Carta de julio

 

Carta de julio
Catedral de León

Yo vi la luz, yo vi
la luz
y un manantial de estrellas
y vitrales. Estaba ciego
y vi la luz, el milagro de ojivas
en mis pupilas de noche
y espacios inabarcables.

Yo rodeé sus piedras de palabras.
Yo alcé a sus pináculos el vuelo
de los sueños
y vi ángeles en coros de aleluyas,
la soledad titánica del hombre,
la escritura en el aire
de un salmo mineral
y poesía
y luz. Yo vi
la luz
del séptimo mes y estaba ciego,
ciego,
sin ver
delante de la luz bajo las bóvedas
de crucería
del templo. Yo lo vi.
Yo vi el milagro
de la luz
en los altares.

González Alonso

Deja amanecer el día

 

Deja que amanezca el día
y  los rayos del sol toquen
las superficies de las aguas y las cosas. Mira en torno
y acaricia
la soledad que te acompaña; repasa los recuerdos
y  haz cuenta de los nombres, pon fecha a los fracasos,
compañía de ilusiones que huyeron con su alegría
a  los rincones perdidos de las distancias.

Mide el silencio
que abarca la mañana
entre el tictac de un reloj de pared y las horas
del toque lejano de campana; a sorbos
toma el café amargo de la vida
despacio,
con calma.

Deja amanecer
y  abre  las ventanas; de lo que atrás ya queda
es nada envuelto en sombras
y memoria que sangra; son nombres
que olvidaron, fotografías sin rostro en álbumes sin fecha
y  desierto de afectos.

Que este dolor sea el último. Abre al día
los ojos
y  los colores tendidos por los montes; el canto de los pájaros
te acompaña y te esperan las sonrisas
en ramos de ilusiones
y el abrazo del tiempo
que no olvida. Entonces, será entonces
cuando
la noche sea sábana de sueño
poblada de palabras en revuelo
y alas de mariposas.

González Alonso

 

 

A veces

A veces

A veces la alegría que hay en tu alma
envuelve en soledad de cautiverio
el amor ya perdido, la imposible
caricia, la emoción, beso en la boca
que consumen las llamas del recuerdo.

A veces te presentas entre sombras
como la noche entrando por mis ojos
y sobrecoges con tu imagen viva
las láminas aladas de los sueños.

A veces vienes sin aviso previo
por la puerta trasera del olvido
alborotando miedos y emociones
con tu presencia sola y silenciosa.

A veces, sin embargo, sólo temo
abrir los ojos y al llegar el alba
no verte más; maldigo luego el día
y la luz que te borra y te acaricia
y celosa te esconde
y que te abraza.

González Alonso

Carta de junio

Carta de junio

Las despedidas son por el oeste
y el sol cansado,
horizonte de agua serenada en sus colores,
tarde que arde y se consume
y anuncia la noche. Es breve
el intervalo
como un suspiro. Más allá
del día
el universo cae sobre nosotros en estrellas,
luminarias para ver
la profunda oscuridad.

Te llegará esta carta
puntual
con el mensaje plomizo del adiós
en el límite de la hora
en que comienza el firmamento.
Nunca fue ni será más hermosa
la triste alegría de la vida
arrojada a los brazos infinitos
de la nada. Lo sabrás
cada crepúsculo, beso leve
de sombra
y los ojos llenos de miradas
al oeste,
sol cansado
en los colores
que mueve el agua.

González Alonso

Cuatro sombras

Cuatro sombras

La vida es caminar siempre al oeste, siempre
de la luz
a la oscuridad.

Las primeras sombras
son cortas
delante de los pasos iniciales de la infancia;

las segundas se alargan
y vibran
con vigor de juventud;

las terceras merman
en  la madurez
y se abrevian
como las horas
de los días de invierno;

las cuartas desaparecen de los ojos a la espalda
de la senectud
en un ocaso de días.

Luego,

la noche.

González Alonso

Carta de mayo

 

Carta de mayo

A tantos de tantos de un insólito año
de lluvias a destiempo
y soles equivocados.

No sólo el tiempo anda revuelto,
también los sentimientos
se trastornan; inquietos van y vienen
por las habitaciones del alma
desamueblada.

No sólo los sentimientos se agitan
y remueven las lágrimas
antiguas
y los posos del café; también
titilan las ilusiones en mar
de estrellas
y parece apagarse su fulgor.

No sólo las ilusiones,
también las sonrisas
huyen por los espejos de los años.

Una felicidad triste se adueña de las fechas,
los recuerdos resisten la derrota;
tal vez por la música de la vida
transite alguna clase de esperanza. No importa,
sólo la luz y la ternura a veces,
el tacto sólo del aire que te envuelve,
ese alimento del amor en la mirada.

Hay un árbol de ramas extendidas
que nos acoge en su sombra
vegetal,
el lecho blando de un prado
y los abrazos.

Quería que lo supieras.

González Alonso

Serenidad

 

Serenidad

Todo está bien, sereno y apacible,
sin turbación moral; en la mirada
la vida te sonríe sosegada
y el corazón es pulso sostenible.

Lejos queda el temor y el indecible
sortilegio de muerte en la cansada
guerra sin fin tan de dolor colmada
en alcanzar del sueño lo imposible.

Rotos ya los cimientos de impaciencia
fluye la vida y nacen las auroras
en la clara armonía de su esencia.

Hoy eres lo que quieres; emergencia
a la luz de los días y las horas
de un alma que se arropa en su inocencia.

González Alonso

 

 

Carta de abril

 

 

Bandos y mundos

Recuerdas abril. Los almendros florecidos
y dos repúblicas. Siglo veinte
de bandos y de mundos.
También el eco prolongado de una guerra
civil, los silencios, la tragedia
y el miedo del olvido
en las fosas. Recuerdas
las aguas del deshielo
y había que vivir
y el amor se abría paso
y abatía la tristeza en trincheras de besos,
en los abrazos del hambre
y en los tactos.

La alegría rompe las costuras de los sueños.

Tal vez, es verdad, no valga la pena recordar;
la risa es sin porqué y todo
lo que tienes que saber
es aprendido en el espacioso espíritu
de la locura
con que dios
salvó al mundo.

Los días tristes
se han ido. Abril
vuelve con sus muertes y los hijos
que llegan a los días felices.

González Alonso

Último lugar

No hay último lugar para la belleza
ni edad para el amor. Pero el tiempo
se agota en el cauce de los ríos
que corren sin esperanza
secos en sus fuentes.
Y entonces sabes
que se apagan los pulsos de la vida,
como los pétalos abandonan la corola
y suspendidos en la brevedad del aire
se entregan a la tierra.

Otras lluvias harán correr otros ríos caudalosos
y vestirán otras flores con gracia otros reflejos;
la belleza desnuda
el amor desnudo
germinarán bajo otras luces y otros tactos;
tú sabes
que serán las cenizas de la memoria
alimento
de nuevas ilusiones, calor extenuado
como un verano sin sombra.

Y sopla ante tus ojos asombrados
la belleza el aire
y se rinde a su abrazo el amor
y a su sonrisa
el beso.

González Alonso

Carta de marzo

 

 

Carta de marzo

Hoy
escribo
desde la ausencia y la distancia
y los paisajes de la lejana edad
de los juegos infantiles, cuando entonces
eran los sueños cantos rodados
en los lechos de los ríos
y volaban los cielos las aves de los deseos,
se cimbreaban en las ramas de los avellanos
y en las paredes rocosas escalaban la luz
de las cumbres del aire.

Conoces los espacios envueltos en sombras de los bosques,
las orillas de los arroyos y los salguerales,
los negrillos,
el frío en las manos y los ojos y el aliento
de los inviernos y el blanco de la nieve
cuando la montaña deja oír su silencio.

Ahora tienden al sol sus panales las abejas,
los prados multiplican sus flores;
rumorean las aguas,
los días crecen,
huelen las muchachas
a rondas de primavera.

González Alonso