El TCA en el Guggenheim de Bilbao: Entremeses cervantinos

Entremeses de Miguel de Cervantes

TCA.- Teatro Clásico de Almagro
Gestión y dirección artística: Antonio León Fernández

Museo Guggenheim de Bilbao
19 de diciembre de 2016

Los conocidos entremeses, destinados a llenar agradablemente el hueco entre las grandes comidas, cumplían la misma función en las representaciones teatrales cuando el teatro llenaba toda la tarde, y aun el día, de la vida de la ciudad o villa donde hubiera corral de comedias.

Lope de Rueda ya los había cultivado y dado impulso con el nombre de “pasos”. Miguel de Cervantes se suma a este género considerado menor, pero muy aceptado por el público, porque estaban hechos para hacer reír y eran breves. Pero, además de su carácter de entretenimiento, los entremeses encierran en su interior una resuelta crítica de los aspectos más relevantes de la sociedad de la época que, con el pretexto de la broma, ponen ante el público don desenfado y desparpajo.

El grupo teatral que gestiona y dirige Antonio León Fernández desde Almagro, el TCA (Teatro Clásico de Almagro), nos ha traído a Bilbao y el museo Guggenheim dos de los ocho entremeses cervantinos en este final de año en el que el museo cumple sus primeros veinte años de andadura y en el que se cumplen los cuatrocientos de la muerte del genial autor del Quijote.

Antonio León y su elenco teatral, en el que se cuentan nombres de actores como los de Norton Palacio, Vicente Nové, Félix Espinosa, Daniel Moncada y actrices tales como Covadonga Calderón, Elena Alcaide o Luna Almansa, entre otras, llegadas las fechas veraniegas del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, cumplen esa función de las representaciones de los entremeses ofreciendo, entre unas y otras puestas en escena de las obras grandes en los distintos teatros de la ciudad –incluido el Corral de Comedias- sus puestas en escena en un “corralillo” emplazado en una de las callejuelas adyacentes a la Plaza Mayor.

En esta ocasión, sobre el escenario formado por un carromato al estilo de los usados en tiempos de Lope de Rueda –según explicó Antonio León- los actores, con desenvuelta maestría, nos dejaron dos joyas en forma de entremés: El vizcaíno fingido y El retablo de las maravillas.

En El vizcaíno fingido, muy al estilo de Lope de Rueda, los actores y actrices del reparto subrayaron con gran acierto las insinuaciones de los personajes en este episodio que  –sin intenciones satíricas- nos ofrece la historia de un par de villanos o pequeños truhanes decididos a estafar a una prostituta aprovechándose de la circunstancia de que ésta –dada su condición- no podría acudir a la justicia. La buena actuación de los cómicos, bien apoyada en el extraordinario texto cervantino, desarrolla acertadamente en el tratamiento dramático, tanto el fingimiento del vizcaíno como la psicología de las mujeres.

El retablo de las maravillas, segundo entremés puesto en escena, basado posiblemente en un texto de El Conde Lucanor (Don Juan Manuel, 1330) tiene un marcado carácter moral y didáctico. En este episodio se cuenta cómo unos cómicos muestran un tapiz mágico en el que el público puede contemplar escenas extraordinarias que no podrán ver los bastardos. En el caso de Cervantes, agregará la limpieza de sangre y el ser cristiano viejo a las condiciones para poder ser testigos del prodigioso retablo. En medio del enraizado prejuicio de considerarse, por encima de todo, cristiano viejo –aun a costa de declarar ver lo que no existe- Cervantes apuesta por la valentía del cristiano nuevo, que será el que desmonte toda la farsa. Bien conocida es la preocupación de Miguel de Cervantes en este aspecto que tanto le afectaba por su ascendencia judía y que tan bien reflejó –como pudo y mejor supo- en el Quijote.

La tarde de entremeses cervantinos en el Guggenheim concluyó de la manera más amable y agradecida que pueda imaginarse por el público que llenaba la sala, con el regalo para el que esto escribe y su compañera de recibir el saludo personal del cuadro escénico y de Antonio León personalmente, gesto que les agradezco sinceramente y ocasión que aprovechamos para trasladarles nuestra admiración junto con la firme decisión de seguir acudiendo a la cita teatral de Almagro en su festival veraniego, y de nuevo allí ofrecerles nuestro aplauso que vaya, ahora, con nuestro abrazo y el reconocimiento a una labor tan importante y necesaria para la vida e “instrumento de hacer gran bien a la república” –que diría Cervantes-, labor tan sacrificada como difícil en todos los tiempos que corrieron y que corren.

González Alonso

La venganza de don Mendo.- Pedro Muñoz Seca

La venganza de don Mendo
Pedro Muñoz Seca

Teatro La Bombonera
Castillo de Carboneras (Almería)
29 de julio de 2016

La oportunidad de disfrutar de esta astracanada de Muñoz Seca en el marco del castillo de Carboneras es ocasión, también, de recordar la tragedia de las guerras. El autor de La venganza de don Mendo y otras ciento treinta y cuatro obras de teatro, fue fusilado por los milicianos en Paracuellos del Jarama por sus ideas y actitud crítica ante La República. Un crimen más de los perpetrados por uno y otro bando en una guerra vergonzosa reflejo del fracaso y la incapacidad política de los gobernantes de turno, así como el secuestro de la voluntad popular por una parte del ejército para erigirse en salvadores de la patria aquellos mismos que debieron velar por la paz y la legalidad.

No se trata de hacer proclamas de condena de un hecho histórico tan doloroso, pero me gustaría resaltar aquí la anécdota repetida que dice mucho del talante irónico del inteligente dramaturgo cuando –en una de las versiones que corren por ahí- delante del pelotón de fusilamiento, dice: Podéis quitarme hacienda y riquezas, la casa, las tierras, el reloj de pulsera o las monedas que guardo en mis bolsillos; podéis quitarme, como así vais a hacer, la vida. Pero hay una cosa que no podréis, por más que lo intentéis, quitarme jamás… ¡y es el miedo que tengo!

Muñoz Seca, admirado y respetado por otros escritores y dramaturgos, como Valle Inclán, Jacinto Benavente o Azorín, se inventa un género teatral que él llama astracán o astracanada. La venganza de don Mendo es un excelente ejemplo del género. La desfiguración del lenguaje natural y la mordacidad de la crítica convierten la tragedia en comedia, o tal vez haga que nos descubra la tragedia que toda comedia encierra. Así, de manera demasiado natural, consigue que el espectador acepte el cuadro final de la obra en el que se suceden, una tras otra, las muertes violentas de los protagonistas, muy al estilo parodiado de las obras de W. Shakespeare y con la facilidad ingeniosa para el verso y el enredo de un Lope de Vega.

La crítica general que se hace de la sociedad, la impostura, la ambición, el sexo, los celos, el honor, se construye en el recreado ambiente medieval del Reino de León en tiempos del emperador leonés Alfonso VII, también rey de Castilla, que tuvo varias mujeres e hijos en otras relaciones extramatrimoniales. Harán aparición otros personajes leoneses, como el mismo Don Mendo, Don Pero de Toro, Don Nuño Manso y su hija Magdalena, o la hermosa mora Azofaida, perdidamente enamorada de Don Mendo cuando, para pasar inadvertido y tramar su venganza, se convierte en el juglar Renato. Los mismos nombres son un guiño humorístico: Pero de Toro, en su condición de cornudo; Nuño Manso, como padre de Magdalena, mujer de condición casquivana y ambiciosa, o el mismo Renato o renacido, tras escapar de la muerte en el castillo y aparecer como juglar. Con estos recursos y la amplia variedad de estrofas empleadas, chistes y retruécanos, Muñoz Seca consigue una obra llena de comicidad e interés.

Poner sobre las tablas esta Venganza de don Mendo en el castillo de Carboneras (Almería), fue responsabilidad de La Bombonera. Creo que acertaron en todo, incluso hasta en las improvisaciones cuando el viento derribó parte del decorado, y la actuación –que en este tipo de obras se presta fácilmente a la exageración- resultó comedida, desenfadada y correcta, consiguiendo arrancar risas y sonrisas del público que siguió con entusiasmo esta representación en la noche veraniega de Carboneras y en el patio de su hermoso y bien remodelado castillo. Un placer haber podido participar de esta ocasión de acercarse al teatro de Pedro Muñoz Seca de la mano de un cuadro artístico como el formado por las mujeres y hombres de La Bombonera.

González Alonso

Las Cervantas.- Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2016

Las Cervantas
Texto: Inma Chacón y José Ramón Fernández
Dirección: Fernando Soto
Basado en una idea original de Gracia Olayo a partir de sucesos de la vida de Miguel de Cervantes
Reparto: Gracia Olayo, Sole Olayo, Clara Berzosa, Irene Ruíz y Yaël Belicha

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, en su Corral de Comedias, acoge en la fecha del 15 de julio de 2016 el estreno de “Las Cervantas”. Dicho así, y en el año de la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, podría parecer algo irrelevante, un episodio más en los homenajes de celebración. Pero no. En el campo del arte dramático –en el cual se sintió tan frustrado Cervantes- esta obra viene para quedarse y ocupar un lugar en la historia del teatro. ¿Por qué? Pues porque, sencillamente, es capaz de aportar algo más que lo anecdótico de unos sucesos en la dramatización de unos episodios circunstanciales a la vida que rodeó al autor del Quijote.

El director de la puesta en escena nos desvela las causas, o parte de ellas, que han hecho posible esta creación con los valores que encierra. Nos habla de abordar un teatro que no se conforme únicamente con hacer preguntas para conseguir enfrentarnos a un teatro capaz de encontrar respuestas acerca del comportamiento del ser humano (sic). Sigue con la consideración de convertir así el teatro en “un lugar de reflexión, de cuestionamiento, de duda” en la pretensión de “intentar entender la realidad”.

Deberemos considerar cómo la realidad que abarca al ser humano en la cual se desenvuelven sus comportamientos, no es otra que la sociedad y el mundo que le ha tocado vivir y del que resultará ser protagonista. Desde este punto de vista, en la honesta búsqueda de “respuestas” también hay una clara intención implícita de “transformar” la realidad. Eso significa “compromiso” y actitud revolucionaria. Significa, como es obvio, superar el conformismo y también el miedo a la represión –violenta o sutil, según qué sociedades-, pero también la voluntad de superar el miedo a descubrir lo que el subconsciente colectivo esconde.

Las Cervantas” escarba con acierto en las heridas de “la dignidad, de la justicia, de la libertad, del derecho a ser y no parecer” para replantearse el lugar donde habita “la bondad del ser humano”. Para ello, basta con espigar algunos ejemplos de algunos personajes emblemáticos del Quijote o hacer aflorar algunas reflexiones de Cervantes espigadas en prólogos y pasajes de sus obras, tales como el Discurso de la Edad Dorada. La pastora Marcela se convierte así en un alegato de la dignidad de la mujer y la proclamación de su libertad para elegir el destino de su vida; se tocan temas como el divorcio, la propiedad, la corrupción institucional, el tráfico de influencias, el cohecho, el uso espurio de la justicia y los crímenes de Estado.

Con los precitados palos del sombrajo se construye este drama. Un noble hidalgo llamado Gaspar de Ezpeleta es asesinado a las puertas del domicilio de Miguel de Cervantes en Valladolid. Se sabe por qué lo mandaron matar y quién lo hizo, pero no interesa esclarecer los hechos y castigar al culpable o culpables del asesinato. Y, sin embargo, ante la imposibilidad de ocultar el crimen, la justicia ha de actuar y parecer ejemplar. Así que resultará más fácil buscar a los culpables o a quién echar la culpa entre los inocentes a los que presentar como indeseables sociales alejados de toda virtud y acusados de una vida licenciosa sospechosa del pecado de un pasado judío, unas ideas erasmistas y una actitud crítica ante los poderes terrenales de la Iglesia o del gobierno de la república. Del mismo modo, se puede imputar la participación en un crimen a mujeres que, además de trabajar confeccionando trajes para hombres de buena posición, aceptan regalos de algunos de esos hombres tan importantes y católicamente casados.

No se persigue el crimen, sino que para ocultarlo se despliega toda una persecución del “pecado” en una sociedad hipócrita que ampara y consiente la doble moral. No se persigue al criminal; antes bien, para ocultarlo, se actuará contra los ciudadanos pobres o con menos recursos, sospechosos, precisamente, por ser pobres y tener que recurrir a la picaresca para sobrevivir, lo que incluye entre las mujeres el entretener a algunos prohombres a cambio de algunos dineros que sin asomo de culpabilidad les entregarán. Porque la “culpa” siempre será del pobre que tienta al rico y consiente en la conducta que se censura.

Y en éstas encontramos a las cervantas: Las hermanas de Cervantes, Andrea y Magdalena; la hija natural de Miguel de Cervantes, Isabel; su sobrina Constanza de Ovando, hija de Andrea, y la propia esposa de Cervantes, Catalina de Salazar. Junto con ellas y el mismo Cervantes, sufrirán el acoso y la persecución de la justicia algunas vecinas y algún caballero de menor  importancia e influencia en la Corte.

Esa es la obra. La interpretación, magníficamente sostenida por las actrices Gracia Olayo y su hermana Sole dando vida a los personajes de las hermanas de Cervantes; Irene Ruiz, en el papel de Constanza, que lo mantuvo en escena con gran acierto, sensibilidad y manejo de registros ricos y variados; Clara Berzosa dando vida a Isabel con mucha naturalidad y en una interpretación que se fue creciendo de forma progresiva y arrolladora, y en el trabajo de hacer creíble el personaje de Catalina de Salazar, la actriz Yaël Beliche, absolutamente correcta, muy digna, mesurada y convincente.

El  paso feliz por Almagro se vio empañado por la noticia luctuosa de la muerte del dramaturgo José Monleón. La representación, por voluntad del director y el cuadro escénico, se dedicó al reconocimiento de este gran autor que llenó la escena española durante largos años interviniendo y trabajando en todos los ámbitos, desde los literarios a través de la revista Triunfo o Primer Acto, hasta los interpretativos, de dirección y promoción del teatro y los valores jóvenes. Así, “Las Cervantas” y la magia desbordada de su puesta en escena, se hizo homenaje al mencionado José Monleón en las palabras emocionadas, agradecidas y valientes del director de la obra, Fernando Soto.

A los demás, desde el patio de butacas –en este caso de las incómodas sillas, aunque muy típicas, del Corral de Comedias- nos tocó disfrutar y aplaudir el trabajo de todo el equipo de la compañía y unir nuestro sentimiento y pesar por la noticia recibida del fallecimiento de José Monleón y la solidaridad con las víctimas del terrorismo desatado en la ciudad francesa de Niza, así como el repudio de este acto violento y de sus autores. Y terminó la función.

González Alonso

Reikiavik, de Juan Mayorga

REIKIAVIK
Espectáculo de La Loca de la Casa y Entrecajas Producciones Teatrales

Autor y director: Juan Mayorga
Reparto:
César Sarachu en el papel de Waterloo
Daniel Albaladejo en el personaje de Bailén
Elena Rayos será Muchacho

Teatro Barakaldo, 30 de abril de 2016

La mejor manera de renovar la pasión y fidelidad por el teatro es entrar a vivir representaciones como Reikiavik. El autor y director, el dramaturgo Juan Mayorga, nos trae un texto de una belleza, rigor conceptual y profundidad del tema, absolutamente encomiables. Para dar vida a esta compleja creación y adentrarse en sus recovecos, nada mejor que la presencia y participación de Elena Rayos, Daniel Albaladejo y César Sarachu. Elena y Daniel, viniendo del teatro clásico y César, baracaldés, del teatro vasco en grupos como Karraka o Akelarre y de una dilatada carrera por los escenarios de medio mundo. Presencia, participación e implicación en la acción que nos transporta al juego real de la vida mediante la metáfora del juego del ajedrez y las figuras singulares e históricas del estadounidense Bobby Fischer y el ruso de la época soviética Boris Spaski y su espectacular partida de Reikiavik (1972).

En la representación, serán dos jugadores aficionados que se hacen llamar Bailén y Waterloo, más un tercero sin nombre que se acercará y propondrá distintas variantes a la partida, los que alrededor del tablero desarrollen las mejores jugadas de sus vidas, las peores y los inevitables empates. Todo un discurso agridulce mediante el cual nos sumergen en las eternas partidas de nuestra propia existencia, trasladando a cada espectador la responsabilidad de mover pieza.

No es casualidad que los jugadores hayan elegido refugio en los nombres de dos grandes batallas napoleónicas, dos derrotas del gigante francés ante españoles en Bailén y tropas prusianas, holandesas, británicas y alemanas en Waterloo. En toda batalla hay un vencedor y un vencido. Así, ambos protagonistas irán eligiendo las figuras de vencido y vencedor mientras desgranan las razones, fuerzas y auxilios de cada uno de ellos ante cada encrucijada. El tercer personaje, queriendo conocer y aprender, tomará parte con sus preguntas, reflexiones y propuestas, quedando enganchado a la rueda del juego que, ante la eventual desaparición de uno de los jugadores, seguirá dando vida a la repetida y siempre diferente partida.

Perderme en elogios al autor, actores, actriz y los profesionales del cuerpo técnico, no tiene mucho sentido. Lo sorprendente, dada la penosa situación económica del país y la persecución –más que desatención- de la cosa cultural por parte del gobierno de turno, es que haya todavía personas como éstas, de tan grande capacidad profesional y artística como comprometidas de manera tan generosa con el arte escénico. Ante esto, al igual que ante el brillante resultado de su trabajo, no cesarán de sonar los más agradecidos aplausos y ganar esta desigual partida.

La singularidad de la tarde de teatro de sábado terminó con la desacostumbrada presencia de los protagonistas de la obra para responder –acabada la función- a las preguntas preparadas por el director del Teatro Barakaldo y las surgidas de entre el público. Preguntas y respuestas que, además de descubrirnos algunas claves del quehacer del actor y sus dificultades, dieron pie para debatir brevemente sobre el contenido de la propia pieza teatral.

Las respuestas y argumentos de Daniel, Elena y César brillaron con sencillez e inteligencia iluminando la representación más allá del tiempo de interpretación. César Sarachu, nacido y criado en el entorno del teatro de Barakaldo, viene a su pueblo por primera vez tras una dilatada y rica vida profesional por todo el mundo y, principalmente, por Europa. Nunca es tarde si la dicha es tan buena.

González Alonso

Spaski y Fischer ante su última partida en Reikiavik (1972)

Historia (casi) de mi vida.- Blas de Otero

Historia (casi) de mi vida.- Blas de Otero

Dirección: Ramón Barea

Teatro Alhóndiga Bilbao

El pasado 21 de marzo, con el pretexto del Día de la Poesía y la celebración del centenario del nacimiento de Blas de Otero (1916/1979), el actor y dramaturgo Ramón Barea subió al escenario a tres actores y una actriz para contarnos la vida del poeta bilbaíno.

¡Qué lástima que haya que andar buscando pretextos para entrar en la obra de un autor como Blas de Otero! Pero más vale algo que nada.

Historia (casi) de mi vida” se trata de un texto autobiográfico a través del cual se retrata gran parte de la realidad social española del siglo XX.

Felipe Loza, José Luis Estrada, Mikel Losada e Irene Bau pusieron voz y grito, susurro y desgarro, a estas confesiones poéticas, las de un autor de una coherencia admirable, con unas enormes ganas de vivir y una capacidad de sufrimiento también grande. España le dolía por los cuatro costados y la vivía a tragos largos de alegría y sueños; amaba este país cainita y todas sus singularidades, y lo cantaba pidiendo “la paz y la palabra”. Así, la historia de su vida es (casi) la historia del país que amó, de la lucha, los camaradas, la calle, el amor, la lluvia rota de Bilbao, los largos paseos y las más largas lecturas, o la música.

Y hablando de buena música, la  de Naiel Ibarrola, interpretada al piano por él mismo, dirigió de manera eficaz toda la acción dramática y se convirtió en protagonista admirable apegada a la voz del poeta, confundiéndose con ella, explicándola. Admirable.

Por otro lado, el aire de naturalidad con que fue interpretado el texto de Blas de Otero, la cercanía, limpieza expresiva, la renuncia al melodramatismo en un equilibrio constante de la actuación, la rudeza a veces, la franqueza siempre, me conmovieron hondamente y entendí cómo se puede ser una persona comprometida sin ser sectario ni dogmático, cómo ser de una patria sin ser patriotero, cómo serlo de Bilbao, y serlo de Euskadi y de España y de Europa y del mundo. Sólo un gran hombre nos enseña con natural grandeza las más grandes cosas. Y con sencillez. Y con emoción. O sea, con poesía.

Una puesta en escena limpia, llena de lluvia de palabras y versos, de inocencia, de crudas realidades sin desgarros ni gestos patéticos, de paraguas para un paseo por las calles de Bilbao cuando las aceras húmedas reflejan el cielo gris; así reconocemos la vida y nos reconciliamos con el presente.

Este año de 2016 se cumplen cien del nacimiento de Blas de Otero que él, más o menos, nos cuenta así: «Pensándolo bien, lo primero que hay que tener en cuenta es que con la misma facilidad con que nací, pude no haber nacido. Así, como suena, no haber nacido. Creo que esa fue una posibilidad con muchas posibilidades de que ocurriera. Pero se equivocaron y a cierta hora del día 15 de marzo de 1916 salí afuera… y aquí estoy.”

Esta puesta en escena viene para recordárnoslo y ya sabemos que Blas de Otero sigue aquí; porque ni él quiere dejarnos ni nosotros queremos que nos deje, ya que, es una certeza, el poeta de Bilbao, nuestro y del mundo, es uno de los necesarios.

González Alonso

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Desde Berlín – Tributo a Lou Reed

Desde Berlín
Tributo a Lou Reed
Producción Teatre Romea

Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró
Dirección: Andrés Lima

Intérpretes: Nathalie Poza y Pablo Derqui

Teatro Barakaldo.- 8 de noviembre de 2015

Difícil sustraerse al impacto de este paseo mágico y dramático por el universo contradictorio, profundamente nihilista y destructor, que nos conducirá al reinado  de la droga que consumió a la juventud de los años setenta del pasado siglo, el caballo o heroína. Pero no sólo eso. La obra de teatro Desde Berlín pone sobre la mesa el reto y la dificultad de vivir las convenciones sociales cuando se quiere y se está dispuesto a vivir a fondo, lo que abarca el abanico de las pasiones, el amor, la necesidad de libertad absoluta. Pero la absoluta decisión de sentirse vivos conduce a callejones sin salida, viajes sin retorno y, sobre todo, la amarga constatación de que la felicidad pasa de largo o se nos queda poco tiempo entre las almas y las carnes, no pudiendo ser apresada y congelada en una fotografía; de igual modo, resulta inevitable -por más que nos tapemos los oídos y cerremos los ojos- sentir que la felicidad de los demás, los hijos, los amigos, la pareja, la familia, los vecinos, exige ceder parte de la necesidad propia para saber del otro y no morir ahogado en uno mismo.

Lou Reed cantaba, gritaba, su inconformismo desde una experiencia personal traumática con sus tendencias sexuales y crítico con prácticas como la prostitución.

No me gustaba la escuela.
No me gustaban los grupos.
No me gustaba la autoridad.

Y sus razones tenía. El camino del rock and roll y la heroína lo condujeron a expresar su descontento. Vivió el primero y sobrevivió a la segunda para morir en Southampton-EEUU, en 2013. Había nacido en Nueva York el año 1942.

De la historia grabada en vinilo en los años 70 por Lou Reed en el álbum titulado Berlín, brota esta puesta en escena en la que se escucharán parcialmente y se vivirán, las canciones del disco a través de la historia de autodestrucción de una pareja y del amor, el que necesitaban más allá de todo, con una crudeza sin paliativos. Las proyecciones audiovisuales reforzarán esa sensación en la que tanto la actriz Nathalie Poza, como el actor Pablo Derqui, hacen un trabajo hermosísimo en una magnífica e impecable representación. Ambos interpretarán al piano y la guitarra parte de los temas y cantarán muy acertadamente las letras de Lou Red, con la exhibición de una voz magnífica para la canción de Nathalie Poza, la cual confiesa que el cantante neoyorquino es el artista de su vida y haber tomado contacto con la música de este álbum con sólo 11 años de edad.

Buen texto del trío Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró. No han desdeñado ninguno de los recursos dramáticos a su alcance para construir este soberbio poema musical que te retrotrae a los años más duros de la heroína y los mejores para el rock and roll en los temas de Lou Reed. Por acá y por allá asoman la angustia existencial de la búsqueda de uno mismo, la incomunicación en el mejor de los lenguajes del teatro del absurdo o la ternura como la otra cara de la moneda de la violencia. Todo puesto blanco sobre negro, sin circunloquios ni aditamentos estériles, en el desnudo cuadro de una vida enfrentada al muro insalvable de uno mismo frente a la sociedad y sus contradicciones.

Alrededor de una cama, el personaje de Jim evocará a Caroline y la historia de su amor; una Caroline entregada a la heroína que se prostituye y acaba perdiendo sus hijos para encontrar, finalmente, la muerte en el último de sus intentos de suicidio. La desesperación en esta relación tormentosa empujará a Jim a la violencia y la impotencia más dolorosa ante un amor que es como un tiovivo en el que el vértigo domina toda la relación. Desde la angustia de la soledad, Jim no puede dejar de amar a Caroline y sentir que debería desatarse de su recuerdo.

Una obra, como he dejado dicho, magnífica; un gran poema –porque todo se sostiene sobre la intensa subjetividad de la poesía- que se construye con la música de uno de los grandes de la música, el autor de Berlín, en la que –repetimos- se cimienta esta pieza dramática y del que conservo en la memoria y conservo en vinilo álbumes como Rock and Roll Animal, Heroin o Sweet Jane. Lou Reed, cantante y guitarrista que abordó los temas de la prostitución y la transexualidad, habiendo padecido él mismo, con 14 años, duros tratamientos psiquiátricos y sesiones de electroshock para “curar” o corregir sus tendencias homosexuales. De esos mimbres está hecha la obra de teatro ante la que nos enfrentamos el pasado domingo en el teatro Barakaldo.

Largo será el aplauso para los autores y actores ya mencionados, y largo será para todo el equipo técnico, músicos, vídeo, escenografía y, en fin, cuantas personas que con su inteligencia y trabajo han hecho posible que el teatro viva en cualquiera de sus formas con la autenticidad de lo honesto y sincero; en este caso, recreando la esencia de una época y de las inquietudes más profundas del hombre a través de la música de Lou Reed.

González Alonso

El triángulo azul

El triángulo azul
Centro Dramático Nacional y Micomicón Teatro
Texto: Laila Ripoll y Mariano Llorente
Dirección: Laila Ripoll

Actores: Manuel Agredano, Elisabet Altube, Marcos León, Mariano Llorente, Antonio Sarrió, José Luís Patiño, Raúl Pulido

Teatro Barakaldo, 31 de octubre de 2015

Lo importante, lo trágico de asomarse a obras con temas como la de El triángulo azul, es constatar lo devastador de las guerras y la ciega crueldad de quienes las empujan, jalean y se enriquecen con la miseria a la que arrojan a millones de personas desposeídas de la dignidad humana y entregadas sus vidas a la arbitrariedad de la violencia y sus verdugos. No aprendemos.

Desde las primeras escenas de El triángulo azul, no pude dejar de pensar –entre todas las tristes noticias diarias- en la suerte de España y el designio de los españoles; sobre todo hoy día, cuando los nacionalismos llamados periféricos vapulean la Historia, se cargan de victimismo, manipulan los sentimientos de los ciudadanos, mienten mientras roban y saquean las arcas públicas y, paradójicamente, arrastran a las masas hacia un odio cada vez mayor a lo español y España. Unos, levantan banderas contra la nación española y piden votos, desafían las leyes y forjan golpes de Estado contra la democracia. Otros, en nombre de la convivencia, exigen silencio y se niegan a cerrar las heridas de la represión y los asesinatos del franquismo, encarcelan a los jueces que pretenden abrir las fosas comunes para recuperar la memoria y la dignidad de los españoles a los que se les arrebató de manera tan cobarde como miserable. Todos parecen ignorar a todos y nadie, con sentido común, quiere mirarse en el espejo de la Historia, deformando las imágenes de manera grotesca y destilando un odio irredento.

Cuando era niño quise vivir una vida sin guerras; de joven, deseé y luché por asegurarnos una vida en democracia; luego anhelaba el final de la violencia terrorista, sobre todo de la más virulenta y cruel alimentada por los nacionalismos y sus fanáticos. Pero queda mucho más, y sueño con algo más elemental como es saber que todo ello se ha de producir en el marco solidario de una España liberada de fantasmas. Eso queda, y no es poco.

Todo cuanto antecede lo pensaba y sufría mientras iba leyendo en las escenas de El triángulo azul el final trágico de esos siete mil españoles enviados desde los campos de concentración franceses al campo de exterminio de Mauthausen. Expulsados de España por la guerra civil del 36, trasladados por los alemanes a Polonia en la II Guerra Mundial del 39, rechazados por Franco y su gobierno para que hicieran con ellos lo que quisieran, apátridas, olvidados por todos, exterminados por los nazis. Menos de dos mil de aquellos siete mil españoles, conseguirían sobrevivir.

Y en medio de tanta inhumana desgracia, no dejó de haber lugar para la dignidad pidiendo un minuto de silencio por el primer español muerto en Mauthausen; para no dejar de llamarse españoles. No bastó tanta desolación para olvidarse de ser solidarios, sonreír a veces, intentar dar a conocer al mundo la dimensión de los horrores del delirio nacional socialista alemán y su práctica de exterminio de españoles, polacos, húngaros, judíos, rusos, gitanos o alemanes que se desviaran del doctrinario nacional socialista, ese movimiento –seguido por el fascismo italiano de Mussolini- que llegó al poder sirviéndose de los derechos y libertades de la democracia y que, desde las instituciones, hicieron saltar los principios democráticos, vulneraron las leyes y los derechos humanos y arrastraron a las masas nacionalistas a la irracionalidad de la persecución de quienes no comulgaran con su fanatismo para empujarlas, más tarde,  a una guerra despiadada contra el mundo. ¿A qué me suena todo esto en la España de nuestros días? ¿Acaso los aprendices de brujo de hoy no se reconocen en los espejos de aquellos otros esperpentos envueltos en banderas patrias contra todas las banderas, arropados por masas enardecidas y clamorosas, alentando el odio contra enemigos inventados a los que hacer culpables de sus errores, latrocinio y fracasos?

Bien a la vista está lo mucho que nos remueven estos temas. Y está bien subirlos a los escenarios, si no queremos que los escenarios de jornadas tan tristes y terribles vuelvan a ponernos a todos a interpretar este drama. Volvamos la vista a Siria, Palestina, África toda, Oriente en toda su extensión, a día de hoy; mañana, tal vez cambien algunos nombres, no las tragedias. Volvamos la vista hacia España si no estamos dispuestos a volver a enviar a otros siete mil españoles a los campos de la muerte; de Cataluña, de Castilla, de Aragón, del País Vasco, de Andalucía, Extremadura, Asturias, León, Valencia, Galicia…

Los actores cumplieron con su papel. Tal vez puedan hacerse algunas críticas al cuerpo de la obra en su conjunto, la validez del texto en momentos determinados, la oportunidad de algunos números musicales o el tratamiento de algunos personajes y situaciones. Pero todo ello es secundario al lado de la importancia de una representación que se me antoja valiente y necesaria en ese grito desgarrador contra la barbarie, la de todos los tiempos, también –y sobre todo- la de hoy. Y contra el olvido.

González Alonso

Insolación, obra de teatro sobre la novela de Emilia Pardo Bazán

Insolación, adaptación teatral de Pedro Víllora sobre la novela de Emilia Pardo Bazán
Dirección de Luis Luque
Reparto: María Adánez, José Manuel Poga, Chema León y Pepa Rus

Teatro Barakaldo, 10 de octubre de 2015

Insolación es una novela recreada para el teatro por Pedro Víllora. Debo decir que con afortunado acierto el dramaturgo ha construido este cesto con los mejores mimbres del trabajo escénico para recoger con sabiduría lo esencial de la novela de Pardo Bazán, tanto en el fondo como en la forma.

Emilia Pardo Bazán fue una notable aristócrata que pudo haberse conformado con vivir una vida acomodada, regalada de todos los privilegios de su clase. Pero, además de aristócrata fue mujer inteligente capaz de enfrentar de manera crítica los males sociales de su época, sobre todo los referidos a la condición femenina en la desigualdad de oportunidades y derechos, tanto laborales como personales. No solamente carecían las mujeres del derecho al voto, sino que su papel estaba relegado a la condición de esposa y madre en los interiores de las casas y sus fogones.

La doble vara de medir las conductas masculina y femenina en el orden moral, lo tocante a la sexualidad y su capacidad para decidir sobre su propio destino en la vida, fue duramente denunciado por la escritora, prolífica en obras y tocando todos los géneros, tal como se refleja en esta obra teatral. El personaje de la marquesa viuda tiene algo de autobiográfico en su decisión de afrontar los riesgos de romper con los convencionalismos sociales y tomar decisiones que, en la vida personal de la autora, la llevó a romper su matrimonio y asumir la experiencia del amor y la sexualidad con desbordante y natural libertad.

En la obra de teatro aflora el personaje libertino, adulador, seductor y canallesco del donjuán, al cual se alude literalmente en la trama. Frente a él encontramos otro personaje interesante, de aspecto y formas serias, intelectual, de discurso liberal e incluso transgresor muy influenciado por las ideas de la Revolución francesa, por supuesto también aristócrata, que disipará las dudas de la marquesa son sus argumentaciones sobre la hipocresía de la moral burguesa en su doble rasero de medir la condición femenina respecto de la masculina. Pero este personaje, en el fondo íntimamente conservador, criticará, sintiéndose engañado y frustrado en sus expectativas con la marquesa, la decisión coherente de la mujer al entregarse libremente a sus deseos en brazos del donjuán.

La cuestión amorosa, importante y central, no oculta la mirada a la sociedad en la que se produce. Desde la alta atalaya de los privilegios de la nobleza, Emilia Pardo Bazán otea los horizontes de la vida en la España de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, baja con su personaje a la vida del pueblo y la chusma que se divierte y entrega a la fiesta en el San Isidro madrileño, se emborracha, se enamora y vuelve para tomar una decisión, anteponer los sentimientos a las convenciones sociales.

Si el texto dramático, como he dicho al comienzo, es realmente bueno, la dirección de Luis Luque y el trabajo de interpretación del cuadro escénico no le van a la zaga. Con austeridad se recrea en las sombras el ambiente opresivo en el que se debate la protagonista hasta que del sol es la luz la que ilumina las estancias de su mundo y su interior, para entregarse a un calor que antes la asfixiaba. Impecables y ricas en matices, las interpretaciones de unos actores y actrices que vienen, como es el caso de María Adánez y Pepa Rus, de las series televisivas, nos sorprenden y admiran agradablemente y nos dejan ver la versatilidad de sus grandes recursos dramáticos más allá de las caricaturas de los personajes de la televisión que, por otra parte y de otro modo, tan bien interpretan y tanto nos hacen disfrutar.

Aplauso merecido y agradecimiento por ofrecernos la ocasión, una vez más, de una tarde espléndida de sábado de teatro. Vale.

González Alonso

La Ópera del Malandro.- Musical de Chico Buarque

La Ópera del Malandro
Un musical de Chico Buarque

La Ópera del Malandro

Teatro Barakaldo, 28 de marzo de 2015

Colorido, luz, trajes vistosos, música en directo, baile y canciones. Todo lo que hace un musical en teatro. Éste, ambientado en Río de Janeiro, con letras en portugués, años treinta del pasado siglo XX, tráfico ilegal, contrabando, burdeles y prostitución, dinero a espuertas corriendo por las manos de los mafiosos y engordando sus cuentas corrientes, corrupción institucional, policía haciendo la vista gorda, cobrando por hacer la vista gorda, llevando a cabo ajustes de cuentas y liquidando personas a cambio de más dinero. La vida miserable de las prostitutas, su única vida, la de los parados, pensionistas sin pensión, los jóvenes sin futuro.

La Ópera del MalandroSupongo que todo lo reseñado no va a descubrir nada nuevo a nadie. Pero sigue ocurriendo. No importa que llevemos ya un buen mordisco del primer tercio de otro siglo y no estemos en Brasil. El mundo sigue danzando al ritmo del dinero y conseguirlo es el fin, lo demás sólo son medios. Así que la prostitución, la miseria, las mafias, el contrabando de bienes y personas, la esclavitud, siguen sin ser erradicadas de las entretelas de las sociedades actuales en las que sobrevivimos, nutriendo y engordando a políticos, banqueros, multinacionales y toda la ralea de gentes sin ninguna clase de escrúpulo.

El caso es que, sin descubrir nada nuevo, en la comedia musical La Ópera del Malandro, con una sonrisa, bossa nova y ritmos caribeños, se pone sobre la mesa un estado de cosas que reclaman justicia y un cambio definitivo de rumbo. La alegría del musical y el desenfado con que se mueven los personajes rozando lo esperpéntico en una actuación deliberadamente provocadora, acaban gritando con el grito de la risa que se seca en la garganta y nos deja una comezón o desazón moral de intranquilidad y desasosiego.

La Ópera del MalandroUna puesta en escena meticulosa y efectista. Una obra excesivamente larga en sus ciento veinte minutos de representación sin intermedios no puede evitar la sensación de vivir momentos repetidos y pérdida de gas en algunos tramos de la obra. Pero la magnífica actuación del elenco teatral, su entrega, capacidad de interpretación y versatilidad para el canto y la danza, sacan adelante el trabajo con brillantez, sobre todo en la traca última con dos finales distintos, uno supuestamente impuesto por las presiones del productor o la censura, que acabarán siendo el mismo y único final a manos del propio autor de la comedia.

En fin, un proxeneta y un contrabandista enfrentados, más aún cuando el contrabandista se casa a escondidas con la hija del proxeneta en contra de la voluntad de éste; las maniobras del empresario para que la policía acabe con la carrera y vida del contrabandista que, a su vez, también tenía sus negocios con la policía; la manipulación de los medios de comunicación y de las masas, creando sindicatos, filtrando noticias de corrupción, creando titulares, convocando manifestaciones contra la explotación sin dejar a un lado el negocio y la explotación de las mujeres prostituidas y todo un rosario descarnado de lo ya mencionado y repetido.

Y así estamos. Buscando una salida a ritmo de samba.

González Alonso

La Ópera del Malandro

Clown Houses.- Merlin Puppet Theater de Grecia

Clown Houses
Merlin Puppet Theatre de Grecia

Clown Houses

Teatro Barakaldo, 22 de marzo de 2015

Sobre el fondo oscuro del teatro se abre otro pequeño escenario de apenas dos metros y medio de largo por uno y medio de alto para dar vida, o lo que les queda de vida –según se verá-, a unas marionetas de unos cuarenta y cinco centímetros al estilo del teatro negro de Praga.

Al decir lo que les queda de vida quería referirme al contenido profundamente pesimista de cada mirada a la vida de los inquilinos de esta casa de pisos rematada por una terraza con su antena de televisión, su luna en cuarto menguante en la noche y sus suicidas. De la terraza abajo, el miedo a vivir, la rutina de lo cotidiano y asfixiante, el secuestro de la vida real por la del mundo virtual, el caos de la convivencia familiar, violenta, llena de acidez, en medio de la cual flota un leve sueño de amor y juventud obsesivamente en una canción de los Beatles y los ojos y la expresión ensimismada y ausente, la usura, la avaricia y el materialismo feroz, la soledad extrema, la depresión y la tristeza. Y detrás de cada escena la no vida, el final irremediable; en definitiva, la muerte. De ahí que aludiera al pesimismo radical expresado con una estética de crudos contrastes de luces y sonidos chirriantes. La voz que acompaña las transiciones entre los cuadros también se arrastra grave y apocalíptica y en inglés. Las escenas de humor negro, alejadas del fino humor británico, no dejan lugar a especulaciones.

Mencionado lo del inglés, hay que aclarar que no es imprescindible conocer el idioma para seguir la representación; pero también se puede decir que no costaría demasiado grabar los textos en español y el espectador agradecería el esfuerzo.

Clown HousesRepresentación, por la forma y el contenido, para adultos. Tal vez despiste el que se trate de teatro de marionetas y eso haga acudir a la sala a padres con sus hijos pequeños. ¡A ver cómo se lo explican luego en casa! Al menos, algunas de las preguntas que oí hacer a una niña a su padre, situados detrás de mí. No es ningún drama, pero las situaciones planteadas y sus finales no son nada inocentes y están muy por encima de las capacidades de juicio, las necesidades, las expectativas y las habilidades infantiles.

La magia del teatro es así, y la compañía griega Merlin Puppet Theatre ha destilado tristeza y pesimismo a lo largo de una hora de representación con esta radiografía del esqueleto del alma humana en un trabajo excelente, de lo que hay que felicitarse y aplaudir. Sacudir los miedos y los fantasmas que se agazapan en nuestra vida cotidiana, puede servirnos para aprender a encontrar la mirada alegre, confiada y solidaria del resto de nuestros días. Y si no es así y para tanto, tampoco importa; esta portezuela de la esperanza ya no se cerrará.

González Alonso

Clown Houses

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