Vienes a la huerta fría
con tu sombra
luna hortelana de enero,
luna nueva
luna llena
y las ramas de la poda por el suelo.
Vienes en cuarto creciente
hilando los filandones
de las noches del invierno.
La siembra esparce semillas
y esparce su frío el viento.
Luna de enero en los surcos
helados, duros
y yertos.
Por las cumbres de los montes
andan los lobos hambrientos
aullando al aire y las nubes
que esconden tu rostro, luna
de siembra y de poda
ahincando
por la tierra de los huertos
la vida de perejiles,
ajos, habas
y cebollas,
luna de historias y cuentos
en el amor de la lumbre
del hogar de los abuelos.
Luna de la luna nueva,
luna llena, ¡ay, luna
creciente donde
sueñan y duermen los sueños!
Si cada día es bueno desear lo mejor para todo el mundo, no lo iba a ser menos en estas fechas señaladas. Aunque sepamos que los deseos van muchas veces en sentido contrario a lo deseado, me parece importante no renunciar a la aspiración de mejorar; si, además, añadimos a los buenos deseos nuestro esfuerzo y nuestras reivindicaciones, seguro que estaremos más cerca de que los buenos deseos se hagan realidad.
Mis buenos deseos vienen acompañados del ramo leonés y sus ofrendas, además de la bruja buena que en León es La Vieya’l monte, mujer de buen corazón que se encarga de los regalos para guajes y mayores. Y para que nada falte en esta empresa, podemos acompañar las imágenes con unas «coplas al ramo leonés» para las que pedí al amigo Paco Mallada que compusiera la música y con un villancico del mismo Paco Mallada para el que me pidió que yo le escribiera una letra. Y así fue todo. Espero que lo disfrutéis y lo cantéis. Y lo dicho, que seáis felices de todas las felicidades en estas fiestas y las que vienen con el nuevo año. Salud.
No quedes con la luna
impuntual,
inconstante y caprichosa; déjala
ir
rasgando el horizonte
con su belleza roja,
el rutilante blanco de su rostro
rielando las aguas
sobre espumas de olas;
que acompañe, ángel del sueño,
las horas de tus noches.
Vencida de hermosura
sólo es abrazo de encendidas estrellas;
mírala
con su rumor cautivo de leyendas,
con su blancor redondo,
la dulce evocación del amor,
el sutil tacto de las sombras,
la luz titilante del deseo,
la eterna atracción de sus secretos
e ilusiones derramadas. Luna
al fin. Déjala
ir. Que vuele las cúpulas
del cielo. Que vuele sin trabas el albor
de las miradas,
la pasión que alumbran
luminarias
de las torres
más altas.
Septiembre viene al agua
de la fuente en el jardín
y vuela el aire en ramas
de palmeras. Oigo sus palabras,
presiento el otoño
columpiándose
en las flores rosadas
de las buganvillas
todavía aferradas a la altura y la luz. Un pájaro
picotea
los restos del verano. Sólo silencio
y rumor de aire y agua
salpicando la mañana. Sólo
el mar
alzándose al levante y la casa
con las puertas abiertas.
Tal vez la noche acabe llenando con estrellas
esta carta al final de las horas del día,
cuando duermen las moscas
y los recuerdos vuelven a los rincones
habitados de olvido.
Fui la señal del cielo
y aquél que advirtió un lugar
en las estrellas
y os dio un universo
de palabras.
No era ángel ni profeta
ni era dueño de los mapas
del mundo
y el caudal antiguo de la vida.
Sólo un amor desconocido
corrió por mis venas
y los pulsos,
se alzó a las savias
de mis ramas. Vosotras, hijas mías,
sabréis qué hacer con todo aquello
que una vez llegó a vuestra alma
y canta y duerme
con la alondra que anuncia
la hora primera
de la madrugada.
Yo vi la luz, yo vi
la luz
y un manantial de estrellas
y vitrales. Estaba ciego
y vi la luz, el milagro de ojivas
en mis pupilas de noche
y espacios inabarcables.
Yo rodeé sus piedras de palabras.
Yo alcé a sus pináculos el vuelo
de los sueños
y vi ángeles en coros de aleluyas,
la soledad titánica del hombre,
la escritura en el aire
de un salmo mineral
y poesía
y luz. Yo vi
la luz
del séptimo mes y estaba ciego,
ciego,
sin ver
delante de la luz bajo las bóvedas
de crucería
del templo. Yo lo vi.
Yo vi el milagro
de la luz
en los altares.
Las despedidas son por el oeste
y el sol cansado,
horizonte de agua serenada en sus colores,
tarde que arde y se consume
y anuncia la noche. Es breve
el intervalo
como un suspiro. Más allá
del día
el universo cae sobre nosotros en estrellas,
luminarias para ver
la profunda oscuridad.
Te llegará esta carta
puntual
con el mensaje plomizo del adiós
en el límite de la hora
en que comienza el firmamento.
Nunca fue ni será más hermosa
la triste alegría de la vida
arrojada a los brazos infinitos
de la nada. Lo sabrás
cada crepúsculo, beso leve
de sombra
y los ojos llenos de miradas
al oeste,
sol cansado
en los colores
que mueve el agua.
A tantos de tantos de un insólito año
de lluvias a destiempo
y soles equivocados.
No sólo el tiempo anda revuelto,
también los sentimientos
se trastornan; inquietos van y vienen
por las habitaciones del alma
desamueblada.
No sólo los sentimientos se agitan
y remueven las lágrimas
antiguas
y los posos del café; también
titilan las ilusiones en mar
de estrellas
y parece apagarse su fulgor.
No sólo las ilusiones,
también las sonrisas
huyen por los espejos de los años.
Una felicidad triste se adueña de las fechas,
los recuerdos resisten la derrota;
tal vez por la música de la vida
transite alguna clase de esperanza. No importa,
sólo la luz y la ternura a veces,
el tacto sólo del aire que te envuelve,
ese alimento del amor en la mirada.
Hay un árbol de ramas extendidas
que nos acoge en su sombra
vegetal,
el lecho blando de un prado
y los abrazos.
«VOCES DEL NERVIÓN» una antología de poetas bilbaínos actuales
Ediciones Vitruvio (Colección Baños del Carmen, nº 710.-Madrid, 2018)
El 27 de abril y en las Aulas de la Experiencia de la Universidad del País Vasco (C/ Banco de España, 9) se llevaba a cabo la presentación de un libro, en este caso una antología, con la firma de 14 autores, 5 mujeres y 9 hombres, de edad muy variada, voces personales distintas, amplia gama de estilos y la pasión de la ría del Nervión y la villa de Bilbao, en la que nacieron, enraizaron, vivieron o viven, padecen y disfrutan día a día para dejar los posos de la poesía en muchos de sus versos.
La antología ha sido organizada en la selección de autores, prólogo y comentarios, por Alberto Infante. La edición, afrontada por la editorial Vitruvio. El resto son las voces de cada poeta y la aventura de las páginas que se mueven como velas de un bajel buscando el mar aguas abajo del Nervión; una singladura que llega cerca de veinte años más tarde de la que reunió a algunos que repiten en ésta y otros que no están porque la condición era la de «poetas actuales«, o sea, vivos; aún hubo otra anterior de 1974 con el título de «17 Poetas de Bilbao» (Ediciones de Arte y Literatura-Bilbao).
Como explica muy bien el antologista, Alberto Infante, cualquier antología no puede pretender ser exhaustiva y necesariamente se han de echar en falta algunas ausencias; pero la premisa de la calidad literaria debe ser exigida a los que están para que, además de estar, sean. Y en ese sentido, sin recurrir a la falsa modestia, puedo decir que el listón ha sido alto. Siempre cabe otra antología, que en esto nunca está de más abundar en lo bueno. Y es muy probable que venga, dada la animación poética de los últimos años en el ambiente de Bilbao.
Estar, formar parte de la nómina de los autores de «Voces del Nervión» es, para el que escribe, un orgullo y motivo de felicidad indisimulada. No esperaba este honor y me sorprendió la llamada de la editorial solicitando mi participación. Como natural de León, leonés a todos los efectos, me parecía una intromisión descarada; pero, como me hicieron ver, tras más de 40 años viviendo de cara a la ría del Nervión, viendo pasar sus barcos -cada vez menos- por delante de las ventanas de mi casa, inspirándome no pocos poemas, habiendo enraizado en esta tierra formando parte de una familia con mi mujer, vasca, y mis tres hijas «vascoleonesas» (si ellas así lo quieren), y desarrollar aquí prácticamente toda mi vida laboral ¿por qué no aceptar esta adopción que se me ofrece de buena fe y con tantas buenas intenciones? Además, según se dice y me dijeron en tono desenfadado, ¿es que los de Bilbao no nacen donde les da la gana? Argumento definitivo para no dudarlo más. Quise, por todo ello, aportar también la voz poética en euskera con un par de poemas inéditos, como tributo admirado y reconocimiento a las gentes que supieron acogerme, su lengua y su idiosincrasia, abierta y generosa, alejada de sectarismos políticos y culturales propios de los nacionalistas que utilizan el idioma como arma arrojadiza en lugar de abrirlo al abrazo de la tolerancia, el respeto y la solidaridad. Y así van, como leonés, los dos poemas escritos en euskera para celebrar mi adscripción al mundo poético bilbaíno.
Y aquí van los nombres, en el orden en el que aparecen en la antología:
Blanca Sarasúa Julio González Alonso Jon Juaristi Julián Borao José Fernández de la Sota Pablo Müller María Maizkurrena Amalia Iglesias Pedro Ugarte Itziar Mínguez Ritxi Poo Aitor Francos Amaia Barrena Álvaro Petit Zarzalejos
Todos ellos, al decir del prologuista y como puede comprobarse tras la lectura de sus textos, pulcros y cuidadosos con el lenguaje y la corrección dentro del género poético, sin descuidos ni arbitrariedades gratuitas, como quien sabe y ama la herramienta con la que trabaja, la cuida, mima y enriquece, pues el idioma es nuestro patrimonio y obligación del poeta enriquecerlo y ampliarlo para que, cada vez más, abarque mayor número de expresiones capaces de comunicar la belleza y adentrarse en los recovecos del alma, las sensaciones y las emociones. Y no va más.
Julio González Alonso
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Entrevista en Tele7, Objetivo Bizkaia, con Susana Porras