La ecuación del desengaño

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El empedrado de la calle; la luz
del alba, el sueño en la quietud del aire,
las horas mudas y los ojos fijos.

Espera interminable con café
frío; noche tan larga en los relojes
sin tiempo que medir en sus minutos.

Ya levantó la bruma su tristeza
húmeda y gris; en lágrimas el día
la ausencia envuelve. Qué puerta no se abre,
qué puerta se te cierra del amor,
del amor, ay, sabes la puerta abierta.

Ay, amor, tras la puerta ya cerrada.

González Alonso

*Poema del libro «Testimonio de la desnudez», Fundación Jorge Guillén, 2015.- Colección Maravillas Concretas, nº 11

Ya los barcos

Ya los barcos oxidados de la ría,
recostados
y heridos de muerte
se apartan a los sueños de travesías limpias
por sobre olas de memoria de algas
salobres,
verde y plata
de océanos sin norte arrastrando el silencio
húmedo
que borra sus nombres.

Ya los hierros de sus quillas abiertas
retornan a la memoria del mineral fundido
y se hacen montaña,
gigantesco velero por sobre los mares verdes
orillas
del Cantábrico; y ya las velas
desplegadas
a los vientos de la geografía de su muerte
…………………  se hacen mariposas delicadas
…………………………………………………en mis ojos,
…………………………………..lágrima en la mejilla,
……….apenas beso en labios adolescentes.

González Alonso

Poema publicado en la antología colectiva Árido Umbral (Editorial Alaire, 2011)

Qué poco, al fin

 

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Qué poco, al fin
(1988-2003-2005)

En la oscura sombra, sombra. Sombras
de sombras. Tampoco hay nombres. No hay nombres
de ningún nombre. Ninguna historia. No hay historia.
Ni palabras, ni voces, ni silencio,
ni noche;
no hay tiempo en los relojes, días en los calendarios
ni años
de cumpleaños.
Nadie guarda un recuerdo en la memoria. Los recuerdos
de los otros
tampoco nos recuerdan. Qué poco
hay de todo.

Primavera. En la luz de primavera
la luz, el aire, también el aire. Y el futuro a la grupa
de los caballos del hambre y de la guerra. Hay hambre.
Hay guerra. Otro siglo. Hay tiempo.
Y al fin, resucitarán los muertos, se irán los vivos.
Por entre los camposantos amanecerán los espinos
blancos. También hay uvas para fermentar el vino
de la victoria y del miedo. Hay miedo, y miedo
al miedo. Un lado oscuro de sonrisas. Los sueños
de los otros
y el sueño como leve vuelo en las alas de las mariposas.

Hay tanto
y tan poco. Qué poco
hay, al fin

Julio González Alonso

Poema que forma parte de la antología colectiva ÁRIDO UMBRAL (2011) de Editorial Alaire

Paisaje con árbol, flor y perro

Faedo de Ciñera (La Pola de Gordón - León)Capilote - flor  leonesa que florece de febrero a abrilMastín leonés .- perro leonés para guardar el ganado                      No sé cómo ahuyentan los perros
la idea
de la muerte, si a sus hocicos húmedos
les llega entre cientos de olores el aroma
dulce y espeso del final de sus días
y cierran los ojos
y entregan su aliento al último aire y así
se van de esta vida. Ni entiendo, tampoco,
cómo las flores se desprenden de sus pétalos
y abandonan el muñón de sus tallos al olvido.

No comprendo a las personas que alientan sueños
de otra vida
más allá de esta suerte de finales cotidianos
que nos conducen a ese final irremediable
del final de este juego perdido de antemano.

Así que hoy quiero ser sólo
perro,
sólo flor,
y beber sonrisas de agua feliz en tu boca,
en tu piel dispuesta
al beso
acariciar la vida que nos toca
sin preguntar,
olfatear los aromas cotidianos,
dejar que los pétalos abandonen la corola
cuando han dado ya toda su luz
a las miradas.

Como árbol rumoroso se llevará el otoño las últimas
hojas, las más bellas
en efímero gesto
y así, desnudo de promesas por las agrietadas
ramas
que el aire envuelve
ser sólo paisaje
y que luego el silencio se arrope

en abrazo
de olvido
y de memoria.
González Alonso
Publicado en la antología Las Noches de Lupi en Portugalete, editorial LUPI (La Única Puerta a la Izquierda) Sestao(Vizcaya).-diciembre 2012.-ISBN:978-84-938010-5-2

APUNTES SOBRE LA ESTROFA Y EL POEMA

Es pronto aún para decirlo y dependerá, en gran medida, de la suerte y la ocasión de estos nuevos poetas. Pero es posible que estemos asistiendo al nacimiento de las estrofas del siglo XXI. Y de la poesía del siglo XXI.

Sería conveniente superar la estructura del verso libre e inventar nuevas estrofas para el tiempo que nos ha tocado vivir y la manera concreta de tratar los temas eternos de la poesía.

González Alonso

Reseña del artículo La estrofa y el poema. Apuntes para las estrofas del siglo XXI

La estrofa y el poema. Apuntes para las estrofas del siglo XXI

Como hay una ciencia para todo, la Poética viene a ser aquélla que se ocupa del lenguaje poético y, según el DRAE, de los principios y reglas de la poesía, tanto en su forma como en su esencia.

Me temo que la Poética es la ciencia que menos conocen los poetas, que se mueven por los mundos del Parnaso distinguiendo a duras penas la poesía llamada lírica, la más practicada universalmente sobre todo en el tema amoroso, de la poesía épica o la dramática. Echad un vistazo a cualquier foro de poesía y podréis comprobar cómo el mundo del subjetivismo desde el que se expresan con mayor o menor calor los sentimientos, arrasa en aportaciones de trabajos. Los textos más objetivos sobre temas históricos, contar hechos o hazañas, propios de la épica, son apenas inexistentes. Y algo semejante ocurre con la poesía dramática en la que el subjetivismo y la objetividad se complementan cuando el autor entra a formar parte de la historia o se esconde tras los personajes.

Pero esta introducción es solamente un pretexto para entrar a pensar cómo se escribe actualmente y por qué se hace así. Cuando digo el modo de escribir actualmente me estoy refiriendo nada menos que al espacio de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI; el periodo más largo de la Historia de la Literatura en el que una forma de escribir, un estilo, ha pervivido y todo parece indicar que irá para largo. Porque, básicamente, puliendo los aspectos más circunstanciales de los estilos que acostumbran a agruparse por corrientes, escuelas o modas de una manera más o menos artificial, la poesía que se escribe a lo largo de toda la centuria anterior y casi la década de ésta, es en verso libre. El verso libre es, normalmente, el refugio del sinfín de poetas que tienen la sana costumbre de caer en la tentación de escribir y que, en ocasiones, lo hacen francamente bien y con una eficacia loable, sin caer en la cuenta de que es el estilo más difícil de practicar y de conseguir hacerlo bien, se entiende. Porque, contrariamente a lo que se acostumbra a pensar, escribir verso libre no es escribir ni cualquier cosa ni de cualquier manera con tal de trazar renglones de diferente longitud a modo de versos.

La dificultad mayor del verso libre radica en que, abandonando el uso de las estrofas con métrica, el poema se sostiene con el ritmo interno y las pausas de lectura que el autor nos marque con una musicalidad muy afinada; es decir, que el poeta escribe música sin pentagrama ni notaciones musicales, pero el poema tiene que sonar y sonar bien arropando o siendo soporte de los sentimientos y emociones que el mismo poeta pretende transmitir. Porque -como he dicho en otras ocasiones y lugares- el arte más próximo a la poesía es la música. Diría más, aseguraría que la poesía nace de la música y que el verso, la unidad fija menor de un poema, procede directamente de la música tomando forma con las pausas, la acentuación, la rima y la medida de las sílabas.

Merece la pena detenerse un poco en este aspecto que considero relevante. Si somos observadores, caeremos fácilmente en la cuenta de que cada lengua o idioma tiene sus propias características referentes a la entonación y el sentido del ritmo; por tanto, cada lengua genera sus propios sistemas de versificación. Pero las lenguas, como cuerpos vivos del lenguaje, evolucionan y encuentran en cada época histórica un tipo de uso y expresión adecuados a la comunicación de la realidad histórica, cultural y el desarrollo económico de ese periodo. La evolución en el campo de las artes, empezando por la música, es evidente y va sujeta a los cambios sociales mencionados. Por eso, cada época ha encontrado su manera concreta de expresarse en poesía a través de las diferentes estrofas, conjuntos de versos de número variable, que constituyen el orden inferior al poema. Y por eso, también, las mismas estrofas exportadas de un idioma a otro, han tenido que ajustarse a las peculiaridades de cada lengua en cuanto a acentuación, medida y entonación. Baste recordar los intentos primeros de la adecuación del soneto a la lengua española del Marqués de Santillana (S. XV) hechos al itálico modo hasta su consolidación en el siglo XVI gracias a los trabajos de Boscán y el apoyo de Garcilaso de la Vega.

Monjas rapsodasLa traslación de la música a la lectura en la poesía, que nace siendo cantada y acompañada por instrumentos como la lira, se concreta en la medida y entonación del verso, y éste dentro de la unidad superior de la estrofa. Así, desde el s.XII se usa la redondilla en las coplas populares tradicionales; la cuarteta, que nace en el s.XVI, se extenderá hasta el Barroco donde el mismo Lope de Vega la aconseja y la usa para los diálogos de amor en el teatro, entre otras funciones. En el Romanticismo se hará una adaptación de la cuarteta, pasando a ser asonantada o tirana, utilizada con carácter popular. Los siglos XI y XII dan origen a las seguidillas; estrofas utilizadas en poesía popular y culta, como es el caso de Federico García Lorca que la rescata, o de Manuel Machado, en pleno siglo XX. El siglo XVI es el siglo del cuarteto y el serventesio que en el siglo XIX recuperará de nuevo el Romanticismo.

Una de las creaciones más antiguas y singulares en lengua española fueron los cuartetos de alejandrinos monorrimos que se practicaron en el Mester de Clerecía y que el Modernismo y la Generación del 27 actualizarán con la estructura A-B-A-B. De los textos cultos del Mester de Clerecía, generalmente latinos y de posible influencia francesa, cabe destacar por su significación tanto literaria como histórica el Libro de Alexandre, del leonés Juan Lorenzo de Astorga (s. XIII-XIV). La estrofa más frecuente era el conocido tetrástrofo monorrimo o cuaderna vía en versos alejandrinos de catorce sílabas. La importancia capital de esta literatura y del Libro de Alexandre es que constituyen la cuna de las lenguas romances.

En el siglo XVII se consolida el soneto, se introduce la décima o espinela muy adecuada para la lírica y el teatro y Miguel de Cervantes nos regala el ovillejo, muy apropiado, también, para el género dramático.

Ya en los siglos XIX y XX se usa la seguidilla compuesta, prosperará el verso suelto apoyado en versos blancos que se venía utilizando desde el Renacimiento, sobre todo para la traducción de poemas de otras lenguas, y se desarrollará la estrofa denominada silva para, finalmente, llegar a las estrofas del verso libre.

Volveré a insistir en la dificultad de este tipo de escritura llamada verso libre, dificultad ignorada por poetas novatos y por los poetas vagos que piensan equivocadamente que es más complicado escribir sonetos, liras, manriqueñas, ovillejos o cualquiera de las estrofas conocidas. No es así. Las estrofas clásicas –al igual que las estrofas de verso libre- desarrollan con naturalidad una estructura de pensamiento poético. Las estrofas se adaptan mejor a una clase de temas u otros; las de pie quebrado parecen más adecuadas para temas como el paso del tiempo o la muerte, las décimas o espinelas para la poesía lírica, pero también para la poesía reflexiva, la octava real se adecua bastante bien a la poesía épica y la bucólica, así como los tercetos modernistas sirven a las disertaciones, las elegías o las epístolas. ¿Y las estrofas de verso libre? Pues la respuesta es que se pueden adaptar y se intentan adaptar a cualquier tipo de tema; ¿pero cómo, de qué manera? Pues de manera intuitiva alargando los versos o usando los serventesios en los temas épicos o dramáticos y acortándolos cuando el poema se hace lírico, con el tema del amor dominando la mayor parte de las creaciones. El poema de estrofas de verso libre busca la adaptación al tema y la finalidad de la creación alterando el ritmo o adecuándolo con recursos como la repetición de significados, ideas y esquemas sintácticos, apoyándose en las pausas naturales de la lectura y en las palabras escogidas que aporten sonoridad y brillo al tema. El oficio del poeta radica en el desarrollo de un finísimo sentido del ritmo asociado a la carga emocional que intenta transmitir. Eso, insisto, es muy complicado de conseguir. Así que, generalmente, se recurre a buscar frases aparentemente brillantes e inteligentes, a escribir versos sueltos al estilo de cadáveres exquisitos en un puro ejercicio caleidoscópico, cayendo también demasiado frecuentemente en el sinsentido, el anacoluto, la vaciedad y la tontería. Un buen poema puede resistir uno o dos versos puramente ornamentales, pero poco más.

Cuadro de mujer leyendo.- Benjamín DomínguezPuede existir un buen poeta escribiendo solamente en verso libre, como puede existir un buen pintor que sólo haga creaciones abstractas. Pero me parece raro. Los pintores que han creado y explorado un estilo pictórico, suelen descollar con mérito en otras facetas de la pintura. Los buenos escritores, aunque consigan su mejor manera de expresarse en una clase de género, suelen ser buenos o al menos más que discretamente buenos en otros campos de la escritura, en general. Por eso, ante unos brochazos emborronando un lienzo o unos versos más o menos incoherentes sobre el papel, nadie puede asegurar estar ante un autor. Hace falta algo más. El escritor del poema único, genial y de antología, es algo más que imposible. Y de existir, ese autor escribirá con corrección una carta a su madre, redactará un artículo o llegará a escribir un relato breve, un cuento o una novela. Si no lo hace, es otro tema. Lo espantoso es comprobar el nivel de escritura general de muchos de los enamorados del verso libre donde parece –craso error- que todo vale y nada es criticable (en la métrica, claro, la cosa es como es, e ineludible su resultado) cuando escriben una simple nota, una cartita o un remedo de relato. El verso libre, saco roto para todo, es como el arte abstracto en la pintura, que parece estar al alcance también de cualquier osado concursante que haya superado un poco el pudor.

La conclusión a la que me siento cada vez más inclinado a llegar es pensar que sería conveniente superar la estructura del verso libre e inventar nuevas estrofas para el tiempo que nos ha tocado vivir y la manera concreta de tratar los temas eternos de la poesía: el amor, la soledad, la muerte, el miedo, la injusticia, la nostalgia, la vida, la alegría, la duda, la fe, el futuro, el conocimiento, la angustia, el vacío, la infancia, el desengaño, la vejez, la esperanza, el paso del tiempo, la amistad y etc. etc., uno por uno o comprendiendo dos o más de ellos en cada trabajo. La vida del poema en estrofas de verso libre se mantiene y será estrofa practicada vigorosamente todavía por mucho tiempo; pero empiezo a observar, de igual modo, cómo algunos poetas parecen inquietarse y buscar estructuras estróficas que tienden a ser más regulares en medida, acentuación y rima; y eso apunta inexorablemente –desde la estrofa de verso libre- al nacimiento de nuevas estrofas, evolucionadas y de contenido más rico y ambicioso. Es pronto aún para decirlo y dependerá, en gran medida, de la suerte y la ocasión de estos nuevos poetas, pero es posible que estemos asistiendo al nacimiento de las estrofas del siglo XXI. Y de la poesía del siglo XXI.

Julio González Alonso

Artículo publicado en el número 2 de la revista en papel Alaire (Illes Balears) el 2 de marzo de 2009

La condición de ser Don Juan

Donde lo veis tan ufano
y bravucón con la espada,
conquistando a la casada
o a joven que tenga a mano,
no es más que en el lance vano
del desaforado intento
de verse gloria y portento
un hombre harto infeliz
preso de sí en esta lid
vacía de sentimiento.

Es triste, pues, la figura
de este don Juan de teatro
que simula un garabato
machista sin compostura;
tan preso está de su ego
que sin a la vida apego
vive al borde de la muerte,
demostrando de esta suerte
ser en vida y amor, lego.

No hay infierno que merezca
un hombre de esta calaña
huero y vacío de entraña
que es, aunque no lo parezca,
pretexto para que crezca
la imagen del burlador,
torpe, vil y castrador
del humano sentimiento
llegando en su atrevimiento
a matar su propio amor.

¿Pues qué, presumir podéis,
cabe esperar de un matón
que desprecia la razón
aunque la razón le deis,
si de todo cuanto veis
hace de la ofensa alarde
y el ofendido así guarde
recuerdo amargo del nombre
de un hombre que no fue hombre
e hizo todo mal y tarde?

González Alonso

El día 1 de noviembre, día de difuntos, es tradicional la representación del Don Juan Tenorio de José Zorrilla o El burlador de Sevilla de Tirso de Molina en los teatros españoles. Celebrando la fecha traigo aquí estas décimas o espinelas sobre la figura de Don Juan Tenorio que, en distintas ocasiones, dieron pie a controversias sobre el personaje, a favor y en contra, escritas también en esta estrofa tan teatral. De dichos duelos literarios traeré aquí algunos ejemplos en entrada aparte, todo ello como homenaje a nuestro teatro y como modo de celebrar esta festividad de los muertos según nuestra tradición, a la que se unen otros ritos populares y gastronómicos.

Yo sólo soy ayer

..

Qué forma adquiere el tiempo, ceniza de los años,
crisol de los silencios y palabras no dichas;
qué dolor en el beso si anuncia las desdichas
que junto a los adioses traerán los desengaños.

En medio del incendio de toda la belleza
qué es vivir, me preguntas; cómo el pájaro puede
sin herirse las alas ni en el aire se enrede
volar sin sombra alguna del cielo la grandeza.

Ahora ríes y ríes, y entre tu risa atrapo
una lágrima mía solitaria y furtiva
que morirá en silencio, tristemente cautiva
de una cara pintada de muñeca de trapo.

Yo soy la despedida; tú el saludo temprano;
auroras son tus sueños, mis ojos son cansancio
y memoria de un vino de recuerdos que escancio
en copas de caricias servidas por tu mano.

Yo sólo soy ayer; tú, mañana
y milagro.

González Alonso

La composición del poema se ha hecho en cuartetos de versos alejandrinos con un verso suelto de cierre escrito en dos líneas para enfatizar la pausa.

Los alejandrinos son versos de 14 sílabas con dos hemistiquios ; es decir, cada verso se divide en dos frases que tienen cada una 7 sílabas y entre las cuales no  puede haber sinalefa, la cual se produce cuando una palabra termina en vocal y la siguiente también comienza por vocal, uniéndose en una misma sílaba.