Navidad 09

 

Son fechas, de una u otra manera, especiales. Abrumados por la crisis, las malas noticias del mundo o los desastres personales, podemos sentirnos aún más abatidos  o, por el contrario, podemos esperar llegar a ver alguna luz de esperanza entre las miles con que nos alumbran las fiestas. Sin otros problemas en nuestras vidas más allá de los cotidianos, tal vez sintamos la tentación de celebrar estos días como un reconocimiento de persona agradecida, pero caben también otras posibles actitudes de rebeldía y denuncia del consumismo y las demás circunstancias que acompañan las fiestas.

No sé. Seguro que estáis imaginando muchas más situaciones y respuestas que yo para las navidades, buenas, malas o regulares. Pero, y vuelvo al inicio, siempre se nos acaban imponiendo con un toque especial que nos hace no sentirnos indiferentes.

Dicho lo anterior, quiero entrar en el espíritu navideño de este año deseándonos felicidad, que incluye en el lote la salud, amistad, amor o en su defecto cariño, ternura, éxito personal, generosidad, confianza en los demás, solidaridad, bienestar y cuanto bien queráis añadir a esta lista de la cesta navideña. Y lo hago con el ramo leonés, tradición precristiana de culto a la Naturaleza para pedirle a la Tierra sus frutos y su protección ante los rigores del invierno. Se viste el ramo en las casas y en los pueblos, se le cantan canciones -hoy día cristianizadas- y se recolectan regalos, generalmente relacionados con la comida, para hacer una buena fiesta de invierno, en el caso de  los jóvenes, o conseguir los juguetes en cada casa, en el caso de los guajes y las guajas.

Salud.

Ramo leonés de Navidad

Ramo leonés de Navidad.

La alondra canta

Foto: Alfredo García (León)

Amanece.  Un cielo gris se hace lluvia
en el paisaje, las montañas abrumadas
y el árbol deshojado en mi ventana.

Todos los locos del mundo ahora están llorando,
en los ojos desorbitados gritando están su angustia,
el terror de una noche que no termina nunca.

No sé por qué en mi interior hay claridad de soles,
caricias de sonrisas en campos de primaveras,
espirales de sueños en los ojos abiertos,
por qué soy feliz. La alondra canta
y respiro por la herida de los años.

Amanece, y el día me mira con envidia.

González Alonso

La sensación de sentirse feliz resulta, a menudo, una sensación incómoda que ocultamos con cierto sentido de culpabilidad. Es más fácil abrir la boca para quejarse de lo mal que nos trata la vida. En este poema se subraya todo lo contrario,  y se proclama; se ve la claridad al final de la noche y en el paisaje se encuentra en reposo el sentimiento.

Vacas

 

Ya marchan uncidas al carro de la mañana
con sus mansos ojos, aljófares de miradas sin ira,
anudadas astas  al yugo, baja la testuz,
pegada a la tierra rociada del camino
la fuerza musculosa de sus patas.

Ya despliegan sus mugidos lentos como cantos
graves. Volverán envueltas en la tarde
con el alma cargada de hierba y de cansancio
a mirarse en el agua aquietada de los pilones
y hundir los belfos en su fresca y húmeda promesa;

luego  la noche,

la larga compañía del silencio de las cuadras.

González Alonso

No parece que este poema requiera más explicación que aquella del motivo de su escritura, que no es  sino  la evocación de un tiempo de infancia en el cual las vacas formaban parte de los paisajes de la montaña leonesa. Viene a ser, en cierto modo, un pequeño reconocimiento a estos animales domésticos, tranquilos y pacientes que aportaron su trabajo en el campo con  dedicación y sin rechistar, amén de ofrecernos sus productos. Tal vez otro de los mundos que tampoco volverán.

El poema «Vacas» está publicado en el libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio.- Colección Baños del Carmen, nº 599.- Madrid, 2016)

La arquitectura de la araña

……………………..Tela de araña....... y ciudades.

La ciudad se teje de hilos luminosos, metales
que ruedan, cimientos en el aire enrarecido.
Como la inmensa red de la arquitectura de la araña
extiende su abrazo mortal por el espacio
entregada a las manos invisibles
de sus sueños, aturdidas pesadillas de neón
y de cansancio, el frenético zumbido que recorre sus arterias
y golpea en latidos moribundos todas sus extremidades.
 
Allí es el hombre, lepidóptero o gusano constructor
en su crisálida; allí es el vuelo al destino de la muerte,
el gemir breve del sexo en amor de alcoba,
allí es la luz del gozo efímero cuando cae el día
engullendo la noche de las calles y los supermercados,
cuando se detiene el ritmo acompasado
de su corazón de trenes suburbanos; los quirófanos
duermen. Cuando traspasan los océanos las palabras sonámbulas,
qué cabe esperar
si las mariposas se extenúan volando alrededor de millones de soles diminutos.
 
De ese hilo resistente,
de esa tela de araña
de ese mundo interior
vengo.
 
Julio G. Alonso

No resulta difícil entender la metáfora de la ciudad como tela de araña. Tal vez  la única diferencia es que, mientras las arañas capturan insectos en sus construcciones, los seres humanos son los atrapados en los mismos hilos de la tela de araña que construyen.  Presumiblemente  cada lector imaginará cuánto de trampa y cuánto no, tienen las ciudades que se extienden kilómetros y kilómetros a lo largo de las largas avenidas que conectan con la miseria de los extrarradios. Esta es la propuesta;  de cada cual será la interpretación final.

Poema recitado por Rosa Iglesias en la bitácora La Voz Bordada En El Verso.

Publicado en la antología Las Noches de Lupi en Portugalete, editorial LUPI (La Única Puerta a la Izquierda) Sestao(Vizcaya).-diciembre 2012.-ISBN:978-84-938010-5-2

Acerca de Harold Pinter (1930/2008)

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Obra de teatro : Regreso al hogar.- Teatro Español y Centre D’Arts Escemiques de Reus (Teatro Barakaldo, 29 de noviembre de 2009)

Artículo completo de Wikipedia.- Harold Pinter :

Harol Pinter fue un dramaturgo, guionista, poeta, actor, director y activista político inglés, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005. Su carrera como escritor se extendió por más de cincuenta años y fue uno de los más influyentes dramaturgos modernos británicos.

Sus obras más conocidas incluyen La fiesta de cumpleaños (1957), Retorno al hogar (1964) y Traición (1978), cada una de las cuales fue adaptada para cine y televisión. Sus adaptaciones de guiones de las obras de otros autores incluyen El sirviente (1963), El mensajero (1970), La mujer del teniente francés (1981), El juicio (1993) y La huella (2007). También dirigió y actuó en la radio, el teatro, la televisión, así como en producciones de cine propias y en las de otros.

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Regreso al hogar.- Harold Pinter.

Teatro Español y Centre D’arts Esceniques de Reus
Dirección: Ferran Madico
Traducción: Eduardo Mendoza
Teatro Barakaldo (Vizcaya / Bizkaia)

En medio de una atmósfera familiar angustiosa, oscura y tensa, conformada solamente por hombres, aparecerá la figura de una mujer, vestida con un significativo abrigo blanco, que introducirá un rayo de luz y color en el ambiente gris familiar. La violenta lucha por el poder ejercida hasta entonces parece poder terminar y cambiar hacia unas relaciones de respeto e igualdad y, en ese trance, nos tendrá y hará discurrrir H.Pinter a través de toda su obra. El final, sorprendente y pesimista, nos coloca en el mismo escenario inicial, aunque con un significativo cambio en las relaciones de poder: la mujer ejercerá el control, aparentemente, aunque el grupo -la sociedad- impondrá un alto coste para su ejercicio, el precio de su dignidad y de convertirse en objeto de compraventa. Y es que el poder tienta y corrompe, podríamos concluir.

No es fácil el teatro de H.Pinter, ni siquiera en obras como Regreso al hogar en la que se mueve entre el realismo y el absurdo. No se trata de un teatro de mayorías. Es un teatro incómodo y áspero que exige un cierto esfuerzo intelectual.  Regreso al hogar trata las relaciones humanas con abundantes recursos del teatro del absurdo para subrayar los aspectos de la soledad y la incomunicación en sociedad, manejando los silencios expresivos y las situaciones cotidianas con gran maestría. No se llega en esta obra, tal como sí  lo hará su amigo  Samuel Becket en obras como Esperando a Godot o Final de partida, a profundizar en  la incomunicación absoluta y la soledad metafísica, personal; la angustiosa experiencia de estar solo de sí mismo, siendo nadie ni nada y la consiguiente imposibilidad de la existencia del  diálogo interior como vehículo para mantener una mínima conexión con el mundo.  H.Pinter nos plantea este problema solamente en la esfera de lo social, apuntando a lo que significa el poder y el ejercicio del poder, aspecto tratado en la obra de manera harto realista. En este contexto, lo que es verdad y mentira adquiere un valor relativo y cambiante en función de lo que convenga o no al poder.

La obra Regreso al hogar se inicia, tal y como el autor tuvo ocasión de explicar en su discurso Arte, verdad y política con motivo de la concesión del premio Nóbel en 2005, con una frase corriente : ¡¿Qué has hecho con las tijeras?!  Alguien, obviamente, estaba buscando unas tijeras –nos explica el autor–  y le preguntaba por su paradero a alguien que sospechaba las podía haber robado. Pero de alguna manera sabía yo que a la persona a quien hablaba no le importaban un bledo ni las tijeras ni tampoco la persona que preguntaba.

El discurso del premio Nóbel Harold Pinter (1930-2008) seguirá con un duro alegato contra la política estadounidense en el mundo en general, y en particular la  de la Administración Bush,  con una denuncia sin paliativos de la hipocresía que hace presentarse a este país como paladín de las libertades y la democracia mientras fomenta golpes de estado, impone dictadores o interviene militarmente invadiendo países acusados de ser servidores del mal y, grotescamente, seguido por países como Gran Bretaña, o España, si queremos recordar la implicación del gobierno Aznar en la invasión de Irak,  o manipulando las decisiones de la ONU en beneficio de sus intereses. Para ello se miente, se desinforma o se manipula a las opiniones públicas mundiales de forma cínicamente descarada.  Fuerte crítica que podéis seguir en su discurso, ejemplo de lo que significó la militancia y compromiso político de Harold Pinter, hombre coherente con unos principios que le llevaron a ocupar el puesto incómodo de escritor y hombre que da testimonio de su tiempo. De esta manipulación de lo que es la verdad y lo que es falso, nos habla también -como he dicho- en esta obra puesta en escena y dirigida por Ferran Madico, una traducción estupenda de Eduardo Mendoza y producida por el Teatro Español y el Centre d’Arts Escéniques de Reus. El trabajo de los actores y la actriz del reparto, en la actuación del sábado 28 en el teatro Barakaldo, fue casi perfecta, con una dedicación total y sacándole a la obra un rendimiento encomiable.

González Alonso

Calígula (Albert Camus). Compañía L’Om Imprebís

Calígula

La oportunidad de haber visto la representación de Calígula en el Teatro Barakalado (Vizcaya) por la compañía L’Om Imprebís,  de la que no cabe hacer más que el mayor de los elogios, me ofrece la ocasión de rememorar mi primer contacto con la obra de A.Camus.

Corrían los años 70 en León. Un año antes, actuando y dirigiendo el grupo escénico de la  Escuela de Magisterio, tuve ocasión de participar también en la formación de otro grupo teatral para el que, a la sazón, propuse el nombre inicial de Experimental Grutélipo y que luego continuaría su andadura como Grutélipo (acrónimo de Grupo Teatral Libre Popular). Fue con este grupo con el que, particicipando en el montaje de Los justos,  alcancé a entrar en contacto con la obra del premio Nóbel.

La obra Los justos, en las postrimerías de la dictadura franquista, la leíamos los jóvenes como un alegato contra dicha dictadura y a favor de la subversión y el enfrentamiento al sistema. La identificación con los ideales del grupo terrorista que protagoniza el atentado que terminará violentamente con la vida del Gran Duque Sergio de Rusia, creo que estaba por encima de la crítica al modo de hacer la revolución, de buscar la justicia y la libertad, que con notable acierto expone  A.Camus.  A mí me correspondió  interpretar en esta obra el papel del joven poeta Kaliayev, encargado de arrojar la primera bomba que acabaría con la vida del gran duque, y el que -en un primer intento- no lo hará,  dejando pasar el carruaje,  porque en el mismo viajaban dos niños que lo acompañaban al teatro.

En Calígula, al igual que En Los justos, aparecerá también la figura del poeta que sufre en sus propias carnes, como el resto de los patricios, la crueldad desmedida del emperador al ordenar el asesinato de su padre,  pero que -aún manteniendo una actitud crítica frente al poder y participando en las conspiraciones para terminar con el autócrata- no justifica la eliminación violenta del mismo y conserva un aprecio por el hombre,  odiando al personaje Calígula. Cuando Calígula perece a manos de los patricios conjurados, el poeta estará lejos.

La debilidad de A.Camus por la poesía le hace, al parecer, concederle el estatuto de protagonista en una revolución de corte humanista de la que descarta la violencia,  la injusticia y el crimen como medios para erradicar la misma violencia, conseguir la justicia y abrazar la libertad.

Además de contraponer a la sociedad corrupta, violenta, ambiciosa y egoista,  la imagen del dictador como el de  su propio rostro reflejado en el espejo de todo lo que representa ejercer el poder sin escrúpulos en beneficio propio o en nombre de ideales justicieros,  A.Camus ahonda en todos los sentimientos humanos como motores de la acción,  tales como el odio, el miedo o el amor, y expone cuál es el resultado al que se llega cuando la motivación de los intereses económicos está por encima de los intereses humanos en una sociedad.

Resulta sorprendente la frescura con que se leen estos textos y se ven en escena -sobre todo si vienen servidos por compañías de la talla de L’Om Imprebís-  los trabajos del premio Nóbel francés de origen argelino,  muerto en accidente de tráfico en 1960 cuando contaba 46 años de edad.  Sorprendente y preocupante por su innegable actualidad.  Pero,  aunque superásemos algunas de las contradicciones expuestas en las que vivimos sumergidos, la obra de Albert Camus ofrecerá siempre elementos para la reflexión y la oportunidad de conocernos mejor y hallar el modo de mejorarnos y mejorar la sociedad.  Por eso, al igual que las grandes tragedias del clasicismo, su obra ya es inmortal.

González Alonso

Esqueleto

Esqueleto reflexivo

Mira por las cuencas
vacías del tiempo,
habla por la obscura
cavidad del silencio,
respira el aire helado por entre las costillas
latiendo en el espacio de un corazón de besos.

Araña las caricias con manos descarnadas
mientras el sexo llora su excitación y miedo,
mientras huye el rubor libre de las mejillas
y la oquedad del cráneo resuena de recuerdos.

Degusta el seco trago del vino de la vida
cuando es duro el abrazo; y sueña las ternuras
derramadas en aire por entre las entrañas.

Escucha por los huesos
el temblor de la tierra,
sementera de antaño,
ya sólo húmedo tacto
la orgánica materia,

sólo sueño del polvo que de la humana arcilla
en el grito del viento
asciende a las estrellas.

González Alonso

 

El tema de la muerte y la vida que alentó en los restos humanos puede provocar cierta reticencia, pero es tan real y cotidiano que merece alguna atención por nuestra parte. Así se ha construído este poema, con un cambio de ritmo tras los hexasílabos iniciales para transcurrir más plácidamente por los alejandrinos que les siguen y concluir con la presentación de los alejandrinos en los versos de cierre partidos en dos hemistiquios. Algo así como el crujido de un hueso quebradizo, en cuyo hueco se albergó el aliento de la vida, de los deseos, de los sueños.

Parábola del arquero

Héràcles archer(1909) Antoine Bourdelle.- Museo de Orsay, París

No había distancia imposible ni blanco inalcanzable
para el destino de sus flechas. El joven arquero
era llevado con orgullo de todas las ciudades
exhibiendo la fuerza de su brazo,  la proverbial punteria
que, arrostrando cada día  un nuevo desafio,
superaba con pulso firme ante los asombrados ciudadanos.

Como si escribiera
las páginas de un libro de hechos extraordinarios,
con  destreza sin límites
firmaba con rapidez la muerte limpia
de los ciervos, lobos, zorros y jabalíes
puestos en su camino
y alcanzó –en sus hazañas- a los halcones y las águilas
en su vuelo más alto.

Nada era un obstáculo a su juventud
arrolladora,
la elasticidad de sus músculos, el acierto
de su ojo clavado en el blanco.
Pisaba como un dios
la escarcha de los prados en la madrugada
cuando sus dardos rasgaban el frío del horizonte
del sol herido
de los días de invierno. Y una mañana,
tensando con calma la cuerda de su arco,
alzó la vista al cielo
y elevó, lentamente, la punta de su flecha
a lo profundo del azul;
así esperó, tumbado y sonriente en la fresca y blanda
hierba, contemplar la luz herida precipitarse en sombras
de fría noche envolviendo su mirada
de vacio,
muerto el día,
muerto el cielo
en el más difícil  de todos sus disparos.

Y así lo encontrarán,

los ojos abiertos a la nada,

los brazos extendidos

y el corazón traspasado en la mitad de su pecho
por la certera flecha
salida de su arco.

González Alonso

 

 

Blanca Sandino (1946-2009)

Blanca Sandino en Palma de Mallorca, diciembre de 2008.Ocaso en Mallorca en diciembre de 2008
Blanca Sandino (1946-2009)

Viento suave, aura, aire
para tus alas,

tan enamoradiza de ocasos
te has llevado su esplendor en tu sonrisa,
ay, qué titanes de ausencia y qué endeble
y tímido fulgor; eres noche y busco estrellas,
fanales en las sombras espesas de la pena.
Ya ceden los tajamares de mis puentes al empuje de las aguas
desbordadas
del recuerdo. Te sigo a la mar,

ay, qué orillas de olvido y de nostalgia,
qué larga cintura de agua.

Me visten miradas de tus ojos.

Como ciego avanzo a tientas de palabras.

González Alonso

 

Blanca Sandino,  poetisa nacida en Oviedo,  vivió en Cádiz, cuyas costas de Chiclana acogieron sus cenizas tras su muerte el 23 de mayo de 2009. En el corto transcurso de su trato pude disfrutar de su amabilidad y cariño por la vida. Creyente, nunca supo explicarme la última razón de su fe y su esperanza en otro mundo; pero supo contagiarme la alegría infantil de su risa. Por eso creo que tal vez tuviera razón y espero que sus paseos por las playas oceánicas de Cádiz le inspiren muchos versos, infinitos versos como olas, y que sepamos recogerlos en su rumor y en sus ecos. En su memoria, he querido dejar este sencillo poema.
Salud.

Poema publicado en el libro colectivo Árido Umbral, poesía (Editorial Alaire, agosto de 2011.-Vitoria.-ISBN 978-84-939365-0-1)