Fantasmas y realidad en la cueva de Montesinos

Fantasmas y realidad en la Cueva de Montesinos

Entrada a la cueva de MontesinosLa Cueva de Montesinos existe; es uno de los lugares reales de la novela de Cervantes. Lo que en ella ocurrió puede prestarse a interpretaciones de todo tipo; cabría, incluso, una interpretación freudiana de la aventura, similar a la que es posible hacer de otras obras literarias, como es el caso de H.P.Lovecraft en Viajes al otro mundo. Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. La cueva significa la seguridad del seno materno, según S.Freud. Don Quijote, que en su vida ordinaria de caballero andante está entregado al sueño de soñar,en la cueva cae en el sueño de dormir con ensueños y se sueña a sí mismo despierto. En esta visión del subconsciente se establece una libre asociación de ideas que, una vez afloradas, serán necesariamente sublimadas. Sabemos que los sueños están hechos de retazos y materiales de la realidad, así que en este soñar de dormir de don Quijote aparecerá Dulcinea en su natural ser de aldeana, tal y como permanece en el subconsciente, y de ahí la necesidad de negar esa realidad a través del encantamiento.

Boca de la cueva de MontesinosSe ha dicho, incluso, que la aventura en la cueva podría tomarse como un precedente de la moderna espeleología. Y se ha dicho con toda la seriedad del mundo.

También se quiere y puede ver en esta aventura una parodia del descenso de Eneas a los infiernos. El descenso de don Quijote es en busca de conocimiento, como será encontrar las fuentes de las lagunas de Ruidera y los orígenes del río Guadiana. Sigue leyendo

Testimonio de la desnudez.- Premio Treciembre 2015

II PREMIO NACIONAL DE POESÍA TRECIEMBRE (Valladolid, 2015)

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El poemario Testimonio de la desnudez, Premio Treciembre de Poesía 2015, ha sido editado por la Fundación Jorge Guillén y el apoyo de la Diputación de Valladolid, siendo el número 11 de la colección Maravillas Concretas.

El libro ya está disponible y puede ser adquirido, siendo éste un adelanto de las presentaciones del mismo que se programarán a partir del próximo septiembre. Si estás interesado en conseguir un ejemplar, puedes escribirme al correo: jgonal2000@yahoo.com y te lo enviaré a la dirección postal que me indiques.

Esperando que sea de tu interés, atentamente.

Julio González Alonso

The Beatles

The Beatles

The Beatles

Ocuparon la vida de la década prodigiosa de los años sesenta. Jóvenes, poseídos por la pasión de triunfar, seguros de sí mismos y de su música, encarnaron algunos de los ideales de la juventud de su época y dejaron una huella que dura hasta hoy. Transitaron por entre el movimiento hippie sin ser hippies, por la música rock sin hacer cabalmente rock and roll, por los gustos de las clases medias sin que sus orígenes pasaran de modestos y humildes; se vistieron la medalla de Caballeros de la Orden del Imperio Británico (1965) con la irreverencia justa y se dejaron el pelo largo, que la gente llamaba melenas, sin serlo. Entonces, ¿qué demonios nos contagiaron estos cuatro jovenzuelos de Liverpool?

The BeatlesLa pregunta anterior no pasa de retórica. Evidentemente, no requiere respuesta. Todos sabemos que los Beatles vinieron a caer en el caldo de cultivo de una Europa y un mundo inmerso en una profunda transformación de valores e ideales, lo que hizo arder la mecha de la revolución estudiantil francesa y levantó las barricadas parisinas de mayo del 68. Encarnan el inconformismo de un amplio sector juvenil y sus ansias de una libertad asentada en el deseo de romper las barreras morales burguesas, de superar el materialismo, vivir el amor libre, el pacifismo y hacer del trabajo una experiencia vital de realización personal.

Fue hermoso todo aquello, y la música, los gestos, la coreografía que acompañaba a los Beatles, bien diseñada por Brian Epstein, George Martin y sus colaboradores, encajaba en las generosas ansias de libertad del momento y se plantaban con descaro ante el modo de vida y de expresar esa vida de las generaciones precedentes. Rompían las reglas del juego sin destruir violentamente nada, pasando como un elefante bien enseñado por una cacharrería.

Resulta curioso cómo cantando en inglés, sus canciones seThe Beatles constituían en himnos repetidos incansablemente en cualquier idioma. La valoración de sus letras llegaría luego. Primero tocaban el corazón y los sueños, luego se les ponían las palabras que alcanzaron la poesía en metáforas como las de John Lennon que nos describía aquellos sugerentes árboles de mandarina, cielos de mermelada o flores de celofán, hasta tocar la esencia de un surrealismo practicado con desenfado y que, a menudo, hundía su inspiración en las experiencias psicotrópicas. Luego vino la evolución, la complejidad instrumental y vocal, el viaje a la India, hasta la aparición de su álbum emblemático, Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band o El Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta. Y más tarde, pienso que demasiado pronto, su disolución como grupo en 1970.

The BeatlesEsto, que sólo es un homenaje a The Beatles y a la juventud que vivió su impacto, no puede ser un recordatorio de canciones o un repaso a su discografía. Cada cual que elija, escuche y recuerde. Quienes llegaron después, que prueben desde su experiencia vital, muy diferente a la de la década prodigiosa de los 60, y que disfruten. Porque, aparte de andar sus canciones grabadas en vinilo navegando en un satélite por el espacio, su música no dejará de ser la expresión de la experiencia de una parte importante de ser joven en cualquier época o lugar. Ellos fueron John Lennon, George Harrison, Paul Mc Cartney y Ringo Starr. Son los Beatles.

Nada más, porque hoy, con los Beatles, todo es ya Yesterday.

González Alonso

The Beatles Abbey Road.The Beatles Abbey Road

The Beatles

ll Premio Nacional de Poesía Treciembre, 2015 (Valladolid)

ll Premio Nacional de Poesía Treciembre, 2015 (Valladolid)

Como recojo en la noticia correspondiente, me ha correspondido el honor y la gran satisfacción de alcanzar el primer premio de esta importante convocatoria. El poemario, que llevará por título Testimonio de la desnudez, será publicado en junio por la Fundación Jorge Guillén de Valladolid.

II PREMIO NACIONAL DE POESÍA TRECIEMBRE, 2015 (VALLADOLID)

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Una ocasión para regalar o regalarse una buena lectura. Ediciones del Quijote

Don Quijote de La Mancha en Alcalá de Henares

Cualquier fecha, momento, época del año u ocasión, son buenas para ponerse delante de una obra como el Quijote y descubrir motu propio la riqueza, originalidad y frescura de esta novela universal o bien dejarse sumergir en una segunda o tercera lectura para encontrarse disfrutando sosegadamente de muchos de los pasajes que en lecturas anteriores hayamos pasado por encima en el empeño de no perder el hilo de las aventuras del caballero andante. Pero estas fechas, además, son también muy apropiadas para regalar algo a alguien, que de verdad merezca la pena; en este caso, sin dudarlo, se puede tomar el camino de una buena librería e ir directamente a las estanterías donde se encuentre el famoso Quijote.

Quizás merezca la pena recordar, antes de seguir adelante, que los ingleses, tras la primera publicación del Quijote en lengua inglesa en 1612 (Londres, Thomas Shelton.-Primera parte) y de la segunda en 1660, fueron también los primeros en reconocer su extraordinario valor y declararla obra universal.  El sentido irónico, el humor refinado y la crítica, no pasaron desapercibidos para los habitantes británicos.  Los franceses no tardarían en seguir los pasos de los ingleses y en París, de la mano de César Oudin en 1614 y de François de Rosset en 1618, verán la luz y obtendrán el reconocimiento general  las  dos partes del Quijote.  Italia no tardará en sumarse con las ediciones de 1622 (primera parte) y 1625 (segunda parte) en Venecia.  En España se tardará todavía unos cien años en reconocer el valor universal de esta obra…

Volviendo al camino de la librería y una vez frente a las distintas ediciones del Quijote, hay que decidir cuál de ellas escoger. Puede haber quien piense, bueno, ¡y qué más da!, si todas las ediciones  son de la misma novela.  Pues no, no da igual,  y no me refiero a elegir la edición por la calidad de la encuadernación,  el papel y el precio final; ni siquiera por el tamaño del volumen o los volúmenes, si están editadas por separado la primera y segunda partes del Quijote.  Me refiero al tratamiento de la obra, el rigor de la publicación según la princeps, la calidad de las posibles notas al margen o información complementaria, así como la existencia o no de algún texto crítico o comentario.

De la obra cervantina existen ediciones raras y muy buenas, como la princeps de Juan de la Cuesta, facsímiles de la primera edición, cuyo permiso se dio el 26 de septiembre de 1604, quedando impresa la obra en Madrid el 20 de diciembre, para aparecer en el mercado en enero de 1605, realizándose una segunda edición para Portugal el 9 de febrero del mismo 1605. Existe una edición de 1968 (Palma de Mallorca, Alfaguara, The Hispanic Society of America, Papeles de Son Armadans).

Otras dos ediciones raras y también buenas son la de Pellicer, en cinco tomos, de 1797-98 (Juan Antonio Pellicer.- Madrid.- Gabriel de Sancha) y la de Diego Clemencin en seis tomos, de 1833-39. También existe una edición de Luis Astrana Marín (Madrid.- ed.Castilla) de 1966 que reproduce los comentarios de Clemencin.

Existen, también, ediciones malas, deplorables, de las cuales tengo una que no quiero mencionar y de la que se salvan solamente las ilustraciones de Dore.

Dicho lo anterior, es bueno saber que en el mercado hay de todo. Por ello, para evitar el tropiezo de llevarnos a casa una mala edición y prescindiendo de buscar ediciones raras y difíciles como las mencionadas, que son más adecuadas para los estudiosos del tema, debemos ir un poco informados para encontrar las ediciones buenas, y dentro de ellas, elegir la que mejor se adecúe a nuestras necesidades.

De las cuatro ediciones que he leído, descartada la quinta edición ya mencionada que no merece la pena, os propongo que os fijéis, en primer lugar, en la edición cultural dirigida por Andrés Amorós (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha – Miguel de Cervantes Saavedra.- Ediciones SM-Madrid 1999).

La edición de Andrés Amorós está orientada para cualquier lector de cualquier edad que quiera disfrutar leyendo. Tiene la ventaja de seguir las primeras ediciones de 1605 y 1615 y se han modernizado levemente la ortografía, la puntuación y algunos detalles del  léxico. Conserva extraordinariamente bien el ritmo y respeta escrupulosamente la semántica.  A su favor cuenta, además, el disponer de unos materiales auxiliares de primera mano que ayudan a tener una idea bastante exacta del contexto cultural de la época, con vocabulario, representaciones de los vestidos, armas, costumbres, mapas, refranes, etc. que posibilitan un conocimiento directo y claro de la obra y la época, ayudando a sumergirse  en el mundo cervantino con naturalidad a través de los sesenta temas presentados. Tiene la obra de Andrés Amorós, publicada en un sólo tomo, otra característica que la hace sumamente manejable al disponer de párrafos numerados en cada página con anotaciones al margen para la interpretación del texto, dispuestas de tal manera que no entorpecen la lectura.

En mi opinión, tanto para quienes se aproximen por primera vez al Quijote, como para los estudiantes o para quienes quieran releer la obra recreándose con aspectos circunstanciales y buenas explicaciones, la edición de Andrés Amorós es la más recomendable y no les defraudará, pues amén de los recursos mencionados, la buena organización de la obra y la encuadernación y tipo de letra, harán de ella una lectura verdaderamente amena y productiva.

Otra edición muy buena y recomendable es la de Francisco Rico, con un estudio preliminar de Fernando Lázaro Carreter y la colaboración de Joaquín Forradellas (Ed. Crítica.- Barcelona, 2001). Son muchas las ventajas de esta excepcional edición que yo recomendaría para iniciados en el Quijote o para quien quiera acercarse a la inmortal obra cervantina sin complejos. Mencionaré, en primer lugar, que sigue la edición de Juan de la Cuesta. Se trata de una obra limpia, con las adaptaciones gráficas imprescindibles y las indicaciones de los lugares en donde se aleja de las primeras ediciones para facilitar un posible cotejo. La obra está dirigida a los hablantes del español como lengua materna sin necesidad de estudios universitarios de filología o historia. Además del estudio preliminar sobre las voces del Quijote, de Lázaro Carreter y la colaboración de J.Forradellas, podemos disfrutar de prólogos como el de Jean Canavaggio (Vida y Literatura: Cervantes en el Quijote), el de Sylvia Rouband (Los libros de caballerías) o el de Anthony Close (Las interpretaciones del Quijote).

La edición mencionada de  Francisco  Rico  está muy bien encuadernada en tapa dura y viene acompañada de un CD (disco compacto) en el que, además de poder leerse la obra, posibilita la realización de diferentes consultas sobre la misma. La edición está patrocinada por el Instituto Cervantes y realizada por el Centro para la Edición de los Cásicos Españoles (en su momento adscrito a la Fundación Duques de Soria) y se publicó en 1998 como volumen 50 de la Biblioteca Clásicos de la Editorial Crítica.

Una tercera edición a tener muy en cuenta por su excepcionalidad, es la de John Jay Allen (Don Quijote de la Mancha I; Don Quijote de la Mancha II. Ed. Cátedra.- Madrid.- 1987, 9ª edición), cuyo éxito es indiscutible. La edición de que dispongo, publicada en dos tomos en formato de libro de bolsillo, tiene en su contra la poca calidad de la edición y la letra. Diría que es una obra para estudiosos de la que cabe destacar su seriedad, con notas contrastadas de las principales ediciones, aunque sigue –principalmente- la de Hartzenbusch (El ingenioso hidalgo Don Quxote de la Mancha.- ed. de Juan Eugenio Hartzenbusch.- 4 tomos.-1863) en algunos pasajes conflictivos. Tiene una lista muy buena de las palabras afectadas por las nuevas normas ortográficas, ya que la edición sigue a las ediciones modernas en cuanto al uso de la puntuación, acentuación y ortografía.

Como he dicho anteriormente, encuentro esta obra más adecuada para aquellas personas que quieran estudiar un poco más a fondo el Quijote; la cuidada introducción, centrada en localizar la génesis del Quijote en el contexto histórico y social de la España y el mundo de Cervantes, sin perder por ello de vista los valores literarios, sobre todo en lo referido a los orígenes y nacimiento de la novela, hacen de esta edición un referente imprescindible.

La cuarta edición que yo recomendaría es la de Martín de Riquer. Existen varias ediciones. En la primera de 1962 se publicó con el Quijote de Avellaneda. Hay algunas ediciones de la editorial Planeta que presenta un texto menos cuidado. La edición de 1994, en dos tomos, con ilustraciones de Salvador Dalí, tapa dura y lomo de tela, es la que estoy manejando en este momento y desconozco la existencia de ediciones posteriores.

La edición de Martín de Riquer no se aparta en su integridad del texto de las primeras (1605, para la primera parte y 1615, la segunda). Para ello se siguieron las ediciones facsímiles publicadas por la Real Academia Española en 1917. Podría decirse que es la edición más respetuosa con la princeps.

En el preámbulo, Martín de Riquer nos ofrece una biografía de Cervantes, una reflexión sobre el propósito o finalidad del Quijote, un estudio muy interesante sobre la locura de don Quijote y un repaso sobre la composición, tipos y estilo de la obra.

Dejadas a un lado las sugerencias sobre las diferentes opciones editoriales, de las que –amén de las comentadas- existen cientos; incluso recientes ediciones muy afortunadas para lectores infantiles, que van desde la adaptación de los capítulos más significativos a la edición en viñetas o cómic de las aventuras del caballero manchego y su escudero Sancho, no quisiera dejar pasar la ocasión de recomendar otra lectura; ésta, para la cual no hace falta haber leído previamente el Quijote, viene servida de la mano de Andrés Trapiello con el título Al morir don Quijote (Ediciones Destino, Barcelona.-2004).

El escritor leonés (Manzaneda de Torío, León.-1953), apasionado de la obra cervantina en general y del Quijote en particular, recrea en esta novela la vida de los personajes que dan vida al Quijote una vez que éste ha muerto. No es difícil hallar referencias a la obra cumbre cervantina en otras publicaciones de este autor, como se puede leer en su premio Nadal 2003, Los amigos del crimen perfecto (pag.48) (Destino, Barcelona.-2003): Las novelas policiacas clásicas, como yo las entiendo, son cosa de hombres, como las de caballería. ¿Quién es Dulcinea? Nada, nadie, una sombra, el deseo de don Quijote. Por eso el Quijote no les gusta a las mujeres. Allí no sale una mujer romántica, que suspira. El que suspira es el hombre, y eso a las mujeres no les gusta ni en la vida ni en las novelas. O como agrega más adelante (pág. 287): a don Quijote, para vivir, le bastaba con lo ficticio. Lo necesario acabó con su locura, pero también con su vida.

El conocimiento y el buen gusto de Andrés Trapiello, nos aseguran una obra bien hecha, amena, creíble, que nos traslada a aquel octubre de 1614 al pie del lecho de muerte del ya reconvertido caballero don Quijote en su alter ego Alonso Quijano, el bueno, para, respirando con un lenguaje actual el aire otoñal de ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, tomar el pulso, la lágrima, la emoción, el sueño y aspiraciones, la ilusión y la vida cotidiana apegada al terruño, el paisaje y la luz que con el hidalgo manchego compartieron Sancho, ama, criada, sobrina, cura, bachiller, barbero y cuantos personajes tuvieron que seguir su vida cotidiana.

Creo que es tiempo y buena ocasión ésta de la Navidad para que muchos españoles, aunque sea 400 años después, tengan ocasiòn de celebrar el Quijote como patrimonio literario y cultural universal. La fórmula es bien sencilla, acercarse a una librería, sonreir, hojear las diferentes opciones puestas a la venta o preguntar por alguna de las aquí recomendadas y llevársela a casa. Como complemento para los que quieran más o para aquellos que les guste empezar por el final, la novela de Andrés Trapiello, Al morir don Quijote, es una ocasión perfecta; o para quienes, leído el Quijote, quieran seguir la historia que, tal vez, muchas veces quisieron imaginar. Ahí la tienen, minuciosamente descrita, con acierto, con amenidad y con ese punto de ironía que los ingleses, a buen seguro, sabrían apreciar y valorar. Esta vez, a lo mejor, somos nosotros los primeros en darnos cuenta de lo bueno que tenemos. No dejemos escapar la ocasión.

Julio González Alonso

Antonio Gamoneda: el encuentro con el poeta. Presentación de Árido Umbral en León.

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Antonio Gamoneda recita en la presentación en León de Árido Umbral.

Antonio Gamoneda: el encuentro con el poeta. Presentación de Árido Umbral en León.

Estas palabras sólo pretenden ser crónica de una emoción, la del encuentro con el poeta y el hombre en la persona de Antonio Gamoneda. En su poesía ya hace años que vengo enredándome con admiración. En el universo gris y melancólico en que envuelve su decir, su ira y su pasión descarnada, subyace un optimismo impenitente, un claro grito de afirmación y vida. Pero de la obra y su autor quiero ocuparme en otro momento y lugar. Ahora hablo del encuentro con el hombre, el ciudadano que recorre a pie las aceras de las calles de su ciudad y mira al aire alto de la catedral y a los ojos de las personas que se cruzan en su camino. Del hombre que respira y duerme y sueña y vive enamorado de su hermosa nieta Cecilia y de quienes le rodean, hablo.

La ocasión del encuentro la brindó la presentación en León del libro de poesía Árido Umbral, en el que tomo parte. Fijada la fecha del 3 de diciembre y señalado el lugar, el Bar Correo de la calle Cervantes, se había acordado citar al poeta y escritor Antonio Gamoneda en el transcurso de una comida en el restaurante Zuloaga, a pocos metros de su casa. Luego, por la tarde, nosotros nos dedicaríamos a dar a conocer a los leoneses el libro de poesía Árido Umbral.

 Antonio Gamoneda saluda a los miembros de Alaire en LeónCon paso lento y una sonrisa en los labios, Antonio Gamoneda se aproximó al grupo que estaba esperándolo, con una palabra de saludo para cada uno. Cuando se acercó a mí y me lo presentaron, le confesé que me sentía un poco aturdido porque eran tan grandes la admiración y el respeto por su persona y lo que representaba que casi me parecía irreal lo que estaba ocurriendo, acostumbrado a verlo pasar ocasionalmente por las calles de León sin atreverme nunca a acercarme para saludarlo. Se detiene, me mira y sonríe mientras mueve su mano en un gesto de afectuosa desaprobación para decirme algo así como que no era para tanto ni era él tan importante. Luego, a la mesa, mientras compartíamos cecina, pulpo y croquetas, habló de su vida primera en los primeros años en el León de la postguerra y el hambre, que por eso -decía con ironía- era incapaz de dejar algo en el plato y que si continuaba así, ofreciéndole comida sin parar, sería incapaz de rehusar la invitación aunque no le conviniera aceptar más. Me recordó, inmediatamente, la actitud de mis padres y el valor y lugar que la comida ocupó siempre en sus vidas, cosa que el poeta entendió con una amplia sonrisa. También me habló de poesía y su admiración por César Vallejo, de su intuición a la hora de componer y de la dificultad de la poesía social para ser poesía, de la que reconocía que sólo unos pocos escritores habían conseguido hacer de la denuncia algo más que mereciera el calificativo de poesía, además del de social. Tocamos el tema de Miguel Hernández, de F.G. Lorca… y le pregunté directamente qué se sentía al ser consciente de formar parte de los grandes poetas consagrados. Negó insistentemente con la cabeza y su gesto habitual con las manos para asegurar que él sólo era un poeta de los del medio, lejos de los poetas a los que me refería. Insistí, convencido, de que él ya formaba parte de la historia de la literatura y subrayé que, lo quisiera o no,  su lugar ya estaba al lado de Neruda, Lorca, Machado, Celaya, Aleixandre, Cernuda… pero que me parecía muy loable que él no se lo creyera porque de hacerlo, seguramente, se bloquearía y no escribiría más o lo haría sin poder liberarse del peso de esa idea y la responsabilidad que conlleva. Su respuesta fue una nueva amplia sonrisa para tomarme la mano y con un bueno, bueno… invitarme a dejar el tema donde estaba. La conversación siguió por otros derroteros en los que confesó que no sabía si estaba escribiendo mucho o poco, que tiene una carpeta llena de poemas que se van amontonando a lo largo de estos años, repletos de correcciones; y también de la posibilidad, si es que me los editan -dijo- de publicar dos nuevos poemarios.

Julio González Alonso y Antonio GamonedaSiempre, junto a la afabilidad, encontré una sana humildad en cada una de las palabras de Antonio Gamoneda. Llegados al tema de la situación actual y la crisis económica, le planteé que así como los problemas del comunismo no se pudieron resolver con más comunismo, pensaba que los problemas del capitalismo no tendrían solución con más capitalismo y el empobrecimiento de cada vez más gente con recortes sociales y la imposición de una clase de vida cada vez de peor calidad. Escuchó con interés y asintiendo lentamente me dijo que teníamos que dejar de hacernos preguntas para empezar a dar respuestas; en definitiva, que lo que nos toca es actuar.

Julio G. Alonso lee a Antonio Gamoneda en LeónPero el momento de mayor emoción para mí fue cuando me invitaron a recitar en la sobremesa un poema  de  A.Gamoneda. No eran las mejores condiciones para leer en voz alta, pues a pesar de lo avanzado de la hora, en el comedor aún quedaban otros comensales que estaban entregados a sus conversaciones y ese ruido de fondo me obligaba a elevar la voz más de lo habitual en una lectura. Así y todo, más debido a la calidad de los versos que a mi pobre intención, el recitado puso más de una lágrima en los ojos de algunas personas y el gesto de emoción agradecida en nuestro invitado, antes de recoger el recuerdo que de este día le dejamos. Y si este momento fue, por sí, importante, la sorpresa mayúscula fue cuando no me dejó levantarme de la mesa para ir al coche a buscar un ejemplar de Árido Umbral con la intención de regalárselo acompañado de nuestras firmas, diciéndome que siguiera sentado a su lado, que era la hora del café y que después, a la tarde, ya habría ocasión para darle el libro. ¿A la tarde?, creo que pregunté. -repuso- ¿no vais a estar a las ocho y media en el Bar Correo? Pues eso está al lado de mi casa y si mi mujer no empeora y le sube la fiebre, allí estaré para todo lo que me mandéis…

Sobrepuesto a la sorpresa de su decisión de acudir a la convocatoria de la tarde, le comenté que yo  ni me sentía capaz ni podía mandarle nada, pero que si acudía a la cita, le rogaba y le pedía  que nos acompañara con la lectura de un poema suyo. Meditó un momento para añadir: Bien, si es así, me esperáis a eso de las ocho y media o nueve menos veinticinco, y aunque no pueda quedarme toda la velada, tendré el gusto de leeros un poema inédito en el que estoy trabajando y que yo mismo me oiré en voz alta por primera vez, así que igual le cambio alguna cosa sobre la marcha, y luego  vosotros ya seguís con lo vuestro.No sólo llegó puntualmente a la cita, no sólo nos regaló la lectura de un poema inédito dedicado a su nieta Cecilia, no sólo nos premió con sus palabras y su compañía para escuchar, según nos dijo, en el delantal de nuestra poesía algunos de nuestros poemas; sino que se quedó hasta el final del acto, uno más entre todos, uno con todos, uno de los más grandes poetas vivos en lengua española de todos los tiempos.

Julio G. Alonso

Algunas fotos del día 3 de diciembre en León

Ante el Restaurante Zuloaga de León, esperando la llegada del poeta Antonio Gamoneda.Rafel Calle, Julio González y JJMartínez Ferreiro en una cafetería en León.Leyendo Antonio Gamoneda en el restaurante Zuloaga de León.Comida con Antonio Gamoneda en el restaurante Zuloaga de León.Miembros del grupo Alaire con Antonio Gamoneda en León.Julio González, Antonio Gamoneda, Rafael Calle.Con Antonio Gamoneda a la entrada del restaurante Zuloaga en León.Un momento de la comida con Antonio Gamoneda en León.Agurtzane Zubizarreta y Julio González con Antonio Gamoneda.Paseando por León, frente al bar La Lola de Los Quijano.Rafael Calle, Julio González Alonso y Víctor F. Mallada.Víctor, Julio, Pilar, Ferreiro y Rafael.Presentación de árido Umbral en el Bar Correo de León.Antonio Gamoneda lee un poema en el Bar Correo de León.Presentación de Árido Umbral en el Bar Correo de León.Calle Ancha, León.Momento de la presentación de Árido Umbral en León.Víctor, Julio y Rafael en la plaza de la catedral de León.  

                     Ferreiro, Rafael y Julio.Cartel.Julio, Agurtzane y Víctor interpretan una canción

Dedicatoria de Antonio Gamoneda a Julio González en Visión del Frío.Dedicatorias en Visión del Frío y Esta Luz.Dedicatoria de Antonio Gamoneda a Julio González en Esta Luz

Dedicatoria en Esta Luz:

Para Julio González, en la fraternidad del paisanaje y de la poesía. Un Abrazo. Antonio Gamoneda. León, 3-12-2011

Dedicatoria en Visión del Frío:

* Julio González, cercano en la mesa, en las convicciones, en los propósitos, en todo, lo sé. Tuyo siempre. Antonio Gamoneda. León, 3-12-2011

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LITERALIA – MÉXICO .- Arturo Juárez Muñoz

Arturo Juárez Muñoz .- LITERALIA-MÉXICOLa sorpresa ante este trabajo viene acompañada del agradecimiento a Arturo Juárez (México) que tuvo a bien emplear su tiempo, dedicación, esfuerzo, imaginación y creatividad, para ofrecernos esta presentación y reflexión en torno a los tres poemas  visuales publicados en este cuaderno de bitácora  Lucernarios.

En el artículo escrito por Arturo Juárez en su bitácora LITERALIA-MÉXICO combina de manera imaginativa las opiniones dejadas a modo de comentarios en torno a los poemas por Santiago Fernández, Flory González, Pilar Merenciano y Perfecto Herrera, en una supuesta entrevista y coloquio conmigo mismo, como autor de los poemas, respondiendo a las preguntas de Arturo Juárez. Esta entrevista, así como la lectura del poema, también publicado en Lucernarios, Cementerio de pájaros, y un extraordinario y reflexivo resumen desde la perspectiva personal de Arturo Juárez, podéis seguirla en:

1.- El enlace: Mis amigos y sus obras.

2.- Los enlaces de: Noticias de bitácora y viajes.-Publicaciones en otras bitácoras.

3.- En el enlace del apartado Cuadernos de Poesía y Literatura: LITERALIA-MÉXICO (Columna de la derecha del cuaderno)

Reitero, con mi agradecimiento, el reconocimiento a Arturo Juárez por su magnífico trabajo y a las personas amigas que, con sus acertados comentarios, hacen que la poesía sea verdad y nazca y crezca. Ellos son, sin duda, los verdaderos artícifes de esta magia. Con un abrazo a todos.

Salud

Julio G. Alonso

Los delitos del Cañueto (2)

El Cañueto.- imagen del Diario de LeónDespués de releer los cargos imputados al Cañueto, uno se pregunta en qué coño de sociedad estamos viviendo. No hace falta que gaste memoria en traer aquí a banqueros corruptos como Conde, la familia Rumasa, el fallecido Gil, con muertos en Los Ángeles de San Rafael (Segovia), especulador en Marbella y todo su entorno, amo de equipos de fútbol y un largo etcétera que añadir a estos personajes y otros de su calaña. Pasaron por juzgados, pisaron la cárcel de puntillas, a todo lujo y todo tren, y vivieron y viven orondos y felices de sus robos.

Y el Cañueto, bandolero leonés de nuestras Omañas, encerrado por escapar a pie enjuto de la cárcel para, atravesando media España o España entera, llegarse a sus tierras, a la memoria dura de su infancia, castigada por tanta miseria, pero, al fin, su infancia, la única que tuvo y retiene su dura memoria de hombre echado al monte, no puede hacer valer su voluntad. Acusado de fugarse de una cárcel que lo encerró por ser víctima de la necesidad. Pero, ¿no es el primer derecho de cualquier preso el de fugarse? El Cañueto, que lo hizo por lo limpio y sencillo, con la habilidad del hombre gatuno y avisado de las asechanzas del monte, no tiene reconocimiento de su derecho, el mismo que otros ejercen a golpe de talonario con dinero robado a todos para pagar a abogados indeseables y comprar a jueces corruptos.

Le acusan de quedarse dormido debajo de la cama de un feliz matrimonio en cuya casa, además de cobijo, fue a buscar alguna subsistencia. Aparte del susto, más que para condenarlo es como para premiar la delicadeza de esperar la oportunidad de abandonar la casa sin molestar. Si la naturaleza lo traicionó y cayó rendido de sueño atrasado y mal dormido en covachones y descampados, no se lo podemos censurar. Sigue leyendo

El Cañueto.- El bandolero de La Omaña (León) – (1)

El Cañueto.- Foto: Diario de León

El último bandolero leonés conocido fue Benito Perales que allá por 1908 y con sólo 16 años consiguió el título de el rey de los Picos de Europa. Su amistad con pastores y el respeto ganado entre las gentes de los caseríos de la zona con los que compartía anís, chocolate y golosinas, no le evitaron un final trágico a manos de un grupo de cazadores que abandonaron su cadáver entre las paredes de la cárcava en la que le dieron muerte y donde todavía -aseguran- pueden verse sus restos.

Conmueven estas historias del romanticismo de los bandoleros que en los siglos XVIII y XIX cobraron gran protagonismo en gran parte de España. Gente tirada al monte, ágiles y astutos, que robaban para sobrevivir y para compartir, en muchas ocasiones, con los más pobres el fruto de sus fechorías.

Pero el caso es que estos días nos ha asaltado la noticia de la detención de El Cañueto, el llamado bandolero de la Omaña. Y a uno, de repente, se le para la respiración. Al bandolero leonés de Marrubio, allá en la Cabrera, se le vio perderse en el monte cuando apenas rondaba los 12 años de edad; luego volvería para ser pastor ejemplar y de confianza, hasta que la vida que todo lo enreda le empujara de nuevo a la soledad de las montañas, plantándole cara a los lobos y a los mordiscos del frío y las noches de los inviernos, con tres dedos menos en su mano izquierda que un explosivo traidor le arrancara siendo niño. Sigue leyendo

Poesía, sueño y locura

Muchacha leyendo, de Théodore Roussel.- Editado en ColoresA menudo insisto en que el apelativo de poeta me queda grande, que no es mi piel verdadera, y acostumbro a argumentar que la causa está en la reverencia y respeto que me inspiran los poetas a quienes admiro. Pues bien, hoy, aquí y en vuestra compañía, no estoy tan seguro de que sea ésta toda la verdad si sostengo lo que a continuación expondré, la relación entre la poesía, el sueño y la locura.

Empezaré por constatar que el entender la cosa de la poesía como cosa de locos, o al menos de gente poco convencional y extravagante, es algo conocido y de dominio público que las gentes más sencillas expresan sin tapujos. Hasta el cura de Huergas, don Julián, en el concejo leonés de Gordón, decía reconocer que en algunas circunstancias como las de encontrarse ante la belleza del campo o de las mozas, se salía un poco del lugar y se hacía el loco o el poeta. No hay desprecio o menoscavo de la persona y figura del poeta, pero sí se le atribuyen características poco acostumbradas que lo convierten en personaje raro que dice cosas a veces incomprensibles, otras hermosas y las más de las veces, comprometidas. Las gentes sencillas respetan a los poetas.

Yo he afirmado en alguna ocasión que la poesía tiene que ver con el mundo onírico al utilizar la palabra abriéndola a múltiples significados, evocaciones y sugerencias que conectan con ese mundo, resultando ser un poema, en ocasiones, un sueño del que al despertar encontramos apenas dos o tres imágenes vívidas, las que alcanzaron nuestro inconsciente y removieron nuestros cimientos.

Puede resultar anecdótico, o tal vez no, pero en más de una ocasión me he sentido asombrado escuchando poemas en una conocida emisora de radio, recitados por personas oficialmente locas.

Otro testimonio impresionante es el que nos da el leonés Leopoldo Leopoldo María PaneroMaría Panero, recluído largos años en el manicomio de Mondragón y de cuyas circunstancias actuales lo desconozco todo. Este poeta de la saga de los Panero de Astorga nos dice que su poesía, lejos de ingenua y abismal, no es más que un inmenso truco en el que la locura y la muerte se presentan como dos artificios más de un inmenso poema esteticista. Y es en su texto poético El Golem donde de manera conmovedoramente hermosa nos sugiere a través de la voz que le dice suavemente al Golem: no sueñes; porque, agrega más adelante, cuando anochece y te duermes, se oyen cánticos de iglesia, porque la voz de la iglesia es la voz de la muerte. Dirige su discurso al escritor, al poeta, para ti, que has rozado la última letra; para ti, que has soñado con la última letra y que dedicaste a ella toda tu empresa poética, recordándonos que hay algo peor que el sueño y que la cesación del sueño, y que ese algo peor se llama conciencia.

De este poeta oficialmente loco, sorprende la lucidez de su juicio sobre la poesía, nada en sí misma –dice- sin la lectura en la que no hay que buscar un contenido objetivo. Traslada todo el contenido poético al terreno de la subjetividad, aspecto sobre el que opiné algo parecido en la entrevista que me hizo Alonso de Molina, declarando que el verdadero poema no es fiel a otra realidad lingüística que la rotura del lenguaje por la metáfora y la metonimia, la sinécdoque, la aliteración y la rima. La poesía se parece así al lenguaje coloquial, y es, como aquel, una destrucción del lenguaje, una negación de la gramática. Pese a todo, los versos, la escritura, el poema, son una realidad objetiva dotada de belleza y en la abstracción de esa belleza es donde el poema corre el riesgo de carecer de sentido, en su invención del lenguaje.

El Marqués de Sade afirmó, y lo hizo además en verso, que

todos los hombres son locos; para no serlo
habría que encerrarse y romper el espejo.

Marqués de SadeEl autor de Justine y la Filosofía en el tocador, que si no estuvo loco, lo convirtieron en loco y se pasó la mayor parte de su vida internado en cárceles y manicomios fue quien, tal vez como nadie, nos demuestra con su obra el paso de lo racional a lo mágico.

Manuel Kant, para definir al loco, dice de él que es un sujeto que sueña despierto. Karl Christian Friedrich Krause, masón, filósofo y de gran influencia en el mundo hispanohablante y  Alemania, pionero en reivindicar la igualdad de los derechos entre el  hombre y la mujer, los derechos de los niños, así como los derechos de la naturaleza, se refiere a la locura afirmando que es un sueño dentro de la vigilia de los sentidos. Schopenhauer mantiene que el sueño es una demencia corta, y la demencia un sueño largo.

Luciana Prato, en un texto basado en una interpretación de la película de Jean Claude Lauzon, Leolo, y fragmentos adaptados de una entrevista a Julio Cortázar, nos remite a la vida de los niños y su relación con la realidad, lo material, cotidiano y habitual, y los sueños como generadores de mundos utópicos. Afirma que el primer momento de la construcción de la utopía es el sueño (se refiere al sueño de vigilia, aunque también analiza el sueño onírico);  el segundo momento,  agrega más adelante, es la escritura. La lectura y la escritura conforman así dos experiencias vitales para el soñador. Y el puente para el niño -¿sólo el niño?- entre lo cotidiano, la realidad, y el sueño, la utopía, es la literatura.

El niño sabe que la utopía alimenta la vida, y entre los creadores de la utopía el niño encuentra al poeta, el domador de versos, un Quijote que lucha contra molinos de viento. Por último, y por no resultar exhaustivos, Luciana Prato aborda la relación del sueño y la locura con el convencimiento de que para soñar, utopizar, es necesario cierto aire de locura y considera que el soñador es loco porque una intensa pasión se apodera de su cuerpo y lo transfigura.

Manuel KantComo vamos viendo, sueño y locura van de la mano en las reflexiones de no pocos pensadores. A poco que preguntemos y busquemos, la maraña de teorías y estudios sobre el sueño nos envolverá de manera vertiginosa y nos colocarán al lado de la locura o instalados en la misma locura. Spitta viene a decirnos que el sueño concede al sujeto atormentado por sufrimientos físicos y sensoriales aquello que la realidad le niega, bienestar y dicha. No se trata de convertir al poeta y su oficio en un caso clínico, pero de la atormentada visión del mundo del poeta sabemos algo y de la búsqueda de la felicidad –anhelo compartido por cada ser humano-, también. El asunto está en saber si cada poema es o no la expresión de un sueño y si expresa en su lenguaje encriptado la voz de la locura. El mismo Spitta, encuentra las siguientes semejanzas entre el sueño y la locura:

1.- Se da una supresión o retraso de la autoconciencia.
2.- Existe una percepción modificada de los órganos sensoriales.
3.- Hay un enlace de las representaciones entre sí, exclusivamente conforme a las leyes de asociación y reproducción, formación automática de series y desproporción de las relaciones entre las representaciones como son las exageraciones, la existencias de fantasmas…
4.- Se manifiesta una modificación o perversión de la personalidad y el carácter.

El interés por este tema alcanza también a expertos reunidos en LocuraSeminarios en los que exponen sus conclusiones sobre aspectos como el sueño y la locura en los personajes de la literatura o los procesos psicológicos del sueño en la creación literaria, entre otros.

No estoy muy seguro de que muchas de estas características no se  correspondan con el fenómeno de escribir un poema. Pero tampoco, confieso con franqueza, me importa demasiado. De elegir un mundo de locos, prefiero éste de la poesía al de la violencia, el odio y la guerra… Hoy, estoy más cerca de aceptar el apelativo de poeta.

González Alonso

Artículo publicado en la edición nº 8 de la revista virtual Alaire (septiembre de 2008)

Artículo publicado en la revista en papel nº 16 de Alkaid (Valladolid).- Noviembre de 2012