Costas de Europa

Costas de Europa

Hablarán las olas cuando
las costas de Europa suban hasta Berlín,
inunden los tulipanes de amarga agua salada
y dirán lo inevitable,
piel de África, ojos abiertos a la desesperación,
miedo y hambre sobre barcazas traídas por la noche,
largo insomnio de esperanzas truncadas
y profundo el batir de los viejos tambores.

Pasarán nuestras mesetas y montañas, cruzarán
cordilleras de verde y nieve con su sol a cuestas.
Miradlos venir con su juventud y anhelo
y lo que les queda de vida, a nuestras costas.

Haced que repiquen las campanas, abrid
las puertas de vuestras casas y ventanas, que se sepa
que han llegado, que han venido a sacudir nuestros sueños
con sus sueños febriles; batid, batid las alas
de palabras,
estribos de un mundo mejor que espera
mientras las olas avanzan y avanzan sobre sus piernas
y rodeando Berlín
de brazos alzados, llaman a la justicia del mundo. Ayudadles
a llegar del mar;
no olvidéis sus nombres, soplos de amapolas
y apelmazada geografía de otro continente
que hiere el sur;
apresuráos; apresurad vuestro abrazo sin dejarlos caer
y tocar el suelo de rodillas. Ellos
vienen a salvaros de ser ola que estrelle su amargura
a las puertas de Berlín.

Todo esto os digo por que no ignoréis lo sucedido antes,
lo que está sucediendo
ni lo que va a suceder.

González Alonso

..

El poema está escrito hace ya algún tiempo y publicado en los VIII Premios Solidarios ONCE de Euskadi en San Sebastián el 25 de abril de 2012. La tragedia continúa y a nuestro país, viviendo la precariedad del trabajo y los recortes de servicios públicos en educación, sanidad y ayudas sociales  en medio de la crisis económica, sigue llegando la desesperación del hambre, la huida de la guerra y la miseria. Las soluciones a todo este despropósito de injusticias no puede venir de la mano de quienes lo causaron, pero no se atisban cambios significativos que desbanquen del poder a los corruptos y los poderes económicos y financieros de este sistema capitalista del llamado mundo desarrollado. Los errores del comunismo no pudieron superarse con «más comunismo»; los del capitalismo, no podrán superarse con «más capitalismo». Esta es la situación.

El poema «Costas de Europa» forma parte del libro «Testimonio de la desnudez«(IIPremio Nacional Treciembre.-Editado por la Fundación Jorge Guillén-Diputación de Valladolid y Urueña Villa del Libro, con el número 11 de la colección Maravillas Concretas.- Valladolid, 2015)

Radio Eibar, cadena SER.- Este poema es leído por Maite Lorenzo a lo largo de la entrevista, a partir del minuto 14:10

 Costas de Europa, en la voz de Maite Lorenzo

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2014

 

Miguel de Cervantes: El coloquio de los perros
Lope de Vega: El caballero de Olmendo
Chema Cardeña:  La puta enamorada

 

1.- El coloquio de los perros, de Miguel de Cervantes, en la versión y dirección de Ma Zhenghong y Alejandro González Puche puesta en escena por Laboratorio Escénico Univalle de Colombia.

Miguel de Cervantes siempre aspiró al reconocimiento y  el éxito en el teatro. Para ello trabajó con ahínco y pulcritud, pero el teatro del Siglo de Oro estaba reservado a la gloria del verso y la genialidad de Lope de Vega. La suerte literaria de Cervantes se libró en la prosa. Tampoco la poesía fue su destino, y con el Quijote alcanzó –definitivamente- un lugar en la cumbre de la Literatura Universal.

Esta obra de teatro no es tal, ya que se trata de una de las denominadas novelas ejemplares. Pero tras la versión llevada a cabo por Ma Zhenghong y Alejandro González Puche, ya no es una novela ejemplar, sino toda una gran obra de teatro. Cervantes estaría tan contento como sorprendido si pudiera ser testigo de ello.

El argumento trata de dos perros que, por una noche, consiguen hablar. Contándose sus andanzas y experiencias perrunas aprovechan, en la pluma cervantina, para repasar personajes y costumbres con un sentido crítico acerado y un sentido del humor ácido. La condición humana se muestra al desnudo descubriéndonos hipocresías, contradicciones y egoismos que nos colocan, como especie, por debajo de la condición que llamamos animal, como es el caso de los pastores que acusan al lobo de las ferocidades y ataques al rebaño que ellos, con astucia y engaños, llevan a cabo. Esta actitud es cosa que desconcierta al perro encargado de guardar las ovejas y que acabará recibiendo el castigo del amo que piensa en su descuido y falta de celo para defenderlas.

Con esa inclinación de Cervantes hacia el mundo de la locura, cuya exposición máxima será el Quijote, presente en otras obras como El Licenciado Vidriera, en este Coloquio de los perros hará transcurrir la acción en un manicomio. Será un loco que que, asombrado, advierta de las conversaciones nocturnas de los canes, y lo cuente. En la institución mental, junto al guardián, Cervantes situará a un escritor, un matemático y un científico, compartiendo el destino que la sociedad les adjudica junto a los perros. Tan peligrosos parecen.

Con un lenguaje que transita del de el Siglo de Oro al español actual, con las particularidades expresivas regionales, el Laboratorio Univalle de Colombia arma esta obra de teatro, aprovechando las críticas de Cervantes para traducirlas con acierto a los problemas actuales, de los que no escapan el racismo o el problema de la injusticia y la igualdad. Se plantan en escena poniendo, inicialmente, de manera muy formal, académica y acartonada a Cervantes; pero no les suena a Cervantes esa forma huera, vacía, de pura apariencia en la que los gestos y las palabras van cada uno por su lado, y se lanzan, entonces, a esta búsqueda de lo más profundo, actual y comprometido del espíritu cervantino, con el resultado de un excelente trabajo, ágil, dinámico, coherente, vivo y descarnadamente presente entre los males que afligen a nuestras sociedades.

Todo el reparto, en la labor de equipo de los siete actores que dan vida a los distintos personajes, brilla a gran altura en el ameno juego de escena.

Sigmund Freud conoció este texto, y sospecho que el resto de la obra cervantina, y –según leo en el programa de mano- lo consideró un modelo excepcional de la relación entre el terapeuta y el paciente. Y es que, Cervantes, bien sabía que había mucho que curar en el alma humana. Y en esas seguimos.

 

2.- El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, dirigida por Lluís Pasqual y puesta en escena por La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico y La Kompanya Lliure en una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y el Teatro Lliure.

Esta representación viene precedida por la acreditada firma de Lluís Pasqual como director de la versión de Lope, la participación de la actriz Rosa María Sardá en el papel de Fabia, la alcahueta, y el trabajo de los elencos de La Joven Compañía de Teatro Clásico y la Kompanya Lliure. Muchas circunstancias favorables como para que resultara fallido el proyecto.

No defrauda, en efecto, esta puesta en escena que renuncia a los trajes de la época y cualquier decorado. Un conjunto de sillas que ocuparán los actores, de las que se levantarán para montar las diferentes escenas y unas espadas para las ocasiones, son todo cuando cabe sobre el escenario, así como el coro que se hace u deshace para interpretar las canciones en forma de canon o acompañadas por la guitarra o la percusión de los cajones.

Si toda la representación transcurre de forma armoniosa, sin despistarse del argumento ni producir vacíos o pérdida de interés en lo que se muestra, hay que señalar cómo a una parte del público no le gustó demasiado este teatro clásico que esperaban ver rigurosamente de capa y espada y sin canciones y ritmos tan variados como las soleares, fandangos, coplas o tangos, evidentemente inexistentes en el siglo XVII español. Por mi parte debo decir que todo lo visto me pareció muy acertado, de exquisito gusto e inteligente. Es mucho más difícil hacer esta versión actualizada en texto y ambientación, que reproducir fielmente lo que tuvo que ser una representación de la época. Considero, además, que no se aparta un ápice del espíritu de Lope de Vega ni distorsiona el mensaje o merma el dramatismo de la obra. Y quiero pensar que de esta opinión fue la inmensa mayoría del público que aplaudió este caballero de Olmedo.

Lluís Pasqual se centra en esta versión suya en el aspecto más poético del teatro de Lope de Vega, asegurando haber escuchado esa voz lírica más elegante y más conmovedora al servicio del gran poema de amor roto, un amor que pasa de la luz a la oscuridad, de la felicidad de la plenitud al dolor de la ausencia. Y será esta actitud de Lluís Pasqual en su segunda aproximación a El caballero de Olmedo (la primera fue hace veinte años en francés) la que nos explique su deseo de atender a la reclamación del espectador de tener una mayor proximidad y cercanía al hecho teatral. La casi supresión del verso, el lenguaje vivo y actual sin perder la riqueza expresiva del Siglo de Oro y las demás circunstancias anteriormente reseñadas en los párrafos precedentes, lo consiguen.

Cada cual saque sus conclusiones; las mías son el sincero aplauso que me mereció lo visto y experimentado en esta noche teatral de Almagro.

 

3.- La puta enamorada, obra en tres jornadas y epílogo,  de Chema Cardeña, dirigida por Jesús Castejón en una coproducción de Euroscena y el Teatro Calderón de Valladolid.

Diego de Velázquez, el pintor de la luz, nos dejó entrever en sus cuadros y en su propia vida algo más que la vida de la Corte. Los temas de Velázquez tocan la mitología y alcanzan la vida cotidiana. Pero tuvo que realizar su trabajo bajo el dominio del poder y sus avatares, poniendo buen cuidado en no perder algo más que el privilegio de ser el pintor de Cámara, debido a sus ideas políticas personales.

De la difícil y tormentosa vida de la España del Siglo de Oro, de la gloria de un Arte único en la historia a la Inquisición y la paradoja de la lujuria y la penitencia caminando de la mano de la Cuaresma y el Carnaval, está hecha esta pieza teatral de Chema Cardeña.

Bien hilvanada, mejor cosida, resuelta de manera impecable, estupendamente desarrollada, La puta enamorada es, en palabras del propio Cardeña, un canto a la libertad de creación, al amor y a la lucha por la supervivencia que nos hará descubrir –agrega- lo poco que hemos cambiado en cinco siglos de nuestra historia.

El leitmotiv para el drama será el encargo a Velázquez por parte de Felipe IV del  retrato a una querida suya, una actriz con sobrenombre de la Calderona. El encuentro del pintor con la mujer y su criado en un discreto y apartado estudio, dará pie a cuestionar la libertad del pintor, los deseos de la amante del rey y la ambición del criado, enamorado de su dueña y por la que arriesgará su seguridad cuando pretende alejarla de la influencia del pintor. El amor entre el artista y la amante del rey va a determinar el tipo de cuadro que pintará, supuestamente la Venus del espejo, pero también el papel que ésta jugará en defensa del pintor sevillano ante las intrigas y persecución de la Corte. La puta enamorada ya no lo será del rey, sino de Velázquez y éste, enamorado de la puta del rey aparecerá, como ella, prostituido y utilizado por la Corte y la reina, a la que debe algo más que favores.

En medio del amor se alza la figura de una mujer valiente en un mundo de hombres, junto a la soledad del genio y servida por un marginado y su lucha para conseguir un puesto en la sociedad. Cardeña pinta este cuadro con soltura de pinceladas y color, dejando que la luz de Velázquez llene la atmósfera de lo etéreo y el aire se mueva y respire emoción y ternura. Des este modo descubrimos que las palabras que nombran y son dichas en tono alto son, a menudo, nombres cambiados; la puta puede ser el genio, reina la puta, traidor el noble y noble el pobre desgraciado.

Con algunas concesiones al verso en el texto y la fuerza interpretativa de la actriz Eva Marciel en el personaje de la Calderona, Javier Collado en Lucio y Federico Aguado en Velázquez, componen el reparto de esta puesta en escena, obra en tres jornadas y epílogo, espectáculo de ¡pasen y vean, señoras y señores…! para el disfrute del teatro de siempre y para siempre.

González Alonso

Final de verano con zarzamoras

Amaneció un final de verano
y zarzamoras, los arroyos
en rumores de aguas cristalinas,
los chopos
con su beso verde al cielo
y sus alturas
y el valle estaba en calma;

miró atrás
el camino de tierra cómo se perdía
en la curva sombreada

y una niña apareció tras ella
ligera como el aire,
un ramo de merenderas en la mano
y grichandanas,
la rosa de la vida en las mejillas,
luz radiante en los ojos,
la sonrisa fresca de la mañana;

voló a su abrazo con el cestillo de moras
en la mano,
la pálida vida en sus mejillas,
la apagada luz de su mirada,
la sonrisa leve de la mañana;

estrechó contra su pecho la frágil frescura del recuerdo
y aspiró muy hondo
el aroma de los años y los sueños
del final del verano

en moras,
merenderas,
grichandanas

y pulpa azul de lirios
y gencianas.

González Alonso

La cita

Testigo de mi tiempo y de mi vida,
herido de palabras y desnudo
de la muerte a la cita presto acudo
resuelto aquí a jugarme la partida.

No sé lo que el destino así decida
en su obrar arbitrario y trato rudo;
pero me ha de encontrar firme y tozudo
negándole por más que más me pida.

Nací como nacemos, sin aviso
y una hoja de ruta ya trazada
en códigos de genes y de herencias.

¿Por qué, para morir, darle permiso
y darle así a la parca por ganada
la suerte a sus caprichos y exigencias?

González Alonso

Al alba de junio

 
Acuarela del pintor leonés Juan Ramón Alves FernándezAl alba de junio
el incienso colmando está de aroma
las calles
de la madrugada;
otra vez, León, el frío en las orillas
de tus ríos
y sobre los tejados rojos
tañían
las campanas del alba.
Ya todo son
cristales rotos de la memoria, luz
de estrellas y universo, un silencio
apacible en tu sonrisa
dada a la vida en el último aliento
cuando aún la nieve resplandece entre las cumbres,
llega el claror de la mañana,
el suave sol al extremo de la lluvia
y junio era la lluvia
y claridad
en los postreros días.
Antes de ser sólo polvo de cenizas, sólo heredad
roturada,
sembrada tierra
de afectos, pisaste las extensiones
donde corren los gigantes,
vertiginosas laderas precipitándose a los valles
de la vida
que empuja, que grita, llora, ríe
y sigue
y nos abandona un día a la orfandad del tiempo.
Todo es ahora como aroma de incienso,
todo toque de campanas redoblando,
todo recuerdos multiplándose en espejos
rotos,
todo calma en el aliento detenido
y el pulso detenido
y el agua remansada del olvido
entre los carrizales.
Todo madrugada,
todo incienso, todo nada desvanecida
en la niebla de las calles.
González Alonso

Hace un año, a comienzos de junio, por el día 5, moría en León Gumersinda Alonso, mi madre, Gumer para mi padre (fallecido un año antes, en la despedida de octubre sobre un día 28), Sinda para los vecinos, familiares y amigos. Algunos poemas nacieron alrededor de de los últimos meses de su vida y su inevitable camino de despedida; éste, unos días más tarde. Sea en su homenaje y memoria.

La imagen que acompaña al poema es un cuadro del acuarelista leonés Juan Ramón Alves Fernández.

Ser gota de agua

Como gota de agua en mitad de la lluvia,
así tú
eres agua
y eres lluvia;
como abeja en el panal, miel
y colmena;
hormiga laboriosa en los túneles de la vida;
como teja sujeta en su lugar
eres tejado;
grano de arena en la duna,
eres desierto
y eres palabra
entre palabras
que nombran y dan la realidad al mundo
y hacen visibles las cosas
y hacen las sonrisas bellas.

Una gota menos es menos lluvia,
menos miel una abeja extraviada,
más trabajo la falta de una hormiga,
la teja que se rompe,
una gotera;
el olvido y el silencio
la palabra que falta
e inmenso el hueco del minúsculo grano
de arena
en la duna derrumbada.

González Alonso

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En un lugar del Quijote, de Ron Lalá coproducido por la Compañía Nacional de Teatro

Íñigo Echevarría.- En un lugar del Quijote. Compañía Ron Lalá

En un lugar del Quijote
Ron Lalá con el patrocinio de la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Dirección: Yayo Cáceres

Teatro Barakaldo (Vizcaya) 11 de mayo de 2014

Muchas muchas cosas y todas admirables. La primera y más singular es la convicción, recogiendo la jocosa invitación cantada de final de obra, de que leer el Quijote es lo mejor que se puede hacer. Si para ello, además, te compras una buena edición del mismo en una librería (artículo ampliado: ideas para encontrar una buena edición del Quijote), es posible que lo conviertas en libro de cabecera y te acompañe toda la vida junto con otras lecturas.  Porque el grupo teatral Ron Lalá no solamente nos descubre y recrea el verdadero espíritu de la obra cervantina, sino que lo completa y complementa con aportaciones propias, en verso y prosa, cargadas de una profunda crítica a los males de las sociedades de nuestro tiempo, en un lenguaje directo, claro, preñado de profunda ironía que proviene –ese es el acierto genial- de la misma esencia y fondo del Quijote. Nada hay, pues, que suene a Cervantes por un lado y por el otro a la creación literaria de Ron Lalá, pues todo es uno y en todo nos reconocemos y aprendemos.

Juan Cañas, Daniel Rovalher e Íñigo EchevarríaEl Quijote, por lo expuesto, se resiste a alejarse de nosotros y nuestro tiempo; se nos apega al pesimismo de los vicios del poder, la corrupción, la mirada corta de políticos y poderosos financieros manejando el gobierno, atentos a su enriquecimiento personal antes que al bien de la república. Y esa es la auténtica y verdadera locura, no los desvaríos de un hidalgo vuelto caballero andante en su fantasía y un escudero venido a gobernador de ínsulas sin despegarse del olor a ajos y amor al vino.

Bastaría decir que este concienzudo trabajo del grupo teatral Ron Lalá debería recorrer todos los escenarios  de habla española por muchos años y, así mismo, formar parte del currículo escolar de los estudiantes, universitarios y no universitarios, no como actividad obligatoria e impuesta –que es el peor modo de arrojar sobre cualquier obra sospechas, recelos, reticencias y rechazos- sino como oportunidad, posibilidad y libre acceso. La voluntaria asistencia sería inmediatamente premiada por la felicidad, gozo y disfrute, del aprender y comprender sin reservas, riendo y participando de cuanto se muestra. Creo que, entre las muchas cosas que he dicho encontrar admirables en la representación de En un lugar del Quijote, puede señalarse también la de sentir la novela y vivirla tal y como debieron sentirla y vivirla los lectores del siglo XVII, con la risa espontánea en cada situación, las muchas sonrisas cómplices, la lágrima a flor de piel en ocasiones y la conciencia, finalmente, de que este mundo nuestro necesita un arreglo que sí está en nuestra mano.

Dejo aquí todos los elogios de mi repertorio para los actores que sobre las tablas actuaron de manera tan creativa y convincente, rayando la excelencia en numerosas ocasiones y siempre a un nivel envidiablemente alto. No menos elogios se merecen los demás componentes del equipo puesto al servicio de esta producción, tales como los responsables de la dirección literaria, la dirección musical o la dirección escénica, Álvaro Tato, Miguel Magdalena y Yayo Cáceres, los cuales también tomaron parte en el reparto junto a Juan Cañas en el papel de Cervantes y otros personajes, Íñigo Echevarría en el de don Quijote y Daniel Rovalher como Sancho Panza.

No dejaré de mencionar que la obligada selección de las aventuras del caballero de la triste figura permite, sin menoscabo, la comprensión global de la obra en la que, caballero andante y escudero van recreando la historia que el autor, Miguel de Cervantes, va escribiendo sobre el escenario, trayendo y llevando personajes con los que establece diálogos y discusiones muy sabrosas. Pero llega a resultar tan real el personaje de ficción que, en ocasiones, es él quien le dicta al autor el texto, acomodándolo a la propia idea de la historia, por lo que Cervantes pasa a ser un personaje en manos de don Quijote.

Poco o nada –por lo mucho que me gustaría decir y nunca demasiado- interesa ahora contar en esta pobre crónica de una jornada tan memorable. Pero no quiero ni puedo en modo alguno despachar este texto sin renovar mi aplauso agradecido y de corazón a estas gentes artistas y locas tan necesarias a este mundo y a la vida de la república y sus ciudadanos.
Sea.

González Alonso

La compañía Ron Lalá en la obra En un lugar del Quijote

Carta devuelta

Después de aquel final sin despedida,
sin lágrimas ni adiós ni un sólo beso,
creí que los finales eran eso,
sólo el azar de una ocasión perdida.

Sin poder olvidarte y a medida
que el tiempo pasa siento más el peso
de aquel amor, más crece mi embeleso
y el alma se me abre en una herida.

No sé de aquel pasado lo que guarde,
sienta tu corazón o sea olvido,
vago recuerdo, anécdota inocente.

Tan sólo sé que nunca será tarde
llorar en mi dolor tu amor perdido
con la carta devuelta al remitente.

González Alonso

La Estrella de Sevilla.- Lope de Vega .- Compañía Clásica de Sevilla

La Estrella de Sevilla.- Lope de Vega
Teatro Clásico de Sevilla.- Dirección de Alfonso Zurro
Teatro Barakaldo.- 29 de marzo de 2014

Con todos los ingredientes de la tragedia, esta obra de Lope de Vega nos deja, en la versión de Alfonso Zurro, en terreno de nadie. Lo que el espectador poco avezado y aún menos versado en cuestiones críticas puede ver, como es mi caso, no es sino un enredo monumental provocado por un rey en la Edad Media española que pretende gozar los favores de una noble sevillana y, a consecuencia de ello, acaban encontrando la muerte dos personas; una, por intentar facilitar las cosas al rey dejándolo entrar en la casa de la atractiva mujer, y la otra por oponerse a las pretensiones del mismo rey.

Nada me hace pensar en las intenciones de alzar la voz contra las arbitrariedades del poder, como se sugiere en la sinopsis del programa de mano. Los muertos y los enredos, intrigas amorosas y escarceos, se producen entre las gentes que detentan el poder, los nobles y el más noble de los nobles, el rey. Entre los muertos, una víctima plebeya, la esclavilla que franqueó la nocturna entrada  del rey en la casa, muerta a manos del hermano de la dama pretendida por el monarca, y el mismo noble hermano –puntilloso y altamente pagado de honra, juicio recto y comportamiento ejemplar cuando se trata de defender sus intereses- a manos de un sicario contratado por el mismo rey, que resultó, a su vez, ser el prometido de la dama y amigo de la víctima.

Para hacer creíble todo este rocambolesco argumento hay una apelación constante y desmesurada a las cuestiones de honor y el sentido de la justicia que fueron esgrimidos durante el medievo. La mujer es rea de las decisiones del padre, del hermano o del marido, por este orden. Además, resultará ser culpable por ser bella y por ser mujer de lo que su beldad y atractivo femenino desencadene en los hombres, y cuando puede decidir porque le es permitido, lo hará por amor y perdonará al asesino.

Da la impresión de que las cosas del gobierno no existen, sino solamente la cuestión de con cuántas mujeres irse a la cama. El monarca parece atender las cuestiones amorosas con la misma suerte que las olvidadas obligaciones del reino. Para ello, como para cualquier otro capricho, el poderoso repartirá prebendas, comprará voluntades, terminará con la vida de quien se interponga en su camino e interpretará la ley a su antojo. De igual modo, se entiende que actuarán del rey abajo cuantos le rodean, jalean, sirven, adulan y temen.

Debo confesar que la obra llega a aburrir en determinados momentos. Hay pasajes interesantes y muy bien interpretados en los que la cosa parece despegar; pero enseguida vuelve a lo mismo sin remedio. La interpretación tampoco ayuda mucho. Bastante plana y falta de contrastes. Cada actor o actriz tiene sus minutos de gloria y buena puesta en escena de su personaje, y el resto queda en brazos de un transcurrir tedioso y previsible. La plasticidad del montaje, en cambio, resulta sugerente y hermosa. Todo el juego de largas varas o lanzas delimitando en cada momento los diferentes espacios en los que transcurre la acción sobre el escenario, el trabajo de los duelos con espadas o el ambiente de la corte real, los coros introducidos o los efectos de iluminación, son un acierto al que sirve también de manera eficaz la música que se acompaña. El vestuario y el movimiento escénico, impecables.

Se trata, en fin, de un Lope de Vega poco reconocible en este drama que él situó en tiempos del reinado de Sancho el Bravo de Castilla en el siglo XIII. Un siglo XIII demasiado contaminado del rancio sentido del honor caballeresco del siglo XVII, junto con el desprecio por la vida. Intentar sacar más de donde no hay, es vano intento. Tarde primaveral de teatro, ocasión siempre feliz para aplaudir la voluntad y el trabajo del elenco del Teatro Clásico de Sevilla y su aproximación al Siglo de Oro de la mano de esta tragedia de Lope de Vega.

González Alonso

La dama duende.- Pedro Calderón de la Barca. Compañía Miguel Narros

La dama duende.- Pedro Calderón de la Barca

Compañía Miguel Narros

Teatro Barakaldo.-22 de marzo de 2014

La dama duende se encuadra en el género de comedia de capa y espada. Un cúmulo de enredos y equívocos en torno al amor y final feliz para todos. El ritmo frenético de las situaciones enlazadas en la obra de Calderón acaba desorientando en más de una ocasión al espectador. Se producen escenas, como las que intercalan las escapadas de las mujeres en busca de hombres, en las que no sabes muy bien dónde está situada la acción. Pero eso, pienso, no es imputable a Calderón, sino al montaje y actualización de la comedia.

Nueve personajes sobre el escenario. Diez. Porque el décimo personaje viene a ser el pasadizo secreto del que se servirá la joven viuda Doña Ángela, interpretada por Diana Palazón, para entrar y salir en la alcoba del invitado de sus hermanos, Don Manuel, que interpretará Chema León, dejándole notas escritas o revolviendo sus pertenencias, lo que dará pie para imaginar la actuación misteriosa de una mujer duende o un fantasma. Los criados jugarán el papel más humorístico de la representación, aunque lo cómico alcanza a todos los personajes y situaciones de la comedia, sin excepción.

Todo el enredo del argumento, que viene a ser un conjunto de diversos argumentos, está puesto a disposición del espectador no sólo para entretener y divertir, sino con el propósito de plantear los aspectos y sevicias del amor como son los celos, la iniciativa de las mujeres en las relaciones amorosas y sus estratagemas para hacer valer sus derechos y conseguir sus propósitos, o el sacrosanto sentido del honor masculino y su defensa a punta de espada ante cualquier supuesto menoscabo del mismo.

No me atrevería a ver en los aspectos anteriormente reseñados una intención revolucionaria, reivindicativa o ácida de Calderón; pero lo cierto es que, al amparo de la comedia, nos describe muy bien cómo funcionaban las cosas bajo el manto rígido de la moral y nos deja a las claras la imparable fuerza del amor y los sentidos.

Calderón de la Barca escribe este texto con apenas treinta años de edad y en el momento álgido de su carrera y un reconocimiento sólido de su obra. La recreación llevada a cabo por el fallecido dramaturgo Miguel Narros es sensiblemente más corta que la original, pero no resulta trascendente ni merma el valor de la comedia. Su buen hacer lo desarrolló en una dirección de los personajes que roza, en algunos casos, la excelencia. El vestuario y la escenografía son elementos reseñables que hay que destacar.

Si atendemos a la interpretación de los actores debo confesar lo admirable de su trabajo manteniendo un alto nivel, aunque encuentro que hay aspectos mejorables y otros que se hacen innecesarios, como el excesivo movimiento en escena, con exageraciones que quedan en el aire y recargan de barroquismo el tono que imprimen en la acción. La recitación de algunos pasajes amorosos entre Doña Ángela y Don Manuel es exquisita, en contraste con la excesiva rapidez de otras partes que impiden entender bien los finales de frase. La actuación de Diana Palazón merecería que cobrara más protagonismo en cada escena en las que toma parte dando vida a la que es, per se, protagonista de todo el enredo, la joven y bella viuda Doña Ángela. Es un punto exigible, pero hay que reconocer, ante todo,  que estuvo a la altura de las exigencias del papel. Estupendo Chema León interpretando a Don Manuel; acertado y ocurrente y algo histriónico, Iván Hermes, en el criado Cosme; francamente bien, en un tono adecuado y con buenos recursos cómicos, el trabajo de Mona Martínez; divertido y con aciertos geniales, Emilio Gómez en Don Juan, hermano de Doña Ángela y de Don Luis, que interpretó con solvencia Marcial Álvarez. Con frescura, estupenda vocalización y acierto en su papel de Doña Beatriz, nos ofreció su trabajo Eva Marciel y, finalmente, con papeles menores pero importantes y bien puestos en escena, Paloma Montero, en el personaje de Clara y Antonio Escribano en el de Rodrigo.

Los diferentes argumentos incluidos por Calderón en La dama duende se ensamblan a la perfección, como –y cito literalmente- se subraya en el programa de mano, explicando el entramado general de la obra: Como siempre en sus mejores textos, Calderón engarza en La dama duende multitud de argumentos aún vigentes: la decisión de Doña Ángela de escaparse a las obligaciones de su viudedad para frecuentar la compañía de los hombres, lo que justifica y acentúa el clima erótico de ciertas escenas, al ánimo corrupto del criado Cosme que lo lleva a cometer pequeños latrocinios aparentemente disculpables. Este mundo de moral dudosa y libertaria se enfrenta a la cómica rigidez del tercer hermano, Don Luís, vigía del decoro y la corrección y eternamente frustrado en sus deseos vitales y amorosos.

Una tarde de siglo XVII español en el Teatro Barakaldo con todos los ingredientes necesarios para seguir apostando por el arte dramático y su actualidad, como lo demostró el numeroso público que llenó el aforo y que aplaudió generosamente el generoso esfuerzo del elenco de la Compañía Miguel Narros en esta su recreación calderoniana de La dama duende.

González Alonso