A un dibujo

 

 

A un dibujo

Una especie de alma le brotaba por un ojo,
tal vez por una herida abierta sobre el ojo
o era el sombrero verde que apretaba su cabeza.

Caía en copos blancos su pena, y sobre el gesto
del hueco de su bigote, su nariz, sus mejillas,
discurrían hileras de dientes con mordiscos
de calavera muerta
(matada de una sonrisa
en primer plano)

Se consumó la agresión con aquella oreja atenta.

Los médicos recogían
los algodones blancos

y miraban a contraluz
frías radiografías.

González Alonso

Un alumno de 8º de E.G.B. del Colegio Juan Ramón Jiménez en el Valle Hebrón de Barcelona, en 1975 hizo un dibujo que dio pie al poema. Pasó el tiempo y perdí el dibujo original, pero la casualidad hizo que conservara el poema. Este dibujo que reproduzco no tiene ni la gracia ni la fuerza de aquel que mi alumno me entregó en clase y que mereció estos versos, pero espero que sirva.

Cada rincón

Cada rincón
guarda la mínima cadencia
de un recuerdo.

Puede tener
tres
o cuatro telarañas;
puede ser de un blanco
puro
o recogerse tímido
en la penumbra de la alcoba.

Cada rincón
atesora el secreto
de un sueño inalcanzable
o esa ilusión lograda.

Mirándolos con cuidado
pueden parecer hermosos
u horriblemente desolados.

Cada rincón
esconde una palabra
en su vacío. Lloran
en silencio
y nadie los escucha.

Hay
rincones fríos.

González Alonso

 

Y hoy me vi mayor

 

Y hoy me vi mayor,
como agotado
por una pena inmensa
arrugada en la frente abierta;

y el corazón lo sentí más grande
machacando
sueños podridos en su sangre roja.

Una duda perdida
en un rictus de sonrisa
quedó prendida al espejo.

Y una ilusión no nació
cuando ligera
una lágrima rodó por la mejilla
en última caricia…

González Alonso

 

Poema del libro “Lucernarios” (Ediciones Vitruvio.-Colección Baños del Carmen,599.-Madrid, septiembre de 2016)

 

Si en medio de la noche

 

Si la muerte en medio de la noche llega
y estáis despiertos, no llaméis, no lloréis,
no alcéis la voz; esperad que la alondra
traiga en el pico el alba, en sus alas el aire,
la luz en los ojos
de la madrugada.

Porque de todas las citas es ésta inexcusable
a sus brazos de niebla entregaré los abrazos
y en sus labios
dejaré los besos de brisa con mis labios;
no llaméis, no lloréis,
no alcéis la voz. Esperad que el silencio
sumerja sus raíces en mi corazón, aguardad las horas
detenidas, mirad por las ventanas de las habitaciones,
recoged las sonrisas
sin tristeza. Ya voy
y todo está conforme con la vida. La carne
desvestida
y este sueño inacabable, caracola marina
en la arena de la playa y ecos de olas
rompiendo en su vacío.

Si muero en la noche, esperad al día;
ni lloréis, ni llaméis.
Esperad que la alondra
traiga en su pico el alba.

González  Alonso

Del libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio.- Colección Baños del Carmen,599.-Madrid, septiembre 2016)

La máquina de cine de juguete

La pequeña máquina de cine, de lata
y cartón, verde y antigua, así parada,
posada y quieta en su anaquel de madera
parece más pequeña.

Nadie podría imaginar la magia
de su pequeño chorro de luz de imágenes
mudas
empujadas por una manivela.

Nadie, al mirarla, puede ver la obscuridad
iluminada de la fantasía,
el trozo de tela sobre la pared
recogiendo en su hilo blanco las historias
de Popeye, Cenicienta o los ratones
que metían en la jaula a un enorme león.

Las cosas importantes ocurren en la infancia,
esa llave de la puerta de la vida
que se nos pierde siempre,
y  ya sólo nos queda mirar por las ventanas
para advertir el mundo frío fuera
esperando
ausentes,
y al fin poder ver el de dentro,
cálido y discreto,
cuando una pequeña máquina de cine
proyecte su luz
sobre el paño extendido
de nuestra tristeza.

González Alonso

Monstruos

Monstruos

Detrás de cada certeza se esconde un monstruo.
Cómo el corazón del hombre destila odio
al descubrir y abrazar el amor de un dios;
cómo gritar la libertad con una bomba en la mano,
hablar de leyes justas desde la inmensa fortuna acumulada,
presumir de democracia votando sus privilegios,
entender que las fronteras hacen patrias mejores
y reclamando la unidad
dividir a los pueblos;
cómo las guerras hacen seguro el camino de la paz
del más fuerte.

Cuando encuentro que alguien me habla de la verdad
descubro a un mentiroso; de la libertad,
a  un tirano; de la paz, a un asesino;
de la igualdad, a un ladrón; de dios,
el rostro del diablo; de la independencia,
al siervo y al esclavo; de la solidaridad,
al egoísta.

Miramos asombrados todas estas cosas
y temo que acabemos poseyendo
algún tipo de certeza.

                         González Alonso
*Del libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio.- Colección Baños del Carmen, nº599.- Madrid, sept. 2016)

Artimoras y corujas

 

Artimoras y corujas

Lo que quiero, lo quise siempre;
lo que no tengo
nunca lo tuve; lo que tengo
lo he tenido otras veces.

Tengo algo de lo que quiero,
quiero algo de lo que no tengo;
de lo que he tenido otras veces
quiero lo que tengo.

No sé si quiero tener más
de lo que tengo; me sobran
soledad y años; me faltan
ilusión
y sueños, artimoras
y corujas. Y aunque no entiendas
literalmente, tu corazón no puede
escapar a esa inquietud de algo
que conoces
y roza el desaliento y borra la sonrisa
y eclipsa tu mirada.

                      González Alonso

                                   * Artimoras y corujas son, en leonés, Frambuesas y lechuzas.

 

Los dioses

A cambio de la soledad te doy la alegría,
pétalos frescos sobre tus ojos. Te doy
el sueño placentero a cambio del insomnio
y por la angustia sin explicación la cálida
ilusión, el ámbito de la ternura
que colma el corazón.

Yo me llevaré tu miedo y la tristeza
que envuelve en sombras las noches
y el silencio. Para poner en tus labios
la sonrisa. Para dejar en tu boca
la palabra, beso de agua clara
en el manantial del alma.

Te preguntarás por qué lo hago. Por qué
cargar con una cuenta tan larga.
No es por ti o por ser tú, aunque mi abrazo
es sincero y es honesto el afecto
que pongo entre tus manos.

Sólo es que los dioses no podemos
renunciar a lo que somos ni al destino
inmortal, ni a ser eternos
y  en cada hombre ser crucificados.

González Alonso

Poema publicado en el libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio.- Colección Baños del Carmen, 599.- Madrid, sept. 2016)

Frutas en un mercado de Filipinas

Huelen los colores redondos de las frutas
en sus aguas y néctares, memoria
de las raíces primeras de la tierra,
mieles carnosas de las abejas del tiempo
reposado en el aire.

Llegan a la vista y el aroma de la vida
germinada y fértil y oceánica
como llega el viento golpeando su furia
y derrumba el mar sus aguas
atormentadas
y borra las siluetas de las costas.

Multicolores formas congregadas,
sabores generosos de pólenes antiguos
multiplicando su luz en los mercados;
allí estáis, testigos ajenos de la belleza,
ofrenda natural y pacífica
en su sensualidad
haciendo fácil
la sonrisa en los labios, la promesa pulposa
de los tactos,
la luminosa mirada de los ojos
en la búsqueda sin fin de la alegría.

González Alonso

Fotografía: Lorena Fernández
El poema y la foto corresponden al libro «Filipinas, tierra de tifones» que se editará en marzo por A Fortiori Editorial, y que será incluido por Nati Puerta, editora e impulsora del proyecto,  dentro de la colección «La oficina de las causas perdidas«.
Se trata de una publicación solidaria. Lo recaudado con este libro de fotografías de Lorena y los textos de los distintos autores que acompañan las fotos  se destinará a facilitar la continuación de sus estudios a los niños de Filipinas víctimas de los tifones.

Ángel mio

.

Para tu libertad bastan mis alas
……………………………..Pablo Neruda

Ángel mío,
reposa en mi regazo tu cabeza.
De tus ojos cerrados dame el sueño.
Dame, ángel, la ilusión que a vivir mueve.
Del brocal de tus labios la sonrisa.
Dame en tu boca fresca la palabra.

Deja correr tu luz entre mis sombras
como se mueve el viento entre las ramas.
Como las olas cruzan los océanos
que tu esperanza sea mi esperanza.

Quiero de ti la cura de la herida,
el temor que descubre mi coraje,
la ira desbordada de tu calma.

Deja, ángel mío, que la noche pase;
del día dame el sol en la mañana,
dame para el amor cárcel de besos,
para mi libertad dame tus alas.

 

González Alonso

***Poema de cierre del libro «Ruido de ángeles» (Editorial Vitruvio.- Madrid, 2020)