Frutal

 

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Cerezas en tu boca, fresa
en tus labios, en tus ojos
luz de miel
y castañas. Amor frutal.
Naranjas tus pechos, granada
abierta
tu sexo, melocotón
la piel
al suave tacto.

Acunas besos en tu boca, caricias
de palabras por tus labios;
sueños en los ojos. Amor
sensual. Tus senos
al encuentro de mis manos, como
flor de azahar estremecida
el jadeo excitado de tu aliento
y ese temblor que corre por tu espalda,
el calor entre tus piernas, el deseo
por tu vientre
alas de mariposas
revolo
te
ando.

González Alonso

Expediente 5 de junio

Expediente 5 de junio
A Sinda Alonso, mi madre

Ella decidió tramitar hoy el expediente de la muerte;
ochenta y seis años y unos meses
de contrato con la vida,
una guerra civil, marido y cinco hijos,
muerto el cuarto a las pocas semanas de parido,
mucha agua del río corriendo entre las manos
y la ropa tendida a las orillas,
sopas de ajo y patatas al calor de la chapa y los fogones,
paseos de domingo
con ropa de domingo,
misas de doce al mediodía,
turrón de Navidad y villancicos
y en raras ocasiones una película en el cine,
cohetes en las eras,
verbenas del pueblo por las fiestas
y pasodobles en la hierba de la noche
cuando aún la juventud ardía en los carbones
del amor;
horas desde el balcón
viendo pasar la gente.

Ahora que la cabeza le va y le viene sin rumbo
y sin sentido
y ya conoce sólo
los nombres propios e íntimos de los sentimientos,
las verdaderas personas que viven en su alma,
¿para qué saber de quienes andan en su torno
si ellos son mejores en sus mejores recuerdos
y tienen allí por siempre sus nombres verdaderos?

Qué dios puede querer esta luz en los ojos
cuando el cansancio es tan grande y el trámite está hecho;
ochenta y seis y meses, cubierta la hipoteca,
la ropa bien planchada, en orden los afectos.

Así y con una sonrisa firmó su finiquito;
la llamaron los suyos
y a ellos fue;
feliz como la niña que corre a los abrazos

y fue en paz
el último suspiro,

del postrer aliento
el último anhelo.

González Alonso

La ecuación del desengaño

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El empedrado de la calle; la luz
del alba, el sueño en la quietud del aire,
las horas mudas y los ojos fijos.

Espera interminable con café
frío; noche tan larga en los relojes
sin tiempo que medir en sus minutos.

Ya levantó la bruma su tristeza
húmeda y gris; en lágrimas el día
la ausencia envuelve. Qué puerta no se abre,
qué puerta se te cierra del amor,
del amor, ay, sabes la puerta abierta.

Ay, amor, tras la puerta ya cerrada.

González Alonso

*Poema del libro «Testimonio de la desnudez», Fundación Jorge Guillén, 2015.- Colección Maravillas Concretas, nº 11

Las horas de diciembre

 

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Se asienta en el fuego
la mirada,
en ascuas arde el sueño;
el silencio te acoge
como sombra alargada de la noche
y las horas decembrinas pasan
por entre los recuerdos.

¡Qué soledad te alcanza
y qué nostalgia
mientras el aire vuela afuera sus desvelos!

Es noche de lobos y de invierno,
de crepitar de brasas en el alma
y vino rojo en tu copa,
un anhelo
de horas blancas de diciembre, país invisible
del “érase que se era…
en buena hora sea, el mal
que se vaya,
y el bien que se venga”*.

González Alonso

*Fórmula usada en cuentos tradicionales de los siglos XVI y XVII, con diferentes variantes.

Las horas de noviembre

Las horas de noviembre

Qué ensueños, noviembre, tu nombre evoca
en horas septentrionales hacia el invierno
o en amarillo austral pujantes las retamas
floreciendo.

Tienes sabor de tierra, noviembre,
y de camposanto el tacto frío;
pero la vida infatigable llama
a la puerta de los días
y descubre en los ojos
la extensión jovial de los colores.

Oscurece
al norte,
al norte
el frío en los relojes;
al sur se abre la luz en primavera
y mi corazón va y viene
entre oraciones,
peregrino de un tiempo
que jamás se detiene,
el tiempo
que pasa,
pasa

y vuela

vuela

y no vuelve.

González Alonso

Lápida de la vida

Papel impoluto. El tiempo en los relojes
y los calendarios sin fechas.

La mañana es oscura habitación,
alcoba de la aurora, tintero gigantesco
que se tragará el día.

Será el tiempo
pluma que escriba la historia en el blanco
de la memoria; tinta amarga de escritura
sobre el papel luminoso y la llegada de la muerte,
alba del último día, última sonrisa,
fecha última,

lápida
de la vida.

González Alonso

Publicado en el poemario «Testimonio de la desnudez», ganador ex aequo del II Premio Nacional de Poesía Treciembre, número 11 de la colección Maravillas Concretas (Fundación Jorge Guillén/Diputación -Valladolid, 2015)

       Publicado anteriormente en este cuaderno con el título de «Papel»

Ya los barcos

Ya los barcos oxidados de la ría,
recostados
y heridos de muerte
se apartan a los sueños de travesías limpias
por sobre olas de memoria de algas
salobres,
verde y plata
de océanos sin norte arrastrando el silencio
húmedo
que borra sus nombres.

Ya los hierros de sus quillas abiertas
retornan a la memoria del mineral fundido
y se hacen montaña,
gigantesco velero por sobre los mares verdes
orillas
del Cantábrico; y ya las velas
desplegadas
a los vientos de la geografía de su muerte
…………………  se hacen mariposas delicadas
…………………………………………………en mis ojos,
…………………………………..lágrima en la mejilla,
……….apenas beso en labios adolescentes.

González Alonso

Poema publicado en la antología colectiva Árido Umbral (Editorial Alaire, 2011)

Las horas de octubre

Todo está en hora; miras
por la ventana de los días
y llevas en la boca
el otoño en besos.

Octubre de la edad
y el tiempo en calma;
las almas emigran con las penas
a los colores húmedos del bosque,
la memoria antigua de la piel,
el aire del silencio
ya el amor como rosa desangrada
y sola como oración.

Se escucha
el murmullo de la raíz, la gota
en el vuelo, la bruma
densa
a las ramas abrazada.

En hora todo de octubre,
otoño en besos, días por la ventana,
tiempo en calma, el amor como rosa
desangrada, rumor de raíz,
densa la bruma a orillas del arroyo,
leve agua
en la gota, susurro
del faedo

y la calma.

González Alonso

Qué poco, al fin

 

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Qué poco, al fin
(1988-2003-2005)

En la oscura sombra, sombra. Sombras
de sombras. Tampoco hay nombres. No hay nombres
de ningún nombre. Ninguna historia. No hay historia.
Ni palabras, ni voces, ni silencio,
ni noche;
no hay tiempo en los relojes, días en los calendarios
ni años
de cumpleaños.
Nadie guarda un recuerdo en la memoria. Los recuerdos
de los otros
tampoco nos recuerdan. Qué poco
hay de todo.

Primavera. En la luz de primavera
la luz, el aire, también el aire. Y el futuro a la grupa
de los caballos del hambre y de la guerra. Hay hambre.
Hay guerra. Otro siglo. Hay tiempo.
Y al fin, resucitarán los muertos, se irán los vivos.
Por entre los camposantos amanecerán los espinos
blancos. También hay uvas para fermentar el vino
de la victoria y del miedo. Hay miedo, y miedo
al miedo. Un lado oscuro de sonrisas. Los sueños
de los otros
y el sueño como leve vuelo en las alas de las mariposas.

Hay tanto
y tan poco. Qué poco
hay, al fin

Julio González Alonso

Poema que forma parte de la antología colectiva ÁRIDO UMBRAL (2011) de Editorial Alaire