Altisidora

Coqueta y desenvuelta Altisidora,
hermosa tentación de don Quijote
que ofrecéis a su vista vuestro escote
y a sus oídos canto que enamora,

No basta tu hermosura a quien adora
la belleza sin par que lleva el mote
de dama de sus sueños, tierno brote
del amor por Dulcinea en toda hora.

No se trueque tu broma en el despecho
de verte rechazada del andante
caballero de firme y noble pecho,

Que será tu belleza más provecho
dejando a don Quijote ir adelante
que quebrando su amor en vuestro lecho.

González Alonso

*Durante la estancia de don Quijote en el castillo de los duques, la joven y hermosa Altisidora ideará y pondrá en práctica distintas bromas con las cuales quería comprometer la firmeza del amor de don Quijote por Dulcinea insinuándose y declarándose perdidamente enamorada del caballero andante, haciéndole reproches y quejándose de su rechazo con frases irónicas y sarcásticas o poniéndolo en situaciones de las que saldrá malparado. (II, 44,46,48,50,57)

Acróstico Libertario

Bandera anarquista

Acróstico Libertario

Simiente amarga en campos de memoria,
Anarquía en la voz del pueblo llano,
Libertad que en la palma de la mano
Un día será al fin nuestra victoria.

Del grito es eco la sufrida historia
Y la muerte el dolor que hiere en vano
La voluntad, moviendo el fondo arcano
Impetuoso en la busca de la gloria.

Bebemos agua en puros manantiales,
En neveros que nacen en las cumbres,
Ríos que ofrecen luego sus caudales

Transformándose en fuente de costumbres;
Alada libertad crece a raudales
Dando a la vida el fuego de sus lumbres.

González Alonso

Todo es orden

sala de hospital_

Todo es orden

Todo es orden; silencio todo en los anaqueles del alma
y los ojos mirando al invierno. Recorres la distancia
de los recuerdos,
los días se hacen números
y vuelan en desconcierto mariposas por las paredes
de la sala de hospital. ¡Qué quietud,
qué lejos la vida
tropezando con nombres y nostalgias
en el brocal de los ojos!

Tal vez sea que la muerte nos visita mucho antes aún
de que morimos
y nos asiste y mima de despedidas
y complace nuestros sueños
en hilos de seda. O posa su mirada
en las pupilas
cubiertas por los párpados
y sonríe
y se ilumina; tal vez, entonces,
la alondra canta
no porque llega el día, sino porque la noche
acaba. Y ya es todo orden, silencio en el aire quieto
de la estancia, espirales de tiempo

y frío,

agua de melancolía

en  calma.

González Alonso

(Del libro «Ruido de ángeles«.- Editorial Vitruvio.- Madrid, 2020)

Lancia

LANCIA3

Lancia

Sobre el cerro de Lancia escarba la tierra
el viento helado del norte y tumba los abrojos. Qué desolada
extensión abatida por el tiempo sin medida en los relojes
de la vida. Una piedra labrada se desprende del barro
y ofrece a la vista sus ángulos antiguos; una única piedra,
sillar de muro que sostenía la casa,
aparece desnuda.

No son éstas las palabras de un hijo
ante la tumba abierta de los padres; es el huérfano
el que llora y maldice el filo de la espada
cuando el viento helado del norte quema la hierba del cerro
de Lancia y una única piedra
sostiene la ciudad arrasada; por ella se alzan las voces
que traían la muerte y escucho susurrar en las lenguas
de fuego de las lucernas al amor que era abrazo
desnudo y el hogar ardía en los fuegos de la risa, cuando
la simiente crecía entre los sueños las cosechas.

Qué lejos nos queda toda aquella fértil felicidad.

Una piedra sola. Lancia se envuelve en memoria
y en nostalgia

y el cielo se desploma
gris sobre sus ruinas.

González Alonso

LANCIA1

Exégetas

Damasco

Exégetas
“La sangre no se reconcilia con la sangre”
Amal Dunqul, poeta sirio.

Oigo ruido de ángeles;
las ciudades, mientras tanto, arden en guerra,
la misma guerra por los siglos de los siglos;
los mismos muertos
a manos de los mismos asesinos
empuñando las armas
en el nombre de Dios. Los ángeles
lo miran con asombro
y tristeza, Dios, tan solo,
tan envuelto en su silencio
e, imagino, en el dolor del fracaso,
secuestrado por hombres que interpretan su alma
y su amargura
y se erigen en dueños de los designios del mundo
y deciden lo que está bien y lo que está mal
en la fuerza del cañón de sus fusiles.

Hay otros ruidos de ángeles
cuando miran
y ven quiénes ponen las armas homicidas en las manos
de los airados intransigentes fanáticos de la fe,
y quiénes los empujan desde las complacientes ideas,
y quiénes se enriquecen con las contiendas mercenarias,
y quiénes con cada bala
que fabrican
hacen un largo discurso en defensa de la paz
y del entendimiento.

Qué miserables exégetas de los textos y las leyes,
fundamentalistas del terror, poseedores
de la ciega certeza de la verdad, dueños
del odio, ladrones
de las vidas ajenas. Dios
no duerme; desolado llora al lado de las víctimas
y los ángeles se extravían entre los laberintos
de Alepo y de Homs y de Damasco, la más antigua
de todas las ciudades devastadas.

González Alonso

Carta

Despedida

Carta

Llegaste a la casa para preguntar: ¿qué es
lo que haces?, ¿por qué entretienes tus pesares
en los altos columpios de los sueños?,
¿en qué barandilla, acodados, miran a lo lejos
tus pensamientos?

¡Ah, y qué ingenua mi pretensión de responder!

Yo sé que vienes con tu trabajo y con tus redes
de pescador de días, sueños de aire de cumbres
donde sólo hay azul y luego el universo, y desde las barandas
del tiempo
tus pensamientos tejen juicios justos
y  honestos.

Miras en mis ojos y escrutas en mi alma
desarbolada en mitad del océano de la vida.

¡Ah, cómo quisiera entregarte una respuesta,
ofrecerte un buen vino, regalarte una palabra
luminosa, abrazar de la aurora el primer rayo!

Cuando llegaste a la casa y preguntaste
no supe qué responder. Yo estoy
aprendiendo a hacer el fuego,
esperando de la noche su frío de invierno,
el cielo estrellado, la nieve
luego en blandos copos y el silencio blanco
de un paisaje de olmos junto al río,
el sólo hecho de la fría luz de los carámbanos
titilando en el deshielo.

Y espero al ángel que, extendiendo sus brazos,
me diga: no te canses más, reposa tu cabeza
en mi pecho,
entrégame en los párpados cerrados
los sueños
mientras llega el alba
con su pesadumbre

y no temas
la hora de marchar.

González Alonso

*Poema del libro “Ruido de ángeles” (Ed. Vitruvio, 2020)

ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA: Ruido de ángeles, el segundo de los 12 mejores libros de poesía de 2020

Letanía

letanía de los ángeles

LETANÍA

Fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
matar de hambre,
morir de miedo,
crecer bajo un cielo desolado,
caminar sobre la tierra arrasada,
poner fronteras,
herir en las trincheras de un idioma,
amordazar con banderas,
afilar las espadas de la Historia.

Los que gritan fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
dibujar mapas con fronteras,
borrar idiomas,
pintar banderas,
herir la carne de la Historia,
ensangrentar el miedo.

Fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
morir de odio,
matar de miedo,
crecer bajo cielos sin estrellas.

Herir el sueño,
enumerar con  cañones
las fechas de la Historia,
condenar al hambre,
es fusilar a un hombre,
asesinar con odio,
asesinar por miedo,
dibujar los mapas con pistolas,
con balas de palabras mutilar la lengua,
hacer murallas en medio de los bosques,
arrasar el desierto

cada día

cada hombre,

en cada mano,

en cada dedo

un pecado de odio,
una raíz de odio,
un mar oceánico de odios,
un oleaje de gritos
que rompe airado
en acantilados
de silencios.

González Alonso

blog_dune_Edurne_errazti

«Ruido de ángeles», en palabras de Lola García de Silva

Lola García de Silva escribe con amor y con pasión en el blog o cuaderno (que podéis seguir aquí a través del enlace a los Cuadernos de Poesía y Literatura) que lleva por título LO QUE VALE LA PENA. Escritura limpia y certera, publicaciones que siempre te descubren algo o te acercan a algo.

Lola ha tenido la amable generosidad de leer «Ruido de ángeles» y de regalarme el comentario escrito en la entrada que reproduzco aquí y que podéis seguir en su cuaderno LO QUE VALE LA PENA. De paso, el paseo por su blog os deparará otras agradables sorpresas que os harán volver. Mil gracias, Lola.

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Foto libro Ruido de ángelesEN TODO, VIDA
Esta agitación del aire; columna de mercurio
en fiebre de caléndulas y la reposada blancura
del invierno. En todo
vida a la orilla del tiempo ya cumplido
agua de melancolía,
despedida o saludo,
tal vez el alma.
Julio González Alonso

He tenido la fortuna de recibir «Ruido de Ángeles» como regalo de Reyes, además de otro ejemplar dedicado por parte de su autor Julio González Alonso.

Mi acercamiento a Julio fue a través de su blog: https://lucernarios.net/ con el que disfruto leyendo su poesía llena de inteligencia y de luz. Además de sus interesantes reseñas de obras de teatro.

En Ruido de Ángeles encontraremos una poesía donde converge, no solo la belleza y elegancia de la palabra oportuna, sutil, sublime; además nos evidencia la injusticia del mundo en el que vivimos, dando visibilidad al dolor, a la ausencia, al paso del tiempo que todo lo modifica.

Una poesía de conciencia o, mejor dicho, con conciencia. La conciencia de un poeta que nos invita con destreza, en la magia de sus palabras, a cambiar la forma en que vemos el mundo.

Y en cada nueva lectura, un nuevo concepto. Un nuevo sentir. Un nuevo acariciarte el alma. Julio nos conmueve con este ruido de ángeles que ciñe nuestra existencia.

Gracias de nuevo, Julio, por tu generosidad y gracias por tanta emoción.

Si te gusta la poesía, mejor dicho la buena poesía, te recomiendo su lectura, un nuevo despertar con este ruido de ángeles.

Para saber más: https://culturamas.es/2020/09/21/ruido-de-angeles-de-julio-gonzalez-alonso/

Dies irae

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DIES IRAE

En el aire se abrigan los mensajes
helados del norte. Yo leo
como filos de navajas
el temor en los ojos
de las mujeres que aman a los soldados.

La tierra tiembla con ruido de motores,
cicatrices de tumbas y destino
de inocentes en las fronteras.

Los días de la ira están próximos
al dolor; se extenderá por las ciudades
la primavera. Nunca
será tan triste
en los corazones.

Todavía es invierno; cubre la nieve
los campos y los montes cuando el frío
deja volar las voces entre el viento
del galopar del caballo de la guerra
y los tambores.

¡Qué increíble majestad en la belleza
congelada de las horas de diciembre!

Miro aún las amplitudes de los paisajes quietos
y vienen a posarse como fanales de brasas encendidas
las lágrimas
en mis ojos.

Miro los cielos anchos de las naciones
y un dolor
se extiende
en vuelo de muertes y de voces
confundidas. Los días
de la ira rasgan el alba; el horizonte
es oscuro piélago de sombras
con presagios
de infortunios.

González Alonso

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Recuérdame alguna vez (con la palabra amor)

desconocidos

Ha pasado ya el tiempo. Los paisajes
son distintos, las sombras de los chopos
desiguales, las aguas de los ríos
no cantan en su orilla nuestros nombres.

Ha pasado ya el tiempo. Los cuclillos
robaron nuestro nido y en sus picos
se llevaron los sueños por los aires.
Para nosotros mismos ya no somos
los mismos. Nos miramos en las sombras
de las fotografías, nos miramos
en tinta de palabras que las cartas
traían y llevaban en los trenes.

Pero ha pasado el tiempo; ya no hay cartas
ni trenes ni ilusiones en los ojos
y sabemos que somos los recuerdos
entrañables de dos desconocidos.

González Alonso

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