La amarga victoria de Albert Camus a los 50 años de su muerte

Albert Camus

Cumplidos los 50 años del nefasto accidente de automóvil en el que perdió la vida el autor de La peste, El extranjero o la obra teatral Los justos – comentada en esta bitácora LUCERNARIOS– la figura del Premio Nobel (1957) se alza con la crudeza y la claridad de una verdad que nos desnuda de los trágicos errores de la izquierda intelectual heredera de J. Paul Sartre; errores tales como el del papel ignominioso que se asignaba a la violencia revolucionaria. Ya en la precitada obra drámatica Los justos se cuestionaba esta actitud enfrentándonos al dilema moral que significaba el asesinato en la actividad subversiva sustentada en el convencimiento de que el fin justifica los medios, o que ante la violencia institucional y la injusticia social ejercidas por los gobiernos, la respuesta debía ser igualmente violenta para restablecer la justicia social y empujar a las clases trabajadoras a la acción para su emancipación. La postura de rechazo de A. Camus será contundentemente más explícita desde las páginas de El primer hombre. Pero la reacción de J.Paul Sartre y sus seguidores ante esta toma de postura, parapetados en los adarves de la formación intelectual y universitaria de la que A. Camus carecía y que obscenamente  le era echado en cara,  fue de un desprecio absoluto por la persona del escritor y la condena de su obra.

Empero, lo que supo ver A.Camus y tuvo el coraje intelectual de mantenerlo, venía servido –como subraya Jose Mª Ridao en su artículo de El País (La verdad transparente de Camus.- 2/01/10)- por Albert Camus con su mujer e hijosuna actitud ante la vida diametralmente opuesta a la de sus detractores.  A. Camus, escogiendo la vía de la naturalidad y la experiencia íntima en la concepción de la totalidad del mundo, fue construyendo sobre el mismo,  laboriosa y dolorosamente,  sus posiciones políticas y morales.  De ahí –como hemos subrayado en el comentario sobre la obra Calígula, de A. Camus- que la poesía y la belleza se instalen en sus escritos como vehículo de expresión y conocimiento por encima de las elucubraciones de los discursos obscuros y las argumentaciones de una racionalidad alambicada y confusa. La verdad es bella y terrible,  parece gritarnos Camus,  y exige mucho coraje, el mismo que no escatimó para ser de los pocos escritores que se atrevieron a denunciar los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki o alzando la voz para proclamar que la II Guerra Mundial no la ganaron unos países y la perdieron otros, sino que fue un inmenso drama en el que se impuso la victoria de los hombres y mujeres de todos los países –incluídos Alemania e Italia- que defendieron la libertad frente al totalitarismo.

Esta postura, mal entendida y peor interpretada, que se resumía en rechazar la idea de que el nazismo se identificara con Alemania, considerando a este país como la primera víctima del mismo, la mantuvo con firmeza reclamando, como escritor, su independencia frente al poder y reclamando igualmente dicha actitud a todos los escritores, a quienes pide que sostengan con orgullo, incluso con soberbia, las consecuencias de ejercerla.

Han transcurrido 50 años de la desaparición de A.Camus. Los errores de la izquierda han pasado una factura demoledora para las aspiraciones de la emancipación de la clase obrera, diluida, Noticia de la muerte de Albert Camus en 1960 fagocitada,  por el desarrollo del capitalismo con la incorporación de gran parte de las demandas sociales de los programas políticos de la izquierda, como educación, sanidad o sistemas de pensiones. Pero si Camus pudiera enjuiciar desde su particular independencia intelectual y moral la nueva situación, su intuición,  la naturalidad de su conocimiento,  le llevaría previsiblemente a plantear el dilema moral suscitado con la explotación de los recursos naturales y humanos del planeta en un mundo más globalizado que nunca, y el recurso a los mismos argumentos de la violencia y la guerra, la corrupción y la ambición, para ejercer y llevar a cabo dicha explotación por parte de los poderosos,  apelando a la libertad y el orden democrático e, incluso, al nombre de Dios en la lucha contra el mal. Es decir que, al igual que para la izquierda intelectual europea estaba justificada la violencia revolucionaria, para el capitalismo triunfante está justificada la violencia bélica asentada esta idea  en el principio de que  el fin justifica los medios.

Le tocaría de nuevo a A.Camus alzar la voz para exigir la independencia de los escritores y periodistas frente al poder. Y volvería a ser anatemizado, me temo, por los defensores de los valores occidentales y la economía de mercado. Porque se puede apreciar que continuamos, 50 años después, sin resolver los problemas en los que fracasó la izquierda, y que el capitalismo –sin alternativas reales-  los ha extendido al mundo entero como un reguero de pólvora al que se le ha prendido la mecha. Y es que parece estar más claro cada día que el capitalismo no es la solución al capitalismo y que, parafraseando a Camus, podríamos aseverar que no hay que identificar, por ejemplo, fundamentalismo con países árabes, señalando arteramente el fundamentalismo malo contra al que será lícito combatir a la vez que se niega y pone a salvo el fundamentalismo propio, el bueno, desde el que iniciar las agresiones contra pueblos enteros. Porque el fundamentalismo es idéntico –como lo eran el fascismo y el nazismo- en cualquier país bajo cualquier cultura y bandera.  Así que si hay alguna solución no será la de la confrontación de culturas, sino el compromiso –una vez más- de hombres y mujeres de todo el mundo con la libertad y un orden de justicia que excluyan definitivamente la miseria y restituyan la dignidad humana a cada persona en cada rincón del planeta. Tal vez sea mucho pedir. Tal vez volvamos a la utopía. Pero, como se escribió en los muros de París en los sucesos de aquella revolución pequeñoburguesa protagonizada por los estudiantes del mayo del 68, lo más real será reivindicar lo imposible.

Julio G. Alonso

Postal de vida y de muerte

Postal de vida.Postal de muerte.

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La postal de la vida
puede tener el rostro de princesa
y a la mirada uncida
dulce color de fresa
que a los años de infancia te regresa.

La postal de la muerte
la dibujan con sangre las pistolas
y es el odio la suerte
ahogada en caracolas
y rojo en campos rojos de amapolas.

¡Ay paisajes de infancia
donde el azul es cielo en la mañana
y en la noche fragancia
leve y sutil que emana
la luna en sueños que tu amor devana!

¡Ay trincheras del miedo
odio, rencor, dolor, hambre y venganza
que en el latido quedo
que al corazón alcanza
se alzan contra la vida y la esperanza!

Yo busco en el encuentro
del amigo la risa de la vida,
y la pongo en el centro
del corazón que anida
feliz memoria y dicha compartida.

Y siento si la suerte
adversa del destino llega presta
y lleva con la muerte
en la perdida apuesta
del amigo su flor en la floresta.

Julio G. Alonso

El poema Postal de vida y de muerte está compuesto en liras. La lira es una estrofa renacentista introducida por Garcilaso de la Vega y que toma el nombre del primer verso del poema A flor de Guido escrito con esta modalidad estrófica en el cual aparece la palabra lira:

Si de mi baxa lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento,

En el caso del presente poema, cada estrofa ofrece un aspecto positivo y otro negativo de la vida en una especie de secuencia en la que encontrar la cara y cruz que  el mismo hecho de vivir comporta.

Es una estrofa de tratamiento suave y agradable musicalidad. Su estructura se compone de cinco versos de rima consonante en una variación de heptasílabos y endecasílabos:  7a -11B -7a -7b -11B

Proclamas en ovillejos

 

Novecento

¿Quién la libertad destierra?
¡La guerra!

¿Y en qué la vida convierte?
¡En muerte!

¿Y qué mata la inocencia?
¡La violencia!

Egoista en su demencia
la persona que esto olvida
sólo encontrará en la vida
guerra, muerte y violencia.

¿Pues no amas la libertad?
¡Verdad!

Y al fin, ¿Cuál es tu intención?
¡Comprensión!

¿Y quién te sirve mejor?
¡Amor!

Sabiendo que es el candor
el que a la dicha abre paso
bien cumplen en este caso
verdad, comprensión y amor.

¿Qué es lo contrario a morir?
¡Vivir!

Y vivir, ¿qué es en su esencia?
¡Conciencia!

Y ésta en sí, ¿cómo se escribe?
¡Ser libre!

Si lo que aquí se transcribe
en todo lleva razón
es mejor, en conclusión,
vivir, en conciencia, libre.

¿Qué es mejor en sociedad?
¡Igualdad!

¿Y quién hacerla es capaz?
¡La paz!

¿Y qué traen en su embeleso?
¡Progreso!

Veo en tal razón de peso
que en toda humana invención
se cumpla tal condición
de igualdad, paz y progreso.

Julio G. Alonso

Pese a ser considerado el ovillejo una estrofa adecuada casi exclusivamente al tema irónico, festivo o satírico, la intención en esta composición ha sido la de utilizarlo como tema de denuncia social y reivindicación. La oportunidad que para la reflexión abren las sucesivas preguntas que se hacen sobre el tema, creo que da pie también a este tipo de tratamiento.

El poema, magníficamente declamado, lo podéis escuchar en la voz de Rosa Iglesias:

LA VOZ BORDADA EN VERSO, de Rosa Iglesias

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p

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Ovillejo de La mujer y el vino

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Mujer y vino para un ovillejo.Vino y mujer para un ovillejo

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¿Qué es bueno sin desatino?
¡El vino!

¿Y es del hombre gran  placer?
¡La mujer!

¿Y qué cumple en su presencia?
¡Prudencia!

Pues si no cabe en su ausencia
la felicidad lograr
tampoco se ha de olvidar:
¡con vino y mujer, prudencia!

González  Alonso

 Mujer y vino.

El ovillejo es una clase de estrofa que algunos denominan de alarde y que inventó en su forma actual Miguel de Cervantes Saavedra. La usó en el capítulo XXVII de su novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, escribiendo tres ovillejos para la ocasión. Los ovillejos se hicieron muy populares, pero luego su uso decayó hasta ser prácticamente  abandonado. Más tarde, en el Neoclasicismo, después en el Romanticismo, como hizo  Zorrilla en el Tenorio, aunque con algunas licencias,  y, por último, en el Modernismo, volvieron a ser utilizados. Miguel de Unamuno, uno de los mayores exponentes de la Generación del 98 (Antonio Machado, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramon María del Valle Inclán y José Martínez Ruiz) también tuvo en cuenta esta estrofa en sus trabajos.

Es una estrofa brillante y muy sonora que implica cierta dificultad. Su elaboración artificiosa hace de esta estrofa un instrumento muy adecuado para la ironía, lo burlesco, lo humorístico o la sátira.

El caballero de Olmedo (Lope de Vega).-Teatro Corsario de Castilla y León.

El Caballero de Olmedo (Lope de Vega) es, en la puesta en escena de la compañía Teatro Corsario de Castilla y León, como un exquisito licor en copa de cristal fino y bien tallado, un trago largo de vida y felicidad. Dicho lo cual, y destacando la admirable interpretación de todo su cuadro escénico, me gustaría dejar también una breve reseña en forma de aplauso para el director, diseñador de vestuario y escenógrafo Fernando Urdiales, por la gestión del espacio escénico con criterios de modernidad sin dejar de hacer creíble y visualizar los espacios históricos en los que se desenvuelve esta tragedia. No quiero olvidar tampoco mencionar las atmósferas creadas por el iluminador Javier Martín del Río,  la concisión y efectismo logrados en el desenvolvimiento de las coreografías de Javier Juárez y la no menos y valiosa aportación musical en la composición y ejecución a la guitarra de Juan Carlos Martín. Y de los que no digo más por mor de no ser muy extenso, sepan de la reconocida labor que, como espectador, les agradezco.

La obra teatral, rescatada por Federico García Lorca en los años 30 del pasado siglo para la compañía La Barraca, se nos presenta con una vigencia asombrosa en la primera recién cumplida década del siglo XXI. El lenguaje nos llega con una claridad meridiana envuelto en los posos de un español del siglo XVII que se estaba haciendo a sí mismo y, aun siendo en verso, cautiva por la belleza de la riqueza expresiva de Lope de Vega; se trata de un lenguaje lleno de sutiles matices de ironía y logros líricos de extremada sensibilidad. A  conseguir llevar a buen puerto todo ello y apreciarlo en su totalidad, contribuye de manera decisiva el formidable elenco de actores de la compañía Teatro Corsario.

El Caballero de Olmedo se sustenta en un hecho real puesto en romance acaecido entre Medina y Olmedo en el que, por razones de celos, un caballero de la ciudad de Medina, auxiliado por un amigo, decide dar muerte a Alonso en el camino de vuelta a Olmedo después de celebrar las fiestas y salir triunfante ante los toros en presencia del rey. Inés, su enamorada, recibe la noticia de su final cuando el mismo rey estaba a punto de concertar el matrimonio de la misma Inés con el asesino de su amado. La precipitada  llegada de Tello, el criado de Alonso, narrando lo sucedido y pidiendo justicia, pone fin al drama.

Federico García Lorca empleará el mismo recurso a la hora de escribir Bodas de sangre, después de recoger el argumento de una noticia de periódico.

Me he referido en dos ocasiones al Caballero de Olmedo calificándolo de tragedia, cuando el mismo Lope de Vega lo definió como tragicomedia; pero, en mi opinión, los elementos trágicos dominan claramente sobre los cómicos que se dan en algunas situaciones de la intervención del criado Tello o la alcahueta Fabia. En este sentido se percibe un claro paralelismo con la tragicomedia de Calixto y Melibea en la Celestina, y es posible que Lope de Vega la intitulara del mismo modo por esta misma razón. El hecho de conocer de antemano el final trágico del protagonista al recitarse al comienzo de la obra la parte del romance que da cuenta del desenlace,  nos sitúa claramente en el marco de la tragedia al estilo clásico.

Como acertadamente se explica en el programa de mano de la función para esta puesta en escena  son, básicamente, tres los ingredientes que configuran la obra: Amor, Muerte y Destino.

El Destino lo va a encarnar el personaje de Fabia, la alcahueta, que pronosticará y anticipará la muerte de Alonso. La Muerte está siempre presente creando una atmósfera en forma de presagio, amenaza, premonición, miedo, en el riesgo de los desafíos, en las luchas con navaja, en la sangre de los toros y, finalmente, en la propia sangre derramada del héroe abatido por los disparos de sus enemigos. El Amor se desenvuelve y expresa con la vehemencia del enamoramiento y la pasión, en pasajes y escenas de un delicado lenguaje en boca de los enamorados Inés y Alonso que nos evoca la talla indiscutible de un William Shakespeare en las mejores e inspiradas escenas de Romeo y Julieta.

Puede decirse mucho más y mejor que lo que hasta aquí dejo dicho sobre el teatro de Lope de Vega y el espectáculo admirable de la compañía Corsario de Castilla y León en la jornada del teatro Barakaldo de Vizcaya; guardo silencio, no obstante, para dejar oir el cariñoso aplauso de un teatro felizmente lleno de gente entregada a la calidad de un texto inmortal y al arte y la profesionalidad de este cuadro escénico al que, a los que no habéis tenido ocasión de ver, os animo a hacerlo en cualquiera de las ocasiones que se os ofrezcan.

González Alonso

Ariadna.- Carlos Iniesta

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Ariadna.-Teatro Atalaya

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Teatro Barakaldo (Vizcaya): Ariadna (Carlos Iniesta).- Grupo Teatral Atalaya.

Merece la pena, por lo justificado, empezar subrayando los notables aciertos de la obra teatral Ariadna, el texto del escritor Carlos Iniesta fallecido en enero de 2008 cuando  estaba trabajando en los ensayos del montaje con la compañía teatral andaluza Atalaya. Y el primero puede ser, sin duda, el que se pueda presumir de la presencia literaria del tema de Ariadna por primera vez en el mundo y, además, en español y en España. El tema nunca fue tratado en las tragedias griegas ni fue objeto de la dramaturgia posterior hasta nuestros días. De hecho, el mito de Ariadna se pierde y multiplica en versiones diferentes, sobre todo en lo que se refiere a su final.

Volviendo a los aciertos del grupo escénico Atalaya en su magnífica puesta en escena, destacaremos sucintamente:

a.- La impecable dicción y trabajo vocal, tanto en los discursos de los actores y actrices, como en las intervenciones de los coros, recurso al estilo del teatro griego, con nada menos que el empleo de seis coros diferentes: el de Afrodita, el coro de las jóvenes vestales que van a ser sacrificadas, el de las mujeres cretenses, el espectacular coro de bacantes, el del laberinto o del Minotauro y un coro universal, ajeno al tiempo.

b.- El estilo interpretativo en forma declamatoria, de una rareza exquisita de matices.

c.- La gestualidad de los personajes y los coros, con unos movimientos evocadores del teatro de danza oriental, de gran belleza y plasticidad y muy eficaces para transmitir las emociones.

c.- La música sobre la que se superponen -a veces interpretando las canciones- las voces de los actores, recogiendo temas populares balcánicos.

d.- La gestión del espacio escénico, un acierto escenográfico de Juan Ruesga, en el que  el mar y el aire son los elementos que sustentan el desarrollo de la tragedia. A tal efecto se dispusieron cuatro grandes mástiles que sujetaban una  vela de barco sobre la que se desenvolvía la acción a diferentes niveles, subiendo y bajando la vela en cada escena.

Si a todo ello añadimos el ritmo imprimido a esta historia tan bien contada como interpretada, en ocasiones endiablado y siempre palpitante, enlazando sin pausas las escenas mediante las ánforas que se van depositando a un lado del escenario, podemos hacernos idea cabal del alto valor plástico y dramático alcanzados.

Otro detalle es la introducción de dos ariadnas; una Ariadna joven en Cnosos y otra adulta en la isla de Naxos, donde Teseo la abandona ante la presión del dios Dionisios.

Yendo a la propuesta dramática de Carlos Iniesta, digamos que tras narrarnos a través del coro la guerra de los cretenses contra Atenas y la imposición a ésta del tributo anual de siete muchachos y  otras tantas jóvenes vírgenes, nos introduce en el primer laberinto de Cnosos, el del Minotauro, de la mano de la heroína Ariadna y de Teseo.

Pero la tragedia de Ariadna está compuesta de otros laberintos; si  primero fue el de la lucha contra el poder terrenal que representaba su padre, el rey Minos, luego será el del amor del héroe ateniense Teseo y más tarde del dios Dionisios, el cual le ofrecerá la inmortalidad a cambio de desposarse con él. Pero el último laberinto será el de su rebeldía contra la sumisión, ya sea del padre, del amor o de la eternidad. Sus ansias de ser libre la llevan a elegir el suicidio en la isla de Naxos, momento en el que con sus últimas palabras comprende la razón de la muerte del toro y el significado de su laberinto, esa misma cárcel de la que huirá al encuentro con su hermano, el Minotauro.

El carácter de tragedia clásica de la que autor e intérpretes han investido el mito de Ariadna, hacen de esta pieza algo realmente precioso y único. La voluptuosidad de las danzas, la crudeza del gesto, la ternura y el ansia de libertad en esa relación entre dioses y humanos, le confieren un halo mágico cautivador. Me gustaría destacar, de entre todo lo bueno, la espectacular interpretación, en el difícil papel de Dionisios, del actor Jerónimo Arenal. Hay que decir y tener en cuenta que la Compañía Atalaya, con rigor y una profesionalidad artística encomiables, puede presumir de grandes aciertos y éxitos, algunos de los cuales tuve ocasión de presenciar y disfrutar también, tales como la obra El público, de Federico García Lorca, en 2005; Medea, la extranjera, de Eurípides, en 2007 o  la Ópera de tres centavos, de Bertolt Brecht, también en 2007.

Con emoción y sincero reconocimiento para con el trabajo de Carlos Iniesta y el del grupo escénico andaluz Atalaya (Premio Nacional de Teatro 2008), dejo estas palabras al viento, los vericuetos, caminos y derroteros de la red o internet. Por si alguien las recoge y le sirven. Por si alguien más se anima a amar el teatro.

González Alonso

Teseo en Cnosos

Ivana Manzi,2002

Minotauro:
-Si te ofrezco el cuello, ¿seré cobarde?
Teseo:
-No, Minotauro. Algo me dice que podrías combatir y no quieres.
Te prometo herir bien, como se hiere a los amigos.
(Los Reyes.- Julio Cortázar)

Teseo, el que va a morir no es hijo de la muerte
y lee su destino en las paredes del laberinto;
te espera con la testuz aprestada para el golpe
de tu espada bruñida en el sol de Tesalónica.
Llegaste en tu arrogante nave a las costas de Creta
y las mujeres te ofrecieron vino y miel y un lecho a la sombra;
pero tus ojos sólo buscan a Ariadna en sus miradas
para ofrecerle el doble sacrificio del amor y la muerte.

En tu cuerpo los músculos son como la cuerda de un arco
fatalmente tensada en sus extremos anudados
y tu mano reposa sobre el pomo de la espada
en una caricia fría de temerosos presagios.

El que va a morir te espera y sabe que llegarás
dispuesto a cubrir de gloria tu juventud temprana;
pero no opondrá su fuerza, entregado a los cretenses
que compartieron a su lado los amorosos días.

Llegas repitiéndote insensatas sentencias y augurios
sobre el destino
del Toro que guardaba Ariadna en su pecho,
y rasgarás su túnica para anudar el largo cordel
que ha de llevarte al centro del laberinto.

No han de oír los dioses el lamento de la muerte
cuando el suave belfo humedezca la tierra
y todo el aire se contendrá cuando tu espada silbante
busque la sangre del noble cuello vencido.

Qué victoria has de contar para tus pocos años;
¿ no ves a los jóvenes y las mujeres llorando?,
¿ no ves qué tristeza sin límites traen las olas del Egeo
hasta las costas de Atenas?

Ay, qué laberinto has desatado hoy en Cnosos
que los cretenses van y vienen con los ojos arrasados en lágrimas
y te ofrecen las dulces uvas de los héroes.

Mira cómo Ariadna sólo escucha lo hondo de los cielos,
las palabras de su hermano, con los brazos tendidos
a lo largo de su cuerpo desnudo, y llorando su muerte
saluda tu juventud demoledora y fulgurante.

Antes de nada sabías que habías de matar al Toro
y te hubiera resultado más fácil si al menos hubiera luchado
o al inclinar su testuz no te hubiera mirado
con su mirada dulce y poderosa.

González Alonso

*Publicado en el libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio.-Colección Baños del Carmen, Madrid-2016)

La muerte y la doncella.- Ariel Dorfman

La muerte y la doncella.-Ariel Dorfman

En La muerte y la doncella encontramos todo un país metido en una casa. Un país que está iniciando una transición política hacia la democracia tras largos años de dictadura y terror. En el mismo país, la casa, tienen que convivir los asesinos y torturadores con las víctimas de la violencia política, los que la sufrieron directamente y en sus carnes en las cárceles y centros policiales, y los que la padecieron en sus vidas cotidianas, escondidos, excluídos de sus trabajos, amenazados, acallados por el miedo.

En este escenario, Ariel Dorfman nos presenta sobre las tablas a una mujer torturada y violada repetidamente por razones políticas; a su marido, hombre comprometido con la democracia y salido de la clandestinidad para presidir una comisión gubernamental encargada de la investigación de los crímenes de la dictadura y a un hombre del régimen, un torturador que, como médico, participó activamente en la represión política de su país. El conflicto surge cuando la víctima reconoce a su verdugo y decide tomarse la justicia por su mano sometiendo al torturador a un secuestro y obligándole a confesar sus crímenes bajo amenaza de muerte.

El futuro de la transición política está en juego y el marido, en su papel de demócrata, intentará mediar para resolver la situación que raya, en ocasiones, en la locura. Las opciones parecen ser la venganza o la búsqueda de la justicia. Pero la nueva situación no garantiza que el ejercicio de la justicia alcance a los responsables de la dictadura, apelando al olvido y al perdón como premisas para afrontar el futuro. La exigencia de borrón y cuenta nueva dejará a las víctimas sin la reparación de su dignidad y a los culpables, sin castigo.

Estas tres historias sobre el escenario  resumen el drama de pueblos que han pasado por experiencias similares: Chile, país que sirvió de base e inspiración de la pieza teatral, Argentina o España. Y seguramente seguirá siendo, lamentablemente, ejemplo y espejo de otros países aún inmersos en dictaduras a la hora de afrontar sus respectivas transiciones democráticas.

Cabe todo tipo de amargas reflexiones; pero lo que la razón grita es que el olvido y el silencio de la memoria no resuelven el drama sufrido, del mismo modo que pondría en el mismo plano y haría iguales a las víctimas y a los torturadores y asesinos, escogiendo el camino de la venganza, por muy justa que fuera. Por eso, desde el planteamiento de esta obra dramática, el final queda abierto al camino de la reivindicación de la memoria, de la confesión de los culpables y de la acción de la justicia que restituya a las víctimas su dignidad y su humanidad. Y es por esto precisamente que desde entre las voces de La muerte y la doncella se alza el imperativo de denunciar la postura de quienes intentan quitar justificación a la reivindicación de la memoria histórica apuntando hacia el miedo y, lo que es peor, a hacer culpables de la violencia sufrida a las mismas víctimas con argumentos como eso es remover heridas del pasado, o sugiriendo que se trata de un ejercicio de venganza y que todo ello nos llevará a nuevos enfrentamientos, que las víctimas o sus correligionarios también cometieron distintos crímenes y otras ideas similares orientadas a acallar las conciencias e imponer una vida sustentada en el silencio de los crímenes cometidos, ejerciendo para ello una libertad de expresión que esas mismas personas persiguieron sistemáticamente con la tortura y la cárcel.

Al hilo de esta historia, me parece muy oportuno recordar el poema Memoria que dejé anteriormente y que precede a esta crónica. La obra de teatro de Ariel Dorfman, publicada en 1991,  fue llevada al cine en 1994 con el mismo título  por el director Roman Polanski.

El reparto de la obra fue excelente, Emilio Gutiérrez Caba, Luisa Martín y José Sáiz, lo que excluye cualquier comentario sobre su impecable interpretación. Aunque en el terreno formal el montaje de La muerte y la doncella (cuarteto de Franz Schubert que acompañaba con sus notas las torturas y violaciones de la mujer) no aporta ninguna novedad relevante, inscrito en un realismo crudo en donde los efectos plásticos pasan a un lugar secundario para dar más importancia  al texto y la tensión dramática, hay que subrayar, no obstante, el acierto indiscutible de Eduard Costa en la puesta en escena y la dirección de la compañía Saga Producciones. Un Teatro Barakaldo felizmente lleno hasta la bandera en la tarde de un sábado de invierno que nos metió en el cuerpo  otro frío más grande, como es el del horror del hombre contra el hombre y la necesidad de un compromiso firme y sin fisuras a favor de la justicia y la libertad.

González Alonso

Memoria


memoria

¡Oh memoria, enemiga mortal
de mi descanso! – Cervantes.


La tierra trae recuerdos del alma de los muertos
y estremecida llora, dolida se subleva
acogiendo en su seno gritos desamparados
de un tiempo y el silencio, del miedo y de la guerra.

Duele la herida abierta como duele el olvido;
se alargan los estíos, florecen primaveras
y los otoños mueren mientras frío el invierno
tiembla en nidos vacíos entre sus ramas secas.

Ay España, memoria de huesos enterrados,
de hijos malqueridos que tu cariño esperan
para ser ya de todos en tu familia hermanos,
pan y sal de la vida sentados a tu mesa.

Abre al tiempo tus brazos, que el alma de los vivos
en paz nombre sus nombres, que sus cenizas sean
cenizas esparcidas al viento de los años
y fértil el futuro de fértil sementera.

     González Alonso

Si la memoria duele, más duele el olvido; por eso considero necesario hablar de los errores sobre los que vinimos a la vida. Y la guerra siempre es el mayor error humano, en el que caben todas las miserias: el odio, el hambre, la muerte, la tristeza.  La guerra civil española (1936 / 1939) fue una crueldad, un desatino y el fracaso de toda una sociedad para resolver sus problemas y encarar el futuro. Pero lo que siguió a la guerra, la llamada postguerra, se convirtió en el terror de la dictadura implantada por el bando sublevado contra la  República. El miedo se unió a la muerte, los asesinatos, las venganzas, el silencio duro y frío bajo las consignas fascistas. Y así se llegó a la transición democrática tras la muerte del dictador Franco. Pero el silencio ha seguido demasiados años y media España duerme en trincheras de miedo, en el abandono de las fosas comunes, en el anonimato vergonzante. Federico García Lorca, como exponente de esta atrocidad, nos acompaña en la memoria.

El poema pretende tender puentes de entendimiento y reconciliación; está escrito en versos alejandrinos como señal de reconocimiento a la inmensa tragedia vivida, y estos son arromanzados como homenaje al pueblo, a las gentes humildes que más sufrieron la represión, a ese pueblo que encontró la fórmula del romance para contar con tanto acierto sus historias, sus leyendas, sus preocupaciones, sus inquietudes.
Vaya por todos ellos y por la paz. Salud.

Publicado en la antología Las Noches de Lupi en Portugalete, editorial LUPI (La Única Puerta a la Izquierda) Sestao(Vizcaya).-diciembre 2012.-ISBN:978-84-938010-5-2
Publicado en «Ruido de ángeles» (Ed. Vitruvio-Madrid. 2020 – Libro recomendado por la Asociación de editores de poesía en 2021):
 ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA
2020
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1.- La rama verde, de Eloy Sánchez Rosillo
Ed. Tusquets
2.- Ruido de ángeles, de Julio González Alonso
Ed. Vitruvio

3.- El pez rojo que nada en el pecho, de Gioconda Belli
Ed. Visor
4.- Los días eternos, de María Elena Higueruelo
Ed. Rialp
5.- Error 404, de Begoña M. Rueda
Ed. Visor
6.- Palabra tuya, de Manuel Emilio Castillo
Ed. Vitruvio
7.- Gavieras, de Aurora Luque
Ed. Visor
8.- La curación del mundo, de Fernando Beltrán
Ed. Hiperión
9.- La Belleza del fracaso, de Daniel Viñambres
Ed. Rilke.
10.- Retratos de un suspiro, de Alberto Lendínez
Ed. Poesía eres tú
11–Lo que no se ve, de Jesús Montiel
Ed. Pre-textos
12.- Quemadura, de Jorge Camacho
Ed. Vitruvio