Desde el balcón

Desde el balcón

Mi primer amor pasa con un niño de la mano
en la primera tarde fría de septiembre;

te miro
y te acuso parapetado en estas palabras indefensas
que traen a la memoria las calles de domingo
y otros jóvenes recorrerán las aceras con sonrisas.

Mi primer amor volverá a pasar otro día en otra tarde
buscando un poco de sol, sonrisa tibia, promesas en su vientre
y una flor en la mano;

desde el balcón cerrado se descolgarán los sueños
en enredadas miradas a los ojos
y besos
de labios adolescentes,
y yo, desde lejos, sabré que otros jóvenes irán por las aceras
desgranando sonrisas.

Y tú, que fuiste amor, risa primera, aliento, rubor
en la mirada, me acusarás en silencio
con un manojo de tímidos recuerdos indefensos.

Más tarde
llega limpio
un blanco sueño en memoria de inviernos
hasta el pueblo.

González Alonso

Acróstico de esperanza

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Esperanza

 

como un hiLo deshilvanado la voz

como piedrA que cae del cielo

el destino

azulEs las sombras de los recuerdos Sobre

un orden armado de sinrazones la ira

de la fe

las fronteras rasgando la geografía de los hombres

una duda clavada al suelo en la suela

de los zaPatos

vida en las manos sin alma dE las pistolas

y sin embargo una sonRisa

solA

me ha vencido en carNe de otros sueños

el horizonte palpita y tiembla – todo

es posible – a veces a esto

lo llamaban esperanZA

 

González Alonso

Las horas de febrero

.

Torre reloj del Ayuntamiento de La Pola de Gordón (León) con nieve

.

La torre del reloj
es toda nieve de horas y de noche. Luz
mortecina en las farolas
de la calle
envuelta en aire frío
de ventisca.

El alma,
detrás de los cristales.

No hay nadie en el tiempo ni en las sombras
y el silencio es hielo. Las campanas
tañen su soledad, repican el vacío
de sus bronces.

Son horas
de ojos abiertos y miradas quietas
las horas suspendidas en los aleros
de la espera,
alargada distancia de los sueños
y los insomnios; pasos de madrugada

en las aceras.

.

González Alonso

Las horas de enero

 

 

Las horas de enero

Los párpados entornados Los sueños
El humo por la chimenea El urogallo
sobre el pino Voz del agua
en los canalones
del invierno.

Los cuentos de dragones
y gigantes
La noche aleteando en el tictac de los relojes
El frío en la nariz El ulular del viento.

Tras los cristales
la materia de la edad Los días
en hojas de almanaque
Los colores
infantiles
de las canciones. Ya duermo
Ya sueño
Ya rasga el aire el persistente tictac
del tiempo. Ya los cuentos
aletean por mis ojos Ya las sombras
Ya la noche Las horas

Ya el silencio

.

González Alonso

Agua de diciembre

.

Glaciar Perito Moreno.- El Calafate (Argentina)

.

Si el búho en diciembre canta,
lluvia o templanza; si llueve mucho
diciembre,
buen año será el que viene; si diciembre es frío,
calor al estío. En diciembre
los turrones,
flor de pascua
y villancicos.

¡Ay noches decembrinas
que os llevais el año
tembloroso y gélido,
aguas
aquietadas
de recuerdos,
largo ulular del viento,                

sueño tibio,

rumor de infancia
lejano!

González Alonso

Elipsis

Elipsis

Leve densidad del aire, gloria
triste, sutil ligereza
del sueño, luz
oscura.

Plenitud de cerezas, viva
herida, desierta
plaza
del sueño, arrieros
de la nada, del aire
el aire.

Tú, levedad del sueño,
herida abierta,
luz oscura, plenitud
de cerezas, siervo
doliente, arriero
del aire
de la nada, plaza
del sueño, adobe de memoria
en versos de trinchera, oasis
de números y años,
fechas.

Tú, párpado
entornado, vista
ciega, gloria
triste, levedad;

leve
densidad del aire
y de quimera.

González Alonso

Agua de noviembre

.

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Fuiste a por agua a la fuente
y volviste enamorada;
crisantemos en el pelo,
sonrisas en la mirada
y apretados en el pecho
abrazos de madrugada,
del mediodía los besos
y de la noche la  äncha
curvatura de los cielos,
los sueños entre las sábanas,
rubor cálido en tus senos
alzándose hasta tu cara.

¿Qué tiene, díme, noviembre?
¿Qué ha de tener…?
No sé nada.

Yo no sé
sino del amor las nieblas,
sino de la sed el agua.

González Alonso

Ofrenda

Nos perfumaba el placer de la carne
y el aroma de higueras; sólo ya
felicidad del alma, llaga de agua
de la concupiscencia,
arañazos de piedra,
cataratas rupestres,
realidad quieta,
imagen que se mueve, y dónde –nos miramos-
estábamos nosotros
cuando en ofrendas de hecatombes
en los altares los toros ardían en hogueras.

Nos abrazaba la vida en miradas de almendra
y miel; ya sólo
beso de ingles y contenido aliento
de bosques entregados a los abrazos de las ramas
primaveras.

Qué ha de ser si en los párpados encierro tus miradas,
si en mi saliva la sal de tu piel, tus pechos
en los labios
y caricias de otoños en mis manos, si nos aroman
aires de cumbres donde alcanzan
sólo los dioses a respirar su esencia.

González Alonso

Los naranjos de Íllar

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Los naranjos de Íllar

En el mediodía y la tarde de junio
y la hospitalidad del poeta Perfecto Herrera en su casita de Íllar

Con sus picos
los pájaros limpiaban las migas de la mesa
y llegaba entonces la muerte pequeña
de la tarde
allá en su casa de
limoneros y naranjos
como siesta recostada en el agua de las laderas,
como agua fresca en las raíces del nogal,
domeñada en las superficies de los espejos del cielo de las balsas.

Las horas son sombra de junio asomándose al valle
y el pueblo en el altozano. Aromas de higueras y azahar
prefumaban las palabras
y las agrestes cumbres, roquedales ardiendo en rojos
todo en torno, todo arriba y seco sol
de aquietado desierto.

Es entonces cuando los ojos se llenan con miradas claras
de atardecer y brisa
y hay como un rumor lejano que ilumina
olas en las orillas de las playas; y como un aire de huerta
y verso
sobrevolando los tejados en Bentarique, los présules
y flores perfumadas de Íllar,
canto que rueda en aguas del Andárax,
alpujarra asomada a las alturas del frío
por las cumbres de Sierra Nevada

y en sus picos, los pájaros,
lo anunciaban.

González Alonso

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