Hay un grito de bocas y de tierra, una bruma de nombres, camposanto de los pueblos de España, amargo llanto del largo tiempo que el olvido encierra.
Y no hay vega, ni páramo, ni sierra, otero o río que en su voz y canto calle en grito la sangre o grite tanto que ahogue el crimen que en su seno entierra.
¡Míra hoy las manos a la tierra dadas en besos que la tierra presentía grano a grano en las penas sepultadas!
¡Míra nacer allá donde moría con luces, ay, en sombra amortajadas, la memoria hecha hueso o poesía!
No puedo escribir París. París no podrá ser nunca un poema,
sino el mundo, hembra de pechos negros,
falo erecto en hierros sobre el Sena
que remueve sus aguas y sus pólenes.
Abre su luz París en pétalos de labios,
en besos húmedos y trenes suburbanos;
las calles multiplicando los ecos de Babel,
el gótico en volteo de campanas
y la belleza espontánea y natural,
cautivadora
en la mirada de la joven
y el saludo fugaz de su sonrisa. París es grito
de alameda, Panteón de murmullos ilustrados, l’amour l’après midi,
catedral de incienso.
No puedo escribir París; sólo razón, filosofía, barricada
de jóvenes airados, años repitiéndose a sí mismos
e interminable abrazo, futuro, espejo
en el que encontrarnos siempre
con el alma desnuda. Si no puedo escribir París
escribo el mundo.
González Alonso
*Del libro «Lucernarios» (Editorial Vitruvio.- Madrid, 2016)
Bebes la noche húmeda, convulsa, incierta y vacilante, libre; bogando en sueños como mares sueñas, ausente ya de barcos, eres bancos, catedrales o puentes o museos o algas de tu nombre.
Bilbao breve
No temas durar. Resiste Bilbao la pisada del tiempo y álzate en ola de lluvia al cielo gris de tu ría. No temas.
González Alonso
. .
Poema publicado en el libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio, Madrid-2016)
Azulito el vestido por la rodilla de azul me gustas, sin preguntar los años buceo en la mirada tus ojos claros azules en tu risa
¡ay, niña! risa de azul, el vestido en el aire y el aire brisa pasas como la alegría pasa ligera por la viday te posas azulito el vestido por la rodilla en alas de mariposa, tacto de aire, azul de brisa me gustas de azul; tus ojos claros, los labios rojos como incendios de besos apagándose en el fuego de tu boca, sueños de azul cuando llegas pasas y el aire empuja en retamas y monte la fragancia avariciosa de tu cuerpo niña cuando llegas y pasas azulito el vestido por la rodilla me gustas de azulazul de azul me gustas.
Dos veces pasó la mosca; volaba el aire pegajoso y plomizo de la estancia a la hora de la siesta y se quedó, mancha negra, en el techo envolviéndolo todo con el silencio pesado de los espejos, las manos, la tacita de café sobre la mesa, los sueños entre los párpados y las horas analógicas del reloj de pared.
Las páginas de los periódicos reposan sus titulares obscenos, callan los pájaros y el sol se estrella contra las fachadas.
Nada anunciaba nada nuevo. La mosca, muda, llenó el aburrimiento de silencios grotescos. Se vaciaron las palabras de los libros, la música sonó en campana de vacío; tampoco, entre el sopor, se movieron las ideas o un gesto, un dedo, ni dedal, un pelo, una pata de silla o de mosca, una musaraña.
Cuando la mosca vuela dos veces llega el aburrimiento de las cosas.
El magosto concita la alegría en torno a las hogueras y la noche donde son las castañas un derroche otoñal en colores y ambrosía.
Recogen los castaños en la umbría el eco quejumbroso de un reproche y un beso que el amor pondrá de broche antes de que despunte el nuevo día.
Y asándose castañas en la hoguera y aunándose las gentes en su torno surge la fiesta alegre y verdadera;
sin más contemplación ni más adorno que el humor y la risa harto ligera y fresca que se extiende en el contorno.
Julio González Alonso
En las tierras del viejo Reino de León y en las provincias de Zamora, Salamanca y León, la fiesta de la recogida de las castañas recibe el nombre de Magosto. Se celebra en torno a estas fechas de Todos Los Santos y el Veranillo de San Martín. Es una fiesta que se hace en casi todos los lugares donde abundan los castaños y cuando estos son comunales todos los vecinos participan en la recogida y posterior reparto de las castañas en medio de la celebración del magosto, generalmente acompañado de música, sea gaita o dulzaina, saltos en las hogueras y compartiendo también el orujo. No era infrecuente la ocasión de iniciar noviazgos entre los jóvenes al calor de las hogueras y del orujo, el olor de las castañas, animados por la música y tentados por la oscuridad de la noche. O sea, lo de toda la vida.Os dejo algunos enlaces en los que se puede seguir esta costumbre leonesa en diferentes localidades; en cada uno de ellos no dejaréis de encontrar alguna curiosidad sobre esta fiesta: BIERZO .- EL CORREO DE ZAMORA .- COLEGIO RURAL «ERIA JAMUZ» .- COMUNIDAD LEONESA .-PUNTO CAÓTICO .- EBIERZO.COM- EL MAGOSTO DE BALBOA .- AYUNTAMIENTO DE LEÓN .- DIARIO DE LEÓN .- LA MURGA DE NITO .- MI MÁGICO LEÓN .- BÉJAR (SALAMANCA)Nota: Este soneto fue convertido en canción por Paco Mallada y podéis escucharlo en :http://argayo.get-ctrl.com/#/music/magosto¡Que lo disfrutéis!
Donde lo veis tan ufano
y bravucón con la espada,
conquistando a la casada
o a joven que tenga a mano,
no es más que en el lance vano
del desaforado intento
de verse gloria y portento
un hombre harto infeliz
preso de sí en esta lid
vacía de sentimiento.
Es triste, pues, la figura
de este don Juan de teatro
que simula un garabato
machista sin compostura;
tan preso está de su ego
que sin a la vida apego
vive al borde de la muerte,
demostrando de esta suerte
ser en vida y amor, lego.
No hay infierno que merezca
un hombre de esta calaña
huero y vacío de entraña
que es, aunque no lo parezca,
pretexto para que crezca
la imagen del burlador,
torpe, vil y castrador
del humano sentimiento
llegando en su atrevimiento
a matar su propio amor.
¿Pues qué, presumir podéis,
cabe esperar de un matón
que desprecia la razón
aunque la razón le deis,
si de todo cuanto veis
hace de la ofensa alarde
y el ofendido así guarde
recuerdo amargo del nombre
de un hombre que no fue hombre
e hizo todo mal y tarde?
González Alonso
El día 1 de noviembre, día de difuntos, es tradicional la representación del Don Juan Tenorio de José Zorrilla o El burlador de Sevilla de Tirso de Molina en los teatros españoles. Celebrando la fecha traigo aquí estas décimas o espinelas sobre la figura de Don Juan Tenorio que, en distintas ocasiones, dieron pie a controversias sobre el personaje, a favor y en contra, escritas también en esta estrofa tan teatral. De dichos duelos literarios traeré aquí algunos ejemplos en entrada aparte, todo ello como homenaje a nuestro teatro y como modo de celebrar esta festividad de los muertos según nuestra tradición, a la que se unen otros ritos populares y gastronómicos.
Ya es hora de volver a las riberas y agua de tu niñez junto a los ríos, torrentes de la edad, años de fríos y adolescente amor de primaveras.
Volver a compartir las acederas sobre los verdes prados en estíos de parvas y de trillas y en bravíos roquedales de fuentes manaderas.
Tú llamas y a ti vengo ensimismado; me llamas y respondo a tus anhelos con fervor y pasión de enamorado.
Si es hora de volver, sea a tus cielos y a tus besos de escarcha y al alzado sentir de tus sentidos y mis celos.
Julio González Alonso
El estilo amoroso del soneto pretende subrayar el enamoramiento de la tierra que acogió nuestra infancia y del que no podemos desasirnos en nuestra vida, aunque ésta transcurra en otros territorios y otros paisajes. Se trata de una personificación mediante la cual el pueblo, sus montañas, ríos, estaciones, costumbres y peculiaridades se convierten en el objeto amoroso al que se dirige, pasado el tiempo, el amante, con las declaraciones y los reproches habituales, dudas y miedos propios del lance amoroso. Un poema, en fin, de fidelidad al propio origen y de reconocimiento de las primeras emociones que ese amor nos suscitó en su momento y que conformaron nuestra manera de sentir, podría ser, ya de forma definitiva.
Paco Mallada ha convertido este soneto en un hermoso bolero que podéis escuchar en este enlace: Si es hora de volver.
Cuatrocientas y quince vueltas había dado el sol
desde la encarnación del verbo, ¡ay dolor!,
vástago de Teón de Alejandría, el sabio,
hija de los números
y la razón
y la filosofía.
En tu verbo la ciudad aprende,
en tus enseñanzas crece. Por el ágora en tu voz
a Ptolomeo se oye y acuden las estrellas a tu mano
rendidas
en la cita
con los astrolabios.
Impregnando está la plomiza densidad del odio la túnica de tus asesinos
y a los ojos asoma el veneno de la ira; su razón de la fe
es sal en el agua
de tu fe de la razón,
por tu belleza incendiados los corazones, seducidas
por tu juventud las voluntades, Hypatia, ¡ay, mujer de hermosura
en la ancha libertad del mundo
tan grande como tu grave sabiduría!
Qué religión te persigue y alcanza con la furia de la muerte,
qué hombres temen la dulce insumisión de las olas
en los arenales de tus playas y alcanzándote
dan muerte ignominiosa
desatando en tu cuerpo la impotencia
de su espíritu bastardo.
Mas, decidme, ¡cómo cabe asesinar el aroma de las ideas,
la claridad de sus ojos,
la luz de la inteligencia alzada
sobre vuestro corazón de esclavos!
Cuatrocientas y quince vueltas había dado el sol
desde la encarnación del verbo, ¡ay dolor!
El crimen ensombreció las calles de Alejandría.
Ni una más fue necesaria.
González Alonso
*Poema publicado en el libro «Testimonio de la desnudez» (Ed. Fundación Jorge Guillén – Diputación de Valladolid.- II Premio Nacional Treciembre, 2015)