Elogio del vino

 Peter Paul Rubens: Ceres, Venus, Cupido y Baco (1612/1613)

El vino siembra poesía en los corazones.
Dante Alighieri

En aromas te envuelves y en sarmientos
te naces de la tierra dando el fruto
en uvas con su negro y fiel tributo
que acarician las aguas y los vientos.

Y es de todos los bellos nacimientos
que nos dan, que celebro y que disfruto,
el vino en sol forjado el oro bruto
merecedor de justos cumplimientos.

Porque si en verdes parras atesora
agua, tierra, la luz, fruto y memoria,
su alma es fuerza y pasión que el hombre adora.

No cabe así otra cosa en tal historia
que dar fe de la vida siempre y ahora,
celebrando el regalo de esta gloria.

González Alonso

Naufragio en Alejandría.

Naufragio en las costas de Alejandría.

En las costas de Alejandría rompen las olas que arrastraron tu barco;
se adelgazan las brisas hasta el azul de un recuerdo de velas inflamadas;
suspiran las anémonas en la humedad de las montañas y descienden a lo amargo
de este mar
para hacerse muerte;
y, en las arenas de las playas, sólo el silencio es una huella que abrasa el sol mediterráneo.

Y se repite
que

en las costas de Alejandría rompen olas que arrastraron tu barco
y se adelgazan las brisas hasta el azul de recuerdos de velas inflamadas;
aspiran las anémonas la humedad de las montañas y descienden a lo
amargo
de este mar
hasta el rostro de la muerte
en las arenas de las playas, y sólo el silencio es una huella que abrasa el sol mediterráneo.

¡Ay tristezas que lamieron el borde gastado en las sandalias
al paso de las legiones!; todavía el salitre impregnado en la túnica;
todavía el mar en los ojos como un mapa azul con suaves fronteras de olas.

Ahora miras perplejo al cielo y los dioses no responden; sólo te llega el
soplo
de un aire cálido del sur.
En tu pelo se enredan los olivos de las últimas victorias
conquistadas en los juegos de la lejana Grecia
y te preguntas – asombrado – quiénes fueron los vencidos y quiénes los
vencedores.

En las costas de Alejandría rompen las olas con los restos de un naufragio
y el silencio se adentra en los corazones con salobre amor de algas.
Ya nunca volviste a la soberbia Roma contando las distancias infinitas
del Imperio;
ni los dioses escucharon tus palabras, depositadas en los altares perfumados de los templos. Tuviste el tiempo justo
de los héroes
cuando alcanzaste el fondo de las aguas que surcaban las trirremes,
los ojos muy abiertos
a la claridad que se alejaba hacia el fondo del cielo,
entre las mismas aguas
que llenaron el aliento de tu pecho. La espada
enfundada
y las manos abiertas a la patria de la muerte.

Julio G. Alonso.

Poema publicado en el número 4  de la revista multitemática  Alkaid (segundo trimestre de 2009.-Valladolid) que dirige Pilar Iglesias de la Torre.

Alejandría

A las puertas de Estambul

Estambul (Alex Bass)

No nos dejes a las puertas de Estambul, Bizancio,
la soñada Constantinopla; y acércanos
de la mano de Kavafis
a la ciudad milenaria y su atmósfera abrasada
de versos épicos,
altares perfumados y callejuelas de tiendas
y de historias,
de alcobas de amor en la carne de los jóvenes
que se entregaron sin pudor
a la voluptuosa sensualidad de los cuerpos abrazados,
atónitas las miradas
de los moralistas rigurosos.

Acércanos a las tabernas donde corría el vino
griego de su verbo, Constantino
el alejandrino, el que amó la luz adolescente
y lasciva
de Bizancio,
la inmortal Constantinopla, Estambul
ciudad única y radiante,
la misma que ofreció en ebrios cálices de besos
su sexualidad arrolladora y fecunda
para la poesía de versos inmortales.

Los que quedamos, una vez, a sus puertas,
miramos con envidia en la distancia.

No renunciamos;
ni podemos quejarnos –como se queja el poeta-
de haberla perdido,
pues nunca la tuvimos. Esperamos pacientes. Pero no renunciamos.

No renunciamos nunca
y esperamos, pacientes,

para que quepa, más tarde,
la queja.

González Alonso

El poema A las puertas de Estambul forma parte de la publicación de la Antología de poemas Alaire (enero de 2009)

Si fuese agua

……..Mujer flotando en el agua, de Toni Frissell (1957)-Publicada en Harper's Bazar-Florida.

Si fuese agua
sería el mar; no gota.

Si aire,
el cielo; no viento.

Si luz, el sol
entero

y si arena,
delgada arena; no grano,
no playa,
no desierto.

Mar, cielo, sol, delgada arena
que se prende en tu cuerpo.

Si fuese mar
de tu cuerpo,
cielo, sol, delgada arena;
no gota,
no viento,
no rayo sólo de luz
ni grano de arena
de tu cuerpo

sería
lo que fueses tú, luz en tu mirada,
aire en tu pelo
agua en tu sonrisa
arena en tus besos.

Si fuese agua sería el mar;
no gota.

Si aire, el cielo;
no viento.

González Alonso

Mujer flotando en el agua, de Toni Frisell (1957) girada 180º

Poema publicado en la Antología  «Universos Diversos» presentada en Madrid en septiembre de 2009.
Poema que forma parte del libro «Lucernarios» (Editorial Vitruvio.- Colección Baños del Carmen, 2016)

El habitante.

.
 
                                                                                                                                  
Pasajero de los trenes suburbanos
y habitante de todas las calles;
tu mundo
la parada del autobús,
el banco
verde,
la sombra oblicua de las catedrales.
 
Todavía llevas puestos los zapatos
que no se te harán viejos mientras dormís, olvidados,
la noche del barrio gótico hasta el último silencio,
y luego
despertarás
descalzo, como viviste siempre,
en un puerto encalmado de acribillados diques.
 
 Alguna vez supiste lo que buscabas
donde
buscar es un peligro,
la asechanza mortal de la libertad anclada
en el mar que mirabas sin definiciones.
Tal vez por eso ahora te encuentro en las esquinas
con la barba crecida,
fresco todavía entre los ojos el beso de la vida
y creo que es mentira que ha muerto la bohemia.
 
 
 La trampa se ha cerrado. Sí, la ciudad es maldita;
mas, sobre los tejados,
tu canto irracional
encontró los zapatos olvidados  huérfanos
de pies;
¿qué hacen –nos sorprendes- los zapatos  en las azoteas
y en las aceras los pasos?
¿qué hacen –nos respondes- los hombres que se arrastran
hacia ninguna parte
en los pasos que encierran sus zapatos?
 
Julio G. Alonso
 
                       En las aceras....Leopoldo María Panero en un banco de la calle Triana de Gran Canaria
 
 

El poema El habitante fue premiado en la IV Edición de Poesía Virtual Editorial Alaire en 2008 y posteriormente publicado en la Antología de Poemas Alaire en enero de 2009.

Traducido al rumano por Andrei Langa en el cuaderno Oaza de Cuvinte: Boschetarul

Traducido al portugués  por Tania Alegría  y publicado en el cuaderno Um Oasis de Palavras en enero de 2012organizado por Ana Muela Sopeña:  O HABITANTE

 
 
 
 
 

Odiseo

 

El retorno de Odiseo a Ítaca.

Qué temor, viajero, detiene ante la puerta tus precavidos pasos
y lleno de inquietud desde el umbral tus ojos
escrutan del cavedio los rincones obscuros;

descalza las sandalias y a los pies da descanso
con agua perfumada de las frescas jofainas
y descargando el alma de onerosos presagios
acepta de esta casa la hospitalidad servida.

Háblanos, sin temor, de la ancorada nave
arrumbada a las costas por la mar procelosa
y dinos de qué patria y destino, los dioses
entregaron airados a este lado del agua.

¿No fuisteis, por fortuna, en ofrendas generosos?
¿No alzasteis a los altares en aromadas hogueras
las alabanzas debidas en cánticos y oraciones?
¿No quiso la ventura a los divinos ojos
vuestra vida agradable contemplar complacientes?

No temas, extranjero, y con el polvo de la túnica
deja que sea el vino servido de estas cráteras
quien libre los recuerdos que al espíritu atormentan
y conturban los sentidos con insidiosas sombras
llenas de pesadumbre y amenazas etéreas.

Desnuda, pues, el cinto de la afilada espada
y del hombro descarga el carcaj con las flechas
que tu arco certero conducirá en la batalla
con mensajes de muerte hasta la mitad del pecho.

Acepta, viajero, con las manos que te ofrezco
la paz que a la sombra de estos muros te acoge.
Desde el sitial del ágora dinos si por ventura
eres quien el aedo en célebres versos canta;
el que llegado a las costas de la consagrada Ítaca
de los príncipes que hollando sin dignidad tu casa
y entregados sin pudor a la ambición más soberbia
castigará sin piedad la obstinada insolencia.

Soy, en verdad, quien dices y a quien de tu casa ofreces
con generosa largueza la amistad en tus manos
y de tu espíritu alto hospitalidad tan pródiga;
de Poseidón airado las espantosas olas
empujaron mi nave extraviada a tus costas
y en las finas arenas de las horas de Cronos
se encuentra ahora varada sin movimiento posible.

Soy el que vio cegarse el sol cuando los héroes
vencidos entregaron su aliento ante los muros
de Troya atacada por los bravos argivos
y olvidados de los dioses murieron con sus armas
alejados de su siempre mirada protectora;
el que dices soy, ay, deudor de mi destino
y el que sin tregua navega los cursos del Egeo
pues impaciente espera la hora señalada
en que el castigo abrume en sombras la impudicia
de los que, vivo aún, deshonrando están mi muerte
y sobre mi hogar se aprestan volando con codicia
a devorar mi hacienda como buitres hambrientos.

¿No merecen los griegos una patria más justa?
¿Acaso es sólo castigo dirigido a Odiseo?
¿No es suficiente, acaso, de la mar confundida
sortear los peligros del corpulento cíclope
y las suaves sirenas con engañosos cantos?

Oh rey que así nos hablas y con razón exhortas
desnuda de mentira y en todo extremo justa;
toma de nuestras ánforas el más dulce de los vinos
que las doncellas te ofrecen con la frente humillada
reservado a los héroes y el altar de los dioses
y prosigue luego tu camino oceánico
que te conduzca a Ítaca con nuestras bendiciones
que, cuando el sol un día amaneciendo rojo
se lave en azul cielo sus ardorosos rayos,
sabremos que el camino que conduce tus pasos
habrá por fin concluido y con justos motivos
elevarán sus copas los griegos celebrando
entre cantos alegres y la ofrenda de toros
la instaurada justicia en las rectas costumbres.

González Alonso

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De la vida, el amor y el conocimiento.

El hombre de Vitruvio. Leonardo da Vinci.

Del tiempo no es el tiempo lo que siento
medido en horas, días y semanas,
ni los sueños perdidos, ya sin cuento
en largos años de esperanzas vanas;
es algo más profundo, como un viento
que sopla desde edades muy tempranas
con el saber que explica los asomos
de cuanto creo ser y lo que somos.

No es la muerte razón para la pena,
sino el vivir sin más razón la vida
lo que nos hace darla por perdida
en cuanto perseguimos sin valor,
lisonjas vanas, falsos oropeles
que así cegando nuestro entendimiento
despojan del cabal conocimiento
a la vida vivida sin amor.

No es banal el mirarse en otros ojos
ni aprender a leer los astrolabios
y limpiar la cultura y los abrojos
que estorban el camino de los sabios;
no es baladí el amor y sus antojos
que en besos se pronuncia en nuestros labios,
pues amar es saber, y el dulce vino
que hace feliz la vida en su camino.

Concluyo, pues, al cabo de este tiempo
que vivir no es el éxito o fracaso,
ni la felicidad se halla en el caso
de la ambición por más cosas tener;
que sin amor hay sólo frío yermo,
obscura vida hay sólo en la ignorancia
y dejo al fin así, aquí constancia:
vivir es el saber y es el querer.

González  Alonso

El poema está escrito en Octavas Reales (Octava Rima) y Octavas Italianas (Octava Aguda), de forma alterna. El origen de ambas estrofas es italiano, introduciéndose en España la Octava Real en el siglo XVI y llegando la Octava Italiana en el siglo XVIII. Ambas estrofas están formadas por endecasílabos (11 sílabas) y tienen rima consonante (coincidencia de vocales y consonantes a partir de la sílaba tónica de la última palabra del verso). Consta cada estrofa de ocho versos.

La Octava Real u Octava Rima sigue una rima alterna en los seis primeros versos, terminando con un pareado en los dos últimos: A-B-A-B-A-B-C-C

La Octava Italiana u Octava Aguda se forma haciendo rimar los versos 2º y 3º entre sí, y con rima diferente los versos 6º y 7º. El primer verso queda libre y los versos 4º y 8º también rimarán entre sí, pero con rima aguda (las palabras finales de estos versos han de ser palabras agudas): A-B-B-C-D-E-E-C

Dos+mujeres+corriendo+sobre+la+playa+Picasso[1]

La montaña de la mina

La montaña de la mina. (Foto de la red)

La sonrisa rellena un poco la tristeza de su cara
y mira a los ojos de la montaña con la paz gris de sus iris
llenos de madrugada.

Lloran las laderas brumas de lágrimas y faedos
en el camino de la hulla; el trueno
de la dinamita, y el semblante pálido. No sé
si sabrás mantener en su sitio las alfombras,
si las pisadas murmurarán pasos anudados al suelo
o los fogones arderán los carbones de la vida
y los pucheros. Miras
por la ventana con miradas quietas y las manos
quietas, anatomías de luces agrisadas de ceniza y lluvia;
la niebla humedece los cabellos del alba
y tus ojos grises acogen la ausencia ungida del silencio
que te viste. No vendrá
nunca más; por el sendero estrecho del monte
se perdieron sus pisadas. El abrazo gigante
de oso verde y negro te robó su abrazo
en lo obscuro de los carbones de la mina.

Eras bella
ante la muerte y la luz de una mañana
en tus ojos tan grises. Extrañamente bella
ante la sediciosa ambición de la montaña.

González Alonso

Si al nombrar la belleza

Cuerpo de mujer.

Si al nombrar la belleza de tus hombros,
detener la mirada en tu cintura,
ascender a tu boca y a tus besos
en mis manos se enredan las caricias;

si mis labios se posan en tu cuello
y avaros corren con mayor codicia
sedientos de la piel de tu garganta,
pórtico de tus pechos, suaves dunas
y en las arenas de mis sueños, risas;

si ya mi rostro hundido en tus contornos
y en el sedoso espacio de tu pubis
eres besos en labios de amapolas
que en alzado placer vuela mi lengua;

ábrete, amor, con todos los sentidos
y en la pasión del pulso estremecido
déjate desatar por la locura
envuelta en sal y miel y mariposas.

González Alonso

El tema erótico del poema se desarrolla en un estilo directo y explícito, aunque he pretendido resultar sugerente sin caer en la grosería o en la procacidad, aspectos que me desagradan y que considero recursos fáciles que a menudo nos presentan como pretendido ejemplo de expresión atrevida y escritura provocativa. Sin ser un poema de amor cortés, no he querido que las formas se desvistieran sin elegancia, así que elegí para ello el verso endecasílabo acentuado en 6ª y 10ª y probé suerte con la construcción en versos blancos, aunque no pude escapar del todo de la tentación de la rima que asoma en algunos versos. Por ello, irónicamente, diría que en lugar de versos blancos lo que he escrito son versos grises. Espero, no obstante, que resulte atractivo y de lectura fácil.

Si al nombrar la belleza de tus hombros,
detener la mirada en tu cintura,
ascender a tu boca y a tus besos
en mis manos se enredan las caricias;

si mis labios se posan en tu cuello
y avaros de pasión buscan el tacto
sedientos de la piel de tu garganta,
pórtico de tus pechos, suaves dunas
y en las arenas de mis sueños, risas;

si ya mi rostro hundido en tus contornos
y en el sedoso espacio de tu pubis
eres besos en labios de amapolas
que en alzado placer vuela mi lengua;

ábrete, amor, con todos los sentidos
y en el pulso voraz de los deseos
déjate desatar por la locura
envuelta en sal y miel y mariposas.

Incorporo esta segunda versión más ortodoxa con la métrica de versos blancos, prescindiendo de las asonancias que había introducido en la primera. Espero, de este modo, satisfacer así también a aquellas personas más exigentes con estos temas; y como no sé qué versión me parece mejor, dejaré ambas.

Salud.

Abril traía

Marina G. Zubizarreta.

ABRIL TRAÍA
(Para los diecisiete años de mi hija Marina)

Abril traía tu nombre en primavera de promesas;
traía entre sus flores y las horas sonrisas en tu boca
y un misterioso océano de estrellas
en las olas de sus noches rumorosas,
canción de cuna,
arrullo para el sueño columpiándose en los párpados
de tus ojos abiertos
a la vida
en abril. Tal vez
traía
abril
también la cuenta de tu alegría entre sus aguas
que sin cesar movían
la piedra del molino que los días
arrastran.

Trae
contigo
abril
diecisiete primaveras; diecisiete ramos de flores
en las manos, diecisiete cielos y diecisiete
mares
en los que hacer volar los sueños, navegar
amores
y un ansia de conocer multiplicada.

Abril te trae y te lleva en torbellino
de aire que hila el sueño de la vida
y un manojo de recuerdos que perfuman la memoria
de dichas compartidas.

Llega abril y todo se hace luz y se hace agua
y tierra de campos verdecidos
donde las ilusiones sembradas serán frutos
de amor y de trabajo
y de risas
y amigos.

Abril
traerá.

González Alonso

Marina y Julio.

Hoy hace 19 años  que Marina decidió venir a formar parte de esta familia, completándola con sus hermanas Camino y Nerea, que tenían ya cuatro años. Con ocasión del primer viaje de Marina a Estados Unidos y al cumplir allí los 17,  le regalé este poema. Han pasado dos años y creo que abril sigue trayendo ilusiones y proyectos, con esa vocacióm suya de primavera, de tiempo cambiante que anuncia el esplendor cercano del verano. Espero que le sirva de tarjeta de cumpleaños o a modo de «cuelga», que siempre será mejor, pienso, que los tirones de orejas.

«La cuelga».- Es una costumbre leonesa de poner en el cuello de quien cumple años una especie de collar del que cuelgan dulces, golosinas, pequeños regalos y dinero. Hay que intentar ponérsela en un momento de descuido, con el consiguiente cántico de «cumpleaños feliz». Si descubre las intenciones y sorprende a los que lo intentan con la cuelga en la mano, entonces a la hora de repartir la  cuelga será el cumpleañero quien decida cómo hacer el reparto. Si es sorprendido y le ponen la cuelga sin darse cuenta, entonces son los demás quienes deciden cómo repartir. Pero la cuelga -sea como sea- «se reparte «siempre».