Cuatro sombras

Cuatro sombras

La vida es caminar siempre al oeste, siempre
de la luz
a la oscuridad.

Las primeras sombras
son cortas
delante de los pasos iniciales de la infancia;

las segundas se alargan
y vibran
con vigor de juventud;

las terceras merman
en  la madurez
y se abrevian
como las horas
de los días de invierno;

las cuartas desaparecen de los ojos a la espalda
de la senectud
en un ocaso de días.

Luego,

la noche.

González Alonso

Carta de mayo

 

CARTA DE MAYO

A tantos de tantos de un insólito año
de lluvias a destiempo
y soles equivocados.

No sólo el tiempo anda revuelto,
también los sentimientos
se trastornan; inquietos van y vienen
por las habitaciones del alma
desamueblada.

No sólo los sentimientos se agitan
y remueven las lágrimas
antiguas
y los posos del café; también
titilan las ilusiones en mar
de estrellas
y parece apagarse su fulgor.

No sólo las ilusiones,
también las sonrisas
huyen por los espejos de los años.

Una felicidad triste se adueña de las fechas,
los recuerdos resisten la derrota;
tal vez por la música de la vida
transite alguna clase de esperanza. No importa,
sólo la luz y la ternura a veces,
el tacto sólo del aire que te envuelve,
ese alimento del amor en la mirada.

Hay un árbol de ramas extendidas
que nos acoge en su sombra
vegetal,
el lecho blando de un prado
y los abrazos.

Quería que lo supieras.

González Alonso

Serenidad

 

Serenidad

Todo está bien, sereno y apacible,
sin turbación moral; en la mirada
la vida te sonríe sosegada
y el corazón es pulso sostenible.

Lejos queda el temor y el indecible
sortilegio de muerte en la cansada
guerra sin fin tan de dolor colmada
en alcanzar del sueño lo imposible.

Rotos ya los cimientos de impaciencia
fluye la vida y nacen las auroras
en la clara armonía de su esencia.

Hoy eres lo que quieres; emergencia
a la luz de los días y las horas
de un alma que se arropa en su inocencia.

González Alonso

 

 

Carta de abril

 

 

Bandos y mundos

Recuerdas abril. Los almendros florecidos
y dos repúblicas. Siglo veinte
de bandos y de mundos.
También el eco prolongado de una guerra
civil, los silencios, la tragedia
y el miedo del olvido
en las fosas. Recuerdas
las aguas del deshielo
y había que vivir
y el amor se abría paso
y abatía la tristeza en trincheras de besos,
en los abrazos del hambre
y en los tactos.

La alegría rompe las costuras de los sueños.

Tal vez, es verdad, no valga la pena recordar;
la risa es sin porqué y todo
lo que tienes que saber
es aprendido en el espacioso espíritu
de la locura
con que dios
salvó al mundo.

Los días tristes
se han ido. Abril
vuelve con sus muertes y los hijos
que llegan a los días felices.

González Alonso

Último lugar

No hay último lugar para la belleza
ni edad para el amor. Pero el tiempo
se agota en el cauce de los ríos
que corren sin esperanza
secos en sus fuentes.
Y entonces sabes
que se apagan los pulsos de la vida,
como los pétalos abandonan la corola
y suspendidos en la brevedad del aire
se entregan a la tierra.

Otras lluvias harán correr otros ríos caudalosos
y vestirán otras flores con gracia otros reflejos;
la belleza desnuda
el amor desnudo
germinarán bajo otras luces y otros tactos;
tú sabes
que serán las cenizas de la memoria
alimento
de nuevas ilusiones, calor extenuado
como un verano sin sombra.

Y sopla ante tus ojos asombrados
la belleza el aire
y se rinde a su abrazo el amor
y a su sonrisa
el beso.

González Alonso

Carta de marzo

 

 

Carta de marzo

Hoy
escribo
desde la ausencia y la distancia
y los paisajes de la lejana edad
de los juegos infantiles, cuando entonces
eran los sueños cantos rodados
en los lechos de los ríos
y volaban los cielos las aves de los deseos,
se cimbreaban en las ramas de los avellanos
y en las paredes rocosas escalaban la luz
de las cumbres del aire.

Conoces los espacios envueltos en sombras de los bosques,
las orillas de los arroyos y los salguerales,
los negrillos,
el frío en las manos y los ojos y el aliento
de los inviernos y el blanco de la nieve
cuando la montaña deja oír su silencio.

Ahora tienden al sol sus panales las abejas,
los prados multiplican sus flores;
rumorean las aguas,
los días crecen,
huelen las muchachas
a rondas de primavera.

González Alonso

 

La vida me mira

 

La vida me mira y me enamora
su paso; será por eso
que tengo los ojos tristes.

Como un ensordecedor griterío de estorninos
en las ramas del árbol de la tarde
se columpian los recuerdos. Me mira la vida
y le sonríe mi mirada triste.

En algún lugar del alma se libra una batalla
y se está preparando la derrota. La vida me mira
por el cerrojo de la puerta de la infancia
y contempla el amor reposado de las aguas
del pozo de los años
desde el brocal húmedo de mis ojos
tristes.

Un día sabrás también de horas como abejas
del panal del tiempo
y alondras perdidas en el vértigo de las sombras
de las noches. Me mira la vida
y su paso me enamora
en la tristeza de mis ojos.
Me acecha la vida
y yo veo en mis pupilas tristes
la vida asomada a las miradas
y mis ojos tristes
enamorados de su paso

y a su paso
qué dulce aliento de recuerdos
desplegados al viento del océano como velas
de un bajel armado
de amor
para todas las derrotas.

González Alonso

 

 

Carta de febrero

Carta de febrero
Here, there and everywhere (Revolver.-The Beatles)

Y de repente puedo llorar;
en el giradiscos, una canción de los Beatles
que no entiendo y, sin embargo,
hay lágrimas en mis ojos.

Tal vez porque es febrero
un mes sin grandes historias
personales, apegado al frío
de las cumbres que cubre
la nieve. O porque las emociones
andan, van y vienen
a su antojo
por aquí, allí y en todas
partes
.

O sólo porque hay días
como éste, que miro hacia la ría
y el agua gime la ausencia
de los barcos
de antaño.

González Alonso

Rarezas

 

Rarezas

Rara es la gallina que muere de vieja,
raro será el perro que no ladre nunca,
es raro el amigo que dura una vida
y rara es la vida sin un solo amigo,
raros los diarios con buenas noticias,
raras las noticias malas que son buenas.

Raro es el domingo sin niños alegres
y el éxito es raro libre de la envidia;
lo feo en lo bello es una cosa rara
y rara es la belleza
que hay en lo feo. La oveja que bala
sin perder bocado,
la sarna en la piel
que no pica
es rara,
es raro encontrar
sabios ignorantes
y son raros también
los ignorantes sabios.

El amor es raro que pase dos veces
y raro es el odio que pasa y se olvida,
rara es la campana
que tañe sin badajo,
raro el asesino que no encuentra víctima
y la paz
es rara,
rara,
muy rara.

Raro
es pensar
en las cosas raras.

González Alonso

Carta de enero

 

Carta de enero

Las bombas caían lejos
con su calor ardiente en el invierno
de las ciudades sirias. Larga la guerra,
la muerte larga con su sombra oscura
y fría
y el terror y el hambre
que no cesan.

Tal vez caigan lejos las bombas,
pero los muros de Alepo son las ruinas
de los muros de mi patria; los muertos
de  Raqqa,
los muertos de las calles de las ciudades
de España,
y el dolor de los sirios
el dolor y el miedo que llama
a la puerta que golpean con sus manos
desnudas,
espanto y  plomo
del alma.

No caen
lejos las bombas,
sino lejos
la esperanza.

González Alonso