Lo que el amor propone

LO QUE EL AMOR PROPONE

Ver sonreír tus labios de cereza
y un sueño azul volar entre tus ojos;
amor frutal temblando en labios rojos,
mirada limpia llena de pureza.

Siento el peso del tiempo con largueza
en el alma, la vida y sus despojos;
cada día mayores los enojos
y mayor cada día la tristeza.

La risa de tus labios me hace preso
de lo mejor de mis pasados años
vividos del amor con embeleso;

ya sé que no podré salir ileso
si ignoro la verdad con los engaños
que arden y se consumen en un beso.

Tal vez sea por eso
que cerrando los ojos se dispone
aquello que el amor así propone.

González Alonso

Peces pequeños

Peces pequeños. Agua de agosto
clara.
El sendero de un año y otro año
en nuestras sandalias desgastadas
que llegan al borde del arroyo
y se paran.

Y miramos los peces en el agua.

Te dije –somos los pequeños,
los más pequeños de todos esos
peces-. Y nos besamos.

Vamos cada año y nos asomamos temerosos
para ver si estamos todavía
o se nos han comido los más grandes
de aquellos peces.

Es el mismo sendero en el agua clara
de agosto,
la misma sombra
de los altos chopos;
pero sólo he llegado yo con mis sandalias desgastadas
al borde de sus espejos
de verano.

Peces pequeños. Podíamos reír, tirar una piedra
y asustarlos,
besarnos
y sentir la verde hierba herida en nuestros juegos,
cuerpo a cuerpo,
peces pequeños, besos, hierba fresca
en los prados.

Ahora sólo un pez pequeño
nada en las ondas de la soledad del agua
en el claro verano.

Y me he parado a contemplar su tristeza;
su tristeza y la verde hierba
fresca
y el próximo año tal vez
agua de agosto
clara,

peces pequeños.

González Alonso

 

El vizcaíno

Mala la hubiste vizcaíno
en esa de don Quijote

Que un hidalgo manchego a ti te diga
de un vasco como tú no ser hidalgo
es tratar a un mastín de perro galgo
o meter una piedra en la vejiga.

De igual modo la lanza no es amiga
de ser tocada ni siquiera un algo
y de mi asombro viendo tal no salgo
pues tu osada intención la ofensa abriga.

Así pues ambos dos espada en mano
cada cual asentado en su montura
harán de apaciguarse intento vano

y en el calor manchego del verano
ataca don Quijote con bravura
que al vizcaíno impide salir sano.

Sea hidalgo o villano,
en el trato exigido bien se entiende:
lo tocante al honor, la sangre enciende.

González Alonso

Nota.- El vizcaíno aparta la lanza de don Quijote para que los deje pasar,  y cuando es tratado de villano por don Quijote por lo cual no merecía la pena luchar con él, el vizcaíno arde en cólera y defiende su hidalguía espada en mano, saliendo malparado en la única aventura victoriosa de don Quijote junto con la de El Caballero de los Espejos o Caballero del Bosque.

Publicado en   ÍnsuLa CerBantaria

Última certeza

 

 

De tan humana arcilla y frágil existencia,
de tiempo tan finito estamos hechos… ¿¡Cómo cabe la vida
-preguntamos-
en tan poco!?; si los dioses nos admiran
sabiéndonos poseedores de la muerte
y contemplándonos nacer de entre las guerras
envidian nuestra vida
¡ellos, que se saben inmortales!

Somos tan poco y somos tanto
que ciegos devoramos nuestro tiempo
y dejamos jalones de estrellas y estelas de futuro
al paso de los días, contadas estaciones
de alientos y de sueños; a veces pesadillas
de hijos muertos,
la única muerte que llegada a deshora
nos abre el vacío de la angustia
y hace sangrar las horas
en el pulso detenido de todos los relojes.

El mundo es bello
sólo porque hay quien nos descubre su belleza,
quien lo mira y sonríe y nos deja en el aire
un rumor de palabras que lo nombran.
Y esa labor
es nuestra. Solos y en medio de la nada
somos los creadores; vida efímera
que nace eternidades,
inmortales en arcilla moldeados, aliento para la flor
y el agua
de mares océanas de preguntas
y una certeza sólo,
una sola última

certeza

que a los dioses nos hace envidiables.

.

González Alonso

Fedegabekoa / El descreído

Fedegabekoa

Fedegabeko gizona naiz. Jainkoari esker
ez dut sinesten
gizon-emakumeengan; gizon-emakumei esker
ez dut Jainkoagan sinesten.

Fedegabeko gizon batek ez du balio
ez Jainkoaren egitasmoetarako
ez gizon-emakumeen planarako. Horregatik
ez dakite
zer egin. Horren ondorioz ez dakit
zer egin behar dudan. Honengatik
eta hargatik
toki batetik bestera ibiltzen dira
buruhauste hau konpontzeko asmoz.

Ezin dut
haien kezka lasaitu.

El descreído

Soy un hombre sin fe. Gracias a Dios
no creo en los hombres; gracias a los hombres
no creo en Dios.

Un hombre sin fe no sirve
ni a los planes de Dios
ni a los planes de los hombres. Por eso
no saben qué hacer. A causa de ello
no sé qué debo hacer. Por esto
y por aquello
andan de un lado a otro
con la intención de arreglar este rompecabezas.

No puedo
calmar su preocupación.

Julio González Alonso

En los huesos

..

Llevo en los huesos aire y  frío de infancia,
lo sé; a veces asoma a la memoria
en fotografías congeladas que la nieve reposa
con blancura y silencio, como si el pueblo fuera
luz helada suspendida en el aire; el aire, el aire…
y el frío de la infancia; sí,
lo sé bien. Entonces dejo la brisa entre  los ojos
e impunes las miradas se colman de escarchas
y de agua.

Los ríos, adelante, son rumor quebradizo de hielos en las márgenes,
corriente  oscura y pesada que rueda sobre piedras.
Llevo escrito en los huesos una niñez de inviernos
como negrillos alzados en ramas deshojadas
y es por eso que el alma se retira y  ausenta
y se recoge
en  silencio.

Nadie puede luchar contra un amor tan grande.
Nadie debe ignorar la memoria de sus huesos
y cerrar los párpados dejando que el aliento
bese  el aire sin una sonrisa; acaso
en espiral de sueños el tacto de la nieve

sólo

en la piel del tiempo.

 

 

González Alonso

No podré, no podrás

 

.. ..

.

Podrá el tiempo traerte otros amores
y poner en tus labios otros besos,
la vida regalarte de sucesos
y en tu boca dejar dulces sabores.

Sabrá el tiempo borrar los sinsabores
de mi vivir sin ti los sueños, esos
que guardo del olvido siempre ilesos
como al olvido di con los rencores.

No podrás, sin embargo, contra el alma
ni contra la memoria de los años
dejar de recordarme cada día.

Ni podré aunque lo intente hallar la calma
negando con orgullo y con engaños
el amor que por ti sólo sentía.

González Alonso

.

Ella se soltó el amor

Ella
se soltó el amor
y la melena cayó sobre su espalda;
el pelo golpeaba el bronce de la piel
y repicaba caricias más allá de su cintura
en  el leve movimiento sensual de las caderas.

Su mano izquierda acarició
el calor estremecido de su seno derecho; su mano derecha
alcanza
la tersa suavidad en el camino del pubis; así en la dura
redondez,  sus nalgas se aprestaron
al dulce embate
y Venus se derramó copiosa de venturas
en su hueco palpitante.

Lasciva, una sonrisa recorre su desvanecido cuerpo
y se hace en los labios voluptuoso beso,
ameno galanteo entre las manos,
suspiro que aún jadea en el aliento,
deliciosa ensoñación en los ojos aún cerrados
que florece en las palabras,
los propósitos
y  libertinos pensamientos.

Una vez más accede hasta sus pechos el lúbrico deseo
para inundarse de placer en el combate
y rendirse al empuje de la entrega
sin tregua
y condiciones.

Ella
se soltó la melena
y el amor cayó sobre su espalda.

González Alonso

Maritornes

Ancha de cara, llana de cogote,*
de un ojo tuerta, del otro no sana;
corta de altura, más parece enana,
pero es hermosa para don Quijote.

Mujer de venta, puterío y mote
presumir no precisa la asturiana
de moza de modales ni lozana
para a un hombre, con gracia, echarse al bote.

Maritornes alegre y compasiva
que tanto del amor gustas los cuentos
y cumples del amor palabra y trato,

con tu alma candorosa, bella y viva,
cómo a Sancho sanaste con ungüentos
bien merece apuntarse a tu retrato.

González Alonso

*Cervantes en el Quijote (I, 16)

*Publicado en el cuaderno ÍnsuLa CerBantaria: Maritornes