La venganza de don Mendo.- Pedro Muñoz Seca

La venganza de don Mendo
Pedro Muñoz Seca

Teatro La Bombonera
Castillo de Carboneras (Almería)
29 de julio de 2016

La oportunidad de disfrutar de esta astracanada de Muñoz Seca en el marco del castillo de Carboneras es ocasión, también, de recordar la tragedia de las guerras. El autor de La venganza de don Mendo y otras ciento treinta y cuatro obras de teatro, fue fusilado por los milicianos en Paracuellos del Jarama por sus ideas y actitud crítica ante La República. Un crimen más de los perpetrados por uno y otro bando en una guerra vergonzosa reflejo del fracaso y la incapacidad política de los gobernantes de turno, así como el secuestro de la voluntad popular por una parte del ejército para erigirse en salvadores de la patria aquellos mismos que debieron velar por la paz y la legalidad.

No se trata de hacer proclamas de condena de un hecho histórico tan doloroso, pero me gustaría resaltar aquí la anécdota repetida que dice mucho del talante irónico del inteligente dramaturgo cuando –en una de las versiones que corren por ahí- delante del pelotón de fusilamiento, dice: Podéis quitarme hacienda y riquezas, la casa, las tierras, el reloj de pulsera o las monedas que guardo en mis bolsillos; podéis quitarme, como así vais a hacer, la vida. Pero hay una cosa que no podréis, por más que lo intentéis, quitarme jamás… ¡y es el miedo que tengo!

Muñoz Seca, admirado y respetado por otros escritores y dramaturgos, como Valle Inclán, Jacinto Benavente o Azorín, se inventa un género teatral que él llama astracán o astracanada. La venganza de don Mendo es un excelente ejemplo del género. La desfiguración del lenguaje natural y la mordacidad de la crítica convierten la tragedia en comedia, o tal vez haga que nos descubra la tragedia que toda comedia encierra. Así, de manera demasiado natural, consigue que el espectador acepte el cuadro final de la obra en el que se suceden, una tras otra, las muertes violentas de los protagonistas, muy al estilo parodiado de las obras de W. Shakespeare y con la facilidad ingeniosa para el verso y el enredo de un Lope de Vega.

La crítica general que se hace de la sociedad, la impostura, la ambición, el sexo, los celos, el honor, se construye en el recreado ambiente medieval del Reino de León en tiempos del emperador leonés Alfonso VII, también rey de Castilla, que tuvo varias mujeres e hijos en otras relaciones extramatrimoniales. Harán aparición otros personajes leoneses, como el mismo Don Mendo, Don Pero de Toro, Don Nuño Manso y su hija Magdalena, o la hermosa mora Azofaida, perdidamente enamorada de Don Mendo cuando, para pasar inadvertido y tramar su venganza, se convierte en el juglar Renato. Los mismos nombres son un guiño humorístico: Pero de Toro, en su condición de cornudo; Nuño Manso, como padre de Magdalena, mujer de condición casquivana y ambiciosa, o el mismo Renato o renacido, tras escapar de la muerte en el castillo y aparecer como juglar. Con estos recursos y la amplia variedad de estrofas empleadas, chistes y retruécanos, Muñoz Seca consigue una obra llena de comicidad e interés.

Poner sobre las tablas esta Venganza de don Mendo en el castillo de Carboneras (Almería), fue responsabilidad de La Bombonera. Creo que acertaron en todo, incluso hasta en las improvisaciones cuando el viento derribó parte del decorado, y la actuación –que en este tipo de obras se presta fácilmente a la exageración- resultó comedida, desenfadada y correcta, consiguiendo arrancar risas y sonrisas del público que siguió con entusiasmo esta representación en la noche veraniega de Carboneras y en el patio de su hermoso y bien remodelado castillo. Un placer haber podido participar de esta ocasión de acercarse al teatro de Pedro Muñoz Seca de la mano de un cuadro artístico como el formado por las mujeres y hombres de La Bombonera.

González Alonso

Las Cervantas.- Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2016

Las Cervantas
Texto: Inma Chacón y José Ramón Fernández
Dirección: Fernando Soto
Basado en una idea original de Gracia Olayo a partir de sucesos de la vida de Miguel de Cervantes
Reparto: Gracia Olayo, Sole Olayo, Clara Berzosa, Irene Ruíz y Yaël Belicha

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, en su Corral de Comedias, acoge en la fecha del 15 de julio de 2016 el estreno de “Las Cervantas”. Dicho así, y en el año de la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, podría parecer algo irrelevante, un episodio más en los homenajes de celebración. Pero no. En el campo del arte dramático –en el cual se sintió tan frustrado Cervantes- esta obra viene para quedarse y ocupar un lugar en la historia del teatro. ¿Por qué? Pues porque, sencillamente, es capaz de aportar algo más que lo anecdótico de unos sucesos en la dramatización de unos episodios circunstanciales a la vida que rodeó al autor del Quijote.

El director de la puesta en escena nos desvela las causas, o parte de ellas, que han hecho posible esta creación con los valores que encierra. Nos habla de abordar un teatro que no se conforme únicamente con hacer preguntas para conseguir enfrentarnos a un teatro capaz de encontrar respuestas acerca del comportamiento del ser humano (sic). Sigue con la consideración de convertir así el teatro en “un lugar de reflexión, de cuestionamiento, de duda” en la pretensión de “intentar entender la realidad”.

Deberemos considerar cómo la realidad que abarca al ser humano en la cual se desenvuelven sus comportamientos, no es otra que la sociedad y el mundo que le ha tocado vivir y del que resultará ser protagonista. Desde este punto de vista, en la honesta búsqueda de “respuestas” también hay una clara intención implícita de “transformar” la realidad. Eso significa “compromiso” y actitud revolucionaria. Significa, como es obvio, superar el conformismo y también el miedo a la represión –violenta o sutil, según qué sociedades-, pero también la voluntad de superar el miedo a descubrir lo que el subconsciente colectivo esconde.

Las Cervantas” escarba con acierto en las heridas de “la dignidad, de la justicia, de la libertad, del derecho a ser y no parecer” para replantearse el lugar donde habita “la bondad del ser humano”. Para ello, basta con espigar algunos ejemplos de algunos personajes emblemáticos del Quijote o hacer aflorar algunas reflexiones de Cervantes espigadas en prólogos y pasajes de sus obras, tales como el Discurso de la Edad Dorada. La pastora Marcela se convierte así en un alegato de la dignidad de la mujer y la proclamación de su libertad para elegir el destino de su vida; se tocan temas como el divorcio, la propiedad, la corrupción institucional, el tráfico de influencias, el cohecho, el uso espurio de la justicia y los crímenes de Estado.

Con los precitados palos del sombrajo se construye este drama. Un noble hidalgo llamado Gaspar de Ezpeleta es asesinado a las puertas del domicilio de Miguel de Cervantes en Valladolid. Se sabe por qué lo mandaron matar y quién lo hizo, pero no interesa esclarecer los hechos y castigar al culpable o culpables del asesinato. Y, sin embargo, ante la imposibilidad de ocultar el crimen, la justicia ha de actuar y parecer ejemplar. Así que resultará más fácil buscar a los culpables o a quién echar la culpa entre los inocentes a los que presentar como indeseables sociales alejados de toda virtud y acusados de una vida licenciosa sospechosa del pecado de un pasado judío, unas ideas erasmistas y una actitud crítica ante los poderes terrenales de la Iglesia o del gobierno de la república. Del mismo modo, se puede imputar la participación en un crimen a mujeres que, además de trabajar confeccionando trajes para hombres de buena posición, aceptan regalos de algunos de esos hombres tan importantes y católicamente casados.

No se persigue el crimen, sino que para ocultarlo se despliega toda una persecución del “pecado” en una sociedad hipócrita que ampara y consiente la doble moral. No se persigue al criminal; antes bien, para ocultarlo, se actuará contra los ciudadanos pobres o con menos recursos, sospechosos, precisamente, por ser pobres y tener que recurrir a la picaresca para sobrevivir, lo que incluye entre las mujeres el entretener a algunos prohombres a cambio de algunos dineros que sin asomo de culpabilidad les entregarán. Porque la “culpa” siempre será del pobre que tienta al rico y consiente en la conducta que se censura.

Y en éstas encontramos a las cervantas: Las hermanas de Cervantes, Andrea y Magdalena; la hija natural de Miguel de Cervantes, Isabel; su sobrina Constanza de Ovando, hija de Andrea, y la propia esposa de Cervantes, Catalina de Salazar. Junto con ellas y el mismo Cervantes, sufrirán el acoso y la persecución de la justicia algunas vecinas y algún caballero de menor  importancia e influencia en la Corte.

Esa es la obra. La interpretación, magníficamente sostenida por las actrices Gracia Olayo y su hermana Sole dando vida a los personajes de las hermanas de Cervantes; Irene Ruiz, en el papel de Constanza, que lo mantuvo en escena con gran acierto, sensibilidad y manejo de registros ricos y variados; Clara Berzosa dando vida a Isabel con mucha naturalidad y en una interpretación que se fue creciendo de forma progresiva y arrolladora, y en el trabajo de hacer creíble el personaje de Catalina de Salazar, la actriz Yaël Beliche, absolutamente correcta, muy digna, mesurada y convincente.

El  paso feliz por Almagro se vio empañado por la noticia luctuosa de la muerte del dramaturgo José Monleón. La representación, por voluntad del director y el cuadro escénico, se dedicó al reconocimiento de este gran autor que llenó la escena española durante largos años interviniendo y trabajando en todos los ámbitos, desde los literarios a través de la revista Triunfo o Primer Acto, hasta los interpretativos, de dirección y promoción del teatro y los valores jóvenes. Así, “Las Cervantas” y la magia desbordada de su puesta en escena, se hizo homenaje al mencionado José Monleón en las palabras emocionadas, agradecidas y valientes del director de la obra, Fernando Soto.

A los demás, desde el patio de butacas –en este caso de las incómodas sillas, aunque muy típicas, del Corral de Comedias- nos tocó disfrutar y aplaudir el trabajo de todo el equipo de la compañía y unir nuestro sentimiento y pesar por la noticia recibida del fallecimiento de José Monleón y la solidaridad con las víctimas del terrorismo desatado en la ciudad francesa de Niza, así como el repudio de este acto violento y de sus autores. Y terminó la función.

González Alonso

Reikiavik, de Juan Mayorga

REIKIAVIK
Espectáculo de La Loca de la Casa y Entrecajas Producciones Teatrales

Autor y director: Juan Mayorga
Reparto:
César Sarachu en el papel de Waterloo
Daniel Albaladejo en el personaje de Bailén
Elena Rayos será Muchacho

Teatro Barakaldo, 30 de abril de 2016

La mejor manera de renovar la pasión y fidelidad por el teatro es entrar a vivir representaciones como Reikiavik. El autor y director, el dramaturgo Juan Mayorga, nos trae un texto de una belleza, rigor conceptual y profundidad del tema, absolutamente encomiables. Para dar vida a esta compleja creación y adentrarse en sus recovecos, nada mejor que la presencia y participación de Elena Rayos, Daniel Albaladejo y César Sarachu. Elena y Daniel, viniendo del teatro clásico y César, baracaldés, del teatro vasco en grupos como Karraka o Akelarre y de una dilatada carrera por los escenarios de medio mundo. Presencia, participación e implicación en la acción que nos transporta al juego real de la vida mediante la metáfora del juego del ajedrez y las figuras singulares e históricas del estadounidense Bobby Fischer y el ruso de la época soviética Boris Spaski y su espectacular partida de Reikiavik (1972).

En la representación, serán dos jugadores aficionados que se hacen llamar Bailén y Waterloo, más un tercero sin nombre que se acercará y propondrá distintas variantes a la partida, los que alrededor del tablero desarrollen las mejores jugadas de sus vidas, las peores y los inevitables empates. Todo un discurso agridulce mediante el cual nos sumergen en las eternas partidas de nuestra propia existencia, trasladando a cada espectador la responsabilidad de mover pieza.

No es casualidad que los jugadores hayan elegido refugio en los nombres de dos grandes batallas napoleónicas, dos derrotas del gigante francés ante españoles en Bailén y tropas prusianas, holandesas, británicas y alemanas en Waterloo. En toda batalla hay un vencedor y un vencido. Así, ambos protagonistas irán eligiendo las figuras de vencido y vencedor mientras desgranan las razones, fuerzas y auxilios de cada uno de ellos ante cada encrucijada. El tercer personaje, queriendo conocer y aprender, tomará parte con sus preguntas, reflexiones y propuestas, quedando enganchado a la rueda del juego que, ante la eventual desaparición de uno de los jugadores, seguirá dando vida a la repetida y siempre diferente partida.

Perderme en elogios al autor, actores, actriz y los profesionales del cuerpo técnico, no tiene mucho sentido. Lo sorprendente, dada la penosa situación económica del país y la persecución –más que desatención- de la cosa cultural por parte del gobierno de turno, es que haya todavía personas como éstas, de tan grande capacidad profesional y artística como comprometidas de manera tan generosa con el arte escénico. Ante esto, al igual que ante el brillante resultado de su trabajo, no cesarán de sonar los más agradecidos aplausos y ganar esta desigual partida.

La singularidad de la tarde de teatro de sábado terminó con la desacostumbrada presencia de los protagonistas de la obra para responder –acabada la función- a las preguntas preparadas por el director del Teatro Barakaldo y las surgidas de entre el público. Preguntas y respuestas que, además de descubrirnos algunas claves del quehacer del actor y sus dificultades, dieron pie para debatir brevemente sobre el contenido de la propia pieza teatral.

Las respuestas y argumentos de Daniel, Elena y César brillaron con sencillez e inteligencia iluminando la representación más allá del tiempo de interpretación. César Sarachu, nacido y criado en el entorno del teatro de Barakaldo, viene a su pueblo por primera vez tras una dilatada y rica vida profesional por todo el mundo y, principalmente, por Europa. Nunca es tarde si la dicha es tan buena.

González Alonso

Spaski y Fischer ante su última partida en Reikiavik (1972)

Historia (casi) de mi vida.- Blas de Otero

Historia (casi) de mi vida.- Blas de Otero

Dirección: Ramón Barea

Teatro Alhóndiga Bilbao

El pasado 21 de marzo, con el pretexto del Día de la Poesía y la celebración del centenario del nacimiento de Blas de Otero (1916/1979), el actor y dramaturgo Ramón Barea subió al escenario a tres actores y una actriz para contarnos la vida del poeta bilbaíno.

¡Qué lástima que haya que andar buscando pretextos para entrar en la obra de un autor como Blas de Otero! Pero más vale algo que nada.

Historia (casi) de mi vida” se trata de un texto autobiográfico a través del cual se retrata gran parte de la realidad social española del siglo XX.

Felipe Loza, José Luis Estrada, Mikel Losada e Irene Bau pusieron voz y grito, susurro y desgarro, a estas confesiones poéticas, las de un autor de una coherencia admirable, con unas enormes ganas de vivir y una capacidad de sufrimiento también grande. España le dolía por los cuatro costados y la vivía a tragos largos de alegría y sueños; amaba este país cainita y todas sus singularidades, y lo cantaba pidiendo “la paz y la palabra”. Así, la historia de su vida es (casi) la historia del país que amó, de la lucha, los camaradas, la calle, el amor, la lluvia rota de Bilbao, los largos paseos y las más largas lecturas, o la música.

Y hablando de buena música, la  de Naiel Ibarrola, interpretada al piano por él mismo, dirigió de manera eficaz toda la acción dramática y se convirtió en protagonista admirable apegada a la voz del poeta, confundiéndose con ella, explicándola. Admirable.

Por otro lado, el aire de naturalidad con que fue interpretado el texto de Blas de Otero, la cercanía, limpieza expresiva, la renuncia al melodramatismo en un equilibrio constante de la actuación, la rudeza a veces, la franqueza siempre, me conmovieron hondamente y entendí cómo se puede ser una persona comprometida sin ser sectario ni dogmático, cómo ser de una patria sin ser patriotero, cómo serlo de Bilbao, y serlo de Euskadi y de España y de Europa y del mundo. Sólo un gran hombre nos enseña con natural grandeza las más grandes cosas. Y con sencillez. Y con emoción. O sea, con poesía.

Una puesta en escena limpia, llena de lluvia de palabras y versos, de inocencia, de crudas realidades sin desgarros ni gestos patéticos, de paraguas para un paseo por las calles de Bilbao cuando las aceras húmedas reflejan el cielo gris; así reconocemos la vida y nos reconciliamos con el presente.

Este año de 2016 se cumplen cien del nacimiento de Blas de Otero que él, más o menos, nos cuenta así: «Pensándolo bien, lo primero que hay que tener en cuenta es que con la misma facilidad con que nací, pude no haber nacido. Así, como suena, no haber nacido. Creo que esa fue una posibilidad con muchas posibilidades de que ocurriera. Pero se equivocaron y a cierta hora del día 15 de marzo de 1916 salí afuera… y aquí estoy.”

Esta puesta en escena viene para recordárnoslo y ya sabemos que Blas de Otero sigue aquí; porque ni él quiere dejarnos ni nosotros queremos que nos deje, ya que, es una certeza, el poeta de Bilbao, nuestro y del mundo, es uno de los necesarios.

González Alonso

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Musika-Música, en el Palacio Euskalduna de Bilbao

MUSIKA-MÚSICA
Puente para románticos
4,5 y 6 de marzo de 2016
PALACIO EUSKALDUNA
BILBAO
FUNDACIÓN BILBAO 700/III MILLENIUM FUNDAZIOA

El Palacio Euskalduna, ese buque de la cultura arrimado a la ría del Nervión y en los solares que fueron astilleros de la villa de Bilbao, se abre como una rosa a la primavera temprana de la música a través de varias jornadas de conciertos ininterrumpidos y simultáneos en sus salas y el gran auditorio.

Uno ya se preguntaba el año pasado, sorprendido, por las razones de este éxito, los verdaderos límites de la música grande, culta, y el alcance de este género admirable. La primera de las variadas razones es la de ofrecer conciertos a un precio asequible, más baratos que una entrada de cine. Pero también son determinantes la calidad de las orquestas e intérpretes, así como la gran y variada oferta musical. Digamos, por fin, que una organización meticulosa e impecable, sin fallos apreciables, hacen el resto o, tal vez, los fundamentos de este indiscutible éxito.

Otro aspecto a tener en cuenta es la valentía para contradecir lo que se da por supuesto, que la música clásica no interesa a un gran público. Decía el año pasado y repito éste (Cuatro conciertos y una ópera):

Vivimos rodeados de prejuicios. Uno de ellos parece ser el de pensar que la música clásica es algo tan minoritario que no interesa a casi nadie, y mucho menos al público joven. Vulgaridad, ramplonería, gustos horteras en música y celebraciones que no parecen ir más allá del fútbol en lo deportivo y los delirantes botellones en lo social, con cientos de jóvenes alrededor de las mezclas más variopintas de alcohol en las plazas y los adultos alrededor del mismo alcohol en bares, aceras y terrazas. Esa es la foto fija. Pero es, también, la mirada engañosa.

El sábado fue una jornada de lluvia intensa y frío en Bilbao. Pero no resultó ser impedimento ni excusa para cancelar la cita con el programa de Musika-Música organizado por la Fundación Bilbao 700. Así lo debimos de pensar los cientos y cientos de personas que llenamos cada concierto y deambulamos por el impresionante Palacio Euskalduna.

En la organización de este evento se abre un espacio para los conservatorios de distintas ciudades de España. Ofrecen conciertos de acceso libre y gratuito en las salas más pequeñas y no tan pequeñas, como ocurrió con la Orquesta de Conservatorio Rafael Frühbeck de la ciudad de Burgos que actuó en el gran Auditorio, bautizado para este evento como Auditorio Odisea. Impecable y magnífica interpretación recorriendo diversos pasajes de las obras de Wagner, Mendelssohn y Schubert, y una gran emoción agradecida de los jóvenes intérpretes burgaleses. También hubo ocasión para escuchar a la Orquesta y Coros del Conservatorio Profesional Tomás Luís de Victoria llegados desde Ávila y disfrutar de la buena ejecución de la Sinfonía nº3 en Re Mayor de Schubert a cargo de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de León.

De las orquestas grandes y los ya consagrados artistas e intérpretes, me permitiré comentar las cuatro actuaciones presenciadas en el orden subjetivo de mis gustos y preferencias.

En primer lugar, mucho más atendiendo a la calidad del sonido, la riqueza interpretativa y la rica variedad de matices, me quedaré con la Orquesta Ciudad de Granada y el pianista libanés Abdel Rahman El Bacha en el Concierto para piano y orquesta nº 1 en Sol Menor de F. Mendelssohn. La proverbial inspiración de Abdel Rahman hace del piano una creación única, como un torrente en busca de las notas más puras. Podría decirse que Abdel Rahman escribió a Mendelssohn y le dictó la partitura. R. Strauss y F. Schubert también pasaron por las cuerdas, el viento y la percusión de esta gran orquesta dirigida por Giancarlo Andretta.

En segundo lugar, con una interpretación notable, me quedaré –sin embargo- con los temas ofrecidos por la Orquesta Sinfónica de Euskadi que dirigió, en esta ocasión, José Miguel Pérez Sierra. La Obertura en mi mayor Tannhäuser del maestro R. Wagner, una de mis piezas favoritas, se presentó con la emoción hasta el borde de la lágrima. Otro tanto cabe decir del Poema Sinfónico Opus 30, Así habló Zaratustra, de R. Strauss.

En tercer lugar, pero a la misma altura y nivel que las anteriores interpretaciones comentadas, si no mayor, debo mencionar el recital de obras para piano a cuatro manos de Mendelssohn y Schubert, llevado a cabo por la donostiarra Marta Zabaleta y el portugués de Oporto, Miguel Borges. El virtuosismo y compenetración de estos intérpretes rayó a gran altura, haciéndose amable su interpretación, tanto para especialistas como para simples espectadores como yo, carentes de conocimientos musicales y escaso bagaje cultural de la historia de la música.

Finalmente, creo que más debido al cansancio del día que a otra cosa, dejaré mención de la interpretación del Cuarteto Artis de Viena. La impecable e inspirada actuación de este grupo se me hizo larga y un poco reiterativa interpretando a F. Schubert y su Octeto para vientos y cuerdas en fa mayor.

Merece la pena reflexionar sobre las cosas bien hechas y las iniciativas que, contra pronóstico, concluyen con un éxito reconocido. La cultura, ese bien considerado menor y, en tiempos de crisis, prescindible, merece ser reivindicada constantemente porque, como dijo con emoción, así o de forma parecida, el director de la Orquesta del Conservatorio Rafael Frübeck de Burgos, Daniel Lorenzo, la cultura es herramienta necesaria e imprescindible para el desarrollo y entendimiento de los pueblos. Vale.

González Alonso

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Desde Berlín – Tributo a Lou Reed

Desde Berlín
Tributo a Lou Reed
Producción Teatre Romea

Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró
Dirección: Andrés Lima

Intérpretes: Nathalie Poza y Pablo Derqui

Teatro Barakaldo.- 8 de noviembre de 2015

Difícil sustraerse al impacto de este paseo mágico y dramático por el universo contradictorio, profundamente nihilista y destructor, que nos conducirá al reinado  de la droga que consumió a la juventud de los años setenta del pasado siglo, el caballo o heroína. Pero no sólo eso. La obra de teatro Desde Berlín pone sobre la mesa el reto y la dificultad de vivir las convenciones sociales cuando se quiere y se está dispuesto a vivir a fondo, lo que abarca el abanico de las pasiones, el amor, la necesidad de libertad absoluta. Pero la absoluta decisión de sentirse vivos conduce a callejones sin salida, viajes sin retorno y, sobre todo, la amarga constatación de que la felicidad pasa de largo o se nos queda poco tiempo entre las almas y las carnes, no pudiendo ser apresada y congelada en una fotografía; de igual modo, resulta inevitable -por más que nos tapemos los oídos y cerremos los ojos- sentir que la felicidad de los demás, los hijos, los amigos, la pareja, la familia, los vecinos, exige ceder parte de la necesidad propia para saber del otro y no morir ahogado en uno mismo.

Lou Reed cantaba, gritaba, su inconformismo desde una experiencia personal traumática con sus tendencias sexuales y crítico con prácticas como la prostitución.

No me gustaba la escuela.
No me gustaban los grupos.
No me gustaba la autoridad.

Y sus razones tenía. El camino del rock and roll y la heroína lo condujeron a expresar su descontento. Vivió el primero y sobrevivió a la segunda para morir en Southampton-EEUU, en 2013. Había nacido en Nueva York el año 1942.

De la historia grabada en vinilo en los años 70 por Lou Reed en el álbum titulado Berlín, brota esta puesta en escena en la que se escucharán parcialmente y se vivirán, las canciones del disco a través de la historia de autodestrucción de una pareja y del amor, el que necesitaban más allá de todo, con una crudeza sin paliativos. Las proyecciones audiovisuales reforzarán esa sensación en la que tanto la actriz Nathalie Poza, como el actor Pablo Derqui, hacen un trabajo hermosísimo en una magnífica e impecable representación. Ambos interpretarán al piano y la guitarra parte de los temas y cantarán muy acertadamente las letras de Lou Red, con la exhibición de una voz magnífica para la canción de Nathalie Poza, la cual confiesa que el cantante neoyorquino es el artista de su vida y haber tomado contacto con la música de este álbum con sólo 11 años de edad.

Buen texto del trío Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró. No han desdeñado ninguno de los recursos dramáticos a su alcance para construir este soberbio poema musical que te retrotrae a los años más duros de la heroína y los mejores para el rock and roll en los temas de Lou Reed. Por acá y por allá asoman la angustia existencial de la búsqueda de uno mismo, la incomunicación en el mejor de los lenguajes del teatro del absurdo o la ternura como la otra cara de la moneda de la violencia. Todo puesto blanco sobre negro, sin circunloquios ni aditamentos estériles, en el desnudo cuadro de una vida enfrentada al muro insalvable de uno mismo frente a la sociedad y sus contradicciones.

Alrededor de una cama, el personaje de Jim evocará a Caroline y la historia de su amor; una Caroline entregada a la heroína que se prostituye y acaba perdiendo sus hijos para encontrar, finalmente, la muerte en el último de sus intentos de suicidio. La desesperación en esta relación tormentosa empujará a Jim a la violencia y la impotencia más dolorosa ante un amor que es como un tiovivo en el que el vértigo domina toda la relación. Desde la angustia de la soledad, Jim no puede dejar de amar a Caroline y sentir que debería desatarse de su recuerdo.

Una obra, como he dejado dicho, magnífica; un gran poema –porque todo se sostiene sobre la intensa subjetividad de la poesía- que se construye con la música de uno de los grandes de la música, el autor de Berlín, en la que –repetimos- se cimienta esta pieza dramática y del que conservo en la memoria y conservo en vinilo álbumes como Rock and Roll Animal, Heroin o Sweet Jane. Lou Reed, cantante y guitarrista que abordó los temas de la prostitución y la transexualidad, habiendo padecido él mismo, con 14 años, duros tratamientos psiquiátricos y sesiones de electroshock para “curar” o corregir sus tendencias homosexuales. De esos mimbres está hecha la obra de teatro ante la que nos enfrentamos el pasado domingo en el teatro Barakaldo.

Largo será el aplauso para los autores y actores ya mencionados, y largo será para todo el equipo técnico, músicos, vídeo, escenografía y, en fin, cuantas personas que con su inteligencia y trabajo han hecho posible que el teatro viva en cualquiera de sus formas con la autenticidad de lo honesto y sincero; en este caso, recreando la esencia de una época y de las inquietudes más profundas del hombre a través de la música de Lou Reed.

González Alonso

Insolación, obra de teatro sobre la novela de Emilia Pardo Bazán

Insolación, adaptación teatral de Pedro Víllora sobre la novela de Emilia Pardo Bazán
Dirección de Luis Luque
Reparto: María Adánez, José Manuel Poga, Chema León y Pepa Rus

Teatro Barakaldo, 10 de octubre de 2015

Insolación es una novela recreada para el teatro por Pedro Víllora. Debo decir que con afortunado acierto el dramaturgo ha construido este cesto con los mejores mimbres del trabajo escénico para recoger con sabiduría lo esencial de la novela de Pardo Bazán, tanto en el fondo como en la forma.

Emilia Pardo Bazán fue una notable aristócrata que pudo haberse conformado con vivir una vida acomodada, regalada de todos los privilegios de su clase. Pero, además de aristócrata fue mujer inteligente capaz de enfrentar de manera crítica los males sociales de su época, sobre todo los referidos a la condición femenina en la desigualdad de oportunidades y derechos, tanto laborales como personales. No solamente carecían las mujeres del derecho al voto, sino que su papel estaba relegado a la condición de esposa y madre en los interiores de las casas y sus fogones.

La doble vara de medir las conductas masculina y femenina en el orden moral, lo tocante a la sexualidad y su capacidad para decidir sobre su propio destino en la vida, fue duramente denunciado por la escritora, prolífica en obras y tocando todos los géneros, tal como se refleja en esta obra teatral. El personaje de la marquesa viuda tiene algo de autobiográfico en su decisión de afrontar los riesgos de romper con los convencionalismos sociales y tomar decisiones que, en la vida personal de la autora, la llevó a romper su matrimonio y asumir la experiencia del amor y la sexualidad con desbordante y natural libertad.

En la obra de teatro aflora el personaje libertino, adulador, seductor y canallesco del donjuán, al cual se alude literalmente en la trama. Frente a él encontramos otro personaje interesante, de aspecto y formas serias, intelectual, de discurso liberal e incluso transgresor muy influenciado por las ideas de la Revolución francesa, por supuesto también aristócrata, que disipará las dudas de la marquesa son sus argumentaciones sobre la hipocresía de la moral burguesa en su doble rasero de medir la condición femenina respecto de la masculina. Pero este personaje, en el fondo íntimamente conservador, criticará, sintiéndose engañado y frustrado en sus expectativas con la marquesa, la decisión coherente de la mujer al entregarse libremente a sus deseos en brazos del donjuán.

La cuestión amorosa, importante y central, no oculta la mirada a la sociedad en la que se produce. Desde la alta atalaya de los privilegios de la nobleza, Emilia Pardo Bazán otea los horizontes de la vida en la España de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, baja con su personaje a la vida del pueblo y la chusma que se divierte y entrega a la fiesta en el San Isidro madrileño, se emborracha, se enamora y vuelve para tomar una decisión, anteponer los sentimientos a las convenciones sociales.

Si el texto dramático, como he dicho al comienzo, es realmente bueno, la dirección de Luis Luque y el trabajo de interpretación del cuadro escénico no le van a la zaga. Con austeridad se recrea en las sombras el ambiente opresivo en el que se debate la protagonista hasta que del sol es la luz la que ilumina las estancias de su mundo y su interior, para entregarse a un calor que antes la asfixiaba. Impecables y ricas en matices, las interpretaciones de unos actores y actrices que vienen, como es el caso de María Adánez y Pepa Rus, de las series televisivas, nos sorprenden y admiran agradablemente y nos dejan ver la versatilidad de sus grandes recursos dramáticos más allá de las caricaturas de los personajes de la televisión que, por otra parte y de otro modo, tan bien interpretan y tanto nos hacen disfrutar.

Aplauso merecido y agradecimiento por ofrecernos la ocasión, una vez más, de una tarde espléndida de sábado de teatro. Vale.

González Alonso

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2015

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2015

Fuenteovejuna

1.-Fuenteovejuna, de Lope de Vega
Dirección de Ángel Luis Martín
Actores y actrices no profesionales, 150 vecinos de Fuente Obejuna (Córdoba)
Plaza Mayor de Almagro, 2 de julio de 2015

El inusitado ardor y la pasión puesta en la representación de la obra de Lope de Vega se percibe como el entusiasmo por algo propio, de todo el pueblo y sus gentes que, a una, se sublevan contra los abusos del poder en la figura del Comendador. Éste fue, y no otro, el recibimiento de Almagro en la apertura de su Festival Internacional de Teatro Clásico, en una decidida declaración de intenciones sobre el contenido del festival.

Plaza de AlmagroLa plaza de Almagro, a modo de corral de comedias gigantesco, acogió entre sus soportales y con el Ayuntamiento al fondo, la puesta en escena de Fuenteovejuna por las gentes de la misma villa cordobesa de Fuente Obejuna. Espectáculo primoroso en sus expresiones tradicionales como la danza de las cintas o las canciones populares, atrevido en el movimiento de masas de los actores, soldados, villanos, nobles y hasta un par de caballos formando parte de la representación, bello e intenso en el tratamiento dramático de muchas de sus escenas. Un estupendo resultado que el público que abarrotaba la plaza de Almagro supo agradecer.

El vestuario resaltó por la fidelidad de las reproducciones y se nota un buen estudio documental llevado a cabo por los responsables de la escenografía. Una sorpresa, no cabe duda, este grito de las gentes de Fuente Ovejuna que, todos a una, señalan que las injusticias se pagan todas, y más y con mayor rigor las que vienen de los poderosos.

En los tiempos que corren –que no parecen ser muy diferentes a los del siglo XVII de Lope de Vega- es fácil, viendo esta representación, pensar en movimientos populares como el 15M o en situaciones como las de Grecia de hoy día o la amenaza que se cierne sobre otros países del sur europeo entre los que nos encontramos. Inevitable. Por eso y mucho más, sigue siendo necesaria esta obra de Lope y es de agradecer la acogida y patrimonialización llevada a cabo por los descendientes de aquellos que fueron protagonistas de la acción de Fuenteovejuna.

Otelo

2.-Otelo (Othelo) de William Shakespeare
Adaptación y dirección de Gabriel Chamé (Argentina)
Teatro Municipal de Almagro, 3 de julio de 2015

No hay miedo, ni pudor, ni exageración por deshacerse en elogios sobre lo que es este Otelo argentino de Gabriel Chamé y el trabajo del reparto formado por Matias Bassi, Julieta Carrera, Hernán Franco y Martín López. Así como suena. Se puede afirmar tener la convicción de estar ante una de las realizaciones más inteligentes y creativas llevadas a cabo sobre el teatro clásico. Shakespeare y su Otelo sólo serán un ilustre pretexto para arrancar con la comicidad y la ironía todo el trasfondo trágico de los celos y el odio, seguidos del amor, el sentido de la lealtad, la envidia o el racismo. El resultado final es que nosotros mismos, como espectadores, y como asegura certeramente Gabriel Chamé, nos encontramos enfrentados a nuestra propia tragicomedia.

El derroche de recursos interpretativos y el meticuloso y cronométrico desarrollo de la acción te dejan –literalmente- con la boca abierta. Son cien minutos trepidantes en los que no cabe ni un segundo vacío, ni por cansancio ni por despiste ni por falta de previsión. El texto de Shakespeare se va recreando para ganar en intensidad y dramatismo poniendo de relieve –como creo haber oído en alguna ocasión- que no hay nada más serio que el humor, destapando la realidad de los sentimientos, la ambición y lo que damos en llamar la condición humana. Se intercalan con naturalidad expresiones y comentarios de los actores sobre el propio desarrollo de la obra, de lo que piensan sobre la exigencia del guión y la interpretación, quejas y críticas al autor, incluso con intentos de abandonar la escena. Y algo mágico y sorprendente: el paso de la situación más hilarante y divertida a la más trágica y conmovedora se produce en décimas de segundo. O viceversa. Incluso se da el desarrollo de ambas escenas de forma simultánea. De la risa generalizada en el patio de butacas al silencio más expectante y al revés, en pocos segundos.

Admirable, muy admirable, este estreno en España protagonizado en Almagro y su Festival Internacional de Teatro Clásico. Que nadie, en su sano juicio y teniendo ocasión de verla, se la pierda.


3.-Enrique VIII y la Cisma de Inglaterra, de Calderón de la Barca
Compañía Nacional de Teatro Clásico
Teatro Hospital de San Juan de Almagro, 4 de julio de 2015

En la versión de J.G. López Antuñano y la dirección de Ignacio García, nos llega esta obra de juventud de Calderón de la Barca. Decir obra de juventud no le quita mérito a la obra, pero tampoco se lo da. Abunda en aspectos personales y la forma de ser del rey inglés en sus relaciones amorosas en un contexto histórico poco desarrollado y en el que destaca en escena, aparte del desgobierno amoroso del monarca, las marcadas ambiciones del cardenal Volseo en su pretensión de verse nombrado Papa de Roma y de la hermosa Ana Bolena de llegar a ceñir la corona de Inglaterra. El tratamiento del personaje de Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, madre de la reina María I y primera esposa del rey, repudiada por éste para acceder a los favores de Ana Bolena, contrasta fuertemente con el del resto de los personajes en un comprensible y disculpable guiño patriótico.

Pero no se trata de exigirle a Calderón mayor rigor histórico ni a la Compañía Nacional de Teatro Clásico dirigida por Helena Pimienta que le enmiende la plana al autor barroco de La vida es sueño. No ha sido ese el trabajo ni la intención, sino el representar puntualmente, con maestría, capacidad interpretativa, buena puesta en escena, riqueza de vestuario y mucha valentía, este texto clásico raro de ver y generalmente apartado de los escenarios, del que han sabido subrayar y resaltar con acierto sus indudables valores literarios y dramáticos.

4.-Entre-meses, de Miguel de Cervantes
Teatro de La Abadía, dirección de José Luis Gómez
La cueva de Salamanca; El viejo celoso; El retablo de las maravillas
Corral de Comedias de Almagro, 5 de julio de 2015

La mayor habilidad de J.L. Gómez, fue conseguir reunir estos tres entremeses cervantinos en un sólo espectáculo, dotándole de la gracia rural y campesina con los cánonces italianos de la comedia dell’arte y sus dinámicos códigos de actuación, como explica el propio director. Un genial acierto.

La puesta en escena está imaginada alrededor de la poderosa encina en torno a la cual los habitantes del pueblo darán vida a los entremeses a modo de fiesta y divertimento. Así, se acercarán a la encina referida con sus sillas, taburetes y escabeles, tal y como se hacía todavía hace unos sesenta años en los pueblos de España por la noche con la llegada veraniega de los titiriteros; de semejante modo y acompañados de sus bailes e instrumentos, irán deshojando las escenas cervantinas en un alarde interpretativo muy elogiable.

Julio Cortázar, Miguel Cubero, Palmira Ferrer, Javier Lara, Luis Moreno, Inma Nieto, José Luis Torrijo, Elisabet Gelabert, Eduardo Aguirre y Diana Bernedo, serán los encargados de dar vida al pueblo y los entremeses.

Si la actualidad y frescura de estas estampas e historias cervantinas nos llegan a estos días de este siglo XXI merced al trabajo concienzudo e inteligente llevado a cabo por el Teatro de La Abadía, y es de agradecer, tampoco hay que ignorar el valor que tiene hacer que estos textos con más de cuatrocientos años se sirvan en la escena con el uso de recursos y efectos especiales de entonces, máquinas de truenos, de lluvia y tormentas, aldabonazos, viento, cerrojos y ventanas o puertas que se abren o cierran. Un alarde de fidelidad a los orígenes, tan eficaces, tan bien logrados, del teatro en una época en que lo digital, electrónico y los ordenadores, mesas de mezclas y otros dispositivos, lo pueden todo.

Miguel de Cervantes habría llorado de alegría aplaudiendo al comprobar cómo J.L. Gómez y el Teatro de La Abadía ponían su teatro en escena con el mejor resultado posible en el marco incomparable del Corral de Comedia de Almagro y en la noche veraniega del 5 de julio del año del Señor.

González Alonso

Testimonio de la desnudez.- Premio Treciembre 2015

II PREMIO NACIONAL DE POESÍA TRECIEMBRE (Valladolid, 2015)

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El poemario Testimonio de la desnudez, Premio Treciembre de Poesía 2015, ha sido editado por la Fundación Jorge Guillén y el apoyo de la Diputación de Valladolid, siendo el número 11 de la colección Maravillas Concretas.

El libro ya está disponible y puede ser adquirido, siendo éste un adelanto de las presentaciones del mismo que se programarán a partir del próximo septiembre. Si estás interesado en conseguir un ejemplar, puedes escribirme al correo: jgonal2000@yahoo.com y te lo enviaré a la dirección postal que me indiques.

Esperando que sea de tu interés, atentamente.

Julio González Alonso

ll Premio Nacional de Poesía Treciembre, 2015 (Valladolid)

ll Premio Nacional de Poesía Treciembre, 2015 (Valladolid)

Como recojo en la noticia correspondiente, me ha correspondido el honor y la gran satisfacción de alcanzar el primer premio de esta importante convocatoria. El poemario, que llevará por título Testimonio de la desnudez, será publicado en junio por la Fundación Jorge Guillén de Valladolid.

II PREMIO NACIONAL DE POESÍA TRECIEMBRE, 2015 (VALLADOLID)

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