Archivo para 31 enero 2010

31
Ene
10

Ariadna. (Carlos Iniesta)- Compañía Atalaya.

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Ariadna.-Teatro Atalaya

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Teatro Barakaldo (Vizcaya): Ariadna (Carlos Iniesta).- Grupo Teatral Atalaya.

Merece la pena, por lo justificado, empezar subrayando los notables aciertos de la obra teatral Ariadna, el texto del escritor Carlos Iniesta fallecido en enero de 2008 cuando  estaba trabajando en los ensayos del montaje con la compañía teatral andaluza Atalaya. Y el primero puede ser, sin duda, el que se pueda presumir de la presencia literaria del tema de Ariadna por primera vez en el mundo y, además, en español y en España. El tema nunca fue tratado en las tragedias griegas ni fue objeto de la dramaturgia posterior hasta nuestros días. De hecho, el mito de Ariadna se pierde y multiplica en versiones diferentes, sobre todo en lo que se refiere a su final.

Volviendo a los aciertos del grupo escénico Atalaya en su magnífica puesta en escena, destacaremos sucintamente:

a.- La impecable dicción y trabajo vocal, tanto en los discursos de los actores y actrices, como en las intervenciones de los coros, recurso al estilo del teatro griego, con nada menos que el empleo de seis coros diferentes: el de Afrodita, el coro de las jóvenes vestales que van a ser sacrificadas, el de las mujeres cretenses, el espectacular coro de bacantes, el del laberinto o del Minotauro y un coro universal, ajeno al tiempo.

b.- El estilo interpretativo en forma declamatoria, de una rareza exquisita de matices.

c.- La gestualidad de los personajes y los coros, con unos movimientos evocadores del teatro de danza oriental, de gran belleza y plasticidad y muy eficaces para transmitir las emociones.

c.- La música sobre la que se superponen -a veces interpretando las canciones- las voces de los actores, recogiendo temas populares balcánicos.

d.- La gestión del espacio escénico, un acierto escenográfico de Juan Ruesga, en el que  el mar y el aire son los elementos que sustentan el desarrollo de la tragedia. A tal efecto se dispusieron cuatro grandes mástiles que sujetaban una  vela de barco sobre la que se desenvolvía la acción a diferentes niveles, subiendo y bajando la vela en cada escena.

Si a todo ello añadimos el ritmo imprimido a esta historia tan bien contada como interpretada, en ocasiones endiablado y siempre palpitante, enlazando sin pausas las escenas mediante las ánforas que se van depositando a un lado del escenario, podemos hacernos idea cabal del alto valor plástico y dramático alcanzados.

Otro detalle es la introducción de dos ariadnas; una Ariadna joven en Cnosos y otra adulta en la isla de Naxos, donde Teseo la abandona ante la presión del dios Dionisios.

Yendo a la propuesta dramática de Carlos Iniesta, digamos que tras narrarnos a través del coro la guerra de los cretenses contra Atenas y la imposición a ésta del tributo anual de siete muchachos y  otras tantas jóvenes vírgenes, nos introduce en el primer laberinto de Cnosos, el del Minotauro, de la mano de la heroína Ariadna y de Teseo.

Pero la tragedia de Ariadna está compuesta de otros laberintos; si  primero fue el de la lucha contra el poder terrenal que representaba su padre, el rey Minos, luego será el del amor del héroe ateniense Teseo y más tarde del dios Dionisios, el cual le ofrecerá la inmortalidad a cambio de desposarse con él. Pero el último laberinto será el de su rebeldía contra la sumisión, ya sea del padre, del amor o de la eternidad. Sus ansias de ser libre la llevan a elegir el suicidio en la isla de Naxos, momento en el que con sus últimas palabras comprende la razón de la muerte del toro y el significado de su laberinto, esa misma cárcel de la que huirá al encuentro con su hermano, el Minotauro.

El carácter de tragedia clásica de la que autor e interprétes han investido el mito de Ariadna, hacen de esta pieza algo realmente precioso y único. La voluptuosidad de las danzas, la crudeza del gesto, la ternura y el ansia de libertad en esa relación entre dioses y humanos, le confieren un halo mágico cautivador. Me gustaría destacar, de entre todo lo bueno, la espectacular interpretación, en el difícil papel de Dionisios, del actor Jerónimo Arenal. Hay que decir y tener en cuenta que la Compañía Atalaya, con rigor y una profesionalidad artística encomiables, puede presumir de grandes aciertos y éxitos, algunos de los cuales tuve ocasión de presenciar y disfrutar también, tales como la obra El público, de Federico García Lorca, en 2005; Medea, la extranjera, de Eurípides, en 2007 o  la Ópera de tres centavos, de Bertolt Brecht, también en 2007.

Con emoción y sincero reconocimiento para con el trabajo de Carlos Iniesta y el del grupo escénico andaluz Atalaya (Premio Nacional de Teatro 2008), dejo estas palabras al viento, los vericuetos, caminos y derroteros de la red o internet. Por si alguien las recoge y le sirven. Por si alguien más se anima a amar el teatro.

Julio G. Alonso

23
Ene
10

Teseo en Cnosos

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Ivana Manzi,2002

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Minotauro:
-Si te ofrezco el cuello, ¿seré cobarde?
Teseo:
-No, Minotauro. Algo me dice que podrías combatir y no quieres.
 Te prometo herir bien, como se hiere a los amigos.
(Los Reyes.- Julio Cortázar)

Teseo, el que va a morir no es hijo de la muerte
y lee su destino en las paredes del laberinto;
te espera con la testuz aprestada para el golpe
de tu espada bruñida en el sol de Tesalónica.

Llegaste en tu arrogante nave a las costas de Creta
y las mujeres te ofrecieron vino y miel y un lecho a la sombra;

pero tus ojos sólo buscan a Ariadna en sus miradas
para ofrecerle el doble sacrificio del amor y la muerte.

En tu cuerpo los músculos son como la cuerda de un arco
fatalmente tensada en sus extremos anudados

y tu mano reposa sobre el pomo de la espada
en una caricia fría de temerosos presagios.

El que va a morir te espera y sabe que llegarás
dispuesto a cubrir de gloria tu juventud temprana;
pero no opondrá su fuerza, entregado a los cretenses
que compartieron a su lado los amorosos días.

Llegas repitiéndote insensatas sentencias y augurios
sobre el destino
del Toro que guardaba Ariadna en su pecho,
y rasgarás su túnica para anudar el largo cordel
que ha de llevarte al centro del laberinto.

No han de oír los dioses el lamento de la muerte
cuando el suave belfo humedezca la tierra

y todo el aire se contendrá cuando tu espada silbante
busque la sangre del noble cuello vencido.

Qué victoria has de contar para tus pocos años;
¿ no ves a los jóvenes y las mujeres llorando?,
¿ no ves qué tristeza sin límites traen las olas del Egeo
hasta las costas de Atenas?

Ay, qué laberinto has desatado hoy en Cnosos
que los cretenses van y vienen con los ojos arrasados en lágrimas
y te ofrecen las dulces uvas de los héroes.

Mira cómo Ariadna sólo escucha lo hondo de los cielos,
las palabras de su hermano, con los brazos tendidos
a lo largo de su cuerpo desnudo, y llorando su muerte
saluda tu juventud demoledora y fulgurante.

Antes de nada sabías que habías de matar al Toro
y te hubiera resultado más fácil si al menos hubiera luchado

o al inclinar su testuz no te hubiera mirado
con su mirada dulce y poderosa.

Julio G. Alonso

17
Ene
10

La muerte y la doncella.- Ariel Dorfman

La muerte y la doncella.-Ariel Dorfman

En La muerte y la doncella encontramos todo un país metido en una casa. Un país que está iniciando una transición política hacia la democracia tras largos años de dictadura y terror. En el mismo país, la casa, tienen que convivir los asesinos y torturadores con las víctimas de la violencia política, los que la sufrieron directamente y en sus carnes en las cárceles y centros policiales, y los que la padecieron en sus vidas cotidianas, escondidos, excluídos de sus trabajos, amenazados, acallados por el miedo.

En este escenario, Ariel Dorfman nos presenta sobre las tablas a una mujer torturada y violada repetidamente por razones políticas; a su marido, hombre comprometido con la democracia y salido de la clandestinidad para presidir una comisión gubernamental encargada de la investigación de los crímenes de la dictadura y a un hombre del régimen, un torturador que, como médico, participó activamente en la represión política de su país. El conflicto surge cuando la víctima reconoce a su verdugo y decide tomarse la justicia por su mano sometiendo al torturador a un secuestro y obligándole a confesar sus crímenes bajo amenaza de muerte.

El futuro de la transición política está en juego y el marido, en su papel de demócrata, intentará mediar para resolver la situación que raya, en ocasiones, en la locura. Las opciones parecen ser la venganza o la búsqueda de la justicia. Pero la nueva situación no garantiza que el ejercicio de la justicia alcance a los responsables de la dictadura, apelando al olvido y al perdón como premisas para afrontar el futuro. La exigencia de borrón y cuenta nueva dejará a las víctimas sin la reparación de su dignidad y a los culpables, sin castigo.

Estas tres historias sobre el escenario  resumen el drama de pueblos que han pasado por experiencias similares: Chile, país que sirvió de base e inspiración de la pieza teatral, Argentina o España. Y seguramente seguirá siendo, lamentablemente, ejemplo y espejo de otros países aún inmersos en dictaduras a la hora de afrontar sus respectivas transiciones democráticas.

Cabe todo tipo de amargas reflexiones; pero lo que la razón grita es que el olvido y el silencio de la memoria no resuelven el drama sufrido, del mismo modo que pondría en el mismo plano y haría iguales a las víctimas y a los torturadores y asesinos, escogiendo el camino de la venganza, por muy justa que fuera. Por eso, desde el planteamiento de esta obra dramática, el final queda abierto al camino de la reivindicación de la memoria, de la confesión de los culpables y de la acción de la justicia que restituya a las víctimas su dignidad y su humanidad. Y es por esto precisamente que desde entre las voces de La muerte y la doncella se alza el imperativo de denunciar la postura de quienes intentan quitar justificación a la reivindicación de la memoria histórica apuntando hacia el miedo y, lo que es peor, a hacer culpables de la violencia sufrida a las mismas víctimas con argumentos como eso es remover heridas del pasado, o sugiriendo que se trata de un ejercicio de venganza y que todo ello nos llevará a nuevos enfrentamientos, que las víctimas o sus correligionarios también cometieron distintos crímenes y otras ideas similares orientadas a acallar las conciencias e imponer una vida sustentada en el silencio de los crímenes cometidos, ejerciendo para ello una libertad de expresión que esas mismas personas persiguieron sistemáticamente con la tortura y la cárcel.

Al hilo de esta historia, me parece muy oportuno recordar el poema Memoria que dejé anteriormente y que precede a esta crónica. La obra de teatro de Ariel Dorfman, publicada en 1991,  fue llevada al cine en 1994 con el mismo título  por el director Roman Polanski.

El reparto de la obra fue excelente, Emilio Gutiérrez Caba, Luisa Martín y José Sáiz, lo que excluye cualquier comentario sobre su impecable interpretación. Aunque en el terreno formal el montaje de La muerte y la doncella (cuarteto de Franz Schubert que acompañaba con sus notas las torturas y violaciones de la mujer) no aporta ninguna novedad relevante, inscrito en un realismo crudo en donde los efectos plásticos pasan a un lugar secundario para dar más importancia  al texto y la tensión dramática, hay que subrayar, no obstante, el acierto indiscutible de Eduard Costa en la puesta en escena y la dirección de la compañía Saga Producciones. Un Teatro Barakaldo felizmente lleno hasta la bandera en la tarde de un sábado de invierno que nos metió en el cuerpo  otro frío más grande, como es el del horror del hombre contra el hombre y la necesidad de un compromiso firme y sin fisuras a favor de la justicia y la libertad.

Julio G. Alonso

12
Ene
10

El dolor de la memoria

El dolor de la memoria.

El dolor de la memoria.

12
Ene
10

Memoria

 memoria

¡Oh memoria, enemiga mortal
de mi descanso!
Cervantes.

 

La tierra trae recuerdos del alma de los muertos
y estremecida llora, dolida se subleva
acogiendo en su seno gritos desamparados
de un tiempo y el silencio, del miedo y de la guerra.

Duele la herida abierta como duele el olvido;
se alargan los estíos, florecen primaveras
y los otoños mueren mientras frío el invierno
tiembla en nidos vacíos entre sus ramas secas.

Ay España memoria de huesos enterrados,
de hijos malqueridos que tu cariño esperan
para ser ya de todos en tu familia hermanos,
pan y sal de la vida sentados a tu mesa.

Abre al tiempo tus brazos, que el alma de los vivos
en paz nombre sus nombres, que sus cenizas sean
cenizas esparcidas al viento de los años
y fértil el futuro de fértil sementera.

Julio G. Alonso

 

Si la memoria duele, más duele el olvido; por eso considero necesario hablar de los errores sobre los que vinimos a la vida. Y la guerra siempre es el mayor error humano, en el que caben todas las miserias: el odio, el hambre, la muerte, la tristeza.  La guerra civil española (1936 / 1939) fue una crueldad, un desatino y el fracaso de toda una sociedad para resolver sus problemas y encarar el futuro. Pero lo que siguió a la guerra, la llamada postguerra, se convirtió en el terror de la dictadura implantada por el bando sublevado contra la  República. El miedo se unió a la muerte, los asesinatos, las venganzas, el silencio duro y frío bajo las consignas fascistas. Y así se llegó a la transición democrática tras la muerte del dictador Franco. Pero el silencio ha seguido demasiados años y media España duerme en trincheras de miedo, en el abandono de las fosas comunes, en el anonimato vergonzante. Federico García Lorca, como exponente de esta atrocidad, nos acompaña en la memoria.

El poema pretende tender puentes de entendimiento y reconciliación; está escrito en versos alejandrinos como señal de reconocimiento a la inmensa tragedia vivida, y estos son arromanzados como homenaje al pueblo, a las gentes humildes que más sufrieron la represión, a ese pueblo que encontró la fórmula del romance para contar con tanto acierto sus historias, sus leyendas, sus preocupaciones, sus inquietudes.

Vaya por todos ellos y por la paz.

Salud.

Publicado en la antología Las Noches de Lupi en Portugalete, editorial LUPI (La Única Puerta a la Izquierda) Sestao(Vizcaya).-diciembre 2012.-ISBN:978-84-938010-5-2



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