Los días de enero

Los días de enero

Días duros, cortos, fríos,
de sabañones y el calor en la lumbre
del carbón de las cocinas. Días
de manoplas y calcetines mojados, chanclos
sobre el hielo,
espejo cristalino de resbaletas
y caídas
y moratones. Viento
helado, la nieve en ventisquera,
los Reyes Magos subiendo los balcones
y el olor a escuela y lapiceros,
-la voz alta y grave del maestro-;
en las ventanas los pájaros
volando al patio tras las migas
del recreo, juego al manro. Hoy
miro las montañas blancas
de enero,
la escarcha de las aguas de los años
susurrando
canciones y cuentos.

La muchacha que empuja el carrito
de la leche por las calles
no olvida su sonrisa
y yo la veo pasar mientras les pongo
la bufanda
a los días.

González Alonso

Este calor inapropiado

Este calor inapropiado

De dónde nace este calor inapropiado,
este clamor de amargura. Si todavía recuerdo
la vida humana en la miel
y la labor de las abejas, acaso
el tiempo más feliz, el sonido fascinante
de la música del agua, la frescura líquida
de sus notas de arroyo
y manantial.

Vuelvo la vista a dios y su destino terrible,
ser dios y no poder
con toda la tragedia y pesadumbre
del mundo. Abrumado nos contempla
desde la altura de su casa
o palacio celestial.

Los hombres se embarcaron
en la nave de los locos. Perdida
la racionalidad,
olvidado el amor;
extraviado el rumbo en la travesía del tiempo
son hoy bajel a la deriva y a merced
de todas las tormentas.
No le pidas paciencia a Job,
tampoco es culpa de la ira del ángel
ni se abrieron los infiernos a tus pies;
no es desgracia tampoco de profetas
ni los cielos arrojaron
el castigo apocalíptico
sobre la tierra.

De dónde viene este calor inapropiado,
la sequía rota de inundaciones,
el mar alzado a los acantilados,
de dónde viene el hambre, el miedo,
de dónde vienen la guerra
y las fronteras. Dónde,
al fin, se desataron los furiosos vientos
de la ceguera.

González alonso

Luna de diciembre

LUNA DE DICIEMBRE

Tal vez, pálida, llegues por entre noches
y horas frías de turrón y villancicos
a la luz de mi ventana; tal vez irrumpas
con el número de los meses
cumplido en el calendario
de tus órbitas. Y nos sonría
tu presencia
con su blancor diáfano y redondo
e inimitable. Tal vez
se muestren algunos signos, el pulso
de las guerras se detenga
un instante, se alcen plegarias
de esperanza. Pero temo
las despedidas de los días felices,
la herida sin cerrar
de los días más tristes,
el año escrito en la piel del aire
que ondea todas las banderas.

González Alonso

DÉCIMO ANIVERSARIO

Décimo aniversario

Con diez años de esta vida
y escritura hemos llegado
a este otoño deshojado
de poesía reunida.
Si no hay nada que lo impida
daremos en este trance
a otros diez años alcance
los ojos al mundo abriendo
y verso a verso escribiendo
la aventura de este lance.

González Alonso

DIEZ AÑOS.-  Con los 10 versos de la décima o espinela y las 10 hojas de otoño celebro este aniversario y os mando un abrazo a cuantos de una u otra forma habéis pasado por estas páginas virtuales y a los que sigáis teniendo ocasión de pasar, leer o dejar unas palabras. Salud.

Puente del alba

Puente del alba

Pronto se fue la noche por el puente del alba,
cantaron las alondras, alzó el aire sus velas
de blancos algodones sobre los rotos picos,
calizas minerales de las cumbres más altas.

Por el puente del alba se fueron con los miedos
las sombras de las horas anudadas de insomnios
y temibles presagios varados en el alma.

Ha llegado la luz como llega la vida
a donde la tristeza alcanza el horizonte
del náufrago perdido en medio de los mares
de extensión infinita bajo el cielo infinito
y la triste amargura de las amargas aguas.

Se fue por fin la noche por el puente del alba
y alzó el día su vuelo en las alas del aire
y la luz que en el pico traían las alondras
como canto de alegre promesa de esperanza.

González Alonso

La vida en cada andanza

La vida en cada andanza

Sentiste lo terrible y la tristeza
herir de soledad y de amargura
el alma condenada a la angostura
de un tiempo sorprendido en su extrañeza.

Sufriste del destino la rareza
de encontrarte de frente la locura
y abierta de la pena la costura
de lo cierto perdiste la certeza.

Pero en tu pecho alienta la esperanza,
nueva luz que palpita entre tus ojos
como la melodía de una danza

y sabrás que la vida en cada andanza,
dudas, tropiezos, alegría, antojos,
no te olvida jamás en su mudanza.

González Alonso

Luna de octubre

 

 

     Luna de octubre

No quedes con la luna
impuntual,
inconstante y caprichosa; déjala
ir
rasgando el horizonte
con su belleza roja,
el rutilante blanco de su rostro
rielando las aguas
sobre espumas de olas;

que acompañe, ángel del sueño,
las horas de tus noches.

Vencida de hermosura
sólo es abrazo de encendidas estrellas;
mírala
con su rumor cautivo de leyendas,

con su blancor redondo,
la dulce evocación del amor,
el sutil tacto de las sombras,
la luz titilante del deseo,
la eterna atracción de sus secretos
e ilusiones derramadas. Luna
al fin. Déjala
ir. Que vuele las cúpulas
del cielo. Que vuele sin trabas el albor
de las miradas,

la pasión que alumbran
luminarias
de las torres
más altas.

González Alonso

Dejar de ser

Dejar de ser
Cuando eres consciente de la muerte, acabas
asumiendo tu propia soledad.- Rosa Regás

Cuando el alma descubre que está sola
y el pasado son sombras, ¿qué esperanza
cabe anhelar de lo que el tiempo alcanza
arrasando la edad con furia de ola?

Cuando la vida en soledad se inmola
y escapa la memoria, ¿qué templanza
tener si todo trueca en la mudanza
que  al sueño mata y lo vivido asola?

¡Qué terrible fortuna nos espera,
qué dolor insufrible, qué presagio,
qué frío tacto de la fría cera!

Pues si nadie será lo que antes fuera,
nadie tampoco evitará el naufragio
de dejar de ser ya lo que quisiera.

González Alonso

Luna de septiembre

 

¿Qué ves asomada al horizonte
de la noche
y el mar? ¿Quién navega
las olas en busca de las costas,
por que aguas rielan, ay, los sueños
amenazados de muerte, las ilusiones
preñadas de esperanza?
¿Ves desde la altura las sombras
del mundo y sus desgracias? ¿Tal vez
te avergüence contemplar las obras
de los hombres?
¿Cómo duele la soledad, cómo el silencio
que iluminas, cómo el miedo?
¿Qué temes desde la cima de tus cielos
como amapola roja e inflamada
de presagios? ¿Desde el brocal de las horas
qué terrible noticia escribirá la mañana
con los renglones torcidos en las páginas
de las arenas de las playas?

González Alonso

La espada de don Quijote

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La espada de don Quijote

Desde el acero noble de tu espada
quien fuiste antes Alonso que Quijote
con Rocinante al paso o bien al trote
persigues sueños de una edad dorada.

Si supiste poner nombre a tu amada
y darle con tu amor el alma en dote
¿por qué olvidar poner del arma el mote
que dio a tu apodo fama consagrada?

Yo sé bien que Filona armó tu brazo
y tu valor; venciste al vizcaíno
con fortuna y la gloria fue tu abrazo.

Y aun Fielfilona fuiste cuando el vino
sangraste de aquel odre, gigantazo
encantado en la venta del camino.

González Alonso