Maribel y la extraña familia.- Miguel Mihura

Maribel y la extraña familia
Miguel Mihura

Teatro Barakaldo, 29 de noviembre de 2014
Dirección: Gerardo Vera

Intérpretes: Lucía Quintana, Markos Marín, Ana María Vidal. Sonsoles Benedicto, Natalia Hernández, Lidia Otón, Camila Viyuela, Eugenio Villota y la colaboración de Carlota Gaviño.

La tarde de teatro con Maribel y la extraña familia encima de las tablas, la viví con la admiración puesta en el intento del texto y la actuación del cuadro de intérpretes, de superar el pesimismo y desencanto social con una irónica apuesta a favor de la persona y los sentimientos,  dejando al margen y a un lado o despreciando los prejuicios sobre la profesión o el trabajo, la riqueza personal o lo que cada uno tenga que ser para sobrevivir. La naturalidad y bondad de los personajes, perfectamente diseñados por Miguel Mihura, a los que dota de una humanidad esperanzadora, acerca a lo poético esta comedia costumbrista de mediados del siglo XX.

El autor de Tres sombreros de copa ya apunta en 1932 a la renovación del teatro aproximándose a lo que sería el verdadero teatro del absurdo de las décadas siguientes, y junto a Jardiel Poncela será el dramaturgo de más peso y solvencia de la posguerra española.

Maribel y la extraña familia se estrenará en 1959, el mismo año que Miguel Mihura recibe el Premio Nacional de Teatro. El argumento es sencillo. Una joven prostituta de barra americana y un joven empresario de provincia, tímido y apocado, entablan relación en un club de alterne. El joven se enamora y trae a la mujer a la casa de su madre y su tía en Madrid. Las ancianas la acogen con alegría y hacen todos los esfuerzos posibles para que se quede y se case con el joven. La muchacha no encuentra el momento y el modo de explicarles cuál es su profesión. Cuando la ocasión aparece, ni el joven ni las ancianas quieren saberlo, aceptando a la persona que tienen delante y una pequeña biografía, simple e inocente, que hacen de la joven. Seguirán los enredos en los que se verán envueltas las prostitutas amigas de la protagonista, los temores de todas y la extrañeza de pretenderla por esposa junto a otras circunstancias que provocarán escenas cómicas. Pero el amor acabará triunfando para derribar las barreras de los prejuicios sociales.

La obra de Miguel Mihura a la que nos estamos refiriendo nos recuerda a otra del mismo autor, también de éxito y llevada al cine, titulada Ninette y un señor de Murcia. En esta segunda comedia, también de corte costumbrista, el autor enfrentará a las dos Españas, la del bando republicano derrotado en la guerra civil del 36 y exiliado, y la del bando conservador católico y tradicional, que había resultado victorioso. El uno cargado de ideales, ideología, progresista y culto en las estrecheces económicas en las que vivían en el país de asilo, en este caso, Francia; el otro, acomodado, pequeño-burgués, raquítico, inmerso en una rancia moral católica asfixiante, inculto y sumamente aburrido. La reconciliación vendrá servida de la mano del amor y con ella la mejora de sus vidas en todos los aspectos, haciéndose más pragmáticos los unos en un nivel de vida más confortable, y más liberales, alegres y cultos los otros.

Miguel Mihura, que durante la guerra civil y escapando de la situación del Madrid republicano en el que los señoritos –y Miguel lo era- no tenían acomodo fácil, busca refugio en San Sebastián, donde será enterrado a su muerte en 1977. Se apuntó a la Falange, cosa que de grado o por fuerza tantos otros tuvieron que hacer intentando garantizar su seguridad, aunque el carné de falangista no significó un cambio en su manera de pensar o escribir, aparte de algunas publicaciones propagandísticas, el precio mínimo exigido por la dictadura franquista para hacerse un hueco entre los vencedores.

En San Sebastián creará la revista humorística La Codorniz (1941). Más adelante participará con Berlanga y Bardem en el guion de la película Bienvenido Míster Marshall y constituirá un revulsivo cultural con innumerables artículos y la publicación de obras de teatro en las que la comicidad y la complicidad con el espectador serán herramientas de una crítica que hace de ellas piezas y testimonio imprescindibles en la explicación de la historia de una España enfrentada a su necesidad y deseo de progresar y medrar, tanto material y económicamente, como espiritual, cultural y políticamente en el terreno de las libertades democráticas.

Pero, muy por encima del valor testimonial de una época, el teatro de Miguel Mihura se alza con valores universales que hacen de sus obras algo vivo para las generaciones venideras, como son su vehemente apuesta por la bondad natural, los sentimientos, el afecto y la libertad humana por encima del materialismo egoista, la ambición, los abusos del poder, los prejuicios y el pesimismo. Es su teatro, sin duda alguna, una apuesta por la felicidad, y lo es sin acritud y con una sonrisa en la boca. Por eso, es de aplaudir.

González Alonso

Elipsis

Elipsis

Leve densidad del aire, gloria
triste, sutil ligereza
del sueño, luz
oscura.

Plenitud de cerezas, viva
herida, desierta
plaza
del sueño, arrieros
de la nada, del aire
el aire.

Tú, levedad del sueño,
herida abierta,
luz oscura, plenitud
de cerezas, siervo
doliente, arriero
del aire
de la nada, plaza
del sueño, adobe de memoria
en versos de trinchera, oasis
de números y años,
fechas.

Tú, párpado
entornado, vista
ciega, gloria
triste, levedad;

leve
densidad del aire
y de quimera.

González Alonso

La función por hacer, adaptación libre de «Seis personajes en busca de autor»(Luigi Pirandello) de Miguel del Arco y Aitor Tejada

La función por hacer, de Miguel del Arco y Aitor Tejada; adaptación libre de Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello

Teatro Barakaldo, 15 de noviembre de 2014

Intérpretes: Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Nuria García, Manuela Paso, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez. Dirección: Miguel del Arco

Luigi Pirandello (Premio Nobel de Literatura, 1934) estrena la obra Seis personajes en busca de autor, en 1921. A principios del siglo XX el dramtaturgo italiano pone no pocas de las bases en los precedentes de lo que había de ser el teatro moderno y en la gestación del llamado teatro del absurdo. Innovaciones en lo formal y en lo conceptual. Comedia sin actos ni escenas, prescinde del telón que permanecerá levantado durante toda la representación, el escenario vacío, ausencia de decorados, iluminación ligera. En lo conceptual, el teatro apunta al conflicto existencial de la persona en el drama de vivir y convivir; un teatro de la palabra que hurga sin piedad en los sentimientos y las pasiones humanas.

Seis personajes en busca de autor es la reivindicación de lo verdadero, aquello que subyace a la realidad cambiante. El personaje repetirá su historia siempre igual, sin poder escapar de ella. El actor representa, el personaje es. Las personas, de donde deriva personaje, cambiamos a lo largo de la vida y somos distintos personajes durante el transcurso de la misma. Nos liberamos, en cierto modo, de los dramas de nuestros personajes mientras ensayamos otros nuevos. Lo que Pirandello nos propone es la permanente actualidad de la angustia existencial de cada uno de nuestros personajes, condenados a no olvidar ni desprenderse jamás de sus servidumbres.

Las diferencias entre la pieza dramática de Pirandello y la de los autores de La función por hacer no son de fondo ni conceptuales, sino meramente formales. El lenguaje más expontáneo y directo de este primer tercio de siglo XXI, la distribución de roles en los personajes que componen la familia sujeto del drama, pasando de los seis de Pirandello a los cuatro y el bebé de La función por hacer. Pero el resultado sigue siendo igual de impactante porque los personajes continuarán gritando sobre escena su derecho a existir, lo que solamente será posible consiguiendo un autor para contar y repetir cada uno de ellos su historia.

Dentro de este teatro de la palabra tan bien entendido e interpretado por el elenco de la compañía que lo subió a las tablas y en la desnudez de una bella austeridad escenográfica, lo que deslumbra es la acción, lo que atrapa es el sentido existencial del drama, lo que conmueve es la realidad, y la verdad que nuestra propia realidad encierra se presenta al desnudo en la realidad de los demás reclamando el derecho a existir.

Volver a enfrentar la obra Seis personajes en busca de autor a través de esta adaptación libre de Miguel del Arco y Aitor Tejada con el título de La función por hacer, fue sorpresa, emoción y disfrute; la constatación de que las palabras de Luigi Pirandello, recogidas en el programa de mano de la función, siguen teniendo vigencia casi cien años más tarde, al afirmar: El teatro no puede morir. Forma parte de la vida misma; todos somos sus actores.

González Alonso

Cinco años

Cinco años

Todas las cosas tienen su fecha de comienzo y hasta que llega su final la costumbre nos lleva a celebrarlas con aniversarios. En este 11 del 11 de 2014, este cuaderno cumple años y lo más que se me ocurre decir es ¡qué pronto pasaron cinco años!

Sentir el paso del tiempo, la celeridad de los días y los meses, no me impedirá decir que también hay una conciencia del peso de este transcurrir en las cosas que rodean la existencia de esta bitácora y en las vidas de quienes se acercaron y se acercan a leer o comentar. Un peso que se hace gravoso en la situación económica, social y política por la que el mundo atraviesa y que se hace sentir de forma particularmente violenta en las clases más desfavorecidas. Y eso sigue siendo injusto; sobre todo, porque les roba a las personas, jóvenes, adultos o ancianos, el tiempo de su vida y la felicidad. Porque la indignidad de muchos dirigentes políticos, dirigentes empresariales, dirigentes sindicales o dirigentes religiosos, acaba pisoteando la dignidad de las personas honestas. Y porque no se atisban soluciones.

La corrupción y el robo perpetrados por las clases poderosas escapan con facilidad al control de la Justicia. Las gentes humildes, trabajadoras, desposeídas de sus trabajos, de sus bienes y de su futuro, son reas de unas leyes que las mismas clases dominantes corruptas han puesto en marcha a través de los políticos, que son los mismos. Así, todo exige una regeneración, un planteamiento nuevo. La clave está en el poder económico, en las oligarquías que controlan los mercados y acaparan y roban las riquezas en lugar de facilitar una redistribución de las mismas. Y en una nueva orientación de la Justicia, que debe exigir mayor pena para los delitos de los que más tienen u ostentan cargos de representación y gestión de la cosa pública, cuyas acciones delictivas se llevan a cabo desde una situación de privilegio, sin motivo ni necesidad para satisfacer sus necesidades básicas, causando un grave daño a las personas que formamos parte de la sociedad responsable y trabajadora.

Son cinco años de pesimismo. Aún así, desde el quinto aniversario de este cuaderno, deseo celebrar la vida que tenemos y la que nos queda por vivir, apostar por el crecimiento de una conciencia cívica y social que se extienda y permita acabar con las lacras actuales para que los próximos cinco años podamos celebrarlos de una manera más alegre y, sobre todo, sintiéndonos protagonistas de nuestros destinos en la recuperación de la dignidad de cada persona.

Con un abrazo. Salud.

Los Mácbez, adaptación sobre Macbeth, de W. Shakespeare

Los Mácbez
Adaptación de Juan Cavestany sobre Macbeth, de W. Shakesperare
Dirección: Andrés Lima

Teatro Barakaldo
8 de noviembre de 2014

Quiero comenzar expresando la profunda sensación de pesimismo sentida al final de una representación cruda, dura, sin concesiones, de esta versión del Macbeth de W. Shakespeare. Traída la acción a tierras gallegas de meigas y profundas raíces folclóricas desde una Escocia también verde, húmeda y de bosques habitados por brujas y hadas, nada se mueve más allá de la impenitente ambición sin medida y traición humanas. Del gran bosque de Birnam a la carvalleira (bosque de robles) de San Xusto, alter ego del primero, a la locura de Lady Macbeth y suicidio final, todo transcurre como si el tiempo, congelado, no hubiera movido ficha después de más de cuatrocientos años; la misma obsesiva ambición de poder y el ejercicio de la traición y el crimen para alcanzarlo.

La presente obra nos presenta con un enfoque tragicómico a un conjunto de ejecutivos mediocres y políticos de medio pelo cegados por el poder en el seno del gobierno de la Xunta de Galicia. Las profecías de las tres meigas hacen concebir a uno de los altos ejecutivos recientemente promovido a vicepresidente la ilusión de alcanzar el máximo poder, la presidencia del gobierno. En el momento de tomar la decisión de ejecutar su traición y dar muerte al mismo presidente que lo tutela y a la vez convertirá en pieza de sus pretensiones para mantener el control del poder en sus manos y las de su familia, empezará a ver sombras de enemigos que amenazan su carrera política. Una vez desatada la violencia serán el miedo, los fantasmas y la ambición imparable, los que harán que los crímenes y asesinatos se continúen entre amigos, parientes y cualquier persona próxima o lejana que se imagine o pueda parecer una amenaza. El resultado, un verdadero infierno. No habrá lugar ni tiempo para disfrutar de la situación conseguida, ni por parte de Mácbez convertido ahora en presidente, ni por su mujer, convertida ahora en primera dama, atormentados por el miedo a perder el poder arrebatado violentamente y perseguidos por las sombras y los fantasmas de sus crímenes.

La fidelidad al texto de William Shakespeare resulta proverbial. El recurso al bilingüismo en algunas partes de las escenas es acertado, así como la ubicación del desarrollo de este drama shakesperiano que tanto nos recuerda la época imperial romana, en un espacio polivalente en blanco con una iluminación muy bien conseguida.

El ritmo está magníficamente logrado, manteniendo la acción en cada escena sin dar lugar a un respiro. La sexualidad, asociada a la figura de dominación y poder, se expresa en medio de la violencia desatada por la ambición. Todo cuadra en este planteamiento en el que la sangre que no se consigue lavar acompañará a los protagonistas en una sucesión sin fin. La violencia, una vez desatada, será ya un río imparable que arrastrará a la destrucción a los propios protagonistas de la misma.

Del elenco encargado de poner sobre las tablas esta representación de la penosa vida política actual española y –por extensión- de cualquier país en el que los empresarios y políticos sean la misma cosa,  solamente cabe reconocer su profesionalidad y entrega sin reservas. Magníficos todos, aunque debamos destacar –por su relevancia- a Javier Gutiérrez y Carmen Machi en los papeles del Macbeth y Lady Macbeth shakesperianos.

Puedo acabar resumiendo que si bien es verdad que la fiel representación del Macbeth de Shakespeare nos permitiría –sin duda- extrapolar la acción a la actualidad, con su miseria, ambición, fraudes, impunidad, crímenes, corrupción y robos entre la clase política y empresarial, también es de agradecer esta denuncia directa, con nombres y apellidos, con ambientes geográficos y sociales de nuestro entorno y nuestra actualidad. Todo se hace, así, evidente ante nuestros ojos y nos mueve a la repulsa y la censura. Poner de manifiesto que la constante de la ambición humana actúa a través de los siglos no nos consuela; queremos acabar con esta situación, con justicia y rigor, y lavar la sangre derramada por las manos asesinas, soñar y creer que otro mundo y otra sociedad son posibles.

Si lo anteriormente expuesto hubiera sido por parte del director Andrés Lima uno de los objetivos a conseguir entre el público, así como por parte del cuadro escénico de Los Mácbez, por lo que a mí concierne debo decir que lo han conseguido.

González Alonso

Ofrenda

Nos perfumaba el placer de la carne
y el aroma de higueras; sólo ya
felicidad del alma, llaga de agua
de la concupiscencia,
arañazos de piedra,
cataratas rupestres,
realidad quieta,
imagen que se mueve, y dónde –nos miramos-
estábamos nosotros
cuando en ofrendas de hecatombes
en los altares los toros ardían en hogueras.

Nos abrazaba la vida en miradas de almendra
y miel; ya sólo
beso de ingles y contenido aliento
de bosques entregados a los abrazos de las ramas
primaveras.

Qué ha de ser si en los párpados encierro tus miradas,
si en mi saliva la sal de tu piel, tus pechos
en los labios
y caricias de otoños en mis manos, si nos aroman
aires de cumbres donde alcanzan
sólo los dioses a respirar su esencia.

González Alonso

Carpe diem

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Carpe diem

Cuanto a tu mano llega, cuanto alcanzas
de la vida a vivir día tras día
aprovéchalo, el sabio te decía,
antes que sólo sean añoranzas;

que si amores y aventuras son andanzas
componiendo su dulce melodía,
aún antes de cumplirse el mediodía
serán apenas cantos de semblanzas.

No hay nada más allá de este momento
que al corazón anega de ternura
y el alma llena de feliz contento.

Alza tu copa y bebe sin mesura
de los labios del amor y el sentimiento,
que esperar a mañana, no es cordura.

González Alonso

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Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos

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Las amistades peligrosas
Choderlos de Laclos

Compañía Metatarso Producciones
Teatro Barakaldo, 2 de octubre de 2014

Nos llega en forma de teatro una de las más conocidas publicaciones libertinas francesas del siglo XVIII. Hace algunos años pudimos disfrutar esta misma obra en forma de cine; pero me apresuraré a decir que la obra teatral de la que estamos hablando supera en todo a la película de Stephen Frears, desde el tratamiento y fidelidad al texto de Choderlos de Laclos, hasta la puesta en escena y el desarrollo de toda la trama y la acción. No es exagerar. Es, simplemente, cuestión de ser justos.

La obra de teatro, a diferencia de la conocida película, no hace ninguna concesión meramente sentimental a las relacciones que se establecen entre los personajes. No cae en la trampa de teñir la crudeza de las conductas sexuales con un barniz amoroso o afectivo. Si esto se refiere al contenido de la obra, lo que sigue –en comparación con la película- es pura magia, originalidad y acto creativo en todo cuanto la puesta en escena y la representación nos deparan.

Con Las amistades peligrosas estamos en un siglo de pelucones, miriñaques, enaguas, corsés, polvos blancos en la cara, rape, vestidos masculinos ostentosos y llenos de colorido, duelos a espada, las ideas de la Ilustración y una nobleza enriquecida, ociosa y entregada a los placeres del mundo y de la carne, sin escrúpulos y profundamente narcisista. En este contexto aparecerán obras como Margot la remendona (Historia de una prostituta) de Fougeret de Montbron; Los ejercicios de devoción, del Abate Voisenon y La Academia de las Damas, escrita en latín por el Maestro Nicolás Chorier. Todas ellas de una inaudita audacia reflejando con su erotismo la doble moral de clérigos, monjas y frailes, así como la de una nobleza hipócrita y pragmática en los asuntos sexuales. La cumbre de toda esta filosofía de vida llegará con el Marqués de Sade, a finales del XVIII y principios del XIX,  escritor y filósofo francés, ateo radical, que defendió el triunfo del vicio sobre la virtud, autor de Justine, y que se pasó más de media vida encarcelado, recluído en manicomios y a punto de ser guillotinado.

Una de las cuestiones deslumbrantes de Las amistades peligrosas en su puesta en escena es el acierto de recrearnos los personajes en sus trajes de época sobre un escenario poblado de micrófonos e instrumentos musicales, piano, guitarras eléctricas y batería. La música clásica inicial al piano dará paso al rock and roll más agresivo, ráfagas operísticas o baladas, como si fuera la música un personaje más en escena. La belleza de este contraste recreado por una buena iluminación, los pasos de baile, el carácter cómico y caricaturesco de algunos pasajes junto a la brutalidad de las relaciones establecidas entre los diferentes personajes y el desenlace trágico de algunos de ellos, hacen de esta representación algo digno de ver y recordar.

Recuerdo que el pasado verano fue ésta una de las obras de teatro que formaban parte del cartel del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Entonces, no pude verla. Hoy, no me arrepiento de, al fin, haberla podido ver.

El argumento desarrolla la lucha de seducción y poder entre la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, poniéndose pruebas que a cada cual exigía someter sexualmente a terceras personas, muchachas adolescentes, casadas reputadas por su honestidad, jovenzuelos inexpertos o madres precavidas con la custodia y virtud de sus hijas. Retos difíciles que ambos van superando recurriendo a cualquier artimaña y sin el más mínimo escrúpulo. Las víctimas no importan. Lo que verdaderamente importa es el placer y la sensación de poder. En su arriesgado juego de seducción, ganará quien logre la mayor proeza, manifieste el mayor desprecio y supere la prueba sin mostrar debilidad o amor. En cierto modo todo nos recuerda al personaje del teatro romántico español Don Juan Tenorio, de Zorrilla, o su predecesor el Don Juan de El convidado de piedra, de Tirso de Molina. Solamente que en el caso de esta novela hoy convertida en pieza teatral, serán dos los seductores, una mujer y un hombre, los cuales –a su vez- lucharán entre sí por ver quién acaba siendo seducido y vencido por quién.

Si del resultado final de esta versión de Las amistades peligrosas firmada por Javier Patiño y Darío Facal solamente podemos expresar los más altos elogios, del conjunto formado por los actores y actrices que con tanta naturalidad, entrega y profesionalidad recrean y dan vida a los personajes en un trabajo complejo que les exige, además, interpretar música, actuar y resolver con escrupuloso arte las escenas eróticas de la obra, sólo podemos reconocer y alabar su trabajo y el resultado del mismo. El desarrollo de la acción apoyada, fundamentalmente, en el intercambio epistolar, es la base en la que se sustenta la representación. Un ir y venir de cartas y una sucesiva ocasión de encuentros y desencuentros magistralmente medidos y magistralmente interpretados.

Carmen Conesa, en Merteuil; Cristóbañl Suárez, en Velmont; Iria del Río como Jourvel; la jovencísima Lucía Díez, en Cecile; Mariano Estudillo, en Danceny y Lola Manzano como Volanges, conforman el elenco artístico que de forma tan coordinada hicieron posible una noche mágica más de teatro en Barakaldo.

Si la crisis económica que padecemos desde hace cinco largos años y que parece querer ir para otros tantos no acaba con el teatro, espero que actores, dramaturgos, directores, técnicos y productores, puedan seguir regalándonos arte y cultura, de los que tanto necesitamos. Y no va más, sino este aplauso para la Compañía Metatarso Producciones y quienes la componen.

González Alonso

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La violación de Lucrecia, de William Shakespeare

La violación de Lucrecia
William Shakespeare

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Nuria Espert
Dirección: Miguel del Arco
Producción: Juanjo Seoane

Teatro Barakaldo (Vizcaya)
27 de septiembre de 2014

Una representación de tal naturaleza podría despacharse brevemente con un gran elogio de admiración, y punto. Permitidme, no obstante, compartir con vosotros un comentario algo más extenso y algo más allá del merecido elogio. Porque hablar de Nuria Espert y todo lo que toca en el teatro y la vida artística es discurrir por el camino del acierto, el prodigio escénico y el éxito reconocido con total merecimiento. En el caso de la obra que nos ocupa podemos decir que algo tan sublime y difícil sólo puede ser llevado a cabo por alguien tan prodigioso como la actriz catalana de Hospitalet de Llobregat.

Ahora bien, mencionado lo anterior, agregaré que una vez concluída la representación y todavía sujetando a duras penas la emoción desatada, no estaba nada seguro de quién había dirigido a quién, si Miguel del Arco a Nuria Espert –como justificadamente orgulloso confiesa- o Nuria Espert a Miguel del Arco. Porque, hay que subrayar, toda la obra y puesta en escena está al servicio del genio y coraje de la actriz, a partir de un texto admirablemente traducido por José Luis Rivas Vélez que, sin perder la belleza del lenguaje del siglo XVI de este poema de juventud de William Shakespeare, se hace absolutamente comprensible y asequible, facilitando la percepción de la belleza poética en los giros y expresiones propios de la época.

La obra, evidentemente, admite otras posibilidades escénicas. Sostener todo el texto del poema durante una hora y cuarto en la interpretación de una sola actriz, dando vida alternativamente a Lucrecia, Tarquino, Colatino o Junio Bruto, a la vez que va desarrollando la narración, es el extraordinario, extremado y difícil camino elegido. Pero, junto al narrador –en este caso narradora-, optar por poner en escena a los personajes precitados, incluso al padre de Lucrecia y las sirvientas, sería añadir valor plástico y belleza al espectáculo, siempre que la dirección de escena acertara –cosa para la cual hay buenos y sobrados candidatos- con las exigencias dramáticas del poema. Y no me sorprendería que, en un futuro, se aborde de este modo la representación de La violación de Lucrecia que hoy y en este caso ha sido entregada a la experiencia, genio, sabiduría, arte y –como he dicho anteriormente- excepcional coraje de Nuria Espert.

La violación de Lucrecia es un poema narrativo de tema histórico y carácter dramático a través del cual William Shakespeare no desperdicia la ocasión de ofrecernos una reflexión crítica sobre la sociedad, sus mecanismos de poder y la condición humana. Basado en un texto de Ovidio, nos relata cómo el desenfreno, orgullo y falta de escrúpulos del príncipe Sexto Tarquino le llevaron a violar a la mujer de su mejor amigo, el general Colatino, para lo cual abandona  secretamente el campamento y se dirige a la casa de Lucrecia, de quien Colatino había alabado públicamente su belleza y demostrado su fidelidad y castidad. Las consecuencias de semejante agresión serán el final de Lucrecia y el final de los reyes en Roma. Lucrecia se dará muerte confesando el nombre del violador en presencia de su padre Lucrecio, Colatino y otras personas, entre las que se encontraban Publio Valerio y Junio Bruto; este último, aprovechando la oportunidad que le brindan las circunstancias, va a ser quien les anime a impulsar una rebelión popular, denunciando el crimen de Tarquino y exponiendo públicamente ante los ojos de los romanos el cuerpo sin vida de Lucrecia. Como consecuencia de todo ello acabará la etapa del reinado en Roma, siendo depuesto el rey y desterrados todos los miembros de la familia de Tarquino, lo que daría lugar al inicio del periodo de la república con el paso del poder a manos de los cónsules.

El teatro, abarrotado, aplaudió largamente de pie la representación de Nuria Espert y su generosa entrega. Merecidos aplausos que siguen aquí y seguirán allí  donde se represente esta obra.

González Alonso

Amar, me dices

Amar, me dices, es tocar el cielo
y entregar el alma enamorada
para poner en sólo una mirada
tanta pasión como ferviente anhelo.

Me dices que el amor es tal que un vuelo
a la ilusión por la pasión alzada,
la fuerza que nace de la nada,
dar sin pedir, caricia, beso, celo.

Yo no sé si el amor será en mi vida
rojo volcán o playa de aguas claras,
desierto ardiente, gozo, sombra, herida.

Pero sé que vivir sin ti no puedo
y el corazón se nubla, con pensarlo,
en llanto, soledad, angustia y miedo.

González Alonso