Exégetas

Damasco

Exégetas
“La sangre no se reconcilia con la sangre”
Amal Dunqul, poeta sirio.

Oigo ruido de ángeles;
las ciudades, mientras tanto, arden en guerra,
la misma guerra por los siglos de los siglos;
los mismos muertos
a manos de los mismos asesinos
empuñando las armas
en el nombre de Dios. Los ángeles
lo miran con asombro
y tristeza, Dios, tan solo,
tan envuelto en su silencio
e, imagino, en el dolor del fracaso,
secuestrado por hombres que interpretan su alma
y su amargura
y se erigen en dueños de los designios del mundo
y deciden lo que está bien y lo que está mal
en la fuerza del cañón de sus fusiles.

Hay otros ruidos de ángeles
cuando miran
y ven quiénes ponen las armas homicidas en las manos
de los airados intransigentes fanáticos de la fe,
y quiénes los empujan desde las complacientes ideas,
y quiénes se enriquecen con las contiendas mercenarias,
y quiénes con cada bala
que fabrican
hacen un largo discurso en defensa de la paz
y del entendimiento.

Qué miserables exégetas de los textos y las leyes,
fundamentalistas del terror, poseedores
de la ciega certeza de la verdad, dueños
del odio, ladrones
de las vidas ajenas. Dios
no duerme; desolado llora al lado de las víctimas
y los ángeles se extravían entre los laberintos
de Alepo y de Homs y de Damasco, la más antigua
de todas las ciudades devastadas.

González Alonso

Carta

Despedida

Carta

Llegaste a la casa para preguntar: ¿qué es
lo que haces?, ¿por qué entretienes tus pesares
en los altos columpios de los sueños?,
¿en qué barandilla, acodados, miran a lo lejos
tus pensamientos?

¡Ah, y qué ingenua mi pretensión de responder!

Yo sé que vienes con tu trabajo y con tus redes
de pescador de días, sueños de aire de cumbres
donde sólo hay azul y luego el universo, y desde las barandas
del tiempo
tus pensamientos tejen juicios justos
y  honestos.

Miras en mis ojos y escrutas en mi alma
desarbolada en mitad del océano de la vida.

¡Ah, cómo quisiera entregarte una respuesta,
ofrecerte un buen vino, regalarte una palabra
luminosa, abrazar de la aurora el primer rayo!

Cuando llegaste a la casa y preguntaste
no supe qué responder. Yo estoy
aprendiendo a hacer el fuego,
esperando de la noche su frío de invierno,
el cielo estrellado, la nieve
luego en blandos copos y el silencio blanco
de un paisaje de olmos junto al río,
el sólo hecho de la fría luz de los carámbanos
titilando en el deshielo.

Y espero al ángel que, extendiendo sus brazos,
me diga: no te canses más, reposa tu cabeza
en mi pecho,
entrégame en los párpados cerrados
los sueños
mientras llega el alba
con su pesadumbre

y no temas
la hora de marchar.

González Alonso

*Poema del libro “Ruido de ángeles” (Ed. Vitruvio, 2020)

ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA: Ruido de ángeles, el segundo de los 12 mejores libros de poesía de 2020

Letanía

letanía de los ángeles

LETANÍA

Fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
matar de hambre,
morir de miedo,
crecer bajo un cielo desolado,
caminar sobre la tierra arrasada,
poner fronteras,
herir en las trincheras de un idioma,
amordazar con banderas,
afilar las espadas de la Historia.

Los que gritan fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
dibujar mapas con fronteras,
borrar idiomas,
pintar banderas,
herir la carne de la Historia,
ensangrentar el miedo.

Fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
morir de odio,
matar de miedo,
crecer bajo cielos sin estrellas.

Herir el sueño,
enumerar con  cañones
las fechas de la Historia,
condenar al hambre,
es fusilar a un hombre,
asesinar con odio,
asesinar por miedo,
dibujar los mapas con pistolas,
con balas de palabras mutilar la lengua,
hacer murallas en medio de los bosques,
arrasar el desierto

cada día

cada hombre,

en cada mano,

en cada dedo

un pecado de odio,
una raíz de odio,
un mar oceánico de odios,
un oleaje de gritos
que rompe airado
en acantilados
de silencios.

González Alonso

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Dies irae

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DIES IRAE

En el aire se abrigan los mensajes
helados del norte. Yo leo
como filos de navajas
el temor en los ojos
de las mujeres que aman a los soldados.

La tierra tiembla con ruido de motores,
cicatrices de tumbas y destino
de inocentes en las fronteras.

Los días de la ira están próximos
al dolor; se extenderá por las ciudades
la primavera. Nunca
será tan triste
en los corazones.

Todavía es invierno; cubre la nieve
los campos y los montes cuando el frío
deja volar las voces entre el viento
del galopar del caballo de la guerra
y los tambores.

¡Qué increíble majestad en la belleza
congelada de las horas de diciembre!

Miro aún las amplitudes de los paisajes quietos
y vienen a posarse como fanales de brasas encendidas
las lágrimas
en mis ojos.

Miro los cielos anchos de las naciones
y un dolor
se extiende
en vuelo de muertes y de voces
confundidas. Los días
de la ira rasgan el alba; el horizonte
es oscuro piélago de sombras
con presagios
de infortunios.

González Alonso

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El faro de noviembre

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El faro de noviembre

Se oye el discurso claro de la luz
desde la altura del faro;
noviembre es bruma, pensamientos
recogidos en oraciones; el alma
merodea las insólitas horas
del silencio.

En la argéntea redoma de los años,
apoteca del tiempo, se amasa
el peso
de la experiencia
y el conocimiento,
el que aprendimos una vez en la palabra
limpia
y las voces de los sabios
eruditos de los tiempos pretéritos.

González Alonso

El faro de octubre

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El faro de octubre

Ya los días pesadamente caminan por la altura
perezosa de los años
y octubre es faro encendido del otoño.

Dejaremos en manos del olvido
los campos de amapolas, las sombras
de los chopos que en verano
acunaron los abrazos y los besos.

Ya la herrumbrosa lanza del pasado
descansa en irredento sueño
sed de aventuras.

Dejaremos en la espiral del aire de las horas
las grandes ilusiones de otro tiempo
que fueron y no fueron; la nostalgia
cuando todo es paisaje arbolado de caminos
recorridos, anunciada promesa
de tacto de ceniza.

González Alonso

El faro de septiembre

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El faro de septiembre

Si septiembre desgrana lentos días
como en racimos de uvas maduradas
para el vino,
en la copa será luz llegada al labio,
faro de la amistad
y en torno de la mesa la alegría.

Si septiembre se desviste
de las horas del verano
entre sombras de bodega,
ve, complaciente, el regalo
que fermenta en las maderas
y sosiegan los mostos encarnados
de promesas.

Si septiembre es abrazo iluminado
y pórtico espacioso del otoño,
recoge la cosecha, enciende el fuego,
apura el brindis que a la vida invita
y  satisfecho del camino andado
sosiega la memoria con recuerdos
felices y en tus ojos el regalo
del brillo de una sonrisa,
amapola sola erguida sobre el tiempo,
las estaciones
y el solar antiguo de los años.

González Alonso

El faro de agosto

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El faro de agosto

Como mares de estrellas son las noches de agosto
alzadas a la grupa de las olas oscuras
y la voz ronca y grave del insondable océano.
Los suaves vientos soplan,
el aire hincha las velas.

Hay una luz de fuego iluminando el mundo
y es faro y horizonte de la sabiduría.
Los mapas litorales dibujan la silueta
de sus paredes blancas y el fulgor de una torre
que nunca se consume y se eleva hasta el cielo
a las puertas augustas que custodian la entrada
de la inmortal ciudad de Alejandría.

Al abrigo de sus muros miles de papiros hablan
y cuentan sus secretos y revelan la palabra
alta de la verdad
y del conocimiento,
alta.

Navega sin descanso, no des al remo tregua,
no entregues al cansancio la fuerza de tus brazos
ni los ojos al sueño.

Un fanal de promesas guía la nave a puerto
y el coro de los sabios desgrana los discursos
del arte y de la ciencia.

Como lluvia benéfica sobre nuestras cabezas
así la libertad, así el firme progreso,
así la fiel justicia en nuestros corazones
se abre paso y podemos,
lejos  los días oscuros,
abrir a la luz los ojos
y a la humanidad la ofrenda
del saber, hijo pródigo, hijo amado
de nuestro  pensamiento.

González Alonso

El faro de julio

El faro de julio

En la luz de la noche de los cielos de julio
surca mi barco el mar entre los sueños
acunados de  infancia; se alzan a las estrellas
murmullos infinitos de plegarias
y en lágrimas mis ojos las contemplan
titilando en silencio; no sé qué rumbo acaso
indiquen con sus guiños, qué respuestas encierran
sus pálidas señales a mis ruegos,
qué esperanzas esconden los secretos
mensajes de sus voces por el ancho universo.

La proa, firme, apunta hacia la costa
que algún faro a intervalos ilumina;
rompe la quilla el agua, divide en dos las olas
y una estela de espuma se abre a popa
dejando atrás los cantos de sirena
de sutil seducción en sus voces sonoras.

Llegar al fin y al fin poder llorar
sobre la tierra antigua de los padres
como al nacer, desnudo de ambiciones,
la inocencia en la risa, el alma limpia
y descansar, al fin, de todos los pesares,
plantar un árbol joven
y ver crecer la vida.

González Alonso