Amor eterno, de Fernando Labordeta


Fernando Labordeta

Intérpretes: Fernando Labordeta y Dita Ruiz

Teatro Municipal de Carboneras (Almería)
3 de febrero de 2018

El teatro no es grande ni pequeño. Es teatro o no lo es. Cuando los recursos escénicos de luz, sonido y decorados son grandes, el efecto producido es también mayor. Pero no hay recursos capaces de tapar una mala dirección o una desacertada interpretación. Cuando hay menos recursos, el efecto puede parecer menor, pero con una interpretación y dirección acertadas, la magia del teatro aparecerá siempre y contagiará al espectador. Luego, hay que considerar la consistencia del texto.

En el caso de “Amor eterno”, definido por su autor como “tragicomedia”, el texto no es una pieza de excepción, toca uno tras otro todos los tópicos de la vejez y se resuelve en un final poco afortunado que evoca a pieza de W. Shakespeare, “Romeo y Julieta” como remache a ese amor eterno que es el de toda una vida de un matrimonio humilde subsistiendo con una pensión humilde.

Pero si todo lo dicho anteriormente pudiera interpretarse como la falta de interés de esta pieza teatral, debo explicar que no es así. Estamos ante una obra que trata los problemas cotidianos de las personas mayores con humor y ternura; conecta con el público desatando la risa y la sonrisa y moviendo a la comprensión y el respeto de los sentimientos profundos revelados. En este aspecto, el texto fluye con soltura e inteligencia destapando sin amargura pero con la consciencia de la edad nuestra vida íntima, desposeída de disimulos o caretas. Y nos descubre una vida rica, llena de contradicciones en el camino difícil de amar y ser amado.

Esta tragicomedia de Fernando Labordeta que interpreta junto a la actriz Dita Ruiz, toca con acierto el tema de la soledad, la existencia gris y anodina, las lamentaciones, las sevicias de la edad con sus pastillas para todas las dolencias y el océano de los recuerdos en que termina el río de la vida.

Todos podemos identificarnos fácilmente y más o menos según la edad, con esta pareja de jubilados y años para perder la memoria que repite cada día sus rutinas, practican sus manías, viven sus frustraciones, se defienden de sus miedos, se necesitan y se odian, se quieren e incluso se aman evocando los tiempos pasados que siempre fueron mejores.

Así, un buen día, decidirán hacer un viaje a esos tiempos en la aventura de salir de casa para irse a pasar el día en la playa, con su sombrilla, sus bocadillos, la sangría, las pastillas y los recuerdos de los días felices entre los que aparecerán sus hijos jugando con la arena y entre las olas del mar. Por un momento ni su hija ha muerto prematuramente ni su hijo vive alejado de ellos en Alemania y podrán seguir evocando los días de pasión, de excitación sexual, de los sueños con los que dormir o morir, que, a la postre, viene a ser la misma cosa.

Lo dicho, el teatro siempre es teatro y siempre es grande hecho desde la honestidad y la profesionalidad. Y éste, lo es.

González Alonso

Tristana, de Benito Pérez Galdós

Tristana
Benito Pérez Galdós

Teatro Barakaldo, 3 de febrero de 2018

Dirección:  Alberto Castrillo-Ferrer
Adaptación: Eduardo Galán
Intérpretes: Olivia Molina en el papel de Tristana, Diana Palazón en Saturna, José Luis Ferrer es Don Lope y Alejandro Arestegui es Horacio.

La primera impresión al enfrentar este texto de Pérez Galdós adaptado al teatro es que el tiempo, que corre tan deprisa en nuestras vidas, lo hace lentamente en el discurso de la Historia. A fin de cuentas, el personaje de Tristana encarna el paradigma de la lucha de la mujer por la igualdad y conserva la actualidad y la frescura de haber sido escrito tal que ayer mismo. Tan acertado es.

Extrayendo del texto algunas de las palabras expresadas por Tristana nos podemos dar cuenta del valor de ellas en cuanto a la reivindicación de la libertad y la igualdad de las mujeres: “Ya sé que es difícil esto de ser libre… y honrada [  ] Si nos hiciéramos médicos, abogadas, profesoras, siquiera boticarias o escribanas, ya que no ministras y senadoras, vamos, podríamos… Yo quiero vivir, ver mundo [  ] Yo quiero vivir y ser libre [  ] quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte, vivir de mí misma”. Tristana aspira a no depender de un hombre para ser honradamente libre, aspira a vivir sola y compartir parte de su tiempo con el hombre al que ame, e incluso reivindica el derecho a darle su apellido a su hijo. Entre los anhelos de la joven sobresale el de acceder a la educación, el estudio y la formación, como armas de liberación.

Todo lo antedicho lo expone Benito Pérez Galdós en su novela Tristana avanzado el siglo XIX y entrado el XX. Este hombre políticamente republicano, literariamente de la talla de Miguel de Cervantes, canario de nacimiento y español universal, alejándose del romanticismo inaugura la novela realista en la que prevalecen la expresividad y la hondura psicológica de sus personajes, adentrándose en las reflexiones sobre el papel y la función de la mujer en la sociedad. Con un estilo directo e impregnado de naturalidad le confiere al texto un tratamiento coloquial en el manejo del lenguaje al estilo cervantino, trabajando los planos culto y popular con maestría.

Pero la afortunada tarde de teatro se debió, además de al autor de Tristana, a la elaborada adaptación para el teatro de Eduardo Galán. Un trabajo dramático excelente muy bien dirigido por Alberto Castrillo-Ferrer que nos ofrece la acción simultánea en dos espacios diferentes y el diálogo entre ellos; así las escenas amorosas de Tristana con el pintor Horacio en la casa de éste y la escena que transcurre en la casa del tutor de Tristana, don Lope, con los reproches y amenazas que profiere sospechando el abandono de su tutelada y el alejamiento afectivo de la misma. Un constante pasar de una escena a otra de la protagonista dando respuesta a uno y a otro, con las dudas, planteamientos y actitudes de la joven en busca de una vida auténtica, libre y de la que sentirse dueña.

El triángulo amoroso entre el viejo tutor don Lope, especie de trasnochado seductor al estilo de don Juan Tenorio y que entiende el honor en su provecho, Tristana y el joven artista que confunde el amor con la pasión y la seducción ante la belleza y la juventud, terminará con el fracaso de los hombres que no entienden las aspiraciones de Tristana de vivir la vida como una experiencia de libertad e igualdad de la mujer con el hombre, aspirando a tener una educación, formación, la capacidad de elegir un trabajo y experimentar el amor fuera de los cánones sociales y las convenciones del matrimonio.

El papel de Saturna resulta ser el contrapeso con su actitud práctica y positiva, en absoluto ajena a la censurable doble moral de don Lope ni al desmayado y aparente amor de Horacio, siempre atenta y preocupada por el bienestar de Tristana, cómplice de sus anhelos y recelosa de los resultados.

Luis Buñuel realizó una película en 1970 en la que introduce un final trágico al plantear la muerte de don Lope, finalmente casado con Tristana tras perder ésta una pierna afectada de cáncer de rodilla y abandonarla el joven Horacio que acabará casándose con otra joven  lejos de Madrid, y hacerlo con la intervención de Tristana que, estando enfermo don Lope, finge llamar por teléfono al médico y deja abierta la ventana en una noche de tormenta y nieve.

La obra de teatro respeta el medio final feliz de Pérez Galdós cerrando la representación con la escena de la boda de Tristana y don Lope en un matrimonio de conveniencia.

El teatro siempre es oportuno. Si, además, el texto proviene de un gran escritor como Benito Pérez Galdós y la adaptación, dirección e interpretación nos llega del excelente hacer del grupo de personas precitadas, más las que no hemos citado y que cuidan los aspectos de la música, luminotecnia, vestuario, coreografías, etc. el éxito está asegurado y como espectadores sólo nos queda levantarnos del asiento, aplaudir, agradecer y dar por muy bien empleados los 15 o 20 euros de la entrada.

González Alonso

Oleanna, de David Mamet

OLEANNA.- David Mamet
Pentación Espectáculos, El Cuervo y Txalo Producciones

Reparto: Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez
Dirección: Luís Luque

Teatro Barakaldo
20 de enero de 2018

Esta pieza teatral del dramaturgo estadounidense se sustenta en la realidad cotidiana de los abusos sexuales cometidos contra las mujeres desde la diferencia de poder en una relación social o laboral. En este caso se tomará el ejemplo de un profesor y su relación con una de sus alumnas.

Pero sería intrascendente, anecdótico o panfletario si la obra no profundizara en las razones que conducen a cualquier tipo de abuso en las relaciones establecidas entre jefes y empleados, personas que ejercen el poder y personas subordinadas a ese poder.

En el escenario vemos cómo la mesa del profesor, tras la cual se escuda y le confiere simbólicamente el estatus y la capacidad de ejercer su poder, se va desplazando hacia el centro del escenario para llegar finalmente al otro extremo, acabando por detentar ese poder la alumna y todo lo que representa. El poder ha cambiado de manos. Y el poder y su ejercicio siguen resultando igualmente injustos y arbitrarios. Por eso, al final de la representación, nos sentiremos incómodos y confundidos. Esperamos discernir con nitidez dónde están el bien y el mal, lo justo y lo injusto, y nos encontramos con verdades y mentiras en cada una de las dos mitades en las que se divide la vida.

El acierto del trabajo dramático de David Mamet consiste, pienso, en reflejar la base en que se sustentan las relaciones humanas; cuando estas relaciones se establecen sobre los presupuestos del poder, irremediablemente fracasan. Porque antes que del poder deberíamos hablar de la autoridad. Un profesor debe tener autoridad, basada en la calidad y la competencia que, según Aristóteles, consistiría en la capacidad de organizar, programar y decidir en beneficio de los demás; es decir, realizar acciones orientadas al bien común, lo que otorgará el derecho a exigir a los demás el buen ejercicio de sus funciones.

Del concepto de autoridad dimanará el concepto de poder. Un poder sin autoridad intelectual, social o moral, derivará en autoritarismo, arbitrariedad, imposición, abuso y violencia. El poder así ejercido atropella la dignidad porque cosifica a las personas convirtiéndolas en mercancías y las convierte en subordinados al hacer desaparecer las relaciones de igualdad. El poder que no dimana de una autoridad ganada se ejerce de manera impositiva.

Estamos, pues, ante un profesor sin autoridad que ni siquiera cree en el sistema educativo del que vive y le otorga un estatus privilegiado, que menosprecia la enseñanza y a su alumnado. A partir de ahí, todas sus acciones se dirigirán a servir a sus propios intereses y prosperar despreciando los derechos de los demás. Se siente un dios, y como cualquier dios, todopoderoso.

Pero los dioses no infunden respeto, sino miedo. Y la alumna se rebela contra ese miedo. De lo mucho que el profesor dice, en una sola cosa tenía razón. La alumna era muy inteligente. Le plantea la imposibilidad de entender las vaciedades de los conceptos vertidos en su libro de obligada lectura. La inteligencia de la alumna que el profesor menosprecia internamente, como menosprecia su propio trabajo y el valor de la institución escolar, descubrirá y pondrá en evidencia las contradicciones del docente y el uso espurio del poder que le otorga su estatus, lo lleva a los tribunales y una vez tomado ella misma el control del poder lo ejercerá de la misma forma violenta contra él. Las condiciones que pretende imponerle van más allá de perseguir la reparación del daño para regodearse en la venganza y la humillación hasta la exigencia de conductas irrelevantes al caso que se extienden a cuestiones personales. Eso sí, todo desde una actitud de víctima justiciera amparada en la presión social de la denuncia que alcanzará a culparle hasta de las intenciones, como el supuesto intento de violación derivado de la aproximación física en actitudes provocadoras. Otro error.

¿Y qué decir de la interpretación de Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez bajo la dirección de Luís Luque? Es muy fácil imaginarlo; el resultado fue tan acertado como fantástico ante un teatro abarrotado y entregado a su trabajo. Una tarde feliz, muy feliz, de teatro y algo más.

González Alonso

La cantante calva.- Eugène Ionesco

La cantante calva
Eugène Ionesco

Teatro Arriaga (Bilbao)
9 de diciembre de 2017

Pentación Espectáculos, con:

Adriana Ozores, Joaquín Climent, Carmen Ruíz, Helena Lanza, Fernando Tejero y Javier Pereira

Dirección: Luís Luque
Versión de: Natalia Méndez

Pongamos por delante la acertada dirección y planteamiento de la pieza teatral por parte de Luís Luque; digamos que el elenco encargado de ponerla sobre el escenario, con la sobresaliente  actuación de Adriana Ozores y Joaquín Climent, cumplieron sobradamente con la difícil misión de llevar el texto y su complejo contenido al espectador; admitamos lo conveniente de la escenografía, la iluminación, la música y los efectos especiales. Todo realizado de manera impecable y extraordinaria al servicio de esta obra, paradigma del teatro del absurdo, desde la que se eleva una severa crítica del modelo de familia burguesa mediante el recurso a los diálogos vacíos y sin sentido de los protagonistas atrapados en la incapacidad de comunicar sus ideas, expresar sus sentimientos, elaborar opiniones coherentes. Cada personaje de este drama se escucha sólo a sí mismo sin entenderse siquiera a sí mismo.

Estamos ante la dolorosa muestra de la incapacidad de establecer una comunicación efectiva; una atmósfera angustiosa en la que los personajes permanecerán próximos físicamente, pero en soledad. Todo se hace incomprensible y la existencia transcurre a cuestas de actos convencionales, hueros, sin valor para el conocimiento de la persona; así puede plantearse la vida en común de un matrimonio y su hija durante muchos años  sin que se conozcan y solamente recuerden los datos anecdóticos de los lugares donde coincidieron, pero con inseguridad. Llegan juntos a una casa como dos perfectos desconocidos y solamente tras un arduo ejercicio de reconocimiento se dan cuenta de que viven juntos, aunque no se conocen de nada.

Sobre el escenario los personajes hablan, pronuncian palabras, elaboran discursos sin sentido o cuentan historias disparatadas; pero no se hablan unos a otros porque se produce la ausencia de diálogo que es sustituido por meras conversaciones inconexas. Las conversaciones llenan el tiempo; da igual qué tiempo, y llenan un espacio, aunque nadie es dueño de ese espacio. Al no existir el diálogo no existirá ninguna historia. La obra podría acabar en cualquier momento o seguir indefinidamente. De hecho, la escena final es la repetición de la escena inicial protagonizada por el matrimonio que llega de visita y que ocupará la casa.

La fragmentación del lenguaje se acentúa a medida que la pieza dramática avanza, llegando a establecer simulacros de diálogos a base de palabras sueltas e inconexas o de sílabas carentes de sentido.

Cuando en 1950 se estrenó la obra en París, Ionesco se sorprendió de las risas de los espectadores. Hoy, 67 años después, seguiría sorprendiéndose. Porque, pasado el tiempo en ese reloj que se adelanta y retrasa y mide las horas sin sentido, “La cantante calva” es una tragedia, la del fracaso del ser humano en su proyecto vital, envuelta en el celofán de la comedia. La risa ni siquiera sirve de vía de escape ante la complejidad del problema al que nos enfrenta.

En cierto modo y en este mundo virtual en el que recientemente nos hallamos inmersos, lo absurdo ha cobrado dimensiones universales alcanzando a todas las clases sociales, y no sólo a la burguesía. En el despliegue de frases, mensajes, publicaciones nobles o bastardas que corren por la red o internet, solamente se percibe la soledad del ser humano en su griterío por llamar la atención sin que nadie escuche o sea escuchado. Entre todo este vocerío, “La cantante calva” de Eugène Ionesco (rumano de nacimiento y escritor en francés) nos pone en nuestro sitio haciendo –por un instante- el silencio necesario desde el que ser conscientes de los efectos devastadores de la incomunicación, tanto en el terreno personal (trastornos psicológicos) como en el social (ascensión de populismos y nacionalismos de todo pelo). No es exagerar. A fin de cuentas el existencialismo que surgirá a partir de las dos grandes guerras mundiales desarrolladas en Europa viene a llamarnos la atención –en este caso en forma de teatro llamado del absurdo- sobre los riesgos mencionados y a expresar su denuncia y su condena.

En el mismo sentido señalado en el párrafo precedente, recordemos cómo ante la amenaza de problemas graves, psicológicos o sociales, suele aparecer la voz de “necesitamos hablar”, “esto hay que arreglarlo hablando”, “hablemos”, “cuéntame”, “es necesario dialogar”, “las cosas se arreglan dialogando”, etc. Los últimos sucesos en España ante el curso de los acontecimientos con el nacionalismo e independentismo catalán, pueden servirnos de ejemplo.

El teatro del absurdo, del que “La cantante calva” es un imprescindible referente, ahonda en la propuesta de la inutilidad del lenguaje como vehículo de expresión comunicativa, lo que imposibilita el diálogo y la reciprocidad en la emisión y recepción de mensajes conduciéndonos a la imposibilidad de conocer al otro ni conocernos a nosotros mismos. Se usa el lenguaje como una coraza desde los prejuicios y el miedo a enfrentar la existencia desnuda de artificios e imposturas, lo que nos empuja a los límites de la violencia: “¡Oh, palabras, cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre!” (E. Ionesco)

Pues eso; “La cantante calva” nos remite a la decisión de armarnos de un lenguaje para la comunicación, a usar las lenguas o idiomas no como armas ideológicas al servicio del sectarismo y el enfrentamiento, sino del entendimiento (lo cual implica aceptar al otro) y la solidaridad. Desarmemos, en fin, la anquilosada y narcisista sociedad burguesa con sus valores, prejuicios y sus derivados. Esa es la lectura, hoy, de la tremenda propuesta de Eugène Ionesco, de Samuel Beckett, Harold Pinter, Miguel Mihura, Jean Genet, Arthur Adamov, Fernando Arrabal, Virgilio Piñera o sus mentores James Joyce, Franz Kafka, Alfred Jarry, Antonin Artaud, Albert Camus… O esa es mi opinión, mientras nos ahogamos a la deriva en un océano de olas que braman y se destruyen en su propia agua.
A propósito, ¿y la cantante calva?
Sigue peinándose de la misma manera.

González Alonso

Artículo de interés: «El anti-teatro en La cantante calva» de María del Carmen Bobes Naves (Universidad de Oviedo»

Texto de  «La cantante calva» Eugène Ionesco

La Extinta Poética.- Eusebio Calonge

La Extinta Poética
Eusebio Calonge

Teatro Municipal de Leioa (Lejona)
1 de noviembre de 2017

Dirección.- Paco de la Zaranda

Intérpretes.- Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyà, Rafael Ponce

Nueve de Nueve Teatro

La primera escena, con la visión de la novia esperando inmóvil con su ramo de flores en la mano, es como un primer verso magistral e impactante; la última escena, con la danza de la muerte del cisne (Camille Saint-Saens), resultará ser la escritura de un inmejorable verso de cierre. En medio, el poema. Y la poesía.

La inspirada propuesta de Eusebio Calonge y la dirección de Paco de la Zaranda se proyectan sobre el escenario de la mano del elenco Nueve de Nueve.

Si me pusiera a buscar adjetivos para este espectáculo teatral, mencionaría el esperpento, la tragedia, el hondo lirismo, el fracaso existencial, el absurdo, el hastío y otros muchos envueltos todos ellos en la expresión de un lenguaje vestido de una brutal realidad. Todo gira en el torbellino emocional de una familia de clase media baja abrumada por las circunstancias, padre, madre y dos hijas, una de ellas con una grave discapacidad que la tiene postrada y con una limitada capacidad de movimiento y habla.

Afrontar con escasos recursos económicos una situación severa acaba por liquidar los recursos humanos, resquebrajándose la dignidad, los sentimientos y la capacidad de resistencia. Todos quieren y anhelan vivir más allá de los límites impuestos por la necesidad. El amor, los sueños, la esperanza, acabarán en frustración y el recurso a la farmacopea como dique de contención a la ansiedad y la desesperación provocadas por la consciencia de estar pasando toda la vida soñando todo lo que nunca se va a alcanzar. El dique se agrieta, sobreviene la inundación devastadora y en medio del caos, desde la fragilidad y la entereza del ser más débil y limitado, surge la vida y se alza la belleza. Es la poesía.

La obra, interpretada –como no podía ser de otro modo- con la marcada impronta de La Zaranda, va más allá de la conmoción y la emoción; explora quirúrgicamente la vida cotidiana abrumada de pequeñas heroicidades y atroces miserias.

Nada que objetar. Autor, director, técnicos de sonido e iluminación, intérpretes y público, conforman un espacio y oportunidad únicos e irrepetibles en cada actuación. Sólo conviene, a estas alturas, recomendar que público, intérpretes, director, técnicos y texto de su autor, se encuentren nuevamente en nuevos y numerosos teatros para facilitar la catarsis existencial de que estamos necesitados, hacerlo con la voz de la poesía y entender que si la vida es puro teatro, el teatro nunca deja de ser pura vida.

González Alonso

La vida es sueño.- Calderón de la Barca

La vida es sueño
Calderón de la Barca

Teatro Santurtzi / Santurce
1 de noviembre de 2017

Teatro del Temple

De “La vida es sueño” –como ocurre con el Quijote-, sin haber sido vista o leída no pocas personas conocen algunos pasajes e incluso algunos versos. No es infrecuente en una conversación escuchar a modo de conclusión: ¿Qué es la vida? Un frenesí / ¿Qué es la vida? Una ilusión / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño / y los sueños, sueños son.

Y sin saber siquiera que correspondan a “La vida es sueño” y Calderón de la Barca, hay quienes recitan estas décimas: Cuentan de un sabio que un día / tan pobre y mísero estaba / que sólo se sustentaba / de unas hierbas que cogía. / ¿Habrá otro – entre sí decía- / más pobre y triste que yo? / Y cuando el rostro volvió / halló la respuesta viendo / que otro sabio iba cogiendo / las hierbas que él arrojó.

La vida es sueño” es un alegato a favor de la libertad humana y su capacidad de elección frente al destino. Calderón ubica la trama en el reino de Polonia. El rey, temeroso de que el destino de su hijo como rey fuera el de un tirano, lo encerrará desde niño en una torre del castillo, vigilado por Clotaldo, fiel servidor del rey, que evitará que se tenga noticia de la existencia del mismo.

Cuando llegan desde Moscú a la Corte los sobrinos del rey, Astolfo y Estrella, con la intención de casarlos y convertirlos en los herederos del reino de Polonia, aparecerán también Rosaura, disfrazada de hombre, y Clarín, su criado. Rosaura resulta ser hija del carcelero Clotaldo, que iba tras la pista de Astolfo para exigirle que cumpliera la palabra dada de matrimonio, pero se encuentra con Segismundo, el hijo del rey encarcelado. Clotaldo sorprende a la disfrazada Rosaura y su criado y los detiene; después descubrirá la identidad de Rosaura como mujer y reconocerá que es su hija viéndose enfrentado al dilema de denunciarla ante el rey por haber entrado en la torre donde está preso Segismundo o proteger su vida. Decidido a ser fiel por encima de todo, delatará a su hija ante el rey, pero éste no tomará ninguna represalia porque él mismo había decidido revelar la existencia de Segismundo y lo había llevado dormido a la Corte, descubriéndole que era su hijo y haciéndolo público. El rey, que lo había encerrado desde niño porque según sus adivinaciones por las estrellas creía que iba a ser un hombre violento y un rey tirano, esperaba que se comportara de manera civilizada y respetuosa dándole una oportunidad librándolo. Pero Segismundo, confuso y embrutecido por el largo encierro, actuará de forma desordenada y violenta. El rey decide devolverlo a su encierro y hacerle creer que todo ha sido un sueño. Sigue leyendo

Libertino.- Compañía Marco Vargas y Chloé Brûlé

Libertino
Compañía Marco Vargas y Chloé Brûlé

Teatro de Santurtzi (Santurce)
20 de octubre de 2017

Dirección, coreografía y baile: Marco Vargas y Chloé Brûlé
Textos e interpretación: Fernando Mansilla
Cante: Juan José Amador
Composición musical: Gabriel Vargas

No me gusta el flamenco. El actor, poeta y autor del texto lo escribía y decía y repetía desde el inicio del espectáculo. El actor, poeta y autor del texto poético bailado, tenía un problema con el ritmo; perdía el compás y la vida se le iba. Con una novia del Penedés se fue a Sevilla, y su novia, que entendía el ritmo de la vida, se fue con su profesor de baile flamenco, que era gitano aunque no lo era. Y el poeta, autor y actor, se quedó solo con el canario que, además, cantaba bien. Tuvo otra novia, que también bailaba flamenco mientras él escuchaba a todo volumen blues y rock and roll para sufrimiento y queja de los vecinos.

Libertino” es un poema de la soledad y el pulso de la existencia en el cual los recuerdos nos empujan a abandonar “el dorado aislamiento” para “participar en el flujo de la vida”, conscientes de que “al fin y al cabo / somos el compás que llevamos”, en palabras de actor, autor y poeta Fernando Mansilla.

A mí, que tampoco me gusta el flamenco, me pareció un espectáculo de una ética y estética admirable; confieso que no sé dónde empezaba el baile flamenco y dónde terminaba la danza, el paso de ballet, el desgarro del gesto, en un lenguaje corporal y gestual apoyado en el ritmo del taconeo, las palmas, las percusiones sobre el cuerpo y los objetos. Y  todo ello, cuando la música electrónica se desborda como una catarata arrolladora en forma de rock, se funde de manera hermosa y atronadora. Al final, ¿qué estamos viendo y sintiendo? Pues, sencillamente, la expresión del lenguaje poético de la música y la danza leyendo los versos de la vida. Algo mágico. La voz del cante se alza desnuda, rota y sola, sin apoyo instrumental; los cuerpos se apoderan del espacio y los objetos para despertar las emociones; un abanico es mariposa, amor, feminidad,  sensualidad; una cacha es afirmación, masculinidad, firme ternura.

A mí, que no me gusta el flamenco ni intento dar unas palmas, me enamoró “Libertino” y el trabajo excepcional sobre el escenario del bailarín Marco Vargas y la bailarina Chloé Brûlé, la voz de Juan José Amador, el ritmo poético de Fernando Mansilla. Y, sinceramente, no me importaría volver a verlo y aplaudirlo.

González Alonso

Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2017

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2017

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro está de cumpleaños; nada menos que puede brindar por la cuadragésima convocatoria; cuarenta celebraciones que hacen toda una historia en favor del teatro y que ha supuesto la dinamización de la vida cultural, artística y económica de la ciudad en torno a los espacios del Corral de Comedias, el Teatro Municipal, el Teatro Hospital de San Juan, la Antigua Universidad Renacentista, el Espacio Miguel Narros o el Claustro Museo del Teatro. ¡Felicidades!

Molière: Los enredos de Scapín (Versión en hebreo de Nathan Alterman)
Lope de Vega: El perro del hortelano
Entremeses: La sarna de los banquetes.-Vélez de Guevara; El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)

Los enredos de Scapin, de Molière en versión de Nathan Alterman y dirigida por Udi Ben-Moshe. La puesta en escena correspondió a The Jerusalem Khan Theatre.

La compañía israelita The Jerusalem Khan Theatre abrió las puertas de la creatividad en el Espacio Miguel Narros con una versión en hebreo de la obra de Molière a la que pudimos acceder salvando la dificultad del idioma para disfrutar de cada matiz de esta comedia con el clásico final feliz.

Los enredos amorosos de cuatro jóvenes y los inevitables y previsibles problemas y rompederos de cabeza de sus respectivos padres, que deseaban otra cosa bien distinta para cada uno de sus respectivos hijos, acaban resolviéndose gracias a los buenos oficios de una especie de “celestina” llamado Scapín que consigue, no sólo que los jóvenes se salgan con la suya, sino que sus propios padres lo paguen de sus dineros con mucho dolor de sus almas. De paso, Scapin se tomará algunas pequeñas venganzas personales con su amo –uno de los padres del enredo- de las que también saldrá escarmentado.

Enredo, situaciones cómicas, risas y sano divertimento del que puede sacarse alguna lectura práctica, como lo inútil que resulta oponerse a las decisiones del amor, así como aprender de la eterna discrepancia de pareceres entre generaciones.

Del resultado final no será el único responsable su autor, Molière, sino la excepcional labor de interpretación y puesta en escena del elenco israelita siguiendo la adaptación del poeta hebreo Nathan Alterman. La excepcionalidad cómica de los actores y actrices, su expresividad y el acertado manejo del ritmo y el espacio escénico, nos hicieron olvidar que escuchábamos los diálogos en una lengua desconocida para –supongo- la inmensa mayoría de los espectadores y disfrutar plenamente de una buena noche de teatro en el Espacio Miguel Narros de Almagro.

El perro del hortelano, de Lope de Vega y puesta en escena por la Compañía Nacional de Teatro en la versión de Álvaro Tato y dirigida por Helena Pimenta.

La Compañía Nacional de Teatro siempre es garantía, en todos los sentidos, de buen teatro. A Lope de Vega no se le puede poner pega. Y Helena Pimenta en la dirección es una apuesta segura. El reparto, impecable.

Y con todo, es difícil sustraerse al trabajo que para el cine realizó Pilar Miró de esta comedia. En la comparación tal vez el que sale peor parado es el papel de Teodoro y el que mejor resultó fue el de Marcela. Nada que objetar, se entiende, a la muy buena interpretación de todo el conjunto.

La comedia que discurre por tierras de Nápoles está bien armada en su escenografía y el bien estudiado espacio escénico con una gestión de la acción y el manejo de los tiempos que hacen muy atractiva la representación sólidamente apoyada por la realización musical y la iluminación. Otra característica corresponde al vestuario, adelantando la comedia del Renacimiento al Barroco.

La historia de Lope de Vega cuenta cómo una hermosa y joven condesa se enamora de su humilde secretario. En el camino de este amor se interpone la diferencia de clase, el honor, la ilusión, las dudas y los celos. La condesa quiere y no quiere el amor de su secretario, facilita e impide el amor de éste con Marcela, una criada de la casa, dispone, hace y deshace sin acabar de decidirse, hasta que el amigo del enamorado y contrariado Teodoro, el secretario, discurre una estratagema para buscarle un padre noble y rico a Teodoro. La argucia complace a todas las partes, incluido el supuesto padre que había perdido a su hijo y cree y quiere encontrarlo en la figura del secretario de la condesa.

Superadas las formas, ya no importa que sea real o no la ascendencia de Teodoro y el amor se abre hueco entre las estrechas exigencias de la sociedad y sus convencionalismos. Todos saben que es una farsa. Pero la sociedad misma está montada como una farsa. Lo único verdadero es el amor, el de de Teodoro y Diana, y el amor paterno del marqués que vuelve a sentir la presencia del hijo que le faltaba. Con esto basta para este perro del hortelano que, por fin, come él y deja comer al amo.

El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)
La sarna de los banquetes.- Vélez de Guevara

Con el anuncio de los Microrrelatos, la compañía TCA (Teatro Clásico de Almagro) inaugura un nuevo espacio, un pequeño patio semiderruido y en venta, dos portales más allá del espectacular Corral de Comedias en la misma plaza de Almagro; es la otra cara del Festival Internacional de Teatro Clásico, la que abre sus puertas y su buen hacer con los diferentes y divertidos entremeses a los que el público responde agradecido llenando cada representación, que no va más allá de la media hora de duración.

La compañía es muy conocida y experta en este tipo de puestas en escena, desarrollando una amplia e intensa actividad teatral y educativa a lo largo del año. Además de haber disfrutado sus interpretaciones en años anteriores, también hemos podido ver y aplaudir a este elenco en el Museo Guggenheim de Bilbao con El vizcaíno fingido y El retablo de las maravillas de Miguel de Cervantes, el pasado 19 de diciembre de 2016.

En esta ocasión nos hicieron reír y disfrutar con el conocido entremés nuevo del cochino de San Antón, de autoría desconocida, y los líos y ocurrentes trucos para ocultar ante su marido las infidelidades de una mujer casada con el sacristán de turno, así como el escarmiento de ambos cuando el marido descubre el engaño y confirma sus sospechas de traición y condición de cornudo.

El segundo entremés corresponde a Vélez de Guevara, titulado “La sarna de los banquetes”. El argumento se centra en el modo de vida picaresco de un soldado que se hace invitar cada día a la mesa de un hidalgo rico y cómo los criados de la casa hacen ver al dueño que está siendo objeto de engaño y desangrado por el autoinvitado que, con cualquier pretexto en cada visita, se quedará a comer en la casa. Serán los mismos criados quienes, de acuerdo con el amo, le procuren el escarmiento suficiente para alejarlo definitivamente de la casa.

Tarde apacible, alegre y distendida en este pequeño patio de comedias, rústico, elemental, incluso precario, pero lleno de riqueza humana y artística gracias al empeño de esta compañía, contrapunto y entremés del Festival de Teatro Clásico de Almagro.

González Alonso

La puerta de al lado

La puerta de al lado
Fabrice Roger Lacan

Teatro Barakaldo
15 de julio de 2017

Dirección y adaptación.- Sergio Peris Mencheta

Intérpretes.- Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez (músico y narrador)

La puerta de al lado” es una comedia escrita por F.Roger Lacan, nieto del psicoanalista francés Jackes Lacan, adaptada y dirigida por Sergio Peris Mencheta e interpretada por Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez  como músico y narrador. La producción es de Barco Pirata Producciones.

La definición de “comedia” nos remite a una clase de obra dramática, opuesta a la tragedia, que muestra lo ridículo con elementos que divierten y hacen reír, y con final feliz.

Desde Aristófanes al teatro español del XVII y la actualidad, los elementos que definen la comedia permanecen inmutables en la búsqueda de entretenimiento, la exageración de los defectos o  los vicios de los personajes que responden a estereotipos de los que se amplifican y caricaturizan sus conductas, y que pueden tener un tono moralizante o de denuncia social.

¿Qué diferencia, entonces, a una buena comedida griega de una española del Siglo de Oro o de otra actual? Pues, básicamente, el modo de vida de las personas representadas, la complejidad del desarrollo tecnológico de la sociedad y el modo de vida. Lo demás, incluidos los problemas existenciales, vitales y de intereses de las sociedades, son –básicamente- los mismos.

Así, tenemos a un F. Roger Lacan escribiendo una comedia y encontramos a unos intérpretes representándola por última vez, última ilusión, últimos aplausos, en el Teatro Barakaldo.  Decimos que es una comedia porque entretiene, hace reír de manera saludable y nos ofrece la representación de dos personajes que obedecen a las características mencionadas exigidas para una comedia. Sigue leyendo

Marat Sade (Peter Weiss) por el grupo teatral Atalaya

Marat  Sade
Peter Weiss

Teatro Barakaldo, 29 de abril de 2017

Atalaya Teatro

Nos encontramos ante una obra de teatro difícil, compleja, de una intensidad dramática que para cualquier actor supone un gran desafío. ¿Quién puede, de manera excepcional, enfrentarse a un hecho teatral de esta naturaleza? En su momento lo hicieron posible nada menos que Alfonso Sastre adaptando la versión en español de Peter Weiss (1963) y Adolfo Marsillach (1968) con la inestimable colaboración del grupo teatral Los Cátaros dirigido por Alberto Miralles, grupo con el que –brevemente, pero de manera intensa- tuve la suerte de actuar un par de años más tarde y cuya experiencia forma parte de la buena memoria que conservo del teatro.

Pero, anécdotas y recuerdos aparte, se puede decir que hoy día solamente puede afrontar el reto de poner en escena una obra como Marat Sade un elenco teatral de la talla indiscutible del grupo Atalaya, Premio Nacional de Teatro 2008. Y con eso, respecto a la calidad del espectáculo, está todo dicho. Sigue leyendo