Antonio Gamoneda: el encuentro con el poeta. Presentación de Árido Umbral en León.

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Antonio Gamoneda recita en la presentación en León de Árido Umbral.

Antonio Gamoneda: el encuentro con el poeta. Presentación de Árido Umbral en León.

Estas palabras sólo pretenden ser crónica de una emoción, la del encuentro con el poeta y el hombre en la persona de Antonio Gamoneda. En su poesía ya hace años que vengo enredándome con admiración. En el universo gris y melancólico en que envuelve su decir, su ira y su pasión descarnada, subyace un optimismo impenitente, un claro grito de afirmación y vida. Pero de la obra y su autor quiero ocuparme en otro momento y lugar. Ahora hablo del encuentro con el hombre, el ciudadano que recorre a pie las aceras de las calles de su ciudad y mira al aire alto de la catedral y a los ojos de las personas que se cruzan en su camino. Del hombre que respira y duerme y sueña y vive enamorado de su hermosa nieta Cecilia y de quienes le rodean, hablo.

La ocasión del encuentro la brindó la presentación en León del libro de poesía Árido Umbral, en el que tomo parte. Fijada la fecha del 3 de diciembre y señalado el lugar, el Bar Correo de la calle Cervantes, se había acordado citar al poeta y escritor Antonio Gamoneda en el transcurso de una comida en el restaurante Zuloaga, a pocos metros de su casa. Luego, por la tarde, nosotros nos dedicaríamos a dar a conocer a los leoneses el libro de poesía Árido Umbral.

 Antonio Gamoneda saluda a los miembros de Alaire en LeónCon paso lento y una sonrisa en los labios, Antonio Gamoneda se aproximó al grupo que estaba esperándolo, con una palabra de saludo para cada uno. Cuando se acercó a mí y me lo presentaron, le confesé que me sentía un poco aturdido porque eran tan grandes la admiración y el respeto por su persona y lo que representaba que casi me parecía irreal lo que estaba ocurriendo, acostumbrado a verlo pasar ocasionalmente por las calles de León sin atreverme nunca a acercarme para saludarlo. Se detiene, me mira y sonríe mientras mueve su mano en un gesto de afectuosa desaprobación para decirme algo así como que no era para tanto ni era él tan importante. Luego, a la mesa, mientras compartíamos cecina, pulpo y croquetas, habló de su vida primera en los primeros años en el León de la postguerra y el hambre, que por eso -decía con ironía- era incapaz de dejar algo en el plato y que si continuaba así, ofreciéndole comida sin parar, sería incapaz de rehusar la invitación aunque no le conviniera aceptar más. Me recordó, inmediatamente, la actitud de mis padres y el valor y lugar que la comida ocupó siempre en sus vidas, cosa que el poeta entendió con una amplia sonrisa. También me habló de poesía y su admiración por César Vallejo, de su intuición a la hora de componer y de la dificultad de la poesía social para ser poesía, de la que reconocía que sólo unos pocos escritores habían conseguido hacer de la denuncia algo más que mereciera el calificativo de poesía, además del de social. Tocamos el tema de Miguel Hernández, de F.G. Lorca… y le pregunté directamente qué se sentía al ser consciente de formar parte de los grandes poetas consagrados. Negó insistentemente con la cabeza y su gesto habitual con las manos para asegurar que él sólo era un poeta de los del medio, lejos de los poetas a los que me refería. Insistí, convencido, de que él ya formaba parte de la historia de la literatura y subrayé que, lo quisiera o no,  su lugar ya estaba al lado de Neruda, Lorca, Machado, Celaya, Aleixandre, Cernuda… pero que me parecía muy loable que él no se lo creyera porque de hacerlo, seguramente, se bloquearía y no escribiría más o lo haría sin poder liberarse del peso de esa idea y la responsabilidad que conlleva. Su respuesta fue una nueva amplia sonrisa para tomarme la mano y con un bueno, bueno… invitarme a dejar el tema donde estaba. La conversación siguió por otros derroteros en los que confesó que no sabía si estaba escribiendo mucho o poco, que tiene una carpeta llena de poemas que se van amontonando a lo largo de estos años, repletos de correcciones; y también de la posibilidad, si es que me los editan -dijo- de publicar dos nuevos poemarios.

Julio González Alonso y Antonio GamonedaSiempre, junto a la afabilidad, encontré una sana humildad en cada una de las palabras de Antonio Gamoneda. Llegados al tema de la situación actual y la crisis económica, le planteé que así como los problemas del comunismo no se pudieron resolver con más comunismo, pensaba que los problemas del capitalismo no tendrían solución con más capitalismo y el empobrecimiento de cada vez más gente con recortes sociales y la imposición de una clase de vida cada vez de peor calidad. Escuchó con interés y asintiendo lentamente me dijo que teníamos que dejar de hacernos preguntas para empezar a dar respuestas; en definitiva, que lo que nos toca es actuar.

Julio G. Alonso lee a Antonio Gamoneda en LeónPero el momento de mayor emoción para mí fue cuando me invitaron a recitar en la sobremesa un poema  de  A.Gamoneda. No eran las mejores condiciones para leer en voz alta, pues a pesar de lo avanzado de la hora, en el comedor aún quedaban otros comensales que estaban entregados a sus conversaciones y ese ruido de fondo me obligaba a elevar la voz más de lo habitual en una lectura. Así y todo, más debido a la calidad de los versos que a mi pobre intención, el recitado puso más de una lágrima en los ojos de algunas personas y el gesto de emoción agradecida en nuestro invitado, antes de recoger el recuerdo que de este día le dejamos. Y si este momento fue, por sí, importante, la sorpresa mayúscula fue cuando no me dejó levantarme de la mesa para ir al coche a buscar un ejemplar de Árido Umbral con la intención de regalárselo acompañado de nuestras firmas, diciéndome que siguiera sentado a su lado, que era la hora del café y que después, a la tarde, ya habría ocasión para darle el libro. ¿A la tarde?, creo que pregunté. -repuso- ¿no vais a estar a las ocho y media en el Bar Correo? Pues eso está al lado de mi casa y si mi mujer no empeora y le sube la fiebre, allí estaré para todo lo que me mandéis…

Sobrepuesto a la sorpresa de su decisión de acudir a la convocatoria de la tarde, le comenté que yo  ni me sentía capaz ni podía mandarle nada, pero que si acudía a la cita, le rogaba y le pedía  que nos acompañara con la lectura de un poema suyo. Meditó un momento para añadir: Bien, si es así, me esperáis a eso de las ocho y media o nueve menos veinticinco, y aunque no pueda quedarme toda la velada, tendré el gusto de leeros un poema inédito en el que estoy trabajando y que yo mismo me oiré en voz alta por primera vez, así que igual le cambio alguna cosa sobre la marcha, y luego  vosotros ya seguís con lo vuestro.No sólo llegó puntualmente a la cita, no sólo nos regaló la lectura de un poema inédito dedicado a su nieta Cecilia, no sólo nos premió con sus palabras y su compañía para escuchar, según nos dijo, en el delantal de nuestra poesía algunos de nuestros poemas; sino que se quedó hasta el final del acto, uno más entre todos, uno con todos, uno de los más grandes poetas vivos en lengua española de todos los tiempos.

Julio G. Alonso

Algunas fotos del día 3 de diciembre en León

Ante el Restaurante Zuloaga de León, esperando la llegada del poeta Antonio Gamoneda.Rafel Calle, Julio González y JJMartínez Ferreiro en una cafetería en León.Leyendo Antonio Gamoneda en el restaurante Zuloaga de León.Comida con Antonio Gamoneda en el restaurante Zuloaga de León.Miembros del grupo Alaire con Antonio Gamoneda en León.Julio González, Antonio Gamoneda, Rafael Calle.Con Antonio Gamoneda a la entrada del restaurante Zuloaga en León.Un momento de la comida con Antonio Gamoneda en León.Agurtzane Zubizarreta y Julio González con Antonio Gamoneda.Paseando por León, frente al bar La Lola de Los Quijano.Rafael Calle, Julio González Alonso y Víctor F. Mallada.Víctor, Julio, Pilar, Ferreiro y Rafael.Presentación de árido Umbral en el Bar Correo de León.Antonio Gamoneda lee un poema en el Bar Correo de León.Presentación de Árido Umbral en el Bar Correo de León.Calle Ancha, León.Momento de la presentación de Árido Umbral en León.Víctor, Julio y Rafael en la plaza de la catedral de León.  

                     Ferreiro, Rafael y Julio.Cartel.Julio, Agurtzane y Víctor interpretan una canción

Dedicatoria de Antonio Gamoneda a Julio González en Visión del Frío.Dedicatorias en Visión del Frío y Esta Luz.Dedicatoria de Antonio Gamoneda a Julio González en Esta Luz

Dedicatoria en Esta Luz:

Para Julio González, en la fraternidad del paisanaje y de la poesía. Un Abrazo. Antonio Gamoneda. León, 3-12-2011

Dedicatoria en Visión del Frío:

* Julio González, cercano en la mesa, en las convicciones, en los propósitos, en todo, lo sé. Tuyo siempre. Antonio Gamoneda. León, 3-12-2011

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LITERALIA – MÉXICO .- Arturo Juárez Muñoz

Arturo Juárez Muñoz .- LITERALIA-MÉXICOLa sorpresa ante este trabajo viene acompañada del agradecimiento a Arturo Juárez (México) que tuvo a bien emplear su tiempo, dedicación, esfuerzo, imaginación y creatividad, para ofrecernos esta presentación y reflexión en torno a los tres poemas  visuales publicados en este cuaderno de bitácora  Lucernarios.

En el artículo escrito por Arturo Juárez en su bitácora LITERALIA-MÉXICO combina de manera imaginativa las opiniones dejadas a modo de comentarios en torno a los poemas por Santiago Fernández, Flory González, Pilar Merenciano y Perfecto Herrera, en una supuesta entrevista y coloquio conmigo mismo, como autor de los poemas, respondiendo a las preguntas de Arturo Juárez. Esta entrevista, así como la lectura del poema, también publicado en Lucernarios, Cementerio de pájaros, y un extraordinario y reflexivo resumen desde la perspectiva personal de Arturo Juárez, podéis seguirla en:

1.- El enlace: Mis amigos y sus obras.

2.- Los enlaces de: Noticias de bitácora y viajes.-Publicaciones en otras bitácoras.

3.- En el enlace del apartado Cuadernos de Poesía y Literatura: LITERALIA-MÉXICO (Columna de la derecha del cuaderno)

Reitero, con mi agradecimiento, el reconocimiento a Arturo Juárez por su magnífico trabajo y a las personas amigas que, con sus acertados comentarios, hacen que la poesía sea verdad y nazca y crezca. Ellos son, sin duda, los verdaderos artícifes de esta magia. Con un abrazo a todos.

Salud

Julio G. Alonso

Los delitos del Cañueto (2)

El Cañueto.- imagen del Diario de LeónDespués de releer los cargos imputados al Cañueto, uno se pregunta en qué coño de sociedad estamos viviendo. No hace falta que gaste memoria en traer aquí a banqueros corruptos como Conde, la familia Rumasa, el fallecido Gil, con muertos en Los Ángeles de San Rafael (Segovia), especulador en Marbella y todo su entorno, amo de equipos de fútbol y un largo etcétera que añadir a estos personajes y otros de su calaña. Pasaron por juzgados, pisaron la cárcel de puntillas, a todo lujo y todo tren, y vivieron y viven orondos y felices de sus robos.

Y el Cañueto, bandolero leonés de nuestras Omañas, encerrado por escapar a pie enjuto de la cárcel para, atravesando media España o España entera, llegarse a sus tierras, a la memoria dura de su infancia, castigada por tanta miseria, pero, al fin, su infancia, la única que tuvo y retiene su dura memoria de hombre echado al monte, no puede hacer valer su voluntad. Acusado de fugarse de una cárcel que lo encerró por ser víctima de la necesidad. Pero, ¿no es el primer derecho de cualquier preso el de fugarse? El Cañueto, que lo hizo por lo limpio y sencillo, con la habilidad del hombre gatuno y avisado de las asechanzas del monte, no tiene reconocimiento de su derecho, el mismo que otros ejercen a golpe de talonario con dinero robado a todos para pagar a abogados indeseables y comprar a jueces corruptos.

Le acusan de quedarse dormido debajo de la cama de un feliz matrimonio en cuya casa, además de cobijo, fue a buscar alguna subsistencia. Aparte del susto, más que para condenarlo es como para premiar la delicadeza de esperar la oportunidad de abandonar la casa sin molestar. Si la naturaleza lo traicionó y cayó rendido de sueño atrasado y mal dormido en covachones y descampados, no se lo podemos censurar. Sigue leyendo

El Cañueto.- El bandolero de La Omaña (León) – (1)

El Cañueto.- Foto: Diario de León

El último bandolero leonés conocido fue Benito Perales que allá por 1908 y con sólo 16 años consiguió el título de el rey de los Picos de Europa. Su amistad con pastores y el respeto ganado entre las gentes de los caseríos de la zona con los que compartía anís, chocolate y golosinas, no le evitaron un final trágico a manos de un grupo de cazadores que abandonaron su cadáver entre las paredes de la cárcava en la que le dieron muerte y donde todavía -aseguran- pueden verse sus restos.

Conmueven estas historias del romanticismo de los bandoleros que en los siglos XVIII y XIX cobraron gran protagonismo en gran parte de España. Gente tirada al monte, ágiles y astutos, que robaban para sobrevivir y para compartir, en muchas ocasiones, con los más pobres el fruto de sus fechorías.

Pero el caso es que estos días nos ha asaltado la noticia de la detención de El Cañueto, el llamado bandolero de la Omaña. Y a uno, de repente, se le para la respiración. Al bandolero leonés de Marrubio, allá en la Cabrera, se le vio perderse en el monte cuando apenas rondaba los 12 años de edad; luego volvería para ser pastor ejemplar y de confianza, hasta que la vida que todo lo enreda le empujara de nuevo a la soledad de las montañas, plantándole cara a los lobos y a los mordiscos del frío y las noches de los inviernos, con tres dedos menos en su mano izquierda que un explosivo traidor le arrancara siendo niño. Sigue leyendo

Poesía, sueño y locura

Muchacha leyendo, de Théodore Roussel.- Editado en ColoresA menudo insisto en que el apelativo de poeta me queda grande, que no es mi piel verdadera, y acostumbro a argumentar que la causa está en la reverencia y respeto que me inspiran los poetas a quienes admiro. Pues bien, hoy, aquí y en vuestra compañía, no estoy tan seguro de que sea ésta toda la verdad si sostengo lo que a continuación expondré, la relación entre la poesía, el sueño y la locura.

Empezaré por constatar que el entender la cosa de la poesía como cosa de locos, o al menos de gente poco convencional y extravagante, es algo conocido y de dominio público que las gentes más sencillas expresan sin tapujos. Hasta el cura de Huergas, don Julián, en el concejo leonés de Gordón, decía reconocer que en algunas circunstancias como las de encontrarse ante la belleza del campo o de las mozas, se salía un poco del lugar y se hacía el loco o el poeta. No hay desprecio o menoscavo de la persona y figura del poeta, pero sí se le atribuyen características poco acostumbradas que lo convierten en personaje raro que dice cosas a veces incomprensibles, otras hermosas y las más de las veces, comprometidas. Las gentes sencillas respetan a los poetas.

Yo he afirmado en alguna ocasión que la poesía tiene que ver con el mundo onírico al utilizar la palabra abriéndola a múltiples significados, evocaciones y sugerencias que conectan con ese mundo, resultando ser un poema, en ocasiones, un sueño del que al despertar encontramos apenas dos o tres imágenes vívidas, las que alcanzaron nuestro inconsciente y removieron nuestros cimientos.

Puede resultar anecdótico, o tal vez no, pero en más de una ocasión me he sentido asombrado escuchando poemas en una conocida emisora de radio, recitados por personas oficialmente locas.

Otro testimonio impresionante es el que nos da el leonés Leopoldo Leopoldo María PaneroMaría Panero, recluído largos años en el manicomio de Mondragón y de cuyas circunstancias actuales lo desconozco todo. Este poeta de la saga de los Panero de Astorga nos dice que su poesía, lejos de ingenua y abismal, no es más que un inmenso truco en el que la locura y la muerte se presentan como dos artificios más de un inmenso poema esteticista. Y es en su texto poético El Golem donde de manera conmovedoramente hermosa nos sugiere a través de la voz que le dice suavemente al Golem: no sueñes; porque, agrega más adelante, cuando anochece y te duermes, se oyen cánticos de iglesia, porque la voz de la iglesia es la voz de la muerte. Dirige su discurso al escritor, al poeta, para ti, que has rozado la última letra; para ti, que has soñado con la última letra y que dedicaste a ella toda tu empresa poética, recordándonos que hay algo peor que el sueño y que la cesación del sueño, y que ese algo peor se llama conciencia.

De este poeta oficialmente loco, sorprende la lucidez de su juicio sobre la poesía, nada en sí misma –dice- sin la lectura en la que no hay que buscar un contenido objetivo. Traslada todo el contenido poético al terreno de la subjetividad, aspecto sobre el que opiné algo parecido en la entrevista que me hizo Alonso de Molina, declarando que el verdadero poema no es fiel a otra realidad lingüística que la rotura del lenguaje por la metáfora y la metonimia, la sinécdoque, la aliteración y la rima. La poesía se parece así al lenguaje coloquial, y es, como aquel, una destrucción del lenguaje, una negación de la gramática. Pese a todo, los versos, la escritura, el poema, son una realidad objetiva dotada de belleza y en la abstracción de esa belleza es donde el poema corre el riesgo de carecer de sentido, en su invención del lenguaje.

El Marqués de Sade afirmó, y lo hizo además en verso, que

todos los hombres son locos; para no serlo
habría que encerrarse y romper el espejo.

Marqués de SadeEl autor de Justine y la Filosofía en el tocador, que si no estuvo loco, lo convirtieron en loco y se pasó la mayor parte de su vida internado en cárceles y manicomios fue quien, tal vez como nadie, nos demuestra con su obra el paso de lo racional a lo mágico.

Manuel Kant, para definir al loco, dice de él que es un sujeto que sueña despierto. Karl Christian Friedrich Krause, masón, filósofo y de gran influencia en el mundo hispanohablante y  Alemania, pionero en reivindicar la igualdad de los derechos entre el  hombre y la mujer, los derechos de los niños, así como los derechos de la naturaleza, se refiere a la locura afirmando que es un sueño dentro de la vigilia de los sentidos. Schopenhauer mantiene que el sueño es una demencia corta, y la demencia un sueño largo.

Luciana Prato, en un texto basado en una interpretación de la película de Jean Claude Lauzon, Leolo, y fragmentos adaptados de una entrevista a Julio Cortázar, nos remite a la vida de los niños y su relación con la realidad, lo material, cotidiano y habitual, y los sueños como generadores de mundos utópicos. Afirma que el primer momento de la construcción de la utopía es el sueño (se refiere al sueño de vigilia, aunque también analiza el sueño onírico);  el segundo momento,  agrega más adelante, es la escritura. La lectura y la escritura conforman así dos experiencias vitales para el soñador. Y el puente para el niño -¿sólo el niño?- entre lo cotidiano, la realidad, y el sueño, la utopía, es la literatura.

El niño sabe que la utopía alimenta la vida, y entre los creadores de la utopía el niño encuentra al poeta, el domador de versos, un Quijote que lucha contra molinos de viento. Por último, y por no resultar exhaustivos, Luciana Prato aborda la relación del sueño y la locura con el convencimiento de que para soñar, utopizar, es necesario cierto aire de locura y considera que el soñador es loco porque una intensa pasión se apodera de su cuerpo y lo transfigura.

Manuel KantComo vamos viendo, sueño y locura van de la mano en las reflexiones de no pocos pensadores. A poco que preguntemos y busquemos, la maraña de teorías y estudios sobre el sueño nos envolverá de manera vertiginosa y nos colocarán al lado de la locura o instalados en la misma locura. Spitta viene a decirnos que el sueño concede al sujeto atormentado por sufrimientos físicos y sensoriales aquello que la realidad le niega, bienestar y dicha. No se trata de convertir al poeta y su oficio en un caso clínico, pero de la atormentada visión del mundo del poeta sabemos algo y de la búsqueda de la felicidad –anhelo compartido por cada ser humano-, también. El asunto está en saber si cada poema es o no la expresión de un sueño y si expresa en su lenguaje encriptado la voz de la locura. El mismo Spitta, encuentra las siguientes semejanzas entre el sueño y la locura:

1.- Se da una supresión o retraso de la autoconciencia.
2.- Existe una percepción modificada de los órganos sensoriales.
3.- Hay un enlace de las representaciones entre sí, exclusivamente conforme a las leyes de asociación y reproducción, formación automática de series y desproporción de las relaciones entre las representaciones como son las exageraciones, la existencias de fantasmas…
4.- Se manifiesta una modificación o perversión de la personalidad y el carácter.

El interés por este tema alcanza también a expertos reunidos en LocuraSeminarios en los que exponen sus conclusiones sobre aspectos como el sueño y la locura en los personajes de la literatura o los procesos psicológicos del sueño en la creación literaria, entre otros.

No estoy muy seguro de que muchas de estas características no se  correspondan con el fenómeno de escribir un poema. Pero tampoco, confieso con franqueza, me importa demasiado. De elegir un mundo de locos, prefiero éste de la poesía al de la violencia, el odio y la guerra… Hoy, estoy más cerca de aceptar el apelativo de poeta.

González Alonso

Artículo publicado en la edición nº 8 de la revista virtual Alaire (septiembre de 2008)

Artículo publicado en la revista en papel nº 16 de Alkaid (Valladolid).- Noviembre de 2012

La estrofa y el poema. Apuntes para las estrofas del siglo XXI

Como hay una ciencia para todo, la Poética viene a ser aquélla que se ocupa del lenguaje poético y, según el DRAE, de los principios y reglas de la poesía, tanto en su forma como en su esencia.

Me temo que la Poética es la ciencia que menos conocen los poetas, que se mueven por los mundos del Parnaso distinguiendo a duras penas la poesía llamada lírica, la más practicada universalmente sobre todo en el tema amoroso, de la poesía épica o la dramática. Echad un vistazo a cualquier foro de poesía y podréis comprobar cómo el mundo del subjetivismo desde el que se expresan con mayor o menor calor los sentimientos, arrasa en aportaciones de trabajos. Los textos más objetivos sobre temas históricos, contar hechos o hazañas, propios de la épica, son apenas inexistentes. Y algo semejante ocurre con la poesía dramática en la que el subjetivismo y la objetividad se complementan cuando el autor entra a formar parte de la historia o se esconde tras los personajes.

Pero esta introducción es solamente un pretexto para entrar a pensar cómo se escribe actualmente y por qué se hace así. Cuando digo el modo de escribir actualmente me estoy refiriendo nada menos que al espacio de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI; el periodo más largo de la Historia de la Literatura en el que una forma de escribir, un estilo, ha pervivido y todo parece indicar que irá para largo. Porque, básicamente, puliendo los aspectos más circunstanciales de los estilos que acostumbran a agruparse por corrientes, escuelas o modas de una manera más o menos artificial, la poesía que se escribe a lo largo de toda la centuria anterior y casi la década de ésta, es en verso libre. El verso libre es, normalmente, el refugio del sinfín de poetas que tienen la sana costumbre de caer en la tentación de escribir y que, en ocasiones, lo hacen francamente bien y con una eficacia loable, sin caer en la cuenta de que es el estilo más difícil de practicar y de conseguir hacerlo bien, se entiende. Porque, contrariamente a lo que se acostumbra a pensar, escribir verso libre no es escribir ni cualquier cosa ni de cualquier manera con tal de trazar renglones de diferente longitud a modo de versos.

La dificultad mayor del verso libre radica en que, abandonando el uso de las estrofas con métrica, el poema se sostiene con el ritmo interno y las pausas de lectura que el autor nos marque con una musicalidad muy afinada; es decir, que el poeta escribe música sin pentagrama ni notaciones musicales, pero el poema tiene que sonar y sonar bien arropando o siendo soporte de los sentimientos y emociones que el mismo poeta pretende transmitir. Porque -como he dicho en otras ocasiones y lugares- el arte más próximo a la poesía es la música. Diría más, aseguraría que la poesía nace de la música y que el verso, la unidad fija menor de un poema, procede directamente de la música tomando forma con las pausas, la acentuación, la rima y la medida de las sílabas.

Merece la pena detenerse un poco en este aspecto que considero relevante. Si somos observadores, caeremos fácilmente en la cuenta de que cada lengua o idioma tiene sus propias características referentes a la entonación y el sentido del ritmo; por tanto, cada lengua genera sus propios sistemas de versificación. Pero las lenguas, como cuerpos vivos del lenguaje, evolucionan y encuentran en cada época histórica un tipo de uso y expresión adecuados a la comunicación de la realidad histórica, cultural y el desarrollo económico de ese periodo. La evolución en el campo de las artes, empezando por la música, es evidente y va sujeta a los cambios sociales mencionados. Por eso, cada época ha encontrado su manera concreta de expresarse en poesía a través de las diferentes estrofas, conjuntos de versos de número variable, que constituyen el orden inferior al poema. Y por eso, también, las mismas estrofas exportadas de un idioma a otro, han tenido que ajustarse a las peculiaridades de cada lengua en cuanto a acentuación, medida y entonación. Baste recordar los intentos primeros de la adecuación del soneto a la lengua española del Marqués de Santillana (S. XV) hechos al itálico modo hasta su consolidación en el siglo XVI gracias a los trabajos de Boscán y el apoyo de Garcilaso de la Vega.

Monjas rapsodasLa traslación de la música a la lectura en la poesía, que nace siendo cantada y acompañada por instrumentos como la lira, se concreta en la medida y entonación del verso, y éste dentro de la unidad superior de la estrofa. Así, desde el s.XII se usa la redondilla en las coplas populares tradicionales; la cuarteta, que nace en el s.XVI, se extenderá hasta el Barroco donde el mismo Lope de Vega la aconseja y la usa para los diálogos de amor en el teatro, entre otras funciones. En el Romanticismo se hará una adaptación de la cuarteta, pasando a ser asonantada o tirana, utilizada con carácter popular. Los siglos XI y XII dan origen a las seguidillas; estrofas utilizadas en poesía popular y culta, como es el caso de Federico García Lorca que la rescata, o de Manuel Machado, en pleno siglo XX. El siglo XVI es el siglo del cuarteto y el serventesio que en el siglo XIX recuperará de nuevo el Romanticismo.

Una de las creaciones más antiguas y singulares en lengua española fueron los cuartetos de alejandrinos monorrimos que se practicaron en el Mester de Clerecía y que el Modernismo y la Generación del 27 actualizarán con la estructura A-B-A-B. De los textos cultos del Mester de Clerecía, generalmente latinos y de posible influencia francesa, cabe destacar por su significación tanto literaria como histórica el Libro de Alexandre, del leonés Juan Lorenzo de Astorga (s. XIII-XIV). La estrofa más frecuente era el conocido tetrástrofo monorrimo o cuaderna vía en versos alejandrinos de catorce sílabas. La importancia capital de esta literatura y del Libro de Alexandre es que constituyen la cuna de las lenguas romances.

En el siglo XVII se consolida el soneto, se introduce la décima o espinela muy adecuada para la lírica y el teatro y Miguel de Cervantes nos regala el ovillejo, muy apropiado, también, para el género dramático.

Ya en los siglos XIX y XX se usa la seguidilla compuesta, prosperará el verso suelto apoyado en versos blancos que se venía utilizando desde el Renacimiento, sobre todo para la traducción de poemas de otras lenguas, y se desarrollará la estrofa denominada silva para, finalmente, llegar a las estrofas del verso libre.

Volveré a insistir en la dificultad de este tipo de escritura llamada verso libre, dificultad ignorada por poetas novatos y por los poetas vagos que piensan equivocadamente que es más complicado escribir sonetos, liras, manriqueñas, ovillejos o cualquiera de las estrofas conocidas. No es así. Las estrofas clásicas –al igual que las estrofas de verso libre- desarrollan con naturalidad una estructura de pensamiento poético. Las estrofas se adaptan mejor a una clase de temas u otros; las de pie quebrado parecen más adecuadas para temas como el paso del tiempo o la muerte, las décimas o espinelas para la poesía lírica, pero también para la poesía reflexiva, la octava real se adecua bastante bien a la poesía épica y la bucólica, así como los tercetos modernistas sirven a las disertaciones, las elegías o las epístolas. ¿Y las estrofas de verso libre? Pues la respuesta es que se pueden adaptar y se intentan adaptar a cualquier tipo de tema; ¿pero cómo, de qué manera? Pues de manera intuitiva alargando los versos o usando los serventesios en los temas épicos o dramáticos y acortándolos cuando el poema se hace lírico, con el tema del amor dominando la mayor parte de las creaciones. El poema de estrofas de verso libre busca la adaptación al tema y la finalidad de la creación alterando el ritmo o adecuándolo con recursos como la repetición de significados, ideas y esquemas sintácticos, apoyándose en las pausas naturales de la lectura y en las palabras escogidas que aporten sonoridad y brillo al tema. El oficio del poeta radica en el desarrollo de un finísimo sentido del ritmo asociado a la carga emocional que intenta transmitir. Eso, insisto, es muy complicado de conseguir. Así que, generalmente, se recurre a buscar frases aparentemente brillantes e inteligentes, a escribir versos sueltos al estilo de cadáveres exquisitos en un puro ejercicio caleidoscópico, cayendo también demasiado frecuentemente en el sinsentido, el anacoluto, la vaciedad y la tontería. Un buen poema puede resistir uno o dos versos puramente ornamentales, pero poco más.

Cuadro de mujer leyendo.- Benjamín DomínguezPuede existir un buen poeta escribiendo solamente en verso libre, como puede existir un buen pintor que sólo haga creaciones abstractas. Pero me parece raro. Los pintores que han creado y explorado un estilo pictórico, suelen descollar con mérito en otras facetas de la pintura. Los buenos escritores, aunque consigan su mejor manera de expresarse en una clase de género, suelen ser buenos o al menos más que discretamente buenos en otros campos de la escritura, en general. Por eso, ante unos brochazos emborronando un lienzo o unos versos más o menos incoherentes sobre el papel, nadie puede asegurar estar ante un autor. Hace falta algo más. El escritor del poema único, genial y de antología, es algo más que imposible. Y de existir, ese autor escribirá con corrección una carta a su madre, redactará un artículo o llegará a escribir un relato breve, un cuento o una novela. Si no lo hace, es otro tema. Lo espantoso es comprobar el nivel de escritura general de muchos de los enamorados del verso libre donde parece –craso error- que todo vale y nada es criticable (en la métrica, claro, la cosa es como es, e ineludible su resultado) cuando escriben una simple nota, una cartita o un remedo de relato. El verso libre, saco roto para todo, es como el arte abstracto en la pintura, que parece estar al alcance también de cualquier osado concursante que haya superado un poco el pudor.

La conclusión a la que me siento cada vez más inclinado a llegar es pensar que sería conveniente superar la estructura del verso libre e inventar nuevas estrofas para el tiempo que nos ha tocado vivir y la manera concreta de tratar los temas eternos de la poesía: el amor, la soledad, la muerte, el miedo, la injusticia, la nostalgia, la vida, la alegría, la duda, la fe, el futuro, el conocimiento, la angustia, el vacío, la infancia, el desengaño, la vejez, la esperanza, el paso del tiempo, la amistad y etc. etc., uno por uno o comprendiendo dos o más de ellos en cada trabajo. La vida del poema en estrofas de verso libre se mantiene y será estrofa practicada vigorosamente todavía por mucho tiempo; pero empiezo a observar, de igual modo, cómo algunos poetas parecen inquietarse y buscar estructuras estróficas que tienden a ser más regulares en medida, acentuación y rima; y eso apunta inexorablemente –desde la estrofa de verso libre- al nacimiento de nuevas estrofas, evolucionadas y de contenido más rico y ambicioso. Es pronto aún para decirlo y dependerá, en gran medida, de la suerte y la ocasión de estos nuevos poetas, pero es posible que estemos asistiendo al nacimiento de las estrofas del siglo XXI. Y de la poesía del siglo XXI.

Julio González Alonso

Artículo publicado en el número 2 de la revista en papel Alaire (Illes Balears) el 2 de marzo de 2009

El vino. Cuando el dios Baco pasea por La Mancha de la mano del Quijote

Sancho Panza y su mujer Teresa ante una barrica de vino.

Si don Quijote salió a las del alba Campos de Montiel adelante en busca de gigantes y follones a los que enfrentar sus armas y se topó con molinos harineros de viento, ovejas y cuerdas de forzados, ¿cómo no tropezarse con el vino, que hace junto al queso una de las glorias mayores de la extensa Mancha y de la gastronomía española de entonces y de ahora?

Sería grave error, ya que no pecado -y no venial ni disculpable-, hacer alusión a la gastronomía sin hacer parada en los caldos manchegos que alegran y dan chispa a las mejores mesas. Y no es baladí la mención, cuando podemos comprobar cómo a lo largo del Quijote el vino aparece en unas 74 ocasiones, casi a partes iguales entre las dos entregas que componen la obra de Cervantes en las tres salidas de Alonso Quijano el Bueno del lugar no declarado por no recordado o no querido recordar, que así sería cosa de que por siglos los distintos pueblos manchegos se disputaran el origen del que dio en llamarse Don Quijote, nombre que tomará de su propio apellido, Quijano, convertido en Quixote, lo que venía a ser una pieza de la armadura que protegía el muslo de los caballeros, andantes o no.

Las situaciones en las que podemos encontrar a lo largo de la novela el descubrimiento de Baco, son muy diversas: entre los pastores, en bodas como las de Camacho, en bálsamos como el de Fierabrás (I.-cap. XVII) en el que el vino sirve de uso medicinal, pues después de ser apaleado y malherido Don Quijote por aquel moro encantado, él mismo cura milagrosamente sus heridas mezclando vino con un poco de aceite, sal y romero. Cervantes conocía, tal vez por su experiencia militar, que las infecciones en las heridas abiertas procedían del exterior, por lo que era preciso lavarlas con vino (cap. XXXIV) para evitar que se emponzoñaran.

La afición y devoción de Sancho por el vino quedan sobradamente documentadas a lo largo de la obra cervantina; ya en la primera aventura de los molinos de viento sabemos que Sancho caminaba muy despacio sobre su jumento, y de cuando en cuando empinaba la bota con tanto gusto que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga. Más adelante, en el encuentro con los cabreros, Sancho callaba y comía bellotas, y visitaba muy a menudo el segundo zaque que, porque se enfriase el vino, le tenía colgado de un alcornoque.

Una ocasión memorable en la cual se pone de manifiesto el conocimiento que sobre los diferentes vinos demuestra poseer Sancho es la que le proporciona el encuentro con otro escudero llamado el del Bosque (II, cap.XIII), quien declara traer fiambreras y esta bota colgada del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y abrazos. Sancho Panza, que escucha estas razones con natural interés, así como el del Bosque le pasó la bota  se la puso en las manos y empinándola, puesta en la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo: -¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico! averiguando, a continuación, tal y como le explicó al del Bosque, que el vino era de Ciudad Real. Presumía Sancho, sin complejos, de tener tan gran instinto en esto de conocer vinos, que, en dándome a oler cualquiera, acierto patria, el linaje, el sabor y las vueltas que ha de dar…

No es de extrañar por cuanto antecede que Don Quijote, entre los muchos consejos que le dio a Sancho Panza con ocasión de ser nombrado gobernador de la ínsula Barataria, incluyera algunos referidos al vino y el uso recto que del mismo conviene hacer, cuando recomendándole un consumo moderado del mismo, le dice: sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado, ni guarda secreto ni cumple palabra. Sigue leyendo

Luis Pastrana, Cronista Oficial de León, y el Día del Libro.

El Día del Libro nos acerca, a través de las páginas escritas, a sus hacedores, esas personas abnegadas en el trabajo de las palabras que llamamos escritores.

Los escritores son, se me antoja, hermosos troncos que sujetan y multiplican en las hojas de sus ramas el oxígeno que enriquece el aire que respiramos. Son vida.

Los árboles nos dan vida, también, con su sombra. Cuando desaparecen los árboles, desaparece la sombra, y un hueco con luz extraña se abre en torno de lo que fue el espacio que ocuparon sus troncos y la frondosidad de sus ramas; desaparece el rumor del aire y nos sobrecoge una indescriptible sensación de orfandad. En invierno nos traen sombras grises de agua y frío desprendidas de las ramas sin hojas. En verano, la rotundidad de un sol vencido en las copas verdes. En la primavera, sombra fresca de tallos nuevos y lluvias. Otoño es sombra larga envuelta en colores que se van haciendo lentamente para volar al suelo.

Sin luz no hay sombra; sin árboles no hay sombra buena, que es, incluso, la sombra de otra sombra mayor que es la noche.

De sombras buenas viven las personas buenas; que luego están las malas sombras, sombras hechas con los mordiscos que da la vida…

Luís Pastrana, a través de lo que fue su vida y de lo que es su obra, continúa siéndonos necesario y dador de vida, de buena sombra, cuando con la discreción e intuición que le caracterizaban,  apuntaba la denuncia, a veces la protesta, a través de los datos ofrecidos en sus trabajos, que acaban siendo retrato y reivindicación de nuestra condición de leoneses, porque «antes hubo mucho de olvido y todo de abandono» (dice de forma directa y poética  al hablar de Peñalba, Montes y Compludo-1987) y así, pienso, ahora como entonces, que «el camino es una senda para la aventura y las galochas«.

En gran medida ese olvido y abandono convierten  el tránsito por nuestra realidad en una aventura no exenta de riesgos, siendo el mayor y más grave aquel que desdibuja nuestra memoria de tanto mirar sin ver y oír sin escuchar. Y es que Luís Pastrana se dedicó en gran parte a la tarea de ver y escuchar para alimentar la memoria que nos hace fértiles como ciudadanos de un país que proclamaba a sus reyes al grito de ¡León, León, León y todo su Reíno...!(Políticas Ceremonias, pag.183) desde los balcones del Ayuntamiento y ante el pueblo.

El Día del Libro nos abre las páginas de la vida en cada obra de cada escritor. Y en León  tenemos, si no muchos, sí buenos escritores; y  algunos, muy buenos. Y con todos ellos tenemos contraída una deuda de gratitud con los que -y especialmente con Luís Pastrana- difícilmente podremos saldar, aunque podemos intentar devolverles un poco de cuanto nos dan, simplemente leyéndolos, acogiéndonos a su siempre generosa oferta.

Necesitamos los libros. Necesitamos a los escritores. Buscamos la protección de la sombra y encontramos la generosidad de los árboles, de las personas que nos tienden los brazos y nos acogen y dan un descanso a nuestro camino. Luís Pastrana, Cronista Oficial de León, fue una de estas personas. Lo sigue siendo. Es la buena sombra.

Julio González Alonso

Al año siguiente de la muerte de mi amigo Luís Pastrana quise recordarlo en el día especial del 23 de abril, Día del Libro, y escribí este pequeño texto que se publicó en la edición en papel del Diario de León. Hoy lo traigo aquí, a este rincón abierto de lucernarios por donde dejar entrar la luz de la poesía y la palabra, como renovado homenaje al amigo con quien tanto pude compartir, sobre todo su confianza,  amistad desinteresada y alegría. Para siempre quedaron grabados en la memoria hermosos días de León en los que me descubría sus secretos e historias con la pasión de quien ama las cosas; atrás quedan las horas de charla y siempre las gracias por el detalle de tener, sin olvido,   preparado en cada ocasión  el último de sus libros publicados para ofrecérmelo como regalo; libros que leía con fervor y de los que sacaba provecho utilizándolos en mis recorridos por tierras leonesas de la provincia o recorriendo sus páginas amenas de relatos, descripciones y anécdotas. Libros que siempre tengo presente y a los que acudo a menudo. Vaya un estrecho abrazo, amigo Luis, allá donde te encuentres, con el afecto que nada ni nadie, sabes, puede arrebatarme.

Salud

La amarga victoria de Albert Camus a los 50 años de su muerte

Albert Camus

Cumplidos los 50 años del nefasto accidente de automóvil en el que perdió la vida el autor de La peste, El extranjero o la obra teatral Los justos – comentada en esta bitácora LUCERNARIOS– la figura del Premio Nobel (1957) se alza con la crudeza y la claridad de una verdad que nos desnuda de los trágicos errores de la izquierda intelectual heredera de J. Paul Sartre; errores tales como el del papel ignominioso que se asignaba a la violencia revolucionaria. Ya en la precitada obra drámatica Los justos se cuestionaba esta actitud enfrentándonos al dilema moral que significaba el asesinato en la actividad subversiva sustentada en el convencimiento de que el fin justifica los medios, o que ante la violencia institucional y la injusticia social ejercidas por los gobiernos, la respuesta debía ser igualmente violenta para restablecer la justicia social y empujar a las clases trabajadoras a la acción para su emancipación. La postura de rechazo de A. Camus será contundentemente más explícita desde las páginas de El primer hombre. Pero la reacción de J.Paul Sartre y sus seguidores ante esta toma de postura, parapetados en los adarves de la formación intelectual y universitaria de la que A. Camus carecía y que obscenamente  le era echado en cara,  fue de un desprecio absoluto por la persona del escritor y la condena de su obra.

Empero, lo que supo ver A.Camus y tuvo el coraje intelectual de mantenerlo, venía servido –como subraya Jose Mª Ridao en su artículo de El País (La verdad transparente de Camus.- 2/01/10)- por Albert Camus con su mujer e hijosuna actitud ante la vida diametralmente opuesta a la de sus detractores.  A. Camus, escogiendo la vía de la naturalidad y la experiencia íntima en la concepción de la totalidad del mundo, fue construyendo sobre el mismo,  laboriosa y dolorosamente,  sus posiciones políticas y morales.  De ahí –como hemos subrayado en el comentario sobre la obra Calígula, de A. Camus- que la poesía y la belleza se instalen en sus escritos como vehículo de expresión y conocimiento por encima de las elucubraciones de los discursos obscuros y las argumentaciones de una racionalidad alambicada y confusa. La verdad es bella y terrible,  parece gritarnos Camus,  y exige mucho coraje, el mismo que no escatimó para ser de los pocos escritores que se atrevieron a denunciar los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki o alzando la voz para proclamar que la II Guerra Mundial no la ganaron unos países y la perdieron otros, sino que fue un inmenso drama en el que se impuso la victoria de los hombres y mujeres de todos los países –incluídos Alemania e Italia- que defendieron la libertad frente al totalitarismo.

Esta postura, mal entendida y peor interpretada, que se resumía en rechazar la idea de que el nazismo se identificara con Alemania, considerando a este país como la primera víctima del mismo, la mantuvo con firmeza reclamando, como escritor, su independencia frente al poder y reclamando igualmente dicha actitud a todos los escritores, a quienes pide que sostengan con orgullo, incluso con soberbia, las consecuencias de ejercerla.

Han transcurrido 50 años de la desaparición de A.Camus. Los errores de la izquierda han pasado una factura demoledora para las aspiraciones de la emancipación de la clase obrera, diluida, Noticia de la muerte de Albert Camus en 1960 fagocitada,  por el desarrollo del capitalismo con la incorporación de gran parte de las demandas sociales de los programas políticos de la izquierda, como educación, sanidad o sistemas de pensiones. Pero si Camus pudiera enjuiciar desde su particular independencia intelectual y moral la nueva situación, su intuición,  la naturalidad de su conocimiento,  le llevaría previsiblemente a plantear el dilema moral suscitado con la explotación de los recursos naturales y humanos del planeta en un mundo más globalizado que nunca, y el recurso a los mismos argumentos de la violencia y la guerra, la corrupción y la ambición, para ejercer y llevar a cabo dicha explotación por parte de los poderosos,  apelando a la libertad y el orden democrático e, incluso, al nombre de Dios en la lucha contra el mal. Es decir que, al igual que para la izquierda intelectual europea estaba justificada la violencia revolucionaria, para el capitalismo triunfante está justificada la violencia bélica asentada esta idea  en el principio de que  el fin justifica los medios.

Le tocaría de nuevo a A.Camus alzar la voz para exigir la independencia de los escritores y periodistas frente al poder. Y volvería a ser anatemizado, me temo, por los defensores de los valores occidentales y la economía de mercado. Porque se puede apreciar que continuamos, 50 años después, sin resolver los problemas en los que fracasó la izquierda, y que el capitalismo –sin alternativas reales-  los ha extendido al mundo entero como un reguero de pólvora al que se le ha prendido la mecha. Y es que parece estar más claro cada día que el capitalismo no es la solución al capitalismo y que, parafraseando a Camus, podríamos aseverar que no hay que identificar, por ejemplo, fundamentalismo con países árabes, señalando arteramente el fundamentalismo malo contra al que será lícito combatir a la vez que se niega y pone a salvo el fundamentalismo propio, el bueno, desde el que iniciar las agresiones contra pueblos enteros. Porque el fundamentalismo es idéntico –como lo eran el fascismo y el nazismo- en cualquier país bajo cualquier cultura y bandera.  Así que si hay alguna solución no será la de la confrontación de culturas, sino el compromiso –una vez más- de hombres y mujeres de todo el mundo con la libertad y un orden de justicia que excluyan definitivamente la miseria y restituyan la dignidad humana a cada persona en cada rincón del planeta. Tal vez sea mucho pedir. Tal vez volvamos a la utopía. Pero, como se escribió en los muros de París en los sucesos de aquella revolución pequeñoburguesa protagonizada por los estudiantes del mayo del 68, lo más real será reivindicar lo imposible.

Julio G. Alonso

Acerca de Harold Pinter (1930/2008)

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Obra de teatro : Regreso al hogar.- Teatro Español y Centre D’Arts Escemiques de Reus (Teatro Barakaldo, 29 de noviembre de 2009)

Artículo completo de Wikipedia.- Harold Pinter :

Harol Pinter fue un dramaturgo, guionista, poeta, actor, director y activista político inglés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005. Su carrera como escritor se extendió por más de cincuenta años y fue uno de los más influyentes dramaturgos modernos británicos.

Sus obras más conocidas incluyen La fiesta de cumpleaños (1957), Retorno al hogar (1964) y Traición (1978), cada una de las cuales fue adaptada para cine y televisión. Sus adaptaciones de guiones de las obras de otros autores incluyen El sirviente (1963), El mensajero (1970), La mujer del teniente francés (1981), El juicio (1993) y La huella (2007). También dirigió y actuó en la radio, el teatro, la televisión, así como en producciones de cine propias y en las de otros.

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