La puerta de al lado

La puerta de al lado
Fabrice Roger Lacan

Teatro Barakaldo
15 de julio de 2017

Dirección y adaptación.- Sergio Peris Mencheta

Intérpretes.- Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez (músico y narrador)

“La puerta de al lado” es una comedia escrita por F.Roger Lacan, nieto del psicoanalista francés Jackes Lacan, adaptada y dirigida por Sergio Peris Mencheta e interpretada por Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez  como músico y narrador. La producción es de Barco Pirata Producciones.

La definición de “comedia” nos remite a una clase de obra dramática, opuesta a la tragedia, que muestra lo ridículo con elementos que divierten y hacen reír, y con final feliz.

Desde Aristófanes al teatro español del XVII y la actualidad, los elementos que definen la comedia permanecen inmutables en la búsqueda de entretenimiento, la exageración de los defectos o  los vicios de los personajes que responden a estereotipos de los que se amplifican y caricaturizan sus conductas, y que pueden tener un tono moralizante o de denuncia social.

¿Qué diferencia, entonces, a una buena comedida griega de una española del Siglo de Oro o de otra actual? Pues, básicamente, el modo de vida de las personas representadas, la complejidad del desarrollo tecnológico de la sociedad y el modo de vida. Lo demás, incluidos los problemas existenciales, vitales y de intereses de las sociedades, son –básicamente- los mismos.

Así, tenemos a un F. Roger Lacan escribiendo una comedia y encontramos a unos intérpretes representándola por última vez, última ilusión, últimos aplausos, en el Teatro Barakaldo.  Decimos que es una comedia porque entretiene, hace reír de manera saludable y nos ofrece la representación de dos personajes que obedecen a las características mencionadas exigidas para una comedia. Sigue leyendo →

Marat Sade (Peter Weiss) por el grupo teatral Atalaya

Marat  Sade
Peter Weiss

Teatro Barakaldo, 29 de abril de 2017

Atalaya Teatro

Nos encontramos ante una obra de teatro difícil, compleja, de una intensidad dramática que para cualquier actor supone un gran desafío. ¿Quién puede, de manera excepcional, enfrentarse a un hecho teatral de esta naturaleza? En su momento lo hicieron posible nada menos que Alfonso Sastre adaptando la versión en español de Peter Weiss (1963) y Adolfo Marsillach (1968) con la inestimable colaboración del grupo teatral Los Cátaros dirigido por Alberto Miralles, grupo con el que –brevemente, pero de manera intensa- tuve la suerte de actuar un par de años más tarde y cuya experiencia forma parte de la buena memoria que conservo del teatro.

Pero, anécdotas y recuerdos aparte, se puede decir que hoy día solamente puede afrontar el reto de poner en escena una obra como Marat Sade un elenco teatral de la talla indiscutible del grupo Atalaya, Premio Nacional de Teatro 2008. Y con eso, respecto a la calidad del espectáculo, está todo dicho. Sigue leyendo →

Cervantina, de Ron Lalá coproducido con la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Cervantina
Ron Lalá en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Teatro Serantes de Santurce / Santurtzi
29 de marzo de 2017

La ironía y la risa, hijas naturales del humor y hermanastras de la locura, fueron arma y bandera de Miguel de Cervantes en sus obras, particularmente en el Quijote, y herramienta al servicio de la “defensa de la libertad” que Ron Lalá convierte en virus cervantina con “ataques de risa inteligente, lucidez lúdica e ironía aguda” como síntomas más destacados, según sus propias declaraciones.

Cervantina tiene muchos aciertos; se trata de un ambicioso montaje armado sobre un soporte musical de canciones que enlazan y comentan la obra. Su ritmo resulta vibrante en un trabajo agotador para los actores y exigentemente grato para los espectadores. La recopilación de textos cervantinos y el repaso de la vida del autor de las Novelas Ejemplares son exhaustivos y oportunos; las adaptaciones al lenguaje de hoy están hechas con naturalidad, el trabajo creativo de los textos volcados por el grupo es excelente. Todo es de aplaudir. Pero me gustaría comentar que, mientras seguía el discurso de la obra teatral, pensaba que estaba escuchando y entendiendo a Cervantes tal y como lo escuchaban y entendían sus coetáneos, sólo que cuatrocientos años después. Me refiero a la inmediatez de lo que se decía, a su ubicación en la vida cotidiana; es decir, que los Ron Lalá han sabido leer a Cervantes para decirnos lo que hoy nos pasa y vivimos, o sufrimos.

No es la primera vez que Ron Lalá se ocupa del mundo cervantino. Hace unos tres años ya nos asombraron con el montaje “En un lugar del Quijote”. Si entonces como ahora digo que no se les puede poner ninguna pega, no exagero. Bueno, si hay que ponerles un pero, diré que se puede hacer bien, pero mejor, imposible.

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Una casa de muñecas sobre la «casa de muñecas» de Ibsen

Una casa de muñecas
Producción del Teatro Arriaga (Bilbao)

Auditórium municipal de Leioa (Vizcaya)
10 de marzo de 2017

Son de agradecer y aplaudir el entusiasmo y la profesionalidad del cuadro escénico, así como la loable intención de Revueltas y Mirou de acercarnos al dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906) y su “Casa de muñecas”. Pero no puedo dejar pasar por alto algunas críticas y opiniones personales sobre el resultado final del intento.

Digo que, salvado el aspecto de la interpretación con una nota alta, la obra “Una casa de muñecas” sobre la “Casa de muñecas” de Ibsen, se resiente en muchos aspectos y en otros muchos consigue meritorios aciertos. Así, la parte del trabajo que se desarrolla en un plano argumental actual y realista, dejando fluir la libertad expresiva cargada de naturalidad en las escenas de los debates sobre la obra a representar, se percibe pueril en el uso del lenguaje obsesionado con los genéricos en un los-las, todos-todas, hasta la estupidez “progre” del “les reunidos reunidas” y etc. etc. y, de igual modo, flaquea en el desarrollo ideológico desde un marxismo mal planteado o planteado como pretexto y un feminismo peor entendido. Las circunstancias precitadas provocan un distanciamiento muy pronunciado del calado de denuncia de la obra de Ibsen. La superficialidad, irracionalidad del intento estéril de sexualizar el lenguaje y convertirlo en algo para lo que no está hecho, así como la estulticia de las actitudes exhibidas y mantenidas dogmáticamente hoy día ante el problema de los roles sexuales y sus consecuencias para mujeres y hombres en su vida afectiva y social aparecen como una parodia salpicada de salidas ingeniosas y discusiones infructuosas frente a la hondura del texto original.

Si poner de manifiesto semejante brecha forma parte de las intenciones y objetivos del montaje, debo admitir que lo consiguen con total solvencia. El estado de la cuestión en la actualidad se refleja en su simplicidad con tremendo acierto al lado de la profundidad de los planteamientos y el discurso valioso para el debate de Ibsen en las postrimerías del siglo XIX. Digamos, pues, que todas las escenas preparatorias del ensayo de “Casa de muñecas” no pasan de ser una algarada huera y con poco sentido, llenas de las inevitables contradicciones y planteamientos erráticos y erróneos para encontrar el meollo de la cuestión y el fundamento dramático en las escenas y los cuadros de la obra de Ibsen que se representan como ensayos en la obra.

Dicho lo anterior y pasando por alto las concesiones y guiños al euskera, con la acertada denuncia de que “Casa de muñecas” no haya sido traducida todavía a esta lengua, igual que las alusiones al Teatro Arriaga (promotor de la obra) y otras circunstancias anecdóticas de carácter localista, hay que reconocer el indiscutible y meritorio trabajo de interpretación y la puesta en escena de una obra de texto y una duración importante. Hechos estos reconocimientos y agradecimientos merecidos, sólo puedo agregar que al salir del teatro lo hice pensando que, a veces, es mejor dejar a un lado las recreaciones e ir directamente al producto original.

González Alonso

El Retablo de las Maravillas (Cervantes)- Morfeo Teatro

El retablo de las Maravillas
Miguel de Cervantes

Morfeo Teatro
Burgos

Adaptación y recreación dramática de Francisco Negro

Dirección: Francisco Negro

Cuadro escénico: Francisco Negro, Mayte  Bona, Felipe Santiago, Adolfo Pastor, Santiago Nogués, Mamen Godoy y Joan Llaneras en el papel de Cervantes.

Nos encontramos ante una sátira sobre la hipocresía,  la pieza original del entremés de Miguel de Cervantes que da título a la obra y que Morfeo Teatro proyecta de manera amplificada y actual a partir de textos escogidos de una selección de  obras  cervantinas como otros entremeses (El juez de los divorcios), el prólogo de las Novelas ejemplares, distintos capítulos del Quijote, El coloquio de los perros, La elección de los alcaldes de Daganzo, textos como el Discurso de la edad de Oro, etc.

A partir del carácter humanista con influencia erasmista de Miguel de Cervantes, la puesta en escena de este Retablo enfrentará a los personajes ante la corrupción y las bajezas de la sociedad para la que el aforismo “entre la virtud y el dinero, lo segundo es lo primero” estaba entonces, igual que hoy, totalmente justificado. Todo es válido mara medrar a costa del ciudadano. El paralelismo con la situación que vivimos y padecemos los españoles de este siglo XXI, a 400 años del de Cervantes, es evidente. Una casta política, empresarial y financiera sin escrúpulos, enriquecida con la pobreza general, falta de honestidad, carencia de vergüenza, demasiada prepotencia y –sobre todo- una miserable vida interior y cultural, una ignorancia supina para una existencia cuyo mayor ideal es acumular lo más rápidamente posible más riqueza y detentar mayor poder. Y al otro lado, una masa cada vez más grande de clases medias empobrecidas y una clase obrera embrutecida persiguiendo la zanahoria del consumo, la mediocridad y el éxito sin esfuerzo ni trabajo personal, para lo cual la educación es un estorbo. Existen, por otro lado, grupos sociales con inquietudes erráticas, posturas maximalistas y demagógicas, carentes de verdadera reflexión, conocimiento y análisis, que se presentan como alternativa guiados por  impulsos primarios, apelación a lo afectivo y lo irracional, que hacen las delicias de las castas dominantes, pues desde su oposición, les hacen un gran servicio. Y existen, desafortunadamente menos, aquellos que como Cervantes, elevan la voz contra este estado de cosas y –como se subraya en el programa de mano de la obra- “la crítica de la rapiña en los negocios, el engaño, la prevaricación, la hipocresía, el premio a los necios y el olvido de los honrados, la envidia como pecado nacional”, los gigantes contra los que don Quijote creyó necesario luchar.

Todo el drama desarrollado a partir de lo que se presenta como un ligero y entretenido entremés, abarca a toda España y toda su realidad histórica, de modo que Cervantes y su ingenio son reconocidos en Pablo Picasso y su pintura; o Pablo Picasso y su pintura nacen en el mismo Cervantes y su ingenio. El caballo desquiciado por el horror de la guerra galopa en las patas de Rocinante. Resulta asombroso el acierto de la puesta en escena en la cual se utilizan las imágenes picassianas para encajar con las cervantinas en un difícil puzle llamado España.

En el entremés de Miguel de Cervantes, serán los necios regidores del pueblo, el gobernador, el alcalde y el aspirante a clérigo los que, para salvaguardar sus privilegios y mantener su estatus, afirmarán ver lo que no existe, mintiendo en sus exageraciones para resultar más convincentes. En el entremés que Morfeo Teatro nos abre a través de la mano de Francisco Negro, serán esos mismos cretinos los que se empeñarán en no ver lo que se les aparece, negando y mintiendo una vez más ante la severa realidad que Cervantes pone ante sus ojos.

A la luz de este soberbio trabajo dramático, tanto en su concepción como en su realización e interpretación, se entiende cabalmente que la obra del autor del Quijote sea universal, pues es una obra capaz de hacerse a sí misma en cada lectura a través de los siglos, capaz de generar nuevas imágenes y conectar directamente con la actualidad. Los textos cervantinos, manejados tan inteligentemente, han sido la ocasión de abrirnos las puertas de otro retablo, y lo ha hecho con tal fuerza, que el primero –concluida la función- se percibe como un bello prólogo, una entradilla, a la gran representación del segundo.

No importan las celebraciones centenarias, siempre ocasión para los hipócritas que nada entendieron ni entienden de Cervantes rasgándose las vestiduras con la muerte del autor para loarlo de español ejemplar. Si de verdad hubieran entendido algo –entonces y ahora- se habrían callado y escondido en sus ratoneras. O tal vez resulte ser la misma estupidez la que los empuje a actuar de este modo, tergiversando el significado de la obra de Cervantes y manipulándola con la intención de ponerla al servicio de sus intereses más espurios o bastardos.

Decía que las celebraciones centenarias son anecdóticas. Cualquier día, semana, mes o año, son ocasión apropiada para adentrarse en el humanismo cervantino por la puerta de su teatro, sus entremeses, su poesía y sus novelas. La lectura inteligente y creativa de Morfeo Teatro, en la que la picaresca del Siglo de Oro se cuela por los arlequines y los cuadros de Picasso, nos demuestra que otro mundo es posible y nos abre las puertas a la esperanza de adentrarnos en él haciendo posibles los ideales del “hombre que creía en el honor, los principios y la justicia”, superando la mediocridad, el embrutecimiento y la ignorancia de quienes conducen y empujan a la sociedad hacia la mediocridad, la ignorancia y el embrutecimiento o la barbarie. Por todo ello, contra la estupidez y a favor de la inteligencia, aplaudimos sin reservas el final de la representación del elenco burgalés Morfeo Teatro, principio de la visión de los monstruos y amenazas de este retablo de las maravillas que es nuestro país. A partir de aquí, todo es posible.

González Alonso

El TCA en el Guggenheim de Bilbao: Entremeses cervantinos

Entremeses de Miguel de Cervantes

TCA.- Teatro Clásico de Almagro
Gestión y dirección artística: Antonio León Fernández

Museo Guggenheim de Bilbao
19 de diciembre de 2016

Los conocidos entremeses, destinados a llenar agradablemente el hueco entre las grandes comidas, cumplían la misma función en las representaciones teatrales cuando el teatro llenaba toda la tarde, y aun el día, de la vida de la ciudad o villa donde hubiera corral de comedias.

Lope de Rueda ya los había cultivado y dado impulso con el nombre de “pasos”. Miguel de Cervantes se suma a este género considerado menor, pero muy aceptado por el público, porque estaban hechos para hacer reír y eran breves. Pero, además de su carácter de entretenimiento, los entremeses encierran en su interior una resuelta crítica de los aspectos más relevantes de la sociedad de la época que, con el pretexto de la broma, ponen ante el público don desenfado y desparpajo.

El grupo teatral que gestiona y dirige Antonio León Fernández desde Almagro, el TCA (Teatro Clásico de Almagro), nos ha traído a Bilbao y el museo Guggenheim dos de los ocho entremeses cervantinos en este final de año en el que el museo cumple sus primeros veinte años de andadura y en el que se cumplen los cuatrocientos de la muerte del genial autor del Quijote.

Antonio León y su elenco teatral, en el que se cuentan nombres de actores como los de Norton Palacio, Vicente Nové, Félix Espinosa, Daniel Moncada y actrices tales como Covadonga Calderón, Elena Alcaide o Luna Almansa, entre otras, llegadas las fechas veraniegas del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, cumplen esa función de las representaciones de los entremeses ofreciendo, entre unas y otras puestas en escena de las obras grandes en los distintos teatros de la ciudad –incluido el Corral de Comedias- sus puestas en escena en un “corralillo” emplazado en una de las callejuelas adyacentes a la Plaza Mayor.

En esta ocasión, sobre el escenario formado por un carromato al estilo de los usados en tiempos de Lope de Rueda –según explicó Antonio León- los actores, con desenvuelta maestría, nos dejaron dos joyas en forma de entremés: El vizcaíno fingido y El retablo de las maravillas.

En El vizcaíno fingido, muy al estilo de Lope de Rueda, los actores y actrices del reparto subrayaron con gran acierto las insinuaciones de los personajes en este episodio que  –sin intenciones satíricas- nos ofrece la historia de un par de villanos o pequeños truhanes decididos a estafar a una prostituta aprovechándose de la circunstancia de que ésta –dada su condición- no podría acudir a la justicia. La buena actuación de los cómicos, bien apoyada en el extraordinario texto cervantino, desarrolla acertadamente en el tratamiento dramático, tanto el fingimiento del vizcaíno como la psicología de las mujeres.

El retablo de las maravillas, segundo entremés puesto en escena, basado posiblemente en un texto de El Conde Lucanor (Don Juan Manuel, 1330) tiene un marcado carácter moral y didáctico. En este episodio se cuenta cómo unos cómicos muestran un tapiz mágico en el que el público puede contemplar escenas extraordinarias que no podrán ver los bastardos. En el caso de Cervantes, agregará la limpieza de sangre y el ser cristiano viejo a las condiciones para poder ser testigos del prodigioso retablo. En medio del enraizado prejuicio de considerarse, por encima de todo, cristiano viejo –aun a costa de declarar ver lo que no existe- Cervantes apuesta por la valentía del cristiano nuevo, que será el que desmonte toda la farsa. Bien conocida es la preocupación de Miguel de Cervantes en este aspecto que tanto le afectaba por su ascendencia judía y que tan bien reflejó –como pudo y mejor supo- en el Quijote.

La tarde de entremeses cervantinos en el Guggenheim concluyó de la manera más amable y agradecida que pueda imaginarse por el público que llenaba la sala, con el regalo para el que esto escribe y su compañera de recibir el saludo personal del cuadro escénico y de Antonio León personalmente, gesto que les agradezco sinceramente y ocasión que aprovechamos para trasladarles nuestra admiración junto con la firme decisión de seguir acudiendo a la cita teatral de Almagro en su festival veraniego, y de nuevo allí ofrecerles nuestro aplauso que vaya, ahora, con nuestro abrazo y el reconocimiento a una labor tan importante y necesaria para la vida e “instrumento de hacer gran bien a la república” –que diría Cervantes-, labor tan sacrificada como difícil en todos los tiempos que corrieron y que corren.

González Alonso

La venganza de don Mendo.- Pedro Muñoz Seca

La venganza de don Mendo
Pedro Muñoz Seca

Teatro La Bombonera
Castillo de Carboneras (Almería)
29 de julio de 2016

La oportunidad de disfrutar de esta astracanada de Muñoz Seca en el marco del castillo de Carboneras es ocasión, también, de recordar la tragedia de las guerras. El autor de La venganza de don Mendo y otras ciento treinta y cuatro obras de teatro, fue fusilado por los milicianos en Paracuellos del Jarama por sus ideas y actitud crítica ante La República. Un crimen más de los perpetrados por uno y otro bando en una guerra vergonzosa reflejo del fracaso y la incapacidad política de los gobernantes de turno, así como el secuestro de la voluntad popular por una parte del ejército para erigirse en salvadores de la patria aquellos mismos que debieron velar por la paz y la legalidad.

No se trata de hacer proclamas de condena de un hecho histórico tan doloroso, pero me gustaría resaltar aquí la anécdota repetida que dice mucho del talante irónico del inteligente dramaturgo cuando –en una de las versiones que corren por ahí- delante del pelotón de fusilamiento, dice: Podéis quitarme hacienda y riquezas, la casa, las tierras, el reloj de pulsera o las monedas que guardo en mis bolsillos; podéis quitarme, como así vais a hacer, la vida. Pero hay una cosa que no podréis, por más que lo intentéis, quitarme jamás… ¡y es el miedo que tengo!

Muñoz Seca, admirado y respetado por otros escritores y dramaturgos, como Valle Inclán, Jacinto Benavente o Azorín, se inventa un género teatral que él llama astracán o astracanada. La venganza de don Mendo es un excelente ejemplo del género. La desfiguración del lenguaje natural y la mordacidad de la crítica convierten la tragedia en comedia, o tal vez haga que nos descubra la tragedia que toda comedia encierra. Así, de manera demasiado natural, consigue que el espectador acepte el cuadro final de la obra en el que se suceden, una tras otra, las muertes violentas de los protagonistas, muy al estilo parodiado de las obras de W. Shakespeare y con la facilidad ingeniosa para el verso y el enredo de un Lope de Vega.

La crítica general que se hace de la sociedad, la impostura, la ambición, el sexo, los celos, el honor, se construye en el recreado ambiente medieval del Reino de León en tiempos del emperador leonés Alfonso VII, también rey de Castilla, que tuvo varias mujeres e hijos en otras relaciones extramatrimoniales. Harán aparición otros personajes leoneses, como el mismo Don Mendo, Don Pero de Toro, Don Nuño Manso y su hija Magdalena, o la hermosa mora Azofaida, perdidamente enamorada de Don Mendo cuando, para pasar inadvertido y tramar su venganza, se convierte en el juglar Renato. Los mismos nombres son un guiño humorístico: Pero de Toro, en su condición de cornudo; Nuño Manso, como padre de Magdalena, mujer de condición casquivana y ambiciosa, o el mismo Renato o renacido, tras escapar de la muerte en el castillo y aparecer como juglar. Con estos recursos y la amplia variedad de estrofas empleadas, chistes y retruécanos, Muñoz Seca consigue una obra llena de comicidad e interés.

Poner sobre las tablas esta Venganza de don Mendo en el castillo de Carboneras (Almería), fue responsabilidad de La Bombonera. Creo que acertaron en todo, incluso hasta en las improvisaciones cuando el viento derribó parte del decorado, y la actuación –que en este tipo de obras se presta fácilmente a la exageración- resultó comedida, desenfadada y correcta, consiguiendo arrancar risas y sonrisas del público que siguió con entusiasmo esta representación en la noche veraniega de Carboneras y en el patio de su hermoso y bien remodelado castillo. Un placer haber podido participar de esta ocasión de acercarse al teatro de Pedro Muñoz Seca de la mano de un cuadro artístico como el formado por las mujeres y hombres de La Bombonera.

González Alonso

Las Cervantas.- Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2016

Las Cervantas
Texto: Inma Chacón y José Ramón Fernández
Dirección: Fernando Soto
Basado en una idea original de Gracia Olayo a partir de sucesos de la vida de Miguel de Cervantes
Reparto: Gracia Olayo, Sole Olayo, Clara Berzosa, Irene Ruíz y Yaël Belicha

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, en su Corral de Comedias, acoge en la fecha del 15 de julio de 2016 el estreno de “Las Cervantas”. Dicho así, y en el año de la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, podría parecer algo irrelevante, un episodio más en los homenajes de celebración. Pero no. En el campo del arte dramático –en el cual se sintió tan frustrado Cervantes- esta obra viene para quedarse y ocupar un lugar en la historia del teatro. ¿Por qué? Pues porque, sencillamente, es capaz de aportar algo más que lo anecdótico de unos sucesos en la dramatización de unos episodios circunstanciales a la vida que rodeó al autor del Quijote.

El director de la puesta en escena nos desvela las causas, o parte de ellas, que han hecho posible esta creación con los valores que encierra. Nos habla de abordar un teatro que no se conforme únicamente con hacer preguntas para conseguir enfrentarnos a un teatro capaz de encontrar respuestas acerca del comportamiento del ser humano (sic). Sigue con la consideración de convertir así el teatro en “un lugar de reflexión, de cuestionamiento, de duda” en la pretensión de “intentar entender la realidad”.

Deberemos considerar cómo la realidad que abarca al ser humano en la cual se desenvuelven sus comportamientos, no es otra que la sociedad y el mundo que le ha tocado vivir y del que resultará ser protagonista. Desde este punto de vista, en la honesta búsqueda de “respuestas” también hay una clara intención implícita de “transformar” la realidad. Eso significa “compromiso” y actitud revolucionaria. Significa, como es obvio, superar el conformismo y también el miedo a la represión –violenta o sutil, según qué sociedades-, pero también la voluntad de superar el miedo a descubrir lo que el subconsciente colectivo esconde.

“Las Cervantas” escarba con acierto en las heridas de “la dignidad, de la justicia, de la libertad, del derecho a ser y no parecer” para replantearse el lugar donde habita “la bondad del ser humano”. Para ello, basta con espigar algunos ejemplos de algunos personajes emblemáticos del Quijote o hacer aflorar algunas reflexiones de Cervantes espigadas en prólogos y pasajes de sus obras, tales como el Discurso de la Edad Dorada. La pastora Marcela se convierte así en un alegato de la dignidad de la mujer y la proclamación de su libertad para elegir el destino de su vida; se tocan temas como el divorcio, la propiedad, la corrupción institucional, el tráfico de influencias, el cohecho, el uso espurio de la justicia y los crímenes de Estado.

Con los precitados palos del sombrajo se construye este drama. Un noble hidalgo llamado Gaspar de Ezpeleta es asesinado a las puertas del domicilio de Miguel de Cervantes en Valladolid. Se sabe por qué lo mandaron matar y quién lo hizo, pero no interesa esclarecer los hechos y castigar al culpable o culpables del asesinato. Y, sin embargo, ante la imposibilidad de ocultar el crimen, la justicia ha de actuar y parecer ejemplar. Así que resultará más fácil buscar a los culpables o a quién echar la culpa entre los inocentes a los que presentar como indeseables sociales alejados de toda virtud y acusados de una vida licenciosa sospechosa del pecado de un pasado judío, unas ideas erasmistas y una actitud crítica ante los poderes terrenales de la Iglesia o del gobierno de la república. Del mismo modo, se puede imputar la participación en un crimen a mujeres que, además de trabajar confeccionando trajes para hombres de buena posición, aceptan regalos de algunos de esos hombres tan importantes y católicamente casados.

No se persigue el crimen, sino que para ocultarlo se despliega toda una persecución del “pecado” en una sociedad hipócrita que ampara y consiente la doble moral. No se persigue al criminal; antes bien, para ocultarlo, se actuará contra los ciudadanos pobres o con menos recursos, sospechosos, precisamente, por ser pobres y tener que recurrir a la picaresca para sobrevivir, lo que incluye entre las mujeres el entretener a algunos prohombres a cambio de algunos dineros que sin asomo de culpabilidad les entregarán. Porque la “culpa” siempre será del pobre que tienta al rico y consiente en la conducta que se censura.

Y en éstas encontramos a las cervantas: Las hermanas de Cervantes, Andrea y Magdalena; la hija natural de Miguel de Cervantes, Isabel; su sobrina Constanza de Ovando, hija de Andrea, y la propia esposa de Cervantes, Catalina de Salazar. Junto con ellas y el mismo Cervantes, sufrirán el acoso y la persecución de la justicia algunas vecinas y algún caballero de menor  importancia e influencia en la Corte.

Esa es la obra. La interpretación, magníficamente sostenida por las actrices Gracia Olayo y su hermana Sole dando vida a los personajes de las hermanas de Cervantes; Irene Ruiz, en el papel de Constanza, que lo mantuvo en escena con gran acierto, sensibilidad y manejo de registros ricos y variados; Clara Berzosa dando vida a Isabel con mucha naturalidad y en una interpretación que se fue creciendo de forma progresiva y arrolladora, y en el trabajo de hacer creíble el personaje de Catalina de Salazar, la actriz Yaël Beliche, absolutamente correcta, muy digna, mesurada y convincente.

El  paso feliz por Almagro se vio empañado por la noticia luctuosa de la muerte del dramaturgo José Monleón. La representación, por voluntad del director y el cuadro escénico, se dedicó al reconocimiento de este gran autor que llenó la escena española durante largos años interviniendo y trabajando en todos los ámbitos, desde los literarios a través de la revista Triunfo o Primer Acto, hasta los interpretativos, de dirección y promoción del teatro y los valores jóvenes. Así, “Las Cervantas” y la magia desbordada de su puesta en escena, se hizo homenaje al mencionado José Monleón en las palabras emocionadas, agradecidas y valientes del director de la obra, Fernando Soto.

A los demás, desde el patio de butacas –en este caso de las incómodas sillas, aunque muy típicas, del Corral de Comedias- nos tocó disfrutar y aplaudir el trabajo de todo el equipo de la compañía y unir nuestro sentimiento y pesar por la noticia recibida del fallecimiento de José Monleón y la solidaridad con las víctimas del terrorismo desatado en la ciudad francesa de Niza, así como el repudio de este acto violento y de sus autores. Y terminó la función.

González Alonso

Reikiavik, de Juan Mayorga

REIKIAVIK
Espectáculo de La Loca de la Casa y Entrecajas Producciones Teatrales

Autor y director: Juan Mayorga
Reparto:
César Sarachu en el papel de Waterloo
Daniel Albaladejo en el personaje de Bailén
Elena Rayos será Muchacho

Teatro Barakaldo, 30 de abril de 2016

La mejor manera de renovar la pasión y fidelidad por el teatro es entrar a vivir representaciones como Reikiavik. El autor y director, el dramaturgo Juan Mayorga, nos trae un texto de una belleza, rigor conceptual y profundidad del tema, absolutamente encomiables. Para dar vida a esta compleja creación y adentrarse en sus recovecos, nada mejor que la presencia y participación de Elena Rayos, Daniel Albaladejo y César Sarachu. Elena y Daniel, viniendo del teatro clásico y César, baracaldés, del teatro vasco en grupos como Karraka o Akelarre y de una dilatada carrera por los escenarios de medio mundo. Presencia, participación e implicación en la acción que nos transporta al juego real de la vida mediante la metáfora del juego del ajedrez y las figuras singulares e históricas del estadounidense Bobby Fischer y el ruso de la época soviética Boris Spaski y su espectacular partida de Reikiavik (1972).

En la representación, serán dos jugadores aficionados que se hacen llamar Bailén y Waterloo, más un tercero sin nombre que se acercará y propondrá distintas variantes a la partida, los que alrededor del tablero desarrollen las mejores jugadas de sus vidas, las peores y los inevitables empates. Todo un discurso agridulce mediante el cual nos sumergen en las eternas partidas de nuestra propia existencia, trasladando a cada espectador la responsabilidad de mover pieza.

No es casualidad que los jugadores hayan elegido refugio en los nombres de dos grandes batallas napoleónicas, dos derrotas del gigante francés ante españoles en Bailén y tropas prusianas, holandesas, británicas y alemanas en Waterloo. En toda batalla hay un vencedor y un vencido. Así, ambos protagonistas irán eligiendo las figuras de vencido y vencedor mientras desgranan las razones, fuerzas y auxilios de cada uno de ellos ante cada encrucijada. El tercer personaje, queriendo conocer y aprender, tomará parte con sus preguntas, reflexiones y propuestas, quedando enganchado a la rueda del juego que, ante la eventual desaparición de uno de los jugadores, seguirá dando vida a la repetida y siempre diferente partida.

Perderme en elogios al autor, actores, actriz y los profesionales del cuerpo técnico, no tiene mucho sentido. Lo sorprendente, dada la penosa situación económica del país y la persecución –más que desatención- de la cosa cultural por parte del gobierno de turno, es que haya todavía personas como éstas, de tan grande capacidad profesional y artística como comprometidas de manera tan generosa con el arte escénico. Ante esto, al igual que ante el brillante resultado de su trabajo, no cesarán de sonar los más agradecidos aplausos y ganar esta desigual partida.

La singularidad de la tarde de teatro de sábado terminó con la desacostumbrada presencia de los protagonistas de la obra para responder –acabada la función- a las preguntas preparadas por el director del Teatro Barakaldo y las surgidas de entre el público. Preguntas y respuestas que, además de descubrirnos algunas claves del quehacer del actor y sus dificultades, dieron pie para debatir brevemente sobre el contenido de la propia pieza teatral.

Las respuestas y argumentos de Daniel, Elena y César brillaron con sencillez e inteligencia iluminando la representación más allá del tiempo de interpretación. César Sarachu, nacido y criado en el entorno del teatro de Barakaldo, viene a su pueblo por primera vez tras una dilatada y rica vida profesional por todo el mundo y, principalmente, por Europa. Nunca es tarde si la dicha es tan buena.

González Alonso

Spaski y Fischer ante su última partida en Reikiavik (1972)

Historia (casi) de mi vida.- Blas de Otero

Historia (casi) de mi vida.- Blas de Otero

Dirección: Ramón Barea

Teatro Alhóndiga Bilbao

El pasado 21 de marzo, con el pretexto del Día de la Poesía y la celebración del centenario del nacimiento de Blas de Otero (1916/1979), el actor y dramaturgo Ramón Barea subió al escenario a tres actores y una actriz para contarnos la vida del poeta bilbaíno.

¡Qué lástima que haya que andar buscando pretextos para entrar en la obra de un autor como Blas de Otero! Pero más vale algo que nada.

“Historia (casi) de mi vida” se trata de un texto autobiográfico a través del cual se retrata gran parte de la realidad social española del siglo XX.

Felipe Loza, José Luis Estrada, Mikel Losada e Irene Bau pusieron voz y grito, susurro y desgarro, a estas confesiones poéticas, las de un autor de una coherencia admirable, con unas enormes ganas de vivir y una capacidad de sufrimiento también grande. España le dolía por los cuatro costados y la vivía a tragos largos de alegría y sueños; amaba este país cainita y todas sus singularidades, y lo cantaba pidiendo “la paz y la palabra”. Así, la historia de su vida es (casi) la historia del país que amó, de la lucha, los camaradas, la calle, el amor, la lluvia rota de Bilbao, los largos paseos y las más largas lecturas, o la música.

Y hablando de buena música, la  de Naiel Ibarrola, interpretada al piano por él mismo, dirigió de manera eficaz toda la acción dramática y se convirtió en protagonista admirable apegada a la voz del poeta, confundiéndose con ella, explicándola. Admirable.

Por otro lado, el aire de naturalidad con que fue interpretado el texto de Blas de Otero, la cercanía, limpieza expresiva, la renuncia al melodramatismo en un equilibrio constante de la actuación, la rudeza a veces, la franqueza siempre, me conmovieron hondamente y entendí cómo se puede ser una persona comprometida sin ser sectario ni dogmático, cómo ser de una patria sin ser patriotero, cómo serlo de Bilbao, y serlo de Euskadi y de España y de Europa y del mundo. Sólo un gran hombre nos enseña con natural grandeza las más grandes cosas. Y con sencillez. Y con emoción. O sea, con poesía.

Una puesta en escena limpia, llena de lluvia de palabras y versos, de inocencia, de crudas realidades sin desgarros ni gestos patéticos, de paraguas para un paseo por las calles de Bilbao cuando las aceras húmedas reflejan el cielo gris; así reconocemos la vida y nos reconciliamos con el presente.

Este año de 2016 se cumplen cien del nacimiento de Blas de Otero que él, más o menos, nos cuenta así: «Pensándolo bien, lo primero que hay que tener en cuenta es que con la misma facilidad con que nací, pude no haber nacido. Así, como suena, no haber nacido. Creo que esa fue una posibilidad con muchas posibilidades de que ocurriera. Pero se equivocaron y a cierta hora del día 15 de marzo de 1916 salí afuera… y aquí estoy.”

Esta puesta en escena viene para recordárnoslo y ya sabemos que Blas de Otero sigue aquí; porque ni él quiere dejarnos ni nosotros queremos que nos deje, ya que, es una certeza, el poeta de Bilbao, nuestro y del mundo, es uno de los necesarios.

González Alonso

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