
Agua de diciembre
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Si el búho en diciembre canta,
lluvia o templanza; si llueve mucho
diciembre,
buen año será el que viene; si diciembre es frío,
calor al estío. En diciembre
los turrones,
flor de pascua
y villancicos.
¡Ay noches decembrinas
que os llevais el año
tembloroso y gélido,
aguas
aquietadas
de recuerdos,
largo ulular del viento,
sueño tibio,
rumor de infancia
lejano!
González Alonso
Maribel y la extraña familia.- Miguel Mihura
Maribel y la extraña familia
Miguel Mihura

Teatro Barakaldo, 29 de noviembre de 2014
Dirección: Gerardo Vera
Intérpretes: Lucía Quintana, Markos Marín, Ana María Vidal. Sonsoles Benedicto, Natalia Hernández, Lidia Otón, Camila Viyuela, Eugenio Villota y la colaboración de Carlota Gaviño.
La tarde de teatro con Maribel y la extraña familia encima de las tablas, la viví con la admiración puesta en el intento del texto y la actuación del cuadro de intérpretes, de superar el pesimismo y desencanto social con una irónica apuesta a favor de la persona y los sentimientos, dejando al margen y a un lado o despreciando los prejuicios sobre la profesión o el trabajo, la riqueza personal o lo que cada uno tenga que ser para sobrevivir. La naturalidad y bondad de los personajes, perfectamente diseñados por Miguel Mihura, a los que dota de una humanidad esperanzadora, acerca a lo poético esta comedia costumbrista de mediados del siglo XX.
El autor de Tres sombreros de copa ya apunta en 1932 a la renovación del teatro aproximándose a lo que sería el verdadero teatro del absurdo de las décadas siguientes, y junto a Jardiel Poncela será el dramaturgo de más peso y solvencia de la posguerra española.
Maribel y la extraña familia se estrenará en 1959, el mismo año que Miguel Mihura recibe el Premio Nacional de Teatro. El argumento es sencillo. Una joven prostituta de barra americana y un joven empresario de provincia, tímido y apocado, entablan relación en un club de alterne. El joven se enamora y trae a la mujer a la casa de su madre y su tía en Madrid. Las ancianas la acogen con alegría y hacen todos los esfuerzos posibles para que se quede y se case con el joven. La muchacha no encuentra el momento y el modo de explicarles cuál es su profesión. Cuando la ocasión aparece, ni el joven ni las ancianas quieren saberlo, aceptando a la persona que tienen delante y una pequeña biografía, simple e inocente, que hacen de la joven. Seguirán los enredos en los que se verán envueltas las prostitutas amigas de la protagonista, los temores de todas y la extrañeza de pretenderla por esposa junto a otras circunstancias que provocarán escenas cómicas. Pero el amor acabará triunfando para derribar las barreras de los prejuicios sociales.
La obra de Miguel Mihura a la que nos estamos refiriendo nos recuerda a otra del mismo autor, también de éxito y llevada al cine, titulada Ninette y un señor de Murcia. En esta segunda comedia, también de corte costumbrista, el autor enfrentará a las dos Españas, la del bando republicano derrotado en la guerra civil del 36 y exiliado, y la del bando conservador católico y tradicional, que había resultado victorioso. El uno cargado de ideales, ideología, progresista y culto en las estrecheces económicas en las que vivían en el país de asilo, en este caso, Francia; el otro, acomodado, pequeño-burgués, raquítico, inmerso en una rancia moral católica asfixiante, inculto y sumamente aburrido. La reconciliación vendrá servida de la mano del amor y con ella la mejora de sus vidas en todos los aspectos, haciéndose más pragmáticos los unos en un nivel de vida más confortable, y más liberales, alegres y cultos los otros.
Miguel Mihura, que durante la guerra civil y escapando de la situación del Madrid republicano en el que los señoritos –y Miguel lo era- no tenían acomodo fácil, busca refugio en San Sebastián, donde será enterrado a su muerte en 1977. Se apuntó a la Falange, cosa que de grado o por fuerza tantos otros tuvieron que hacer intentando garantizar su seguridad, aunque el carné de falangista no significó un cambio en su manera de pensar o escribir, aparte de algunas publicaciones propagandísticas, el precio mínimo exigido por la dictadura franquista para hacerse un hueco entre los vencedores.
En San Sebastián creará la revista humorística La Codorniz (1941). Más adelante participará con Berlanga y Bardem en el guion de la película Bienvenido Míster Marshall y constituirá un revulsivo cultural con innumerables artículos y la publicación de obras de teatro en las que la comicidad y la complicidad con el espectador serán herramientas de una crítica que hace de ellas piezas y testimonio imprescindibles en la explicación de la historia de una España enfrentada a su necesidad y deseo de progresar y medrar, tanto material y económicamente, como espiritual, cultural y políticamente en el terreno de las libertades democráticas.
Pero, muy por encima del valor testimonial de una época, el teatro de Miguel Mihura se alza con valores universales que hacen de sus obras algo vivo para las generaciones venideras, como son su vehemente apuesta por la bondad natural, los sentimientos, el afecto y la libertad humana por encima del materialismo egoista, la ambición, los abusos del poder, los prejuicios y el pesimismo. Es su teatro, sin duda alguna, una apuesta por la felicidad, y lo es sin acritud y con una sonrisa en la boca. Por eso, es de aplaudir.
González Alonso

Elipsis

Elipsis
Leve densidad del aire, gloria
triste, sutil ligereza
del sueño, luz
oscura.
Plenitud de cerezas, viva
herida, desierta
plaza
del sueño, arrieros
de la nada, del aire
el aire.
Tú, levedad del sueño,
herida abierta,
luz oscura, plenitud
de cerezas, siervo
doliente, arriero
del aire
de la nada, plaza
del sueño, adobe de memoria
en versos de trinchera, oasis
de números y años,
fechas.
Tú, párpado
entornado, vista
ciega, gloria
triste, levedad;
leve
densidad del aire
y de quimera.
González Alonso
La función por hacer, adaptación libre de «Seis personajes en busca de autor»(Luigi Pirandello) de Miguel del Arco y Aitor Tejada

La función por hacer, de Miguel del Arco y Aitor Tejada; adaptación libre de Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello
Teatro Barakaldo, 15 de noviembre de 2014
Intérpretes: Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Nuria García, Manuela Paso, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez. Dirección: Miguel del Arco
Luigi Pirandello (Premio Nobel de Literatura, 1934) estrena la obra Seis personajes en busca de autor, en 1921. A principios del siglo XX el dramtaturgo italiano pone no pocas de las bases en los precedentes de lo que había de ser el teatro moderno y en la gestación del llamado teatro del absurdo. Innovaciones en lo formal y en lo conceptual. Comedia sin actos ni escenas, prescinde del telón que permanecerá levantado durante toda la representación, el escenario vacío, ausencia de decorados, iluminación ligera. En lo conceptual, el teatro apunta al conflicto existencial de la persona en el drama de vivir y convivir; un teatro de la palabra que hurga sin piedad en los sentimientos y las pasiones humanas.
Seis personajes en busca de autor es la reivindicación de lo verdadero, aquello que subyace a la realidad cambiante. El personaje repetirá su historia siempre igual, sin poder escapar de ella. El actor representa, el personaje es. Las personas, de donde deriva personaje, cambiamos a lo largo de la vida y somos distintos personajes durante el transcurso de la misma. Nos liberamos, en cierto modo, de los dramas de nuestros personajes mientras ensayamos otros nuevos. Lo que Pirandello nos propone es la permanente actualidad de la angustia existencial de cada uno de nuestros personajes, condenados a no olvidar ni desprenderse jamás de sus servidumbres.
Las diferencias entre la pieza dramática de Pirandello y la de los autores de La función por hacer no son de fondo ni conceptuales, sino meramente formales. El lenguaje más expontáneo y directo de este primer tercio de siglo XXI, la distribución de roles en los personajes que componen la familia sujeto del drama, pasando de los seis de Pirandello a los cuatro y el bebé de La función por hacer. Pero el resultado sigue siendo igual de impactante porque los personajes continuarán gritando sobre escena su derecho a existir, lo que solamente será posible consiguiendo un autor para contar y repetir cada uno de ellos su historia.
Dentro de este teatro de la palabra tan bien entendido e interpretado por el elenco de la compañía que lo subió a las tablas y en la desnudez de una bella austeridad escenográfica, lo que deslumbra es la acción, lo que atrapa es el sentido existencial del drama, lo que conmueve es la realidad, y la verdad que nuestra propia realidad encierra se presenta al desnudo en la realidad de los demás reclamando el derecho a existir.
Volver a enfrentar la obra Seis personajes en busca de autor a través de esta adaptación libre de Miguel del Arco y Aitor Tejada con el título de La función por hacer, fue sorpresa, emoción y disfrute; la constatación de que las palabras de Luigi Pirandello, recogidas en el programa de mano de la función, siguen teniendo vigencia casi cien años más tarde, al afirmar: El teatro no puede morir. Forma parte de la vida misma; todos somos sus actores.
González Alonso

Cinco años

Cinco años
Todas las cosas tienen su fecha de comienzo y hasta que llega su final la costumbre nos lleva a celebrarlas con aniversarios. En este 11 del 11 de 2014, este cuaderno cumple años y lo más que se me ocurre decir es ¡qué pronto pasaron cinco años!
Sentir el paso del tiempo, la celeridad de los días y los meses, no me impedirá decir que también hay una conciencia del peso de este transcurrir en las cosas que rodean la existencia de esta bitácora y en las vidas de quienes se acercaron y se acercan a leer o comentar. Un peso que se hace gravoso en la situación económica, social y política por la que el mundo atraviesa y que se hace sentir de forma particularmente violenta en las clases más desfavorecidas. Y eso sigue siendo injusto; sobre todo, porque les roba a las personas, jóvenes, adultos o ancianos, el tiempo de su vida y la felicidad. Porque la indignidad de muchos dirigentes políticos, dirigentes empresariales, dirigentes sindicales o dirigentes religiosos, acaba pisoteando la dignidad de las personas honestas. Y porque no se atisban soluciones.
La corrupción y el robo perpetrados por las clases poderosas escapan con facilidad al control de la Justicia. Las gentes humildes, trabajadoras, desposeídas de sus trabajos, de sus bienes y de su futuro, son reas de unas leyes que las mismas clases dominantes corruptas han puesto en marcha a través de los políticos, que son los mismos. Así, todo exige una regeneración, un planteamiento nuevo. La clave está en el poder económico, en las oligarquías que controlan los mercados y acaparan y roban las riquezas en lugar de facilitar una redistribución de las mismas. Y en una nueva orientación de la Justicia, que debe exigir mayor pena para los delitos de los que más tienen u ostentan cargos de representación y gestión de la cosa pública, cuyas acciones delictivas se llevan a cabo desde una situación de privilegio, sin motivo ni necesidad para satisfacer sus necesidades básicas, causando un grave daño a las personas que formamos parte de la sociedad responsable y trabajadora.
Son cinco años de pesimismo. Aún así, desde el quinto aniversario de este cuaderno, deseo celebrar la vida que tenemos y la que nos queda por vivir, apostar por el crecimiento de una conciencia cívica y social que se extienda y permita acabar con las lacras actuales para que los próximos cinco años podamos celebrarlos de una manera más alegre y, sobre todo, sintiéndonos protagonistas de nuestros destinos en la recuperación de la dignidad de cada persona.
Con un abrazo. Salud.
Los Mácbez, adaptación sobre Macbeth, de W. Shakespeare
Los Mácbez
Adaptación de Juan Cavestany sobre Macbeth, de W. Shakesperare
Dirección: Andrés Lima
Teatro Barakaldo
8 de noviembre de 2014

Quiero comenzar expresando la profunda sensación de pesimismo sentida al final de una representación cruda, dura, sin concesiones, de esta versión del Macbeth de W. Shakespeare. Traída la acción a tierras gallegas de meigas y profundas raíces folclóricas desde una Escocia también verde, húmeda y de bosques habitados por brujas y hadas, nada se mueve más allá de la impenitente ambición sin medida y traición humanas. Del gran bosque de Birnam a la carvalleira (bosque de robles) de San Xusto, alter ego del primero, a la locura de Lady Macbeth y suicidio final, todo transcurre como si el tiempo, congelado, no hubiera movido ficha después de más de cuatrocientos años; la misma obsesiva ambición de poder y el ejercicio de la traición y el crimen para alcanzarlo.
La presente obra nos presenta con un enfoque tragicómico a un conjunto de ejecutivos mediocres y políticos de medio pelo cegados por el poder en el seno del gobierno de la Xunta de Galicia. Las profecías de las tres meigas hacen concebir a uno de los altos ejecutivos recientemente promovido a vicepresidente la ilusión de alcanzar el máximo poder, la presidencia del gobierno. En el momento de tomar la decisión de ejecutar su traición y dar muerte al mismo presidente que lo tutela y a la vez convertirá en pieza de sus pretensiones para mantener el control del poder en sus manos y las de su familia, empezará a ver sombras de enemigos que amenazan su carrera política. Una vez desatada la violencia serán el miedo, los fantasmas y la ambición imparable, los que harán que los crímenes y asesinatos se continúen entre amigos, parientes y cualquier persona próxima o lejana que se imagine o pueda parecer una amenaza. El resultado, un verdadero infierno. No habrá lugar ni tiempo para disfrutar de la situación conseguida, ni por parte de Mácbez convertido ahora en presidente, ni por su mujer, convertida ahora en primera dama, atormentados por el miedo a perder el poder arrebatado violentamente y perseguidos por las sombras y los fantasmas de sus crímenes.
La fidelidad al texto de William Shakespeare resulta proverbial. El recurso al bilingüismo en algunas partes de las escenas es acertado, así como la ubicación del desarrollo de este drama shakesperiano que tanto nos recuerda la época imperial romana, en un espacio polivalente en blanco con una iluminación muy bien conseguida.
El ritmo está magníficamente logrado, manteniendo la acción en cada escena sin dar lugar a un respiro. La sexualidad, asociada a la figura de dominación y poder, se expresa en medio de la violencia desatada por la ambición. Todo cuadra en este planteamiento en el que la sangre que no se consigue lavar acompañará a los protagonistas en una sucesión sin fin. La violencia, una vez desatada, será ya un río imparable que arrastrará a la destrucción a los propios protagonistas de la misma.
Del elenco encargado de poner sobre las tablas esta representación de la penosa vida política actual española y –por extensión- de cualquier país en el que los empresarios y políticos sean la misma cosa, solamente cabe reconocer su profesionalidad y entrega sin reservas. Magníficos todos, aunque debamos destacar –por su relevancia- a Javier Gutiérrez y Carmen Machi en los papeles del Macbeth y Lady Macbeth shakesperianos.
Puedo acabar resumiendo que si bien es verdad que la fiel representación del Macbeth de Shakespeare nos permitiría –sin duda- extrapolar la acción a la actualidad, con su miseria, ambición, fraudes, impunidad, crímenes, corrupción y robos entre la clase política y empresarial, también es de agradecer esta denuncia directa, con nombres y apellidos, con ambientes geográficos y sociales de nuestro entorno y nuestra actualidad. Todo se hace, así, evidente ante nuestros ojos y nos mueve a la repulsa y la censura. Poner de manifiesto que la constante de la ambición humana actúa a través de los siglos no nos consuela; queremos acabar con esta situación, con justicia y rigor, y lavar la sangre derramada por las manos asesinas, soñar y creer que otro mundo y otra sociedad son posibles.
Si lo anteriormente expuesto hubiera sido por parte del director Andrés Lima uno de los objetivos a conseguir entre el público, así como por parte del cuadro escénico de Los Mácbez, por lo que a mí concierne debo decir que lo han conseguido.
González Alonso
Agua de noviembre
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Fuiste a por agua a la fuente
y volviste enamorada;
crisantemos en el pelo,
sonrisas en la mirada
y apretados en el pecho
abrazos de madrugada,
del mediodía los besos
y de la noche la äncha
curvatura de los cielos,
los sueños entre las sábanas,
rubor cálido en tus senos
alzándose hasta tu cara.
¿Qué tiene, díme, noviembre?
¿Qué ha de tener…?
No sé nada.
Yo no sé
sino del amor las nieblas,
sino de la sed el agua.
González Alonso
Ofrenda
Nos perfumaba el placer de la carne
y el aroma de higueras; sólo ya
felicidad del alma, llaga de agua
de la concupiscencia,
arañazos de piedra,
cataratas rupestres,
realidad quieta,
imagen que se mueve, y dónde –nos miramos-
estábamos nosotros
cuando en ofrendas de hecatombes
en los altares los toros ardían en hogueras.
Nos abrazaba la vida en miradas de almendra
y miel; ya sólo
beso de ingles y contenido aliento
de bosques entregados a los abrazos de las ramas
primaveras.
Qué ha de ser si en los párpados encierro tus miradas,
si en mi saliva la sal de tu piel, tus pechos
en los labios
y caricias de otoños en mis manos, si nos aroman
aires de cumbres donde alcanzan
sólo los dioses a respirar su esencia.
González Alonso
El nombre de la rosa, de Umberto Eco.- Teatro
El nombre de la rosa, de Umberto Eco
Dirección: Garbi Losada
Adaptación: Garbi Losada y José Antonio Vitoria
Teatro Barakaldo, 18 de octubre de 2014
El título El nombre de la rosa, de Umberto Eco, fue doblemente celebrado con la publicación de la novela (1980) y la adaptación al cine de Jean-Jacques Annaud (1986) en la que sobresalía el trabajo del actor Sean Connery en el papel de Guillermo de Baskerville. Ahora llega la versión teatral en español. También hay un gran trabajo de los actores, aunque es difícil dejar de compararlo con la película porque, pienso, el planteamiento de la obra y el guión se mueven muy próximos a ella, junto a la intención declarada de ser fiel al texto, cosa que se consigue. Pero no hay nada novedoso, e incluso la audición y comprensión se resienten y quedan comprometidas en muchas de las intervenciones y declamación del texto, más propias del cine o la televisión.

La adaptación no es mala si –como he dicho- persigue esa fidelidad al texto de la novela y el desarrollo de la acción; no obstante, resulta fallida al replegarse al peso de la obra de Umberto Eco y no poder superar la efectividad de los recursos cinematográficos. Querer contarlo todo tal vez no habría sido posible si el enfoque de la puesta en escena hubiera hecho hincapié en alguno de los muchos aspectos relevantes como las luchas en el seno de la Iglesia, la naturaleza del amor, el control cultural en manos de las abadías, el valor de los libros, el fanatismo y la superstición, el racionalismo y el progreso, el valor de la fe, el poder de la Inquisición, etc. Pero la apuesta se resolvió en el sentido de querer contar todo de esta crónica medieval de intriga y estilo policiaco: se va a celebrar un encuentro entre las facciones enfrentadas de la Iglesia para resolver sus diferencias, los franciscanos defensores de la pobreza, por una parte, y el papado, defensor de la propiedad de bienes y riquezas, por otra. El lugar, una afamada abadía benedictina italiana. Antes de la llegada de las distintas delegaciones, en la mencionada abadía se suceden una serie de muertes violentas misteriosas. Todo gira en torno a un libro de Aristóteles, un tratado sobre la risa que se guarda en la biblioteca a la que solamente tiene acceso un reducido grupo de frailes; un libro que mataba a quien lo leía, envenenado por el fanático e intransigente fraile ciego de origen español Jorge de Burgos.
El olor a incienso y la música gregoriana ayudaron de manera eficaz a crear la atmósfera medieval en la que se desenvuelve la trama, así como la caracterización de los personajes, un trabajo arduo y realmente digno de aplaudir. La obra, literalmente, transcurre dentro de un libro que se despliega, se retrae, cambia y da forma y cabida a los espacios de la abadía en los que transcurre la trama de la acción. La iluminación pecó de tenebrismo y contribuyó a dar la sensación de representación plana, uniforme. Hubo, también hay que decirlo, efectos realmente conseguidos, como la incursión de Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, su novicio, en el laberinto de la biblioteca, el encuentro con el fraile cielo Jorge de Burgos y el posterior incendio que devoró los fondos de una de las mayores bibliotecas de la cristiandad.
Una buena, excelente noche de teatro, una representación seria, de mucho trabajo y buena articulación del movimiento escénico, con momentos puntuales de notable intensidad, pero sin la chispa propia y necesaria o la genialidad para hacerte olvidar mientras la veías de la novela de Umberto Eco ni de la película de Jean-Jacques Annaud. Arriesgado y difícil competir desde el teatro con los dos grande hitos mencionados, pero ahí estaba la gracia. No se consiguió y, sin quitarle ningún mérito a lo visto y aplaudido, hay que reconocerlo como fue. No siempre se alcanza lo genial; pero en el intento, esfuerzo, trabajo y recorrido, quedan muchas grandes cosas como las de ayer noche en el teatro. Otro aplauso.
González Alonso

