Con mala y buena suerte

cara y cruz

El día de mi mejor mala suerte
recibí en el teléfono un mensaje
diciéndome que ya estabas de viaje
y que no volvería nunca a verte.

El día de tu peor buena suerte
recibiste en el móvil un mensaje
diciendo con pasión y con coraje
que nunca dejaría de quererte.

Nuestras distintas vidas y destino
sólo son cruz y cara en la moneda
que por el aire vuela caprichosa;

yo, con la mala suerte en mi camino;
tú, con suerte de cara en esta rueda
de existencia mudable y veleidosa.

Si la suerte azarosa
hace volar a la moneda tanto
¿será mucho pedir caiga de canto?

González Alonso

El faro de agosto

alejandría1

El faro de agosto

Como mares de estrellas son las noches de agosto
alzadas a la grupa de las olas oscuras
y la voz ronca y grave del insondable océano.
Los suaves vientos soplan,
el aire hincha las velas.

Hay una luz de fuego iluminando el mundo
y es faro y horizonte de la sabiduría.
Los mapas litorales dibujan la silueta
de sus paredes blancas y el fulgor de una torre
que nunca se consume y se eleva hasta el cielo
a las puertas augustas que custodian la entrada
de la inmortal ciudad de Alejandría.

Al abrigo de sus muros miles de papiros hablan
y cuentan sus secretos y revelan la palabra
alta de la verdad
y del conocimiento,
alta.

Navega sin descanso, no des al remo tregua,
no entregues al cansancio la fuerza de tus brazos
ni los ojos al sueño.

Un fanal de promesas guía la nave a puerto
y el coro de los sabios desgrana los discursos
del arte y de la ciencia.

Como lluvia benéfica sobre nuestras cabezas
así la libertad, así el firme progreso,
así la fiel justicia en nuestros corazones
se abre paso y podemos,
lejos  los días oscuros,
abrir a la luz los ojos
y a la humanidad la ofrenda
del saber, hijo pródigo, hijo amado
de nuestro  pensamiento.

González Alonso

El faro de julio

El faro de julio

En la luz de la noche de los cielos de julio
surca mi barco el mar entre los sueños
acunados de  infancia; se alzan a las estrellas
murmullos infinitos de plegarias
y en lágrimas mis ojos las contemplan
titilando en silencio; no sé qué rumbo acaso
indiquen con sus guiños, qué respuestas encierran
sus pálidas señales a mis ruegos,
qué esperanzas esconden los secretos
mensajes de sus voces por el ancho universo.

La proa, firme, apunta hacia la costa
que algún faro a intervalos ilumina;
rompe la quilla el agua, divide en dos las olas
y una estela de espuma se abre a popa
dejando atrás los cantos de sirena
de sutil seducción en sus voces sonoras.

Llegar al fin y al fin poder llorar
sobre la tierra antigua de los padres
como al nacer, desnudo de ambiciones,
la inocencia en la risa, el alma limpia
y descansar, al fin, de todos los pesares,
plantar un árbol joven
y ver crecer la vida.

González Alonso

RUIDO DE ÁNGELES

Quiero celebrar el Día del Libro con estas palabras de Julie Sopetrán sobre el poemario «Ruido de ángeles» (Editorial Vitruvio) que me dejó, con generosidad, en su cuaderno «El tiempo habitado«.

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RUIDO DE ÁGELES

 

Gracias a la amabilidad de su autor, me ha llegado un libro de poesía muy especial, se trata de RUIDO DE ÁNGELES, del poeta Julio González Alonso. Ediciones Vitruvio.

He conocido a Julio a través de su blog. Y ha sido siempre un placer para mi, adentrarme en sus versos, leer su poesía. Una poesía especial, fuerte pero a la vez dulce, inteligente, sutil; en su palabra se configura la estética y de su sentir nace lo bello, eso a lo que llamamos poesía.

Leo y releo sus poemas y encuentro en ellos la historia, el dolor que nos conmueve, los recuerdos que nos avivan los sentimientos, la denuncia por la injusticia y esa espiritualidad que nos hace descubrir ese ruido de ángeles que rodean nuestra existencia. Es cuando las palabras se convierten en obra de arte, cuando el entendimiento se paraliza en el asombro…

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El faro de abril

Hemos oído la tristeza del canto
de las sirenas; vientos inclementes
empujaron tus velas y se alzaron
las olas; se desploma el cielo en agua
sobre el inmenso mar. ¡Qué destino cruel
para las almas; qué sombríos signos
de congoja, desiertos de esperanza
y lágrimas! Los ojos ya no miran,
ya el oído no escucha, no vive el aire
en los pulmones ni en la costa el faro
llora su luz, sermón de aciaga noche
y alejada ilusión de primavera
donde azules, los lirios, nos esperan.

Antes de que nos demos cuenta
el tiempo pasará
y ya no habrá más amor.

González Alonso

De todas las materias

Porque sé cómo estás hecha de todas las materias,
el tiempo que te aplaza,
la memoria, la risa
y el amor
que sopla como el aire de invierno en las encinas
extendiendo su calor de llamas en los troncos
de la lumbre
mientras los días tejen la cesta de los años
de  la vida.

Yo no supe decir que te quería;
te miré todo el tiempo como si estuvieras de paso
y anticipando lo amargo de lo efímero
la soledad me abrazaba con su frío.

Puedo escribirlo ahora; yo sé cómo estás hecha
de todas las materias que me forman,
de mi silencio también,
también de los rincones de mis sombras
y el húmedo y vegetal abrazo
de la hiedra.

Cuando los ángeles posan en mis ojos
tus miradas
fugaces
y las aguas de los afectos desbordan los pozos
de los recuerdos
todo soy yo que vuelve hasta el brocal de tus sonrisas,
aquellas que iluminaron las noches más hermosas
y encendieron en los labios
la sensualidad del aire contenido en un inmenso campo
de amapolas.

González Alonso

*** «De todas las materias» forma parte del libro «Ruido de ángeles» (Editorial Vitruvio.- Madrid, 2020)

Espada de fuego

A la mesa del hambre de los sueños
senté el alma. ¡Éramos tantos!
Extendimos las manos y el futuro venía,
aroma de luz preñada de promesas,
a nuestros ojos de mendigos
del mundo.

Surgían por entre los labios
las palabras verdaderas,
musgo húmedo acariciado de brumas
y albas de proyectos solidarios.

Era, entonces, cuando no existía lo imposible
ni tu pecho abrigaba
temor alguno; la asamblea
se alzaba en clamor de libertades puras,
desvestidas del odio nuestras voces
en el exilio del rencor
y la venganza.

Los que partimos el pan de la poesía
no sabíamos
que guardaba el Paraíso
la espada de fuego del arcángel.

González Alonso

** Poema publicado en el libro «Ruido de ángeles» (Editorial Vitruvio.- Madrid, 2020)

El faro de marzo

El faro de marzo
Regreso. Faro de la nostalgia

Regreso a casa y traigo entre los ojos
luz de distancias, luz
de azules y olas
desnudas de palabras.

Regreso, como Ulises, a las inciertas costas
del tiempo
y a las tejidas horas
de los días
por la paciente mano del amor
trenzadas.

Regreso. Pisa la tierra el pie
que la orilla del mar toca. La tierra, ay,
destino al fin del navegar incierto
de la vida

y un faro de nostalgia
arrumbado a las costas de los años,
a los destellos de salvación atado. Lejos,
regreso, del proceloso piélago
de la melancolía.

Para quedarme.

González Alonso

Hoy no estoy para sufrir la poesía

Hoy no estoy para sufrir la poesía,
el verso más osado se me presenta huero,
el poema, aburrida retahíla de palabras
inútiles y ociosas
sin piedad machacando mi cerebro,
pueril la pretensión de deslumbrar que exhibe
sin pudor ni piedad para el oído
con fervor infantil  nuestro poeta.

Hoy me cansan los lugares comunes y las frases
henchidas y pomposas; me acongojan
las rimas forzadas, me molestan
los sonoros adjetivos y los nombres
traídos a deshora.

Me saturan, pretenciosas, las metáforas,
los verbos se despeñan sin sentido;
no tengo el cuerpo para sufrir más ayes,
encabalgamientos abruptos ni monsergas
sobre el mundo y sus males. No estoy, digo,
para bromas, consejos ni licencias.

Hoy quiero
la tranquilidad vagabunda de las horas
y reír, reír
que es algo muy serio,
apagar con tus sonrisas y miradas
mi antigua sequedad de sentimientos
y celebrar el agua en sus murmullos
de fuente, la brisa entre los pinos,
tus cabellos peinados al descuido
y el amor que se mueve con el viento.

González Alonso