Dulce alienta el amor

Luna llena de agosto

Dulce alienta el amor de tu mirada.
Amarga, la pasión de mi deseo.
Alegre de tu risa el aleteo.
Triste el quejido de mi voz callada.

Tu cara de rubor arde incendiada
y en mitad de tu dicha y regodeo
la suerte mía con desgracia veo
a un sinvivir de penas condenada.

¡Ay destino voluble y caprichoso,
tirano amor que todo lo confundes,
vida que al alma das sin fin acoso!

Mas he de hallar en tu ilusión reposo
y toda la ternura que me infundes
será la suerte para ser dichoso.

González Alonso

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Ahora sé

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Ahora sé que me amarías;
en este momento mismo haríamos el amor,
despojaríamos de palabras las horas de la tarde,

abrazarías mi cuerpo

y llorarías por mis ojos.

De nada me sirve saber que me amarías
y que en este momento mismo haríamos el amor;
les pongo sueños a las horas de la tarde,

abrazo mi cuerpo,

lloro por mis ojos.

Julio G. Alonso

Poema publicado en el libro colectivo de poesía Árido Umbral.- Editorial Alaire, agosto de 2011.-ISBN:978-84-939365-0-1
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Se insinúa la flor

Mujer con flor y vestido blanco

Se insinúa la flor; mitad sonrisa,
mitad lágrima sola, mitad tierra,
agua que en su mitad la vida encierra
en pétalos de luz, tallo de brisa.

Tan lejos de la edad que mi pie pisa
tu amor la sombra del dolor destierra
y en desigual batalla en esta guerra
soy herido en tus besos y en tu risa.

Alzas tu levedad de flor temprana
ante el viejo solar de mis abrazos
y soy yo más ayer, tú más mañana.

Mas, qué cabe, si al fin la vida es vana
viviéndola sin ti, y entre tus brazos
será la muerte para mí, liviana.

González Alonso

Las naranjas del invierno

Imagen propiedad de Artencordoba-Arte, Cultura y Turismo en Córdoba.-Museo de Julio Romero de Torres: Naranjas y limones.

Las últimas naranjas del invierno
agua fresca en tu boca
calendario de abrazos en tus brazos
miel caliente en los labios
y los besos,
ojos del alba.

Sabías que me iría en primavera,
que soy nieve en las cumbres
corriendo en los arroyos
y manando en fuentes de deshielos.

Te dejo, amor, las flores de mi mano
tendidas en la falda de los montes
de tus senos
y un alocado sueño de deseos
en la fértil humedad de tus entrañas.

Sabías, ay, y me amaste
y dejaste que te amara
y a la boca trajimos la lujuria
de las últimas naranjas
del invierno.

González  Alonso

Niña y naranja

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Tránsito de los recuerdos

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Transito los recuerdos y hasta ti llego de nuevo
tarde, como la vez primera
de nuevo envuelto en azoradas palabras, en manos
torpes
desnudando tu cuerpo. La noche se hace mansedumbre
y calma que fluye; tú estás siempre sonriéndome,
siempre eres beso
siempre horizonte, deseo
siempre
y la palabra viene y dice
por ti y por mí anhelos susurrados
en miradas.

La noche nos arropa. Nunca fuimos tan bellos,
nunca las estrellas nos envidiaron tanto y se disuelven las horas
en el silencio y el mundo a nuestro alcance
arcilla en nuestras manos flexible y moldeable. Todo
era posible
sólo con quererlo; tan grandes nos sentimos, tan fuertes,
poderosos.

¡Míra qué miel dulcísima en los panales del tiempo
qué noche sin desvelos!

Transito con dignidad un poco antigua,
de pose aristocrática,
los recuerdos, aquellos que tercos se resisten
a abandonar sin duelo
el hogar de la memoria
y dejo que, como niños, se alboroten un poco,
nos lastimen un poco y se vayan, luego, confortados
de felicidad, ventura
que como ola
rompe incesante en la playa de los años,
acantilado de la edad,
bajel arrumbado a las costas de los sueños
y las manos torpes, como entonces, desnudando tu cuerpo
como la vez primera
y los besos primeros.

Qué delicado tránsito ungido de nostalgia
qué preocupada atención por el pasado que vuelve
cargado de sentimientos y clara inteligencia.

Tránsito, al fin,
sólo paso.

Julio González Alonso

Yo sólo soy ayer

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Qué forma adquiere el tiempo, ceniza de los años,
crisol de los silencios y palabras no dichas;
qué dolor en el beso si anuncia las desdichas
que junto a los adioses traerán los desengaños.

En medio del incendio de toda la belleza
qué es vivir, me preguntas; cómo el pájaro puede
sin herirse las alas ni en el aire se enrede
volar sin sombra alguna del cielo la grandeza.

Ahora ríes y ríes, y entre tu risa atrapo
una lágrima mía solitaria y furtiva
que morirá en silencio, tristemente cautiva
de una cara pintada de muñeca de trapo.

Yo soy la despedida; tú el saludo temprano;
auroras son tus sueños, mis ojos son cansancio
y memoria de un vino de recuerdos que escancio
en copas de caricias servidas por tu mano.

Yo sólo soy ayer; tú, mañana
y milagro.

González Alonso

La composición del poema se ha hecho en cuartetos de versos alejandrinos con un verso suelto de cierre escrito en dos líneas para enfatizar la pausa.

Los alejandrinos son versos de 14 sílabas con dos hemistiquios ; es decir, cada verso se divide en dos frases que tienen cada una 7 sílabas y entre las cuales no  puede haber sinalefa, la cual se produce cuando una palabra termina en vocal y la siguiente también comienza por vocal, uniéndose en una misma sílaba.

Tienes la edad del amor

 

Chica bajo la lluvia

Como viene el mar azul sumiso
a la tierra volcánica,
en besos húmedos
tú llegas a mis costas,
entretienes mis arenas en tu boca
y abrazo la cintura de tu agua. Tienes
la edad del amor,
la que imparable asciende en risas a los ojos
llenos de luz de mediodía – y no hay
defensa,
no hay combate posible
en el campo de mi piel,
tierra donde dejas
el rosario de cuentas en huellas de los labios –

¡Qué resistencia inútil
al ocaso de los años; qué estéril
el vano enfrentamiento a la pujante vida!

Te contemplo a la caida
de las tardes de verano
con los últimos soles en los cielos de los días.

Te contemplo

sabiendo que las noches
pondrán racimos estrellados a los sueños
de antes de la madrugada,

cuando el mar azul sumiso llegue hasta las playas
con sonrisas de espumas en las olas

y el viento, cambiante, arrastre
las últimas caricias
a poniente.

Julio G. Alonso

Poema publicado en la Antología colectiva Universos Diversos.- Poesía del Siglo XXI (octubre de 2009)

Mujer joven acercándose por la orilla del mar.Mujer joven alejándose por la orilla del mar.