del árbol, la página
amarillenta del libro,
el polvo reposado en el mueble de la estancia,
la ceniza del fuego de ayer, la teja
rota en el tejado,
el cuello desgastado de la camisa,
al lado del camino
la rueda partida de un carro,
las arrugas de los zapatos,
la roca desprendida del acantilado, la lágrima
en el ojo, el tallo de una flor
sin pétalos,
la hiedra en las piedras de la tapia
del cementerio, los números de teléfono
que ya no responden,
los perros sin dueño,
el color apagado de las sonrisas en las fotografías,
las cartas escritas a mano.

Sólo la muerte
sola
en los titulares de los diarios,
el hambre,
el terror, las guerras
y los cientos de miles de refugiados
caminando a través de los campos y las fronteras
se resisten a los días
y el óxido del paso de los años.

González Alonso

*Publicado en el libro «Ruido de ángeles» (Ed. Vitruvio, Madrid 2020)

Con cinco dedos

tiro en la cabeza

Cinco dedos apuntan a la desesperación, los ángeles
abandonaron la madrugada
y el hombre ya no entiende la luz
del día, el hombre ya no respira el aire
de la mañana, el hombre sólo es sombra
y sólo es hombre.

Cinco dedos apretados en la culata, el cañón
en la sien, y los sueños a la deriva de un mar
agitado de olas amargas.

Acodado sobre la mesa de roble mira la pared
blanca; él se sabe en el último minuto
arrojado del paraíso, sujeto su destino
a la derrota de la vida. No llora ni murmura
ni alza su pensamiento del brumoso vacío,
y mientras cierra los ojos
el proyectil recorre silencioso el trayecto de la muerte.

Los ángeles no vieron. Un estallido de recuerdos rotos
liberados. Un pesado lastre de deseos.

Cinco dedos reposan sobre un arma, la cabeza
sobre la mesa, la pared blanca. El hombre
abandonó ligero la mañana y fue titular
del día en los periódicos
que él nunca leía.

González Alonso