Desde Berlín – Tributo a Lou Reed

Desde Berlín
Tributo a Lou Reed
Producción Teatre Romea

Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró
Dirección: Andrés Lima

Intérpretes: Nathalie Poza y Pablo Derqui

Teatro Barakaldo.- 8 de noviembre de 2015

Difícil sustraerse al impacto de este paseo mágico y dramático por el universo contradictorio, profundamente nihilista y destructor, que nos conducirá al reinado  de la droga que consumió a la juventud de los años setenta del pasado siglo, el caballo o heroína. Pero no sólo eso. La obra de teatro Desde Berlín pone sobre la mesa el reto y la dificultad de vivir las convenciones sociales cuando se quiere y se está dispuesto a vivir a fondo, lo que abarca el abanico de las pasiones, el amor, la necesidad de libertad absoluta. Pero la absoluta decisión de sentirse vivos conduce a callejones sin salida, viajes sin retorno y, sobre todo, la amarga constatación de que la felicidad pasa de largo o se nos queda poco tiempo entre las almas y las carnes, no pudiendo ser apresada y congelada en una fotografía; de igual modo, resulta inevitable -por más que nos tapemos los oídos y cerremos los ojos- sentir que la felicidad de los demás, los hijos, los amigos, la pareja, la familia, los vecinos, exige ceder parte de la necesidad propia para saber del otro y no morir ahogado en uno mismo.

Lou Reed cantaba, gritaba, su inconformismo desde una experiencia personal traumática con sus tendencias sexuales y crítico con prácticas como la prostitución.

No me gustaba la escuela.
No me gustaban los grupos.
No me gustaba la autoridad.

Y sus razones tenía. El camino del rock and roll y la heroína lo condujeron a expresar su descontento. Vivió el primero y sobrevivió a la segunda para morir en Southampton-EEUU, en 2013. Había nacido en Nueva York el año 1942.

De la historia grabada en vinilo en los años 70 por Lou Reed en el álbum titulado Berlín, brota esta puesta en escena en la que se escucharán parcialmente y se vivirán, las canciones del disco a través de la historia de autodestrucción de una pareja y del amor, el que necesitaban más allá de todo, con una crudeza sin paliativos. Las proyecciones audiovisuales reforzarán esa sensación en la que tanto la actriz Nathalie Poza, como el actor Pablo Derqui, hacen un trabajo hermosísimo en una magnífica e impecable representación. Ambos interpretarán al piano y la guitarra parte de los temas y cantarán muy acertadamente las letras de Lou Red, con la exhibición de una voz magnífica para la canción de Nathalie Poza, la cual confiesa que el cantante neoyorquino es el artista de su vida y haber tomado contacto con la música de este álbum con sólo 11 años de edad.

Buen texto del trío Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró. No han desdeñado ninguno de los recursos dramáticos a su alcance para construir este soberbio poema musical que te retrotrae a los años más duros de la heroína y los mejores para el rock and roll en los temas de Lou Reed. Por acá y por allá asoman la angustia existencial de la búsqueda de uno mismo, la incomunicación en el mejor de los lenguajes del teatro del absurdo o la ternura como la otra cara de la moneda de la violencia. Todo puesto blanco sobre negro, sin circunloquios ni aditamentos estériles, en el desnudo cuadro de una vida enfrentada al muro insalvable de uno mismo frente a la sociedad y sus contradicciones.

Alrededor de una cama, el personaje de Jim evocará a Caroline y la historia de su amor; una Caroline entregada a la heroína que se prostituye y acaba perdiendo sus hijos para encontrar, finalmente, la muerte en el último de sus intentos de suicidio. La desesperación en esta relación tormentosa empujará a Jim a la violencia y la impotencia más dolorosa ante un amor que es como un tiovivo en el que el vértigo domina toda la relación. Desde la angustia de la soledad, Jim no puede dejar de amar a Caroline y sentir que debería desatarse de su recuerdo.

Una obra, como he dejado dicho, magnífica; un gran poema –porque todo se sostiene sobre la intensa subjetividad de la poesía- que se construye con la música de uno de los grandes de la música, el autor de Berlín, en la que –repetimos- se cimienta esta pieza dramática y del que conservo en la memoria y conservo en vinilo álbumes como Rock and Roll Animal, Heroin o Sweet Jane. Lou Reed, cantante y guitarrista que abordó los temas de la prostitución y la transexualidad, habiendo padecido él mismo, con 14 años, duros tratamientos psiquiátricos y sesiones de electroshock para “curar” o corregir sus tendencias homosexuales. De esos mimbres está hecha la obra de teatro ante la que nos enfrentamos el pasado domingo en el teatro Barakaldo.

Largo será el aplauso para los autores y actores ya mencionados, y largo será para todo el equipo técnico, músicos, vídeo, escenografía y, en fin, cuantas personas que con su inteligencia y trabajo han hecho posible que el teatro viva en cualquiera de sus formas con la autenticidad de lo honesto y sincero; en este caso, recreando la esencia de una época y de las inquietudes más profundas del hombre a través de la música de Lou Reed.

González Alonso

El triángulo azul

El triángulo azul
Centro Dramático Nacional y Micomicón Teatro
Texto: Laila Ripoll y Mariano Llorente
Dirección: Laila Ripoll

Actores: Manuel Agredano, Elisabet Altube, Marcos León, Mariano Llorente, Antonio Sarrió, José Luís Patiño, Raúl Pulido

Teatro Barakaldo, 31 de octubre de 2015

Lo importante, lo trágico de asomarse a obras con temas como la de El triángulo azul, es constatar lo devastador de las guerras y la ciega crueldad de quienes las empujan, jalean y se enriquecen con la miseria a la que arrojan a millones de personas desposeídas de la dignidad humana y entregadas sus vidas a la arbitrariedad de la violencia y sus verdugos. No aprendemos.

Desde las primeras escenas de El triángulo azul, no pude dejar de pensar –entre todas las tristes noticias diarias- en la suerte de España y el designio de los españoles; sobre todo hoy día, cuando los nacionalismos llamados periféricos vapulean la Historia, se cargan de victimismo, manipulan los sentimientos de los ciudadanos, mienten mientras roban y saquean las arcas públicas y, paradójicamente, arrastran a las masas hacia un odio cada vez mayor a lo español y España. Unos, levantan banderas contra la nación española y piden votos, desafían las leyes y forjan golpes de Estado contra la democracia. Otros, en nombre de la convivencia, exigen silencio y se niegan a cerrar las heridas de la represión y los asesinatos del franquismo, encarcelan a los jueces que pretenden abrir las fosas comunes para recuperar la memoria y la dignidad de los españoles a los que se les arrebató de manera tan cobarde como miserable. Todos parecen ignorar a todos y nadie, con sentido común, quiere mirarse en el espejo de la Historia, deformando las imágenes de manera grotesca y destilando un odio irredento.

Cuando era niño quise vivir una vida sin guerras; de joven, deseé y luché por asegurarnos una vida en democracia; luego anhelaba el final de la violencia terrorista, sobre todo de la más virulenta y cruel alimentada por los nacionalismos y sus fanáticos. Pero queda mucho más, y sueño con algo más elemental como es saber que todo ello se ha de producir en el marco solidario de una España liberada de fantasmas. Eso queda, y no es poco.

Todo cuanto antecede lo pensaba y sufría mientras iba leyendo en las escenas de El triángulo azul el final trágico de esos siete mil españoles enviados desde los campos de concentración franceses al campo de exterminio de Mauthausen. Expulsados de España por la guerra civil del 36, trasladados por los alemanes a Polonia en la II Guerra Mundial del 39, rechazados por Franco y su gobierno para que hicieran con ellos lo que quisieran, apátridas, olvidados por todos, exterminados por los nazis. Menos de dos mil de aquellos siete mil españoles, conseguirían sobrevivir.

Y en medio de tanta inhumana desgracia, no dejó de haber lugar para la dignidad pidiendo un minuto de silencio por el primer español muerto en Mauthausen; para no dejar de llamarse españoles. No bastó tanta desolación para olvidarse de ser solidarios, sonreír a veces, intentar dar a conocer al mundo la dimensión de los horrores del delirio nacional socialista alemán y su práctica de exterminio de españoles, polacos, húngaros, judíos, rusos, gitanos o alemanes que se desviaran del doctrinario nacional socialista, ese movimiento –seguido por el fascismo italiano de Mussolini- que llegó al poder sirviéndose de los derechos y libertades de la democracia y que, desde las instituciones, hicieron saltar los principios democráticos, vulneraron las leyes y los derechos humanos y arrastraron a las masas nacionalistas a la irracionalidad de la persecución de quienes no comulgaran con su fanatismo para empujarlas, más tarde,  a una guerra despiadada contra el mundo. ¿A qué me suena todo esto en la España de nuestros días? ¿Acaso los aprendices de brujo de hoy no se reconocen en los espejos de aquellos otros esperpentos envueltos en banderas patrias contra todas las banderas, arropados por masas enardecidas y clamorosas, alentando el odio contra enemigos inventados a los que hacer culpables de sus errores, latrocinio y fracasos?

Bien a la vista está lo mucho que nos remueven estos temas. Y está bien subirlos a los escenarios, si no queremos que los escenarios de jornadas tan tristes y terribles vuelvan a ponernos a todos a interpretar este drama. Volvamos la vista a Siria, Palestina, África toda, Oriente en toda su extensión, a día de hoy; mañana, tal vez cambien algunos nombres, no las tragedias. Volvamos la vista hacia España si no estamos dispuestos a volver a enviar a otros siete mil españoles a los campos de la muerte; de Cataluña, de Castilla, de Aragón, del País Vasco, de Andalucía, Extremadura, Asturias, León, Valencia, Galicia…

Los actores cumplieron con su papel. Tal vez puedan hacerse algunas críticas al cuerpo de la obra en su conjunto, la validez del texto en momentos determinados, la oportunidad de algunos números musicales o el tratamiento de algunos personajes y situaciones. Pero todo ello es secundario al lado de la importancia de una representación que se me antoja valiente y necesaria en ese grito desgarrador contra la barbarie, la de todos los tiempos, también –y sobre todo- la de hoy. Y contra el olvido.

González Alonso

Insolación, obra de teatro sobre la novela de Emilia Pardo Bazán

Insolación, adaptación teatral de Pedro Víllora sobre la novela de Emilia Pardo Bazán
Dirección de Luis Luque
Reparto: María Adánez, José Manuel Poga, Chema León y Pepa Rus

Teatro Barakaldo, 10 de octubre de 2015

Insolación es una novela recreada para el teatro por Pedro Víllora. Debo decir que con afortunado acierto el dramaturgo ha construido este cesto con los mejores mimbres del trabajo escénico para recoger con sabiduría lo esencial de la novela de Pardo Bazán, tanto en el fondo como en la forma.

Emilia Pardo Bazán fue una notable aristócrata que pudo haberse conformado con vivir una vida acomodada, regalada de todos los privilegios de su clase. Pero, además de aristócrata fue mujer inteligente capaz de enfrentar de manera crítica los males sociales de su época, sobre todo los referidos a la condición femenina en la desigualdad de oportunidades y derechos, tanto laborales como personales. No solamente carecían las mujeres del derecho al voto, sino que su papel estaba relegado a la condición de esposa y madre en los interiores de las casas y sus fogones.

La doble vara de medir las conductas masculina y femenina en el orden moral, lo tocante a la sexualidad y su capacidad para decidir sobre su propio destino en la vida, fue duramente denunciado por la escritora, prolífica en obras y tocando todos los géneros, tal como se refleja en esta obra teatral. El personaje de la marquesa viuda tiene algo de autobiográfico en su decisión de afrontar los riesgos de romper con los convencionalismos sociales y tomar decisiones que, en la vida personal de la autora, la llevó a romper su matrimonio y asumir la experiencia del amor y la sexualidad con desbordante y natural libertad.

En la obra de teatro aflora el personaje libertino, adulador, seductor y canallesco del donjuán, al cual se alude literalmente en la trama. Frente a él encontramos otro personaje interesante, de aspecto y formas serias, intelectual, de discurso liberal e incluso transgresor muy influenciado por las ideas de la Revolución francesa, por supuesto también aristócrata, que disipará las dudas de la marquesa son sus argumentaciones sobre la hipocresía de la moral burguesa en su doble rasero de medir la condición femenina respecto de la masculina. Pero este personaje, en el fondo íntimamente conservador, criticará, sintiéndose engañado y frustrado en sus expectativas con la marquesa, la decisión coherente de la mujer al entregarse libremente a sus deseos en brazos del donjuán.

La cuestión amorosa, importante y central, no oculta la mirada a la sociedad en la que se produce. Desde la alta atalaya de los privilegios de la nobleza, Emilia Pardo Bazán otea los horizontes de la vida en la España de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, baja con su personaje a la vida del pueblo y la chusma que se divierte y entrega a la fiesta en el San Isidro madrileño, se emborracha, se enamora y vuelve para tomar una decisión, anteponer los sentimientos a las convenciones sociales.

Si el texto dramático, como he dicho al comienzo, es realmente bueno, la dirección de Luis Luque y el trabajo de interpretación del cuadro escénico no le van a la zaga. Con austeridad se recrea en las sombras el ambiente opresivo en el que se debate la protagonista hasta que del sol es la luz la que ilumina las estancias de su mundo y su interior, para entregarse a un calor que antes la asfixiaba. Impecables y ricas en matices, las interpretaciones de unos actores y actrices que vienen, como es el caso de María Adánez y Pepa Rus, de las series televisivas, nos sorprenden y admiran agradablemente y nos dejan ver la versatilidad de sus grandes recursos dramáticos más allá de las caricaturas de los personajes de la televisión que, por otra parte y de otro modo, tan bien interpretan y tanto nos hacen disfrutar.

Aplauso merecido y agradecimiento por ofrecernos la ocasión, una vez más, de una tarde espléndida de sábado de teatro. Vale.

González Alonso

La Ópera del Malandro.- Musical de Chico Buarque

La Ópera del Malandro
Un musical de Chico Buarque

La Ópera del Malandro

Teatro Barakaldo, 28 de marzo de 2015

Colorido, luz, trajes vistosos, música en directo, baile y canciones. Todo lo que hace un musical en teatro. Éste, ambientado en Río de Janeiro, con letras en portugués, años treinta del pasado siglo XX, tráfico ilegal, contrabando, burdeles y prostitución, dinero a espuertas corriendo por las manos de los mafiosos y engordando sus cuentas corrientes, corrupción institucional, policía haciendo la vista gorda, cobrando por hacer la vista gorda, llevando a cabo ajustes de cuentas y liquidando personas a cambio de más dinero. La vida miserable de las prostitutas, su única vida, la de los parados, pensionistas sin pensión, los jóvenes sin futuro.

La Ópera del MalandroSupongo que todo lo reseñado no va a descubrir nada nuevo a nadie. Pero sigue ocurriendo. No importa que llevemos ya un buen mordisco del primer tercio de otro siglo y no estemos en Brasil. El mundo sigue danzando al ritmo del dinero y conseguirlo es el fin, lo demás sólo son medios. Así que la prostitución, la miseria, las mafias, el contrabando de bienes y personas, la esclavitud, siguen sin ser erradicadas de las entretelas de las sociedades actuales en las que sobrevivimos, nutriendo y engordando a políticos, banqueros, multinacionales y toda la ralea de gentes sin ninguna clase de escrúpulo.

El caso es que, sin descubrir nada nuevo, en la comedia musical La Ópera del Malandro, con una sonrisa, bossa nova y ritmos caribeños, se pone sobre la mesa un estado de cosas que reclaman justicia y un cambio definitivo de rumbo. La alegría del musical y el desenfado con que se mueven los personajes rozando lo esperpéntico en una actuación deliberadamente provocadora, acaban gritando con el grito de la risa que se seca en la garganta y nos deja una comezón o desazón moral de intranquilidad y desasosiego.

La Ópera del MalandroUna puesta en escena meticulosa y efectista. Una obra excesivamente larga en sus ciento veinte minutos de representación sin intermedios no puede evitar la sensación de vivir momentos repetidos y pérdida de gas en algunos tramos de la obra. Pero la magnífica actuación del elenco teatral, su entrega, capacidad de interpretación y versatilidad para el canto y la danza, sacan adelante el trabajo con brillantez, sobre todo en la traca última con dos finales distintos, uno supuestamente impuesto por las presiones del productor o la censura, que acabarán siendo el mismo y único final a manos del propio autor de la comedia.

En fin, un proxeneta y un contrabandista enfrentados, más aún cuando el contrabandista se casa a escondidas con la hija del proxeneta en contra de la voluntad de éste; las maniobras del empresario para que la policía acabe con la carrera y vida del contrabandista que, a su vez, también tenía sus negocios con la policía; la manipulación de los medios de comunicación y de las masas, creando sindicatos, filtrando noticias de corrupción, creando titulares, convocando manifestaciones contra la explotación sin dejar a un lado el negocio y la explotación de las mujeres prostituidas y todo un rosario descarnado de lo ya mencionado y repetido.

Y así estamos. Buscando una salida a ritmo de samba.

González Alonso

La Ópera del Malandro

Clown Houses.- Merlin Puppet Theater de Grecia

Clown Houses
Merlin Puppet Theatre de Grecia

Clown Houses

Teatro Barakaldo, 22 de marzo de 2015

Sobre el fondo oscuro del teatro se abre otro pequeño escenario de apenas dos metros y medio de largo por uno y medio de alto para dar vida, o lo que les queda de vida –según se verá-, a unas marionetas de unos cuarenta y cinco centímetros al estilo del teatro negro de Praga.

Al decir lo que les queda de vida quería referirme al contenido profundamente pesimista de cada mirada a la vida de los inquilinos de esta casa de pisos rematada por una terraza con su antena de televisión, su luna en cuarto menguante en la noche y sus suicidas. De la terraza abajo, el miedo a vivir, la rutina de lo cotidiano y asfixiante, el secuestro de la vida real por la del mundo virtual, el caos de la convivencia familiar, violenta, llena de acidez, en medio de la cual flota un leve sueño de amor y juventud obsesivamente en una canción de los Beatles y los ojos y la expresión ensimismada y ausente, la usura, la avaricia y el materialismo feroz, la soledad extrema, la depresión y la tristeza. Y detrás de cada escena la no vida, el final irremediable; en definitiva, la muerte. De ahí que aludiera al pesimismo radical expresado con una estética de crudos contrastes de luces y sonidos chirriantes. La voz que acompaña las transiciones entre los cuadros también se arrastra grave y apocalíptica y en inglés. Las escenas de humor negro, alejadas del fino humor británico, no dejan lugar a especulaciones.

Mencionado lo del inglés, hay que aclarar que no es imprescindible conocer el idioma para seguir la representación; pero también se puede decir que no costaría demasiado grabar los textos en español y el espectador agradecería el esfuerzo.

Clown HousesRepresentación, por la forma y el contenido, para adultos. Tal vez despiste el que se trate de teatro de marionetas y eso haga acudir a la sala a padres con sus hijos pequeños. ¡A ver cómo se lo explican luego en casa! Al menos, algunas de las preguntas que oí hacer a una niña a su padre, situados detrás de mí. No es ningún drama, pero las situaciones planteadas y sus finales no son nada inocentes y están muy por encima de las capacidades de juicio, las necesidades, las expectativas y las habilidades infantiles.

La magia del teatro es así, y la compañía griega Merlin Puppet Theatre ha destilado tristeza y pesimismo a lo largo de una hora de representación con esta radiografía del esqueleto del alma humana en un trabajo excelente, de lo que hay que felicitarse y aplaudir. Sacudir los miedos y los fantasmas que se agazapan en nuestra vida cotidiana, puede servirnos para aprender a encontrar la mirada alegre, confiada y solidaria del resto de nuestros días. Y si no es así y para tanto, tampoco importa; esta portezuela de la esperanza ya no se cerrará.

González Alonso

Clown Houses

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Cuatro conciertos y una ópera

Cuatro Conciertos y una Ópera
7 y 8 de marzo. Palacio Euskalduna y Teatro Barakaldo

Ópera: Un baile de máscaras.- Verdi

Vivimos rodeados de prejuicios. Uno de ellos parece ser el de pensar que la música clásica es algo tan minoritario que no interesa a casi nadie, y mucho menos al público joven. Vulgaridad, ramplonería, gustos horteras en música y celebraciones que no parecen ir más allá del fútbol en lo deportivo y los delirantes botellones en lo social, con cientos de jóvenes alrededor de las mezclas más variopintas de alcohol en las plazas y los adultos alrededor del mismo alcohol en bares, aceras y terrazas. Esa es la foto fija. Pero es, también, la mirada engañosa.

Eventos como los de este fin de semana en Bilbao y Barakaldo vienen a decirnos que no es así y que, junto a la ramplonería y la vulgaridad (tal vez por falta de alternativas) vive esplendorosamente el gusto por el arte cuando alcanza a vestirse de mayúsculas en sus cuatro letras. La música de Georg Friedrich Haendel (1685/1759) y de Johann Sebastián Bach (1685/1750), en una inusual maratón de tres días en el Palacio Euskalduna de Bilbao, con conciertos simultáneos en cinco de sus salas, más otros conciertos en salas más pequeñas y espacios abiertos del Euskalduna a cargo de los estudiantes de de los diferentes Conservatorios venidos de toda España, fue un éxito rotundo de un público heterogéneo entregado a la música del barroco escrita por estos dos gigantes de la música.

Al mismo tiempo, en Barakaldo, se ofrecía también la música unida al teatro en forma de ópera. Allí se recreaba la inspiración de Giuseppe Verdi en el título Un baile de máscaras. El teatro registró una buena entrada, no con la espectacularidad de los conciertos del Euskalduna, pero muy apreciable, en todo caso.Orquesta Sinfónica de EuskadiY la cuestión es, me parece, que cuando la oferta es de calidad y el precio se hace asequible, la aceptación del público y el éxito están casi asegurados. La ópera y la música clásica han sido, culturalmente, patrimonio de las clases sociales dominantes y enriquecidas. En sus manos, el arte fue siempre pura ostentación. Ahora, cuando el arte considerado elitista puede llegar al vulgo, adquiere dimensiones de grandeza y autenticidad, alejado del consumismo y la banal y huera exhibición.

De los tres días de programación, uno; y de los conciertos del día, cuatro. El de la Orquesta Sinfónica de Euskadi con Daniel Oyarzabal al órgano interpretando de Haendel  la Obertura de Theodora, el Concierto para órgano y orquesta nº 13 de fa mayor y la Música de los Reales Fuegos de Artificio. Después, la magnífica orquesta alemana Chorus Musicus Köln Das Nueue Orchester, con su bien armado coro y estupendos intérpretes y cantantes, en la Cantata Ich hate viel Bkümmernis de J.S. Bach. Continuamos, ya por la tarde, presenciando la actuación de la imponente y conjuntada Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias con la música de Bach orquestada por Leopold Stokowski (1882/1977) en el Pasacalle y fuga en do menor, Wachet auf, ruft uns die Stimme y la Tocata y fuga en re menor, además del Concierto para órgano y orquesta nº 4 en fa mayor con Daniel Oyarzabal al órgano. Y para concluir, la maestría demostrada y reconocida del grupo de cuerda Al Ayre Español, de Zaragoza, con las interpretaciones fieles y rigurosas de Haendel en el Concierto Grosso en sol menor opus 6, nº 6, el Concierto Grosso en do menor opus 6, nº 8 y el Concierto Grosso en si bemol mayor opus 6, nº 7, que dejaron el listón muy alto en este difícil arte musical con su interpretación vigorosa y rica de matices. Por medio, la Orquesta de flautas del Conservatorio Superior de Música de Aragón completó lo que fue todo cuanto pudo depararnos la jornada en el abarrotado Palacio Euskalduna.

Al Ayre Español de Zaragoza

La ópera de Verdi, El baile de máscaras, de cuyo argumento dejé constancia tras la representación vista en el Teatro Colón de Buenos Aires: Un Ballo in Maschera, Teatro Colón.- Buenos Aires, resonó con gran fortuna en el teatro Barakaldo, en la tarde del domingo, día 8, con una representación más convencional que la argentina, tanto en su escenografía, como en el vestuario e interpretación. Muy dignos todos los cantantes y el coro de esta compañía Ópera 2001 y Ópera de Massy (París), y muy buena la orquesta que sonó afinada y oportuna desde el pequeño foso del escenario del teatro Barakaldo.

La acción transcurre en Boston, convertido en un trozo europeo; el rey Gustavo pasa a ser el conde Ricardo y todos los arreglos que Verdi se vio obligado a realizar para evitar conflictos, como podéis leer en el enlace al comentario de la representación de Buenos Aires.

Por un fin de semana, Bilbao y Barakaldo pusieron la cultura musical a la altura de cualquier mito europeo, Viena, Praga, Berlín, París o Venecia, por ejemplo. Esperar que se repita y se haga costumbre, sería lo deseable. Vamos a pensar que será así.

González Alonso

Verdi: Un baile de máscaras

El arte de la entrevista, de Juan Mayorga, en el Teatro Barakaldo

Teatro: El arte de la entrevista. Cartel.El arte de la entrevista
Juan Mayorga
Teatro Barakaldo, 28 de febrero de 2015

Hacerse las preguntas importantes de la vida. Y contestar sin trampas. Así, en ese desnudarse ante  uno mismo, delante de una cámara, del mundo entero (aunque al mundo le importe, realmente, un carajo tu vida), se resuelve esta comedia que acabará en tragicomedia. Porque las pequeñas y grandes mentiras acumuladas a lo largo de nuestra existencia conforman un mundo falso que se desmorona, vacío de verdades y lleno de amargura y rencor, delante del espejo. Y una vez roto el espejo nada puede seguir siendo igual que antes; cada trozo ilumina las horas oscuras y la apariencia de realidad se disuelve como un azucarillo en un vaso de agua. Se ha perdido la inocencia. A partir de ahí la vida entra como un torrente en la casa y en las costumbres. Aceptar las respuestas es aceptar los fracasos y la imposibilidad de seguir viviendo en la impostura.

Llenazo en el teatro. No creo que fuera porque el respetable supieraTeatro: El arte de la entrevista. Escena. de antemano de la bondad de este trabajo de Juan Mayorga, que es –de verdad- un muy buen trabajo. Más bien, pienso que la razón del éxito –del que me alegro- reside en el tirón televisivo del actor y las actrices del reparto. Una jovencísima Elena Rivera, con protagonismo en series de televisión como Cuéntame, en una actuación muy natural, digna y con momentos de gran acierto. Tal vez, como ocurrió con el resto del reparto, esa naturalidad pecó de excesiva, haciendo ininteligibles algunas partes y diálogos que, interpretados de ese modo, en la televisión no es problema para oirse con claridad. Sobre esta cuestión puede que tenga algo que decir el director, Juan José Afonso. No estoy pidiendo una sobreactuación de los personajes, que los haría menos creíbles y la obra aburrida, sino apuntando que debió existir o desarrollarse una actuación más teatral. Seguimos con el personaje masculino interpretado por Ramón Esquinas, que consiguió el mejor resultado posible con el papel menos brillante del reparto. Luisa Martín, gran profesional, en una interpretación sin fisuras y llena de matices bien trabajados le imprimió un ritmo estupendo a su actuación. Y Alicia Hermida, simplemente magnífica en el papel de la abuela, la pieza que se rompe de este puzle de la vida familiar y que, necesariamente, obliga a ala recomposición de las relaciones y los afectos.

El decorado me gustó. Austero, aplastante con esos muros de la casa que encierran como si fuesen los de un castillo el pequeño y agobiante espacio de la vida personal y familiar.

El arte de la entrevista. Escena de teatro.Una vez puesto el pero de resultar un montaje teatral atacado de excesiva naturalidad, digamos que –aparte de la ya mencionada dificultad de una buena y clara audición- hizo que la obra transcurriera demasiado plana, con escasos momentos en los que la intensidad dramática te sobrecogiera o, al menos, te sorprendiera. Obra de teatro de telón y acto único. De texto. Se sube el telón, se ve, se disfruta, se echan en falta las cuestiones ya señaladas, se sonríe, a veces también se ríe, se piensa, se reflexiona ante el desarrollo y los lugares por donde se conduce la acción, se baja el telón. Y se aplaude, cómo no. Porque es teatro y está bien hecho. Porque tampoco es imprescindible romper todos los esquemas en cada nueva representación, e incluso porque está bien utilizar los esquemas conocidos, con sabiduría y prudencia.

Una tarde, al fin, amena, en la que el teatro nos hizo mirar al pasado, cada cual al suyo, y desvelar lo que el miedo oculta.

González Alonso

El grito en el cielo.- La Zaranda

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El grito en el cielo

La Zaranda.- Teatro Inestable de Andalucía La Baja

Texto e Iluminación: Eusebio Calonge
Espacio escénico y Dirección: Paco de la Zaranda
Cuadro escénico: Celia Bermejo, Iosune Onraita, Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez

Teatro Barakaldo.- 24 de enero de 2015

La fórmula completa de La Zaranda para conseguir obras dramáticas de tanta calidad no la sabemos; apuntan, sin embargo, la capacidad de trabajo, el análisis riguroso de los recovecos de la sociedad, el sarcasmo, la consolidación de un elenco teatral de altísimo nivel y la puesta en escena de trabajos sólidos, emotivos y capaces de empujarnos a la reflexión.

El grito en el cielo, es una inmersión en el alma de la vejez, la soledad de los viejos recluídos en asilos llamados eufemísticamente residencias o geriátricos. La percepción que los ancianos tienen de su destino es el de estar apartados de la sociedad esperando la muerte, una espera en la que son atiborrados de medicamentos para todo y contra todo –menos contra la soledad y la implacable irreversibilidad de la naturaleza- que alargan su condena llenándoles de angustia, el propio miedo de su situación, alteraciones y pérdida de la memoria y otras sevicias de la edad, a lo que se suma el miedo a la institución de acogida, la organización médica y los familiares.

La toma de conciencia por parte de los ancianos de su situación, aun dentro de sus limitaciones, les lleva a confesar que realmente no temen la muerte, sino que los maten. Para ello, nada más absurdo que someterlos a programas físicos, pedagógicos, psicológicos y culturales dirigidos al mantenimiento de la forma física, la memoria, la ilusión y el bienestar. Resulta patético. Nada de cuanto se les ofrece y se les obliga a realizar sintoniza con sus necesidades, preocupaciones y capacidades. En cierto modo podría establecerse un paralelismo entre estos programas orientados a la vejez y los programas del sistema educativo destinados a la infancia y la formación de la juventud. Casi nada de lo ofrecido resulta ser significativo, ni para los viejos, ni para los niños. En un caso, hablaremos de fracaso escolar; en el otro, de fracaso de la vejez. Quizás alguien sugiera la idea del fracaso del sistema. Pero no hay que equivocarse; el sistema funciona bien para conseguir lo que  se espera de él: que ciertos tipos de población no molesten y se mantengan sumisos. Lo demás, suena a hipocresía.

La tarde de teatro se llena de la magia desbordante de una interpretación magnífica a la que arropan elementos tan esenciales y bien manejados como la iluminación, el movimiento escénico y la música, que en los acordes de Wagner se impone sobre la atmósfera creada, realzando cada escena y cada gesto de los actores para imprimir mayor dramatismo a la fuerza de la palabra. Cuando, en medio del caos, los ancianos deciden huir a través de los estrechos corredores que les llevan a los hornos crematorios, la poesía se apodera de los actos de estas personas decididas a conquistar su derecho a soñar y reconquistar su libertad. La escena final resulta ser extraordinaria. Han llegado a descubrir el agua de la fuente sobre la que se derraman las estrellas; alzados sobre sus jaulas terminan sus días mirando extasiados el cielo. Han llegado.

González Alonso

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Maribel y la extraña familia.- Miguel Mihura

Maribel y la extraña familia
Miguel Mihura

Teatro Barakaldo, 29 de noviembre de 2014
Dirección: Gerardo Vera

Intérpretes: Lucía Quintana, Markos Marín, Ana María Vidal. Sonsoles Benedicto, Natalia Hernández, Lidia Otón, Camila Viyuela, Eugenio Villota y la colaboración de Carlota Gaviño.

La tarde de teatro con Maribel y la extraña familia encima de las tablas, la viví con la admiración puesta en el intento del texto y la actuación del cuadro de intérpretes, de superar el pesimismo y desencanto social con una irónica apuesta a favor de la persona y los sentimientos,  dejando al margen y a un lado o despreciando los prejuicios sobre la profesión o el trabajo, la riqueza personal o lo que cada uno tenga que ser para sobrevivir. La naturalidad y bondad de los personajes, perfectamente diseñados por Miguel Mihura, a los que dota de una humanidad esperanzadora, acerca a lo poético esta comedia costumbrista de mediados del siglo XX.

El autor de Tres sombreros de copa ya apunta en 1932 a la renovación del teatro aproximándose a lo que sería el verdadero teatro del absurdo de las décadas siguientes, y junto a Jardiel Poncela será el dramaturgo de más peso y solvencia de la posguerra española.

Maribel y la extraña familia se estrenará en 1959, el mismo año que Miguel Mihura recibe el Premio Nacional de Teatro. El argumento es sencillo. Una joven prostituta de barra americana y un joven empresario de provincia, tímido y apocado, entablan relación en un club de alterne. El joven se enamora y trae a la mujer a la casa de su madre y su tía en Madrid. Las ancianas la acogen con alegría y hacen todos los esfuerzos posibles para que se quede y se case con el joven. La muchacha no encuentra el momento y el modo de explicarles cuál es su profesión. Cuando la ocasión aparece, ni el joven ni las ancianas quieren saberlo, aceptando a la persona que tienen delante y una pequeña biografía, simple e inocente, que hacen de la joven. Seguirán los enredos en los que se verán envueltas las prostitutas amigas de la protagonista, los temores de todas y la extrañeza de pretenderla por esposa junto a otras circunstancias que provocarán escenas cómicas. Pero el amor acabará triunfando para derribar las barreras de los prejuicios sociales.

La obra de Miguel Mihura a la que nos estamos refiriendo nos recuerda a otra del mismo autor, también de éxito y llevada al cine, titulada Ninette y un señor de Murcia. En esta segunda comedia, también de corte costumbrista, el autor enfrentará a las dos Españas, la del bando republicano derrotado en la guerra civil del 36 y exiliado, y la del bando conservador católico y tradicional, que había resultado victorioso. El uno cargado de ideales, ideología, progresista y culto en las estrecheces económicas en las que vivían en el país de asilo, en este caso, Francia; el otro, acomodado, pequeño-burgués, raquítico, inmerso en una rancia moral católica asfixiante, inculto y sumamente aburrido. La reconciliación vendrá servida de la mano del amor y con ella la mejora de sus vidas en todos los aspectos, haciéndose más pragmáticos los unos en un nivel de vida más confortable, y más liberales, alegres y cultos los otros.

Miguel Mihura, que durante la guerra civil y escapando de la situación del Madrid republicano en el que los señoritos –y Miguel lo era- no tenían acomodo fácil, busca refugio en San Sebastián, donde será enterrado a su muerte en 1977. Se apuntó a la Falange, cosa que de grado o por fuerza tantos otros tuvieron que hacer intentando garantizar su seguridad, aunque el carné de falangista no significó un cambio en su manera de pensar o escribir, aparte de algunas publicaciones propagandísticas, el precio mínimo exigido por la dictadura franquista para hacerse un hueco entre los vencedores.

En San Sebastián creará la revista humorística La Codorniz (1941). Más adelante participará con Berlanga y Bardem en el guion de la película Bienvenido Míster Marshall y constituirá un revulsivo cultural con innumerables artículos y la publicación de obras de teatro en las que la comicidad y la complicidad con el espectador serán herramientas de una crítica que hace de ellas piezas y testimonio imprescindibles en la explicación de la historia de una España enfrentada a su necesidad y deseo de progresar y medrar, tanto material y económicamente, como espiritual, cultural y políticamente en el terreno de las libertades democráticas.

Pero, muy por encima del valor testimonial de una época, el teatro de Miguel Mihura se alza con valores universales que hacen de sus obras algo vivo para las generaciones venideras, como son su vehemente apuesta por la bondad natural, los sentimientos, el afecto y la libertad humana por encima del materialismo egoista, la ambición, los abusos del poder, los prejuicios y el pesimismo. Es su teatro, sin duda alguna, una apuesta por la felicidad, y lo es sin acritud y con una sonrisa en la boca. Por eso, es de aplaudir.

González Alonso

La función por hacer, adaptación libre de «Seis personajes en busca de autor»(Luigi Pirandello) de Miguel del Arco y Aitor Tejada

La función por hacer, de Miguel del Arco y Aitor Tejada; adaptación libre de Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello

Teatro Barakaldo, 15 de noviembre de 2014

Intérpretes: Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Nuria García, Manuela Paso, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez. Dirección: Miguel del Arco

Luigi Pirandello (Premio Nobel de Literatura, 1934) estrena la obra Seis personajes en busca de autor, en 1921. A principios del siglo XX el dramtaturgo italiano pone no pocas de las bases en los precedentes de lo que había de ser el teatro moderno y en la gestación del llamado teatro del absurdo. Innovaciones en lo formal y en lo conceptual. Comedia sin actos ni escenas, prescinde del telón que permanecerá levantado durante toda la representación, el escenario vacío, ausencia de decorados, iluminación ligera. En lo conceptual, el teatro apunta al conflicto existencial de la persona en el drama de vivir y convivir; un teatro de la palabra que hurga sin piedad en los sentimientos y las pasiones humanas.

Seis personajes en busca de autor es la reivindicación de lo verdadero, aquello que subyace a la realidad cambiante. El personaje repetirá su historia siempre igual, sin poder escapar de ella. El actor representa, el personaje es. Las personas, de donde deriva personaje, cambiamos a lo largo de la vida y somos distintos personajes durante el transcurso de la misma. Nos liberamos, en cierto modo, de los dramas de nuestros personajes mientras ensayamos otros nuevos. Lo que Pirandello nos propone es la permanente actualidad de la angustia existencial de cada uno de nuestros personajes, condenados a no olvidar ni desprenderse jamás de sus servidumbres.

Las diferencias entre la pieza dramática de Pirandello y la de los autores de La función por hacer no son de fondo ni conceptuales, sino meramente formales. El lenguaje más expontáneo y directo de este primer tercio de siglo XXI, la distribución de roles en los personajes que componen la familia sujeto del drama, pasando de los seis de Pirandello a los cuatro y el bebé de La función por hacer. Pero el resultado sigue siendo igual de impactante porque los personajes continuarán gritando sobre escena su derecho a existir, lo que solamente será posible consiguiendo un autor para contar y repetir cada uno de ellos su historia.

Dentro de este teatro de la palabra tan bien entendido e interpretado por el elenco de la compañía que lo subió a las tablas y en la desnudez de una bella austeridad escenográfica, lo que deslumbra es la acción, lo que atrapa es el sentido existencial del drama, lo que conmueve es la realidad, y la verdad que nuestra propia realidad encierra se presenta al desnudo en la realidad de los demás reclamando el derecho a existir.

Volver a enfrentar la obra Seis personajes en busca de autor a través de esta adaptación libre de Miguel del Arco y Aitor Tejada con el título de La función por hacer, fue sorpresa, emoción y disfrute; la constatación de que las palabras de Luigi Pirandello, recogidas en el programa de mano de la función, siguen teniendo vigencia casi cien años más tarde, al afirmar: El teatro no puede morir. Forma parte de la vida misma; todos somos sus actores.

González Alonso