Última certeza

 

 

De tan humana arcilla y frágil existencia,
de tiempo tan finito estamos hechos… ¿¡Cómo cabe la vida
-preguntamos-
en tan poco!?; si los dioses nos admiran
sabiéndonos poseedores de la muerte
y contemplándonos nacer de entre las guerras
envidian nuestra vida
¡ellos, que se saben inmortales!

Somos tan poco y somos tanto
que ciegos devoramos nuestro tiempo
y dejamos jalones de estrellas y estelas de futuro
al paso de los días, contadas estaciones
de alientos y de sueños; a veces pesadillas
de hijos muertos,
la única muerte que llegada a deshora
nos abre el vacío de la angustia
y hace sangrar las horas
en el pulso detenido de todos los relojes.

El mundo es bello
sólo porque hay quien nos descubre su belleza,
quien lo mira y sonríe y nos deja en el aire
un rumor de palabras que lo nombran.
Y esa labor
es nuestra. Solos y en medio de la nada
somos los creadores; vida efímera
que nace eternidades,
inmortales en arcilla moldeados, aliento para la flor
y el agua
de mares océanas de preguntas
y una certeza sólo,
una sola última

certeza

que a los dioses nos hace envidiables.

.

González Alonso

Fedegabekoa / El descreído

Fedegabekoa

Fedegabeko gizona naiz. Jainkoari esker
ez dut sinesten
gizon-emakumeengan; gizon-emakumei esker
ez dut Jainkoagan sinesten.

Fedegabeko gizon batek ez du balio
ez Jainkoaren egitasmoetarako
ez gizon-emakumeen planarako. Horregatik
ez dakite
zer egin. Horren ondorioz ez dakit
zer egin behar dudan. Honengatik
eta hargatik
toki batetik bestera ibiltzen dira
buruhauste hau konpontzeko asmoz.

Ezin dut
haien kezka lasaitu.

El descreído

Soy un hombre sin fe. Gracias a Dios
no creo en los hombres; gracias a los hombres
no creo en Dios.

Un hombre sin fe no sirve
ni a los planes de Dios
ni a los planes de los hombres. Por eso
no saben qué hacer. A causa de ello
no sé qué debo hacer. Por esto
y por aquello
andan de un lado a otro
con la intención de arreglar este rompecabezas.

No puedo
calmar su preocupación.

Julio González Alonso

En los huesos

..

Llevo en los huesos aire y  frío de infancia,
lo sé; a veces asoma a la memoria
en fotografías congeladas que la nieve reposa
con blancura y silencio, como si el pueblo fuera
luz helada suspendida en el aire; el aire, el aire…
y el frío de la infancia; sí,
lo sé bien. Entonces dejo la brisa entre  los ojos
e impunes las miradas se colman de escarchas
y de agua.

Los ríos, adelante, son rumor quebradizo de hielos en las márgenes,
corriente  oscura y pesada que rueda sobre piedras.
Llevo escrito en los huesos una niñez de inviernos
como negrillos alzados en ramas deshojadas
y es por eso que el alma se retira y  ausenta
y se recoge
en  silencio.

Nadie puede luchar contra un amor tan grande.
Nadie debe ignorar la memoria de sus huesos
y cerrar los párpados dejando que el aliento
bese  el aire sin una sonrisa; acaso
en espiral de sueños el tacto de la nieve

sólo

en la piel del tiempo.

 

 

González Alonso

No podré, no podrás

 

.. ..

.

Podrá el tiempo traerte otros amores
y poner en tus labios otros besos,
la vida regalarte de sucesos
y en tu boca dejar dulces sabores.

Sabrá el tiempo borrar los sinsabores
de mi vivir sin ti los sueños, esos
que guardo del olvido siempre ilesos
como al olvido di con los rencores.

No podrás, sin embargo, contra el alma
ni contra la memoria de los años
dejar de recordarme cada día.

Ni podré aunque lo intente hallar la calma
negando con orgullo y con engaños
el amor que por ti sólo sentía.

González Alonso

.

Ella se soltó el amor

Ella
se soltó el amor
y la melena cayó sobre su espalda;
el pelo golpeaba el bronce de la piel
y repicaba caricias más allá de su cintura
en  el leve movimiento sensual de las caderas.

Su mano izquierda acarició
el calor estremecido de su seno derecho; su mano derecha
alcanza
la tersa suavidad en el camino del pubis; así en la dura
redondez,  sus nalgas se aprestaron
al dulce embate
y Venus se derramó copiosa de venturas
en su hueco palpitante.

Lasciva, una sonrisa recorre su desvanecido cuerpo
y se hace en los labios voluptuoso beso,
ameno galanteo entre las manos,
suspiro que aún jadea en el aliento,
deliciosa ensoñación en los ojos aún cerrados
que florece en las palabras,
los propósitos
y  libertinos pensamientos.

Una vez más accede hasta sus pechos el lúbrico deseo
para inundarse de placer en el combate
y rendirse al empuje de la entrega
sin tregua
y condiciones.

Ella
se soltó la melena
y el amor cayó sobre su espalda.

González Alonso

Maritornes

Ancha de cara, llana de cogote,*
de un ojo tuerta, del otro no sana;
corta de altura, más parece enana,
pero es hermosa para don Quijote.

Mujer de venta, puterío y mote
presumir no precisa la asturiana
de moza de modales ni lozana
para a un hombre, con gracia, echarse al bote.

Maritornes alegre y compasiva
que tanto del amor gustas los cuentos
y cumples del amor palabra y trato,

con tu alma candorosa, bella y viva,
cómo a Sancho sanaste con ungüentos
bien merece apuntarse a tu retrato.

González Alonso

*Cervantes en el Quijote (I, 16)

*Publicado en el cuaderno ÍnsuLa CerBantaria: Maritornes

La ecuación del desengaño

El empedrado de la calle; la luz
del alba, el sueño en la quietud del aire,
las horas mudas y los ojos fijos.

Espera interminable con café
frío; noche tan larga en los relojes
sin tiempo que medir en sus minutos.

Ya levantó la bruma su tristeza
húmeda y gris; en lágrimas el día
la ausencia envuelve. Qué puerta no se abre,
qué puerta se te cierra del amor,
del amor, ay, sabes la puerta abierta.

Ay, amor, tras la puerta ya cerrada.

González Alonso

*Poema del libro «Testimonio de la desnudez», Fundación Jorge Guillén, 2015.- Colección Maravillas Concretas, nº 11

Ya los barcos

Ya los barcos oxidados de la ría,
recostados
y heridos de muerte
se apartan a los sueños de travesías limpias
por sobre olas de memoria de algas
salobres,
verde y plata
de océanos sin norte arrastrando el silencio
húmedo
que borra sus nombres.

Ya los hierros de sus quillas abiertas
retornan a la memoria del mineral fundido
y se hacen montaña,
gigantesco velero por sobre los mares verdes
orillas
del Cantábrico; y ya las velas
desplegadas
a los vientos de la geografía de su muerte
…………………  se hacen mariposas delicadas
…………………………………………………en mis ojos,
…………………………………..lágrima en la mejilla,
……….apenas beso en labios adolescentes.

González Alonso

Poema publicado en la antología colectiva Árido Umbral (Editorial Alaire, 2011)

Qué poco, al fin

 

.Qué poco, al fin
(1988-2003-2005)

En la oscura sombra, sombra. Sombras
de sombras. Tampoco hay nombres. No hay nombres
de ningún nombre. Ninguna historia. No hay historia.
Ni palabras, ni voces, ni silencio,
ni noche;
no hay tiempo en los relojes, días en los calendarios
ni años
de cumpleaños.
Nadie guarda un recuerdo en la memoria. Los recuerdos
de los otros
tampoco nos recuerdan. Qué poco
hay de todo.

Primavera. En la luz de primavera
la luz, el aire, también el aire. Y el futuro a la grupa
de los caballos del hambre y de la guerra. Hay hambre.
Hay guerra. Otro siglo. Hay tiempo.
Y al fin, resucitarán los muertos, se irán los vivos.
Por entre los camposantos amanecerán los espinos
blancos. También hay uvas para fermentar el vino
de la victoria y del miedo. Hay miedo, y miedo
al miedo. Un lado oscuro de sonrisas. Los sueños
de los otros
y el sueño como leve vuelo en las alas de las mariposas.

Hay tanto
y tan poco. Qué poco
hay, al fin

González Alonso

Poema que forma parte de la antología colectiva ÁRIDO UMBRAL (2011) de Editorial Alaire